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viernes, 3 de abril de 2009

Entrevista al ex embajador Charles Freeman




Chas Freeman renunció por las presiones del "lobby pro-israelí"
de los EE.UU, inteligencia versus corrección política
Jim Lobe
IPS

03-04-2009


Designado hace dos meses para presidir el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, el diplomático retirado Charles "Chas" Freeman renunció tras una dura campaña del llamado "lobby pro-israelí".
El Consejo está a cargo de coordinar la producción de análisis basados en datos aportados por las 16 agencias de inteligencia de Estados Unidos, dirigidos al Poder Ejecutivo, al Congreso legislativo y a la opinión pública.
Al conocer su designación -propuesta por el director de Inteligencia Nacional, almirante Dennis Blair-, diversas figuras derechistas socavaron su posición recordando sus críticas al vínculo de Israel con sus vecinos árabes y al trato que ese país les brinda a la población palestina.
Freeman, de 66 años, fue apoyado con fuerza por numerosos ex funcionarios de inteligencia y del servicio exterior, como los ex embajadores en la ONU y en Israel ,Thomas Pickering y Samuel Lewis.
Este diplomático con estudios en las universidades de Harvard, Yale y la Autónoma de México llegó a encabezar la Embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita (1989-1992), pero antes trabajó en las de India, Taiwán, China y Tailandia. Fue, incluso, el principal intérprete del fallecido ex presidente Richard Nixon (1969-1974) en su primera visita a Beijing, en 1972. Pickering, Lewis y otros 15 altos diplomáticos retirados consideran a Freeman "un hombre de integridad y gran inteligencia que nunca dejaría que sus puntos de vista personales ensombrecieran o distorsionaran las estimaciones de inteligencia".
IPS dialogó con Freeman en Washington.
IPS: Como la información pública sobre su designación se concentró en unos pocos asuntos, nunca se conocieron muchos detalles sobre lo que usted esperaba hacer como presidente del Consejo Nacional de Inteligencia.
CHARLES FREEMAN: Francamente, me acerqué a esto sopesando hipótesis y con la intención de explorar algunas cuestiones sustanciales. Digo "hipotésis" porque uno nunca sabe, hasta que se encuentra con realidades burocráticas o de otro tipo, si su idea de lo que se debe hacer es realista o factible. Pero mi sensación era que en los últimos años hubo varios problemas con la comunidad de inteligencia y con sus resultados.
Hubo problemas obvios de calidad y de credibilidad, especialmente en vísperas de la guerra de Iraq. Creyó en las afirmaciones de grupos de exiliados (iraquíes) y determinó sus conclusiones según el gusto político de sus principales consumidores.
IPS: ¿Qué clase de cambios de procedimientos pensaba implementar?
CHARLES FREEMAN: Habría intentado alentar fuertemente a la comunidad de inteligencia a usar información clasificada como forma de corroborar información que no es clasificada, o que no es terriblemente delicada aunque sí sea clasificada. En otras palabras, habría urgido a los analistas a reducir, y no a aumentar, los niveles de clasificación. Buena parte de las críticas a mi designación se centraron en la posibilidad, aparentemente horrorosa, de que yo produjera inteligencia que no se ajustara a la conveniencia o corrección política. Una inteligencia que no se adaptara a los preconceptos o preferencias políticas de sus consumidores. Y eso habría sido inaceptable.
IPS: ¿Qué puede decir sobre la forma en que hoy se reúne y evalúa la información de inteligencia?
CHARLES FREEMAN: En buena medida, hubo una tendencia a atender el corto plazo --por ejemplo, ¿cuántos túneles colapsaron ayer en Gaza bajo las bombas israelíes?--, sin pensar en las cuestiones de más largo plazo. ¿Qué significa para Israel que estén colapsando esos túneles? ¿Qué significa para Egipto? ¿Y para los palestinos en Gaza? ¿Qué significa para la comunidad internacional? Y, lo que es más importante, ¿qué significa para los intereses de Estados Unidos? ¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo de la ausencia de paz para los israelíes y de las continuas restricciones a los palestinos?
IPS: ¿Y qué sucede? ¿Por qué las cuestiones estratégicas de largo plazo no reciben suficiente atención?
CHARLES FREEMAN: Una de esas cuestiones es el futuro del dólar como moneda de reserva. En Bretton Woods, el dólar se convirtió en la divisa mundial de reserva, respaldada por el oro. Un cuarto de siglo después, (el ex presidente Richard) Nixon (1969-1974) eliminó el respaldo del oro para nuestra moneda. El rol del dólar como tipo de cambio universal para las reservas y el comercio es absolutamente central para nuestro poder y alcance internacional. Esta apuesta nuestra es fuerte. Poner al dólar en problemas, como lo hicimos nosotros, es algo muy, muy importante. Al menos China, Rusia, Brasil, India y Corea del Sur, y muy probablemente otros, exigen ahora la gradual eliminación y reemplazo del dólar como moneda de reserva. He visto venir esto desde hace alrededor de un año. He estado hablando sobre esto. Es una de nuestras actuales responsabilidades. Al final, si uno crea una situación en la cual la gente no quiere dólares, no hay nada que pueda hacer al respecto. Ésta es una cuestión estratégica.
IPS: ¿Alguna más?
CHARLES FREEMAN: Nadie le está prestando atención alguna, tampoco, a las consecuencias de la erosión del orden mundial que tejimos tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y de la era poscolonial que le siguió. Ambos fenómenos profundizaron eso que yo llamo la idea euroestadounidense o de la comunidad atlántica sobre los derechos humanos y civiles, incluida la concepción de que todos los estados --incluido Estados Unidos-- deberían ser sometidos a las mismas reglas. Ahora vemos un mundo cuyo centro de gravedad se ha trasladado, de muchas maneras, a Asia, a países como China e India, naciones no occidentales que no participaron en la elaboración del consenso atlántico sobre el estado de derecho. Eso deja en pie las grandes preguntas: ¿sobrevivirá el legado que creamos estadounidenses y europeos si no trabajamos juntos para mantenerlo? ¿U otros pueblos cuyos valores no son los nuestros dictarán nuevas normas y un nuevo orden? ¿Y qué consecuencias tendría para nosotros un orden basado sobre valores diferentes de los nuestros?
IPS: ¿Por qué el almirante Blair lo eligió para presidir el Consejo Nacional de Inteligencia? CHARLES FREEMAN: En cierto sentido, los dos pensamos muy parecido. Cuando me preguntó, mi reacción inicial fue negativa, porque había pasado 30 años trabajando para el gobierno y, en mi opinión, 30 años eran suficientes. No quería hacerlo de nuevo. Al final, Blair me convenció de que tenía un deber que cumplir con mi país, porque no es sencillo encontrar a alguien con mi nivel y diversidad de experiencias, que abarcan América Latina, África, Asia meridional, Asia oriental, el sudeste asiático, el mundo árabe, Medio Oriente, Europa, Rusia, Corea del Sur, Asia central, las políticas de defensa... En segundo lugar, tengo una reputación de pensar estratégicamente, de analizar las implicaciones de largo plazo más que sumergirme en el corto plazo. También se me acusó de pecar de realismo y objetividad. Y tal vez se me vea como un iconoclasta. Sabía que sería controvertido, porque he sido indiferente a la corrección política. Llegué a creer que podría mejorar la calidad del proceso y restablecer la credibilidad del producto. Y que podría producir informes de clasificación lo suficientemente baja, y hasta desclasificados, como para que les resultaran realmente útiles al Congreso y a otros participantes en los debates nacionales.
Pero entonces resultó evidente que esta pequeña pandilla de likudniks (militantes del derechista partido Likud, hoy al frente del gobierno israelí) que me perseguían, continuaría con sus actividades difamatorias, usándome como excusa para desacreditar cualquier juicio de la comunidad de inteligencia que les resultara antipático. Llegué así a la conclusión de que podría hacer todo lo que me propusiera, excepto restaurar la credibilidad de la inteligencia estadounidense. Mi único consuelo ante sus viciados ataques es que con su sobreactuación, más que sofocar el debate, tal vez lo hayan abierto.
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jueves, 26 de marzo de 2009

Asunto Freeman: el Lobby israelí vacila




Una intromisión demasiado visible
por John J. Mearsheimer*21 marzo 2009

La coalición que ha llevado Barack Obama a la Casa Blanca se contradice.
El Lobby israelí (AIPAC) ha conseguido apartar al embajador Freeman de la presidencia del Consejo de la Información nacional.
Es que, desde hace varios años, Chas Freeman es el líder de una corriente, en el seno del departamento de Estado y de la CIA, que intenta resituar la política de Washington en el Oriente Próximo a partir de los intereses nacionales USA.
Ha organizado la publicidad en torno al libro crítico de los profesores John J. Mearsheimer y Stephen M. Walt, ha ayudado a la conclusión de los contratos petroleros entre China e Irán, ha organizado la invitación del presidente Ahmadineyad a la universidad de Columbia y, más recientemente, le ha aportado su apoyo al enviado especial de las ONU en los Territorios palestinos Richard Falk.
Para obstaculizarle la carretera, el Lobby israelí le acusó de servir los intereses saudíes y chinos, algo que no podía desmentir sin revelar su papel exacto en el seno de los servicios de información USA.
Sin embargo, la acción demasiado visible del Lobby israelí contra un miembro eminente de la Comunidad de la Información USA ha tenido por efecto movilizar a ésta contra él.
El profesor John J. Mearsheimer.
M. Freeman tenía una notoria carrera de treinta años al servicio de la diplomacia y del ministerio de la Defensa, pero ha criticado públicamente la política israelí y la relación especial que Estados Unidos mantienen con este país, diciendo, por ejemplo, en el transcurso de un discurso pronunciado en 2005, que «Hace también mucho tiempo que los Estados Unidos están proporcionando de manera incondicional la financiación y la protección política que necesita la ocupación israelí y la política violenta y autodestructora que esta ocupación genera. Hay muy pocas razones, incluso ninguna, para esperar que, pase lo que pase, el difunto proceso de paz pueda resucitar».
Palabras como estas son raramente pronunciadas en Washington y quien las utiliza puede estar casi seguro de no acceder a una responsabilidad gubernamental de altura. Pero el almirante Dennis Blair, el nuevo director de la Información nacional, admira mucho a Freeman, pues estima que él es exactamente el tipo de persona capaz de revitalizar los medios de información, que habían sido politizados extremadamente, durante los años Bush.
Conmocionado, como era previsible, el Lobby israelí ha lanzado una campaña de difamación en contra de Freeman, con la esperanza que éste o bien dimitiría o bien seria revocado por Obama.
El Lobby lanzó su primera andanada en un texto, aparecido en un blog, escrito por Steven Rosen, un antiguo responsable del AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), hoy bajo control por haber transmitido secretos a Israel.
La opinión de Freeman sobre Oriente Medio, decía, «es la que se esperaría del ministro de Asuntos Exteriores saudí, al cual está muy unido».
Los periodistas pro-israelíes de gran renombre, como Jonathan Chait y Martin Peretz, del bimensual The New Republic, y Jeffrey Goldberg del mensual The Atlantic, se juntaron muy rápidamente a la jauría, y Freeman fue machacado en publicaciones que defienden permanentemente a Israel, como The National Review, The Wall Street Journal y el Weekly Standard.

El verdadero golpe, sin embargo, provino del Congreso, donde el AIPAC (que se califica él mismo de «Lobby pro-israelí de América») tiene un poder aplastante.
Todos los miembros republicanos de la Comisión senatorial de la Información se han lanzado contra Freeman, y también los senadores demócratas tales como Joseph Lieberman y Charles Schumer.
«He exhortado no sé cuántas veces a la Casa-Blanca a apartarle», ha dicho Schumer « y estoy feliz que hayan acabado haciendo la única cosa que debía hacer».
La misma historia se repitió en la Cámara del Congreso, donde la carga estuvo a cargo del republicano Mark Kirk y el demócrata Steve Israel, lo que empujó a Blair a poner en marcha una encuesta despiadada acerca de las finanzas de Freeman.
Finalmente, la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, declaró que la nominación de Freeman era abusiva.
Freeman habría podido sobrevivir este ataque si la Casa-Blanca lo hubiera sostenido, pero las humillantes alabanzas pronunciadas por Barack Obama al Lobby israelí durante la campaña electoral y su silencio ensordecedor durante la guerra contra Gaza, muestran que el Lobby no es, para él, un opositor al que osaría enfrentar. Por tanto, sin sorpresa, siguió en silencio y Freeman no tuvo otra elección más que la de dimitir.
Desde entonces, el Lobby ha desplegado enormes esfuerzos para negar su papel en la dimisión de Freeman. El portavoz del AIPAC, Josh Block, ha dicho que su organización «no había tomado posición sobre esta cuestión y que no había ejercido ninguna acción de lobby sobre el Capitolio en ese asunto».
El Washington Post, cuya página editorial es dirigida por Fred Hiatt, un hombre totalmente consagrado a la eternización de la «relación especial» entre Estados Unidos e Israel, ha publicado un editorial afirmando que el hecho de acusar al Lobby de la dimisión de Freeman son sólo sueños del Sr. Freeman y de los teóricos del complot que piensan como él».
En realidad, las pruebas de la profunda implicación del AIPAC y de otros partidarios fanáticos de Israel en la campaña que apunta a Freeman son superabundantes. Block ha reconocido haberles hablado de Freeman a periodistas y a bloggers y haberles dado informaciones, siempre después de haberse puesto de acuerdo con ellos para que sus comentarios nunca le sean atribuidos a él personalmente, ni al AIPAC.
Jonathan Chait, que ha negado que Israel haya sido en el origen de la controversia, antes de la destitución de Freeman, ha escrito, después de golpe: «Por supuesto, reconozco que el lobby israelí es poderoso y que ha sido un elemento clave en el enfrentamiento contra Freeman, y que este lobby no es siempre una potencia benéfica».
Daniel Pipes, que dirige el Middle East Forum, donde Steven Rosen trabaja hoy, ha enviado hábilmente una carta circular por que muestra al desnudo el papel jugado por Rosen en el alejamiento de Freeman.
El 12 de marzo, día en el que Washington Post ha publicado su editorial en la que se burla de quienes han sugerido que era el lobby israelí el que había contribuido ampliamente a despojar Freeman, este mismo periódico ha publicado un artículo en primera página, describiendo el papel central que el Lobby había interpretado, en este asunto. Había también un comentario de un periodista experimentado, David Broder, que empezaba así: La administración Obama acaba de experimentar una derrota molesta por parte de estos mismos lobbyistas que el presidente ha jurado devolver en su lugar. »
Los detractores de Freeman mantienen que su opinión en relación a Israel atañía a otros. Se dice de él que tiene relaciones particularmente estrechas, hasta quizás incluso inapropiadas con Arabia Saudita, dónde ha sido, en el pasado, embajador de Estados Unidos. Este tiro no ha llegado, sin embargo, a su objetivo, puesto que no existe ninguna prueba para apuntalarlo.
Los seguidores de Israel han dicho, también, que había hecho observaciones desprovistas de toda compasión a propósito de la suerte que habían conocido los manifestantes chinos de Tiananmen en Pekín [en 1989], pero esta acusación, que los defensores de Freeman discuten, ha sido sacada del bolso únicamente porque los detractores pro-israelíes de Freeman estaban a la búsqueda de cualquier argumento que les permite manchar su reputación.
EL LOBBY PRO ISRAEL Y LA POLITICA EXTERIOR AMERICANA

¿Por qué el Lobby se preocupa en este punto por una nominación en un puesto, en efecto importante, pero seguramente no supremo?
He aquí una razón, entre otros: Freeman habría sido responsable de la publicación de las evaluaciones de los servicios de información nacionales. Israel y sus partidarios estadounidenses han estado locos de rabia después de que el Consejo de la Información nacional hubo concluido, en noviembre 2007, que Irán no construía la bomba nuclear, y han trabajado a fondo con el fin de minar este informe, y lo siguen haciendo hasta hoy día.
El Lobby quiere asegurarse que la próxima evaluación de las capacidades nucleares de Irán que hagan los Estados Unidos llegue a la conclusión diametralmente opuesta, y eso tenía pocas posibilidades de suceder con Freeman en el cargo. Mejor vale tener alguien que esté debidamente marcado por el sello AIPAC, para llevar el ritmo.
Una razón -todavía más importante-, del Lobby para echar a Freeman de su puesto, es la debilidad de la argumentación susceptible de justificar la política actual de América hacia Israel, que hace imperativo intimarles al silencio o marginar a quien se atreva a criticar la relación especial.
Si Freeman no hubiera sido castigado, otros habrían visto que se podía criticar abiertamente Israel y hacer una carrera brillantemente en Washington. Y también que, desde el instante en que se instaurase un debate abierto y libre en torno a Israel, la relación especial quedaría seriamente comprometida.
Uno de los aspectos más destacables del asunto Freeman, fue el hecho que los medios de comunicación consensuales le han concedido muy poco de atención. Así, por ejemplo, el New York Times no ha publicado el menor artículo acerca de Freeman hasta el día siguiente de su dimisión, mientras que una batalla feroz en torno a su nominación había empezado a hacer furor en la blogosfera desde la fecha de dicha nominación.
Pero algo ha sucedido en dicha blogosfera que no habría podido darse nunca en los medios de comunicación consensuales: el Lobby ha sido confrontado a una real oposición.
De hecho, todo un abanico de bloggers, enérgicos, bien informados y altamente respetados, defendió a Freeman en todas las circunstancias y habrían llevado verosímilmente el ascua a su sardina si el Congreso no hubiese hecho oídos sordos de ellos.
En resumen: Internet ha permitido un debate serio en Estados Unidos, sobre una cuestión que implica a Israel: fue una primicia absoluta. El Lobby nunca ha tenido muchas dificultades para hacer observar la línea del partido al New York Times y al Washington Post, pero tiene pocos medios hacer callarse a los críticos que se expresan en Internet.
Cuando las fuerzas pro-israelíes han entrado en conflicto con una personalidad política mayor, en el pasado, esta personalidad, generalmente, ha retrocedido. Jimmy Carter, arrastrado por el barro después de que hubo publicado su libro Palestina: la Paz, no el apartheid, ha sido el primer norteamericano eminente que ha resistido los ataques y ha replicado. El Lobby no ha podido hacerle callar a pesar de todo lo que lo ha intentado.
Freeman anda tras los pasos de Carter, pero con más tenacidad. Después se ser apartado, ha publicado una denuncia denunciando el vitriolo [1] de «gente privada de escrúpulos totalmente entregada a defender los puntos de vista de una facción política de un país extranjero» cuyo objetivo es« impedir por todos los medios que las opiniones diferentes a las suyas puedan ser difundidas. «Hay», continuaba,« una ironía particular en el hecho de verse acusado de defender las posiciones de gobiernos y de sociedades extranjeras, por un clan tan manifiestamente consagrado a imponer la adhesión a la política de un gobierno extranjero»].
La remarquable déclaration de Freeman est parvenue au monde entier, elle a été lue par des personnes innombrables. Cela n’est pas bon, pour le lobby, qui aurait préféré briser dans l’œuf la nomination de Freeman sans laisser d’empreintes digitales. Mais Freeman continuera à s’exprimer au sujet d’Israël et du lobby pro-israélien, et peut-être que certains de ses alliés naturels, à l’intérieur du Beltway, finiront par le rejoindre.
Lentement, mais sûrement, un espace commence à s’ouvrir, aux États-Unis, où il sera possible de parler sérieusement d’Israël.

La destacable declaración de Freeman ha conseguido ser leída por innumerables personas en todo el mundo. Eso no es bueno para el lobby, que habría preferido romper en ciernes la nominación de Freeman sin dejar sus huellas digitales. Pero Freeman se seguirá expresando acerca de Israel y del lobby pro-israelí, y puede ser que algunos de sus aliados naturales en el interior del Beltway se acaben uniendo a él.
Lenta, pero seguramente, un espacio se empieza a abrir, en Estados Unidos, donde será posible hablar de forma seria de Israel.
John J. Mearsheimer
Profesor de ciencias políticas en la universidad de Chicago. Última obra publicada: The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (versión francesa: El lobby pro-israelí y la política
Versión francesa: Marcel Charbonnier Red Sillón, 20 marzo 2009.
[1] «Declaración de retirada de Ojo Freeman»,

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domingo, 22 de marzo de 2009

Declaración de retirada del embajador Charles W.Freeman




La «caza de brujas»
por Charles W. Freman

21 marzo 2009


En respuesta a una violenta campaña mediática, el embajador Charles W. Freman ha renunciado al puesto de presidente del Consejo de la Información Nacional de Estados Unidos para el cual acababa de ser nombrado.
Ha hecho su decisión pública con la declaración siguiente:
A quienes me han sostenido y apoyado durante la polémica de estas dos últimas semanas les envío mi gratitud y mi respeto.
Ustedes han podido ver la declaración del director de la Información Nacional, Dennis Blair, diciendo que he cambiado de parecer sobre mi precedente aceptación de su invitación a la presidencia del Consejo de la Información nacional.
Y de ello he concluido que el diluvio de deformaciones calumniosas de mis antecedentes no cesaría con mi toma de posesión. En lugar de eso, los esfuerzos desplegados para mancharme y destruir mi credibilidad continuarían.
No creo que el Consejo de la Información nacional (NIC) pueda funcionar de manera eficaz si su presidente es constantemente objeto de ataques que vienen de personas poco escrupulosas, con un ferviente apego a las opiniones de una facción política de un país extranjero. He aceptado presidir el NIC para reforzarlo y protegerlo contra toda politización y no para someterlo a los esfuerzos desplegados por un grupo de interés especial que desea imponer su control a través de una larga campaña de politiqueo.
Como los que me conocen lo saben bien, he disfrutado mucho de la vida desde que me he retirado del gobierno. Nada está más alejado de mi pensamiento que la vuelta al servicio público. Cuando el almirante Blair me ha pedido que presida el NIC, he respondido que él «me pedía que entregase mi libertad de expresión, mi ocio y la mayor parte de mis ingresos, para someterme al caleidoscopio mental de un polígrafo y retomar una ocupación cotidiana con largas horas de trabajo y una ración diaria de malos tratos políticos». He añadido que me preguntaba a mí mismo «si no había algún tipo de inconveniente en esta oferta», pues era consciente del hecho de que nadie es indispensable, y yo no soy una excepción.
He necesitado semanas de reflexión antes de concluir que, dada la situación difícil y sin precedentes en la cual se encuentra actualmente nuestro país en el extranjero y al nivel interno, no tenía otra elección más que de aceptar el llamamiento a regresar al servicio público.
He dimitido entonces de todos los puestos que tenía y de todas las actividades en las cuales estaba comprometido. Espero ahora con impaciencia volver a la vida privada, libre de todas mis obligaciones anteriores.
No soy bastante presumido para creer que esta polémica me concernía directamente a mí y no a cuestiones de política pública. Estas cuestiones no tienen gran cosa a ver con el NIC y no están en el corazón de lo que yo esperaba hacer para contribuir a la calidad de los análisis que se ponga a disposición del presidente Obama y de su administración.
Por ello estoy entristecido de lo que la polémica y las críticas públicas han revelado acerca del estado de nuestra sociedad civil y del vitriolo de los que se han dedicado a mantenerlas. Es evidente que nosotros, los Estados Unidos, no podemos tener una seria discusión pública o un juicio independiente sobre cuestiones de gran importancia para nuestro país y para nuestros aliados y amigos.
Las difamaciones que me han sido lanzadas y cuyas pistas a través de los emails son fáciles de seguir, muestran, de modo cierto, que existe tras ellas un lobby poderoso decidido a impedir que sea difundida cualquier opinión diferente a la suya y, todavía menos, a permitir que los Estados Unidos comprendan las tendencias y los acontecimientos en Oriente Próximo.
La estrategia del Lobby Israelí llega al fondo del deshonor y de la indecencia y comprende la difamación, las citaciones selectivas inexactas, la deformación voluntaria de un informe, la fabricación de mentiras y un total desprecio de la verdad.
El objetivo de este lobby es el control del proceso político por medio del ejercicio de un derecho de veto sobre la nominación de las personas que discuten la legitimidad de su punto de vista, la sustitución de una política del análisis justo y la exclusión de todas las opciones para la toma de decisiones por los americanos y nuestro gobierno diferentes a aquellas que les puedan favorecer a ellos.
Es particularmente irónico ser acusado de consideraciones tendenciosas acerca de sociedades y de gobiernos extranjeros, por un grupo que tiene claramente la intención de hacer que se aplique una política de adhesión a un gobierno extranjero, en este caso, el gobierno de Israel.
Pienso que la incapacidad de la opinión pública estadounidense para debatir, o del gobierno para considerar cualquier opción política USA en Oriente Próximo que se oponga a la mantenida por la facción que se encuentra en el poder en Israel, ha permitido a esta facción adoptar y mantener políticas que en definitiva amenazan la existencia del Estado de Israel mismo. Pero los Estados Unidos tienen prohibido decirlo. No es solamente una tragedia para los israelíes y sus vecinos en Oriente Próximo, sino que eso perjudica cada vez más a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
La agitación escandalosa que se ha realizado en respuesta a mi nominación inminente será considerada por muchos como la causa que ha sacado a la luz graves cuestiones relativas al hecho de saber si la administración Obama será capaz de tomar sus propias decisiones sobre Oriente Próximo y las cuestiones vinculadas.
Lamento que mi voluntad de servir en la nueva administración haya acabado arrojando una duda sobre su capacidad para examinar, sin hablar de decidir, qué políticas podrían servir mejor los intereses de Estados Unidos, en lugar de las de un lobby que tiene la intención de hacer respetar la voluntad y los intereses de un gobierno extranjero.
Delante del tribunal de la opinión pública, contrariamente a un Tribunal de justicia, se es culpable mientras no se demuestra lo contrario. Los discursos de donde se han tomado las citas para sacarlas de su contexto están disponibles para todos los interesados en leer la verdad. La injusticia de las acusaciones realizadas contra mí es evidente para los que tienen el espíritu abierto. Los que han intentado atacar a mi persona no están interesados por las refutaciones que yo o alguien más pueda realizar.
Sin embargo, para que conste en el informe: nunca he intentado ser pagado o he aceptado el pago de un gobierno extranjero, ya sea Arabia Saudí o China, a cambio de algún servicio. Nunca he hablado en nombre de un gobierno extranjero, de sus intereses, o de sus políticas. Nunca he hecho presión sobre cualquier agencia de nuestro gobierno por una razón cualquiera, extranjera o nacional.
Soy yo mismo, nadie más, y a mi regreso a la vida privada no serviré, una vez más y para mi gran placer, a nadie más que a mí mismo. Seguiré expresándome como me parezca sobre los temas que me preocupan, sobre mí, y sobre otros americanos.
Quiero expresar mi respeto y mi confianza al presidente Obama y al Director de la Información nacional Blair. Nuestro país debe ahora hacer frente a terribles desafíos en el extranjero y a nivel nacional. Como todos los estadounidenses patriotas, sigo rezando para que nuestro presidente nos pueda ayudar a llevarlos hacia adelante con éxito.
Charles W. Freman
Antiguo embajador de los Estados Unidos en Arabia Saudita (1989-92), presidente del Middle East Policy Council (desde 1997), administrador del American Iranian Council
Traducción del francés: Raúl González Bórnez

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