
Vicenç Navarro
revista digital SISTEMA
4 de junio de 2010
Este artículo documenta el enorme poder e influencia que la banca de los países del centro de la UE tienen sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, causa de que se estén desarrollando las políticas neoliberales que están dañando el bienestar de las clases populares de los países (tanto centrales como periféricos) de la UE y que retrasan la recuperación económica. El artículo muestra también el daño que el FMI ha impuesto a los países de América Latina y del Este de Europa, con resultados económicos muy negativos.
En una entrevista reciente para La Vanguardia (09.05.10), el ex Presidente Felipe González, que ha estado dirigiendo un grupo de reflexión nombrado por el Consejo Europeo para reflexionar sobre el futuro de Europa, hizo una observación de carácter personal que apenas tuvo impacto en los medios y que describe muy claramente el mayor problema que tiene Europa. Es una lástima que esta observación no apareciera en el informe de tal grupo de reflexión. Decía el ex Presidente Felipe González que lo que pasaba en Europa le recordaba lo que dijo en su día el Presidente Eisenhower cuando, en su discurso de despedida, el último día de su mandato, alertó a la sociedad estadounidense de las consecuencias negativas que tenía para EEUU el enorme poder del complejo industrial militar (The Military Industrial Complex). En una declaración sorprendente, al ser hecha por el que había sido un General del Ejército, el Presidente Eisenhower alertó de la excesiva influencia que tenía la industria armamentística en EEUU en configurar la política doméstica y exterior de aquel país. Pues bien, añadía el ex Presidente Felipe González, que hay que alertar a las sociedades europeas del excesivo poder que tiene en nuestro continente el complejo financiero. Hoy, tal complejo está determinando las políticas domésticas de los países de la UE.
He publicado, extensamente, (ver artículos publicados en varios forums, y colgados en mi blog www.vnavarro.org, secciones Neoliberalismo y Economía Política) refiriéndome al peligro que supone para Europa el enorme poder e influencia que tiene la banca europea (y, muy en especial, la alemana) sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, y que ha determinado enormes gastos públicos por parte de los países de la UE y del FMI (más de un billón de euros) en ayudas a banqueros y accionistas, sin que ello haya repercutido en una mayor disponibilidad de crédito a la sociedad. Tales instituciones están, a la vez, exigiendo una enorme austeridad de gasto público, incluyendo gasto público social, que está significando un enorme sacrificio para las clases populares de los países de la UE y, muy en particular, de los países llamados periféricos -Grecia, Portugal, España e Irlanda-, a fin de que aquellos estados puedan pagar a la banca de los países del centro de la UE la deuda pública a unos intereses exuberantes y confiscatorios.
Como se expresa este poder de la banca
La excesiva influencia que la banca alemana ha tenido en la construcción de la Unión Europea (tanto en el establecimiento del Banco Central Europeo (BCE), como la definición del Pacto de Estabilidad (cuyo objetivo principal ha sido el de mantener estable el precio del dinero, en lugar de estimular el crecimiento económico) explica la orientación neoliberal de las instituciones de la UE.
Un indicador de tal orientación neoliberal es que tal Unión no tiene un banco central, y ello a pesar de que la institución financiera de la UE se llame Banco Central Europeo. A primera vista esta afirmación parece una provocación. Pero el análisis de sus funciones y comportamientos muestra que no es un banco central, como lo es, por ejemplo, el Federal Reserve Board, FRB (el Banco Central de EEUU) o el Banco de Inglaterra.
Un banco central tiene como misión realizar las intervenciones financieras que permitan a sus estados realizar las políticas económicas conducentes al desarrollo y bienestar de la población. Para conseguir tal objetivo, los bancos centrales son altamente intervencionistas, impidiendo o dificultando, por ejemplo, las actividades especulativas de agentes financieros nacionales o internacionales, que imposibiliten el desarrollo de las políticas económicas y fiscales estatales.
Así, cuando los especuladores financieros internacionales quisieron especular con la deuda pública de EEUU y de Gran Bretaña, sus bancos centrales intervinieron activamente, imprimiendo grandes cantidades de dinero con los cuales compraron gran cantidad de la deuda pública de sus propios estados, vendiéndola a un precio menor del que habían comprado, forzando la bajada de su precio e intereses, con lo cual los especuladores salían escaldados, pues perdían mucho dinero.
Esto es lo que hace un Banco Central. Ni que decir tiene que imprimir mucho dinero puede aumentar la inflación (el enemigo número uno de la Banca), pero en momentos de recesión, como ahora, el peligro no es éste, sino el contrario –la deflación-. Será cuando la economía se recupere que pueda aumentar la inflación, pero este aumento (siempre que pueda mantenerse en dimensiones moderadas) es incluso positivo pues ayuda al estado a poder pagar su deuda más rápidamente. Si el estado debe una cantidad fija de dinero, esta cantidad, al cabo del tiempo, disminuye su valor monetario cuando la inflación aumenta.
Esto es lo que han hecho los bancos centrales ahora y siempre (véase el reciente comportamiento del Federal Reserve Board en EEUU). No así el BCE, el cual tiene total independencia. Es decir puede hacer lo que quiera. Y lo hace según el deseo e intereses de la banca de Alemania y de otros países del centro de la UE.
El primer objetivo del BCE es ayudar a los bancos, no ayudar a los estados.
El BCE, que es el único banco en la UE que tiene el poder de definir la cantidad de moneda que se imprime, ha estado enviando este dinero como préstamos a la banca privada, a unos intereses de sólo un 1%. Con este dinero, la banca privada compró deuda pública, que ofrecía unos intereses de 3%, 4%, 6% o incluso 9%, con lo cual lograron el chanchullo del año.
Mientras, el crédito brillaba, y continúa brillando, por su ausencia.
Es más, el BCE tiene prohibido comprar deuda pública.
Últimamente, se ha saltado a la torera esta prohibición, cuando los estados estaban ya en pie de guerra en contra del BCE, rebelión liderada por el Sr. Sarkozy (la cultura política republicana francesa da más protagonismo a los estados que el que se da en la cultura neoliberal alemana).
Pero aún así tal compra de bonos de deuda pública se está haciendo con timidez y en dosis muy limitadas, nada comparables a lo que hizo el Federal Reserve Board, en EEUU
¿Por qué esta timidez? La respuesta puede parecer paranoica pero no lo es. La banca tiene un objetivo, nunca explicitado, pero que aparece constantemente entre líneas en sus escritos. En realidad, existe una robusta evidencia de que la Banca y sus agentes, que incluyen desde el BCE al Fondo Monetario Internacional (lo que se llama en la terminología anglosajona el establishment financiero), quieren utilizar esta Gran Recesión para conseguir lo que han deseado desde el principio de la UE: debilitar el estado del bienestar, diluir y reducir la dimensión social de Europa, y reducir los derechos sociales y laborales.
Si se leen los documentos internos del BCE, del FMI y del Banco de España (y yo lo he estado haciendo todos estos años) verán que desde hace ya muchos años están subrayando la necesidad de que se hagan tales cambios. Y ahora quieren aprovechar esta crisis para, en colaboración de los grandes grupos empresariales, conseguir que se hagan, ayudados por unos medios que están intentando persuadir a la población de que tales cambios son necesarios para salir de la Gran Recesión (argumentos que ya se utilizaron incluso antes de que hubiera la Gran Recesión).
Y resultado de su gran influencia en los medios, hemos visto como los cinco rotativos más importantes en España han escrito editoriales apoyando las medidas de austeridad promovidas por el FMI. Estos medios por cierto, nunca han analizado objetivamente las consecuencias de llevar a cabo tales medidas. Analicémoslas y veamos primero que es el FMI.
Las recetas desastrosas del FMI
Desde que el Presidente Reagan inició en las Américas la época neoliberal, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido el mayor promotor de las políticas neoliberales en el mundo, habiendo desarrollado sus políticas en mayor intensidad en Latinoamérica.
El FMI ha sido siempre propuesto por el Secretario del Tesoro del Gobierno Federal de EEUU (equivalente al Ministerio de Economía y Hacienda en España). Nunca se ha dado el caso de que la mayoría de los 184 estados miembros del FMI hayan votado en contra de las posturas adoptadas por el representante estadounidense en el Consejo de Dirección. De ahí que el FMI haya sido el mayor propagandista del “Consenso de Washington”, cuya versión europea ha sido el “Consenso de Bruselas”.
Según tal consenso, los países receptores de la “ayuda” ofrecida por el FMI tenían que reducir, e incluso eliminar, cualquier restricción a la movilidad internacional de capitales y comercio, privatizar sus servicios públicos y sus transferencias públicas (como la Seguridad Social), eliminar los déficits del estado y ofrecer plena independencia y autonomía a los bancos centrales, priorizando el control de la inflación, a costa del estímulo del crecimiento económico.
A estas políticas se añadieron medidas desincentivadoras de las políticas estatales intervencionistas en las áreas industriales de la economía, enfatizando la desregulación de los capitales financieros y de los mercados laborales. Estas políticas se expandieron por toda América Latina con resultados que el director del prestigioso Center for Economic and Policy Research de Washington D.C., Mark Weisbrott, ha definido como “desastrosas” para aquellos países.
La renta per capita en Latinoamérica, que había crecido un 82% durante el periodo 1960-1980, bajó a un mero 9% durante el periodo 1980-2000, bajando incluso más, a un 4%, en el periodo 2000-2005. Para darnos cuenta del significado de estas cifras, tenemos que darnos cuenta de que si varios países de Latinoamérica, como Argentina, México y Chile (todos ellos expuestos a las políticas liberales impuestas por el FMI), hubieran continuado creciendo como lo hicieron en la época 1960-1980, habrían alcanzado ya el nivel de desarrollo de España. Hoy están muy retrasados, con un nivel de riqueza muy inferior al español.
El fracaso de tales políticas es lo que llevó a un cambio de casi 180º a partir del 2003 y 2004, con la elección de partidos de centro izquierda y de izquierda en la gran mayoría de países de América Latina, y que se dio como rechazo a las políticas impuestas por el FMI.
El primer país que se rebeló en contra del FMI, fue Argentina, la cual se estaba hundiendo económicamente al seguir las políticas neoliberales propuestas por el FMI. En mayo de 2003, el nuevo gobierno electo, presidido por Néstor Kirchner, expulsó en la práctica al FMI de Argentina, rompiendo con el neoliberalismo impuesto por tal institución. Kirchner declaró al país en bancarrota, forzando a renegociar la deuda con los bancos y con el FMI, que tuvieron que absorber grandes pérdidas de sus fondos.
Rompió también con la paridad peso argentino-dólar (medida impuesta por el FMI) y siguió políticas expansivas de gasto público que estimularon la economía, creciendo un 9% durante los próximos tres años, lo cual le permitió ir pagando su deuda pública.
A este hecho hizo referencia la presidenta Kirchner, esposa del presidente Kirchner, cuando en una conferencia reciente en Barcelona con el mundo empresarial, indicó que la manera de salir de la recesión no era bajar el déficit y la deuda pública, sino crecer económicamente, incluso a costa de aumentar el déficit y la deuda pública.
Casos parecidos han ocurrido en Bolivia, con Evo Morales, que también terminó con el FMI y adoptó políticas radicalmente distintas a las neoliberales propuestas por el FMI. En Mayo de 2006 el Presidente Morales nacionalizó el gas y el petróleo, exigiendo a la vez al FMI y a los bancos que renegociaran la deuda, absorbiendo grandes pérdidas. Desde entonces, Bolivia ha sido uno de los países con mayor tasa de crecimiento económico en América Latina.
Antes, durante la época neoliberal, la economía permaneció estancada, de manera que en 2006 (después de haber estado bajo el dominio del FMI durante veinte años) su renta per cápita era menor que la existente 27 años antes.
Lituania, en Europa, es otro ejemplo. El FMI y la UE han impuesto unas políticas liberales de gran austeridad que han causado una reducción del 25% de su PIB, con una tasa de desempleo de 22% de la población activa. Según las propias proyecciones del FMI, Lituania no alcanzará el nivel del PIB que tuvo en el año 2006, hasta el año 2015.
Y ahora, Grecia. Las políticas impuestas por el FMI han hecho que el PIB haya disminuido un 18% en el 2009, y tendrá que esperar ocho o nueve años para recuperar el PIB que tenía en el 2008. Y algo semejante ocurrirá en España, resultado del mandato de la UE y del FMI.
Éstas y otras experiencias explican no sólo el descrédito del FMI, sino también la aparición de alternativas, como el Banco del Sur, en América Latina, en sustitución del FMI.
La evidencia muestra como el FMI ha sido utilizado por el capital financiero (la banca) para forzar una austeridad de gasto público social, con el fin de conseguir que se pague a la banca.
En la UE, la mal llamada ayuda de la UE-FMI a Grecia, ha sido, en realidad, una ayuda a la banca alemana y de los otros países del centro de la UE, prestando dinero al estado griego para que le pague su deuda externa.
Termino, pues, esta presentación acentuando que no son los mercados financieros, sino la banca la que está dominado el mundo, consecuencia de la excesiva influencia de complejo bancario, el cual está dominando la vida política y mediática de los países, conduciendo a estos países a una situación de enormes sacrificios para las clases populares, las cuales se exigen para respetar los beneficios de tal complejo. El complejo financiero es hoy, en la Unión Europea, lo que el complejo militar industrial ha sido en EEUU.
sábado, 5 de junio de 2010
No son los mercados, sino los bancos, los que dominan la UE
martes, 9 de marzo de 2010
FMI ¿por el control financiero del mundo?

09-03-2010
Hedelberto López Blanch
Rebelión
El Fondo Monetario Internacional (FMI), tras un periodo de declive al ser rechazado por imponer políticas económicas en detrimento de las grandes mayorías del mundo, esta tratando nuevamente de convertirse en el inspector financiero del orbe.
En ese sentido, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, anunció recientemente durante un discurso en Washington que la institución solicitará a sus Estados miembros que le otorguen un papel de supervisión e interventor mundial ampliado.
Strauss-Kahn, declaró ante el comité de Bretton Woods en Washington que "podría haber necesidad de un mandato más claro para detectar los riesgos que pesan sobre la estabilidad económica y financiera mundial" y que el FMI pedirá un papel de supervisión del sistema financiero mundial “para una mejor detección de potenciales riesgos”.
Hace un año, en marzo de 2009, el llamado G-20 (encabezado por Estados Unidos y varios países europeos) se reunió en Londres para adoptar medidas urgentes e intentar salvar al desprestigiado organismo, que a lo largo de su existencia, con empréstitos leoninos, impuso políticas neoliberales y de libre comercio a sus deudores, que han llevado la pobreza a millones de personas en el orbe.
La mayor y profunda crisis capitalista desde la ocurrida en 1930, amenazaba no solo con el debilitamiento de sistema sino también con sus mecanismos de dominación como han sido el FMI y el Banco Mundial, que ejercen el control financiero sobre las naciones pobres del mundo desde que fueron fundadas en 1944 en Bretton Woods.
Se hacia necesario salvar los métodos de libre comercio, propiedad privada, la recuperación del dólar como moneda internacional y mantener las políticas neoliberales.
En aras de llevar adelante esos objetivos, la reunión londinense del G-20 triplicó las reservas del FMI en 750 000 millones de dólares para convertirlo en una especie de Banco Central del mundo que intervenga, en última instancia, para supuestamente evitar el derrumbe de sus miembros acosados por la crisis.
Para afianzarlo más en su rol de gendarme financiero internacional, le otorgaron otros 250 000 millones en nuevas emisiones de giros, y al Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) 100 000 millones a cada uno.
Meses antes, en una Cumbre realizada en Washington, el G-20 llamó a reformar desde posiciones capitalistas al FMI para que jugara un papel más efectivo y que “sacara experiencia de la actual crisis financiera” que paradójicamente este organismo ayudó a fomentar.
En los momentos de la grave crisis bancaria, las asignaciones se destinarían fundamentalmente a salvar las empresas y bancos en quiebra y a la vez evitar que se ahogara el sistema financiero capitalista.
De esa forma, el FMI se convertiría en contralor mundial y fiscalizador de las obligaciones que conllevan la entrega de préstamos a los países llamados “emergentes” y a los subdesarrollados.
El poder del FMI se basa en que sus programas de ajuste tratan de imponer la confianza de los mercados internacionales de capital en el país deudor. Sin el visto bueno del FMI, que como censor determina la voluntad y capacidad de un país para pagar el servicio de la deuda, no se abren generalmente las puertas para la entrega de empréstitos.
Las naciones que reciben este “beneficio” deben someterse a condicionamientos que van desde recomendaciones no obligatorias hasta inspecciones extremas con imposición de sanciones de carácter forzoso.
Las divisas entregadas por el FMI para financiar déficit en cuentas corrientes no son en sí misma empréstitos sino la compra de moneda libremente convertible contra la moneda nacional (los llamados Derecho de Giro) que atan a los deudores.
Desde 1944, durante la reunión celebrada en Bretton Woods, Estados Unidos y Europa mantienen un pacto para controlar las actividades del FMI y del BM, al imponer Washington los directivos en el BM y los europeos los del Fondo, sin haya oportunidad para algún país del Tercer Mundo de alcanzar esos puestos.
Estos organismos mantienen inmunidad jurídica total, y no se les puede realizar reformas sin la aprobación de Washington y otros países ricos los cuales poseen la mayoría de los votos por ser los máximos acreedores.
Como en los últimos años han surgido bloques y agrupaciones entre los países del Sur, al comprender éstos la arbitraria política económica impuesta por esas instituciones internacionales financieras, Estados Unidos y Europa, en contraposición, han tratado de insuflar nuevas fuerzas al FMI para no perder el control sobre los países del Tercer Mundo.
Importantes naciones deudoras como Brasil, Indonesia, Venezuela, Malasia o Argentina se fueron apartando de las gestiones del Fondo y hasta liquidaron deudas anticipadamente, lo que motivo que el FMI, en un momento, no pudiera cubrir sus gastos de funcionamiento y peligraba hasta su existencia. Se hacia necesario, como ocurrió en Londres, destinarles sumas millonarias para su subsistencia.
Alternativas a estas instituciones han surgido con fuerza como son el Banco del Sur, el Banco del ALBA, los intercambios directos entre las naciones del BRIC (Brasil, Rusia, India y China) o las transacciones entre China y los países de la ASEAN, sin mediar el dólar para los intercambios.
Ante estos desafíos, el señor Dominique Strauss-Kahn, todopoderoso gerente del FMI, pide que la institución se convierta nuevamente en inspectora financiera del mundo. Pero las cosas no son iguales que hace 66 años y ya muchos gobiernos, Estados y pueblos conocen, porque lo han sufrido, las desafortunadas políticas ejercidas por esa organización.
sábado, 27 de febrero de 2010
¿Quién se beneficia de la independencia de los bancos centrales?

Vicenç Navarro
Publicado en la revista digital SISTEMA, 26 de febrero 2010
Este artículo señala como la excesiva influencia de la banca en la vida política de la mayoría de países de la Unión Europea explica la independencia de los Bancos Centrales, incluyendo del Banco Central Europeo. Esta independencia determina que la Unión Europea esté siguiendo políticas de austeridad de gasto público (incluyendo gasto público social) que dañan a las clases populares.
Existe casi consenso en la sabiduría convencional del país y de la UE (dominada por el pensamiento liberal), de que los Bancos Centrales deben ser independientes, no sujetos a las influencias políticas. El argumento de que es bueno que los bancos centrales sean independientes, está basado en el supuesto de que los temas sobre los cuales tales bancos deciden –los intereses bancarios y la cantidad de dinero existente en circulación en un país- son muy complejos y fuera del alcance de los políticos y de sus representados, es decir, de la población. De ahí la conclusión de que se dejen tales decisiones en manos de aquellos que entienden de estos temas. Dejarlos en manos de la población y de sus representantes es demasiado arriesgado.
Este argumento, además de ser claramente elitista y antidemocrático, es poco convincente, pues hay otros temas, tan o más importantes que la política monetaria (de la cual se encargan los Bancos Centrales), como son las políticas fiscales y económicas, igualmente complejas e importantes, que se desarrollan según los dictados políticos de los representantes de la población. Los temas presupuestarios y de carga fiscal son tan importantes y relevantes (con impactos sobre la economía iguales o incluso mayores que la tasa de los intereses bancarios) como las políticas monetarias, y nadie en su sano juicio ha propuesto que la Agencia Tributaria o que las Agencias presupuestarias del gobierno sean independientes de las autoridades políticas.
¿Por qué, pues, los Bancos Centrales son independientes? La respuesta es fácil de ver. Se debe al enorme poder de la banca, de la que el Banco Central depende. El Banco Central Europeo, por ejemplo, es independiente porque el Banco Central Alemán así lo decidió e impuso al gobierno alemán, pues era también el deseo de la banca alemana. Incluso la sede está en el mismo lugar que la sede del capital financiero alemán: Fránkfort del Meno.
Y, como era de esperar, las políticas del Banco Central Europeo son las políticas que favorecen al capital financiero, que pueden o no coincidir con los intereses del capital productivo (es decir, del mundo empresarial que produce bienes o servicios) o de la población. En realidad, raramente coinciden. Un ejemplo es la situación actual. En este momento de gran recesión, consecuencia del comportamiento especulativo de la banca y de la falta de supervisión de ésta por los Bancos Centrales de cada país, el Banco Central Europeo (y el Banco de España), en lugar de favorecer políticas de estímulo económico y de creación de empleo, están exigiendo una reducción de los déficits y de la deuda pública a base de reducir muy sustancialmente el gasto público, y con ello el crecimiento económico y la creación de empleo. Tales políticas de austeridad del gasto público social son suicidas para los países de la UE. Y, en cambio, los gobiernos las están siguiendo, resultado del excesivo poder del capital financiero. No hay duda de que si el Banco Central Europeo y/o los Bancos Centrales de cada país dependieran de los políticos serían mucho más sensibles, de lo que lo son ahora, a la creación de empleo, aunque ello fuera a costa de una mayor inflación.
Aquí, de nuevo, el BCE ha puesto como objetivo el mantener una inflación excesivamente baja en momentos de recesión. Es importante señalar que, incluso el Director económico del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Sr. Olivier Blanchard, ha reconocido que el objetivo de mantener un nivel de inflación de un 2% (propuesto por la mayoría de Bancos Centrales) puede que sea demasiado bajo y debiera permitirse un nivel mayor. Este señor también ha reconocido, en un artículo, con el significativo título de “Rethinking Macro Economic Policy”, que debiera haber un mayor control de los flujos financieros, terminando su excesiva movilidad especulativa. Cuando hace años algunos de nosotros sugerimos lo mismo, se nos llamó “trotskistas”, mostrando una vez más que ser radical no quiere decir más que avanzarse diez años al pensamiento de los demás.
Una última observación. Los países emergentes, cuyo crecimiento ha sido muy notable en los últimos años (China e India), no han tenido Bancos Centrales independientes. ¿Hasta cuándo continuaremos aceptando el excesivo dominio de la banca en nuestras vidas? Hoy, una de las mayores causas de la crisis económica es la escasez de crédito, debido a la crisis financiera, resultado de la especulación y escasa regulación del sistema bancario. La evidencia de ello es contundente. De ahí que las medidas que se están proponiendo sean tan insuficientes. Lo que se requiere es una banca pública y un Banco Central Europeo dependiente del poder público. En España, el Instituto de Crédito Oficial (ICO) es insuficiente. Debiera multiplicarse por cuatro, convirtiéndose en una entidad pública de crédito que hiciera lo que la banca ha dejado de hacer. Seguro que los liberales llamarán a la propuesta “trostkista”. Esperemos que no tengamos que esperar diez años más para que se vea lo lógico y razonable que es tal propuesta.
