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miércoles, 3 de marzo de 2010

Venezuela confisca 28 aviones utilizados en tráfico de droga

www.voltairenet.org/article164252.html

Las autoridades de Venezuela anunciaron la confiscación de 28 aviones en un hangar situado en El Sombrero, a 230 kilómetros de Caracas. Esta verdadera flota aérea parece ser propiedad de narcotraficantes que la utilizaban para mover droga desde Colombia o con destino a ese país.
Desde que puso fin a su cooperación con la US Drug Enforcemente Agency (la agencia antidroga estadounidense también conocida como DEA, según sus siglas en inglés), Venezuela mejoró considerablemente la eficacia de su lucha contra el narcotráfico. Durante el año 2009, las autoridades venezolanas lograron confiscar 60 toneladas de estupefacientes.

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viernes, 25 de diciembre de 2009

Geopolítica tras la falsa guerra de Estados Unidos en Afganistán


por F. William Engdahl

Uno de los aspectos más notorios del programa presidencial de Obama es que, en Estados Unidos, pocos han cuestionado, en los medios de difusión o por otras vías, la razón del compromiso del Pentágono con la ocupación militar de Afganistán. Existen para ello dos razones fundamentales, y ninguna de ellas puede ser revelada abiertamente a la opinión pública.

Los engañosos debates oficiales sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán, si basta con 30 000 hombres más o si se requieran por lo menos 200 000, no son más que la cortina de humo que está sirviendo para esconder el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central.

Durante su campaña presidencial del año 2008, el candidato Obama afirmó incluso que es en Afganistán, no en Irak, donde Estados Unidos está obligado a hacer la guerra. ¿Por qué? Porque, según Obama, es en Afganistán donde se ha atrincherado Al Qaeda, que constituye a su vez la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional.

Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.
El ejército estadounidense ocupa Afganistán por 2 razones: principalmente para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio de los mercados internacionales de heroína y utilizar la droga como arma contra sus adversarios en el terreno de la geopolítica, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es capital para garantizar la liquidez de la mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

Geopolítica del opio afgano
Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio afgano aumentó de forma espectacular después del derrocamiento del régimen talibán, en 2001. Los datos del Buró de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas demuestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (desde 2004 y hasta 2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En este momento hay en Afganistán más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de la coca en toda América Latina. En 2007, el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán.

No son simples coincidencias. Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al muy controvertido Hamid Karzai, señor de la guerra de origen pashtún con una larga hoja de servicios en la CIA, especialmente traído de su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó todo una leyenda hollywodense sobre su «valiente autoridad sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Hamid Karzai es actualmente el «Padrino» del opio afgano. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el preferido de Washington en Kabul. A pesar de ello, y también a pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como presidente pudieran estar contados.

En momentos en que el mundo casi ni se acuerda ya del misterioso Osama Ben Laden ni de Al Qaeda –su supuesta organización terrorista–, o se pregunta incluso si tan siquiera existen, la segunda razón de la larga presencia de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Afganistán parece más bien un pretexto para crear una fuerza militar de choque estadounidense permanente con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán.
El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al Qaeda que puedan quedar aún en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes que nuevamente luchan por expulsar de su tierra una fuerza ocupante, como hicieron en los años 1980 frente a los soviéticos.

Para Estados Unidos, la razón de ser de sus bases afganas es mantener en la mirilla y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que, juntas, constituyen hoy en día la única amenaza seria para el poderío supremo de Washington o, como lo llama el Pentágono, America’s Full Spectrum Dominance (el predominio estadounidense en todos los aspectos).

La pérdida del «Mandato Celestial»
El problema de las élites* que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho que se encuentran hoy empantanados en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero y el mundo está actuando en aras de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido así lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato Celestial.
Se trata del mandato que se concedido a un soberano o a una élite reinante a condición de que dirija a su pueblo con justicia y equidad. Cuando el que gobierna lo hace de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, se expone con ello a la pérdida del Mandato Celestial.

Si las poderosas élites de las firmas y las empresas privadas que han controlado las políticas fundamentales, financiera y exterior, durante la mayoría del tiempo, por lo menos durante el siglo pasado, tuvieron alguna vez en sus manos el mandato celestial, hoy resulta evidente que lo han perdido.

La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco injusto, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por personas que nunca obtuvieron un mandato electoral –como el ex secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual ocupante de ese mismo cargo Tim Geithner– y que roban miles de millones de dólares del contribuyente, sin consentimiento de éste, para sacar de la bancarrota a los principales bancos de Wall Street, bancos que se creían «demasiado grandes para hundirse», son hechos que demuestran al mundo que esas élites han perdido el «Mandato Celestial».

Ante tal situación, las élites que ejercen el poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial de carácter parasitario que su máquina mediática falsamente llama «globalización». Y para lograr mantener su dominación resulta vital que Estados Unidos logre destruir toda forma naciente de cooperación, en el plano económico, energético o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que, en teoría, pudieran representar una amenaza para el futuro control de la única superpotencia. Esas dos potencias son China y Rusia, cuya asociación Washington trata de evitar a toda costa.

Ambas potencias euroasiáticas completan el panorama con elementos esenciales. China es la economía más fuerte del mundo, con mano de obra joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la era soviética y del descarado saqueo que caracterizó la era de Yeltsin, sigue presentando sin embargo cartas esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas, aún siendo en gran parte remanentes de la guerra fría, representan en el mundo actual la única amenaza de consideración para la dominación militar estadounidense.

Las élites del ejército ruso en ningún momento han renunciado a ese potencial.
Rusia posee también el mayor tesoro del mundo en gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, indispensables para China. Estas dos potencias convergen cada vez más a través de una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Además de China y Rusia, los países más extensos del Asia central –Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán– también forman parte de la OCS.

El objetivo que alega Washington para justificar la guerra de Estados Unidos, a la vez contra los talibanes y Al Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia central, en medio del espacio geográfico de la naciente OCS. Irán no es más que un pretexto. El blanco principal son Rusia y China.

Por supuesto, Washington afirma oficialmente que estableció su presencia militar en Afganistán desde el año 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Sorprendente argumento cuando se analiza la realidad de la presencia militar estadounidense en ese país.
En diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio los toques finales a sus proyectos de construcción de 9 nuevas bases militares estadounidenses en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balh, Khost y Paktia.

Esas 9 bases estadounidenses de nueva creación se agregan a las 3 bases militares principales ya instaladas inmediatamente después de la ocupación de Afganistán, durante el invierno de 2002, supuestamente con el fin de aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama Ben Laden.
Estados Unidos construyó sus 3 primeras bases militares en los aeródromos de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; de Kandahar, en el sur de Afganistán; y de Shindand, en la occidental provincia de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, se encuentra a sólo 100 kilómetros de la frontera iraní, y a distancia de ataque si se trata de Rusia y China.

Afganistán ha estado históricamente en el centro de la gran pugna anglo-rusa, la lucha por el control del Asia central en el siglo 19 y a principios del siglo 20. La estrategia británica consistió entonces en impedir a toda costa que Rusia controlara Afganistán, lo cual hubiese representado una amenaza para la perla de la corona británica: la India.

Los estrategas del Pentágono también ven en Afganistán una posición altamente estratégica. Ese país constituye un trampolín que permitiría al poderío militar estadounidense amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y a los demás países ricos productores de petróleo del Medio Oriente. En más de un siglo de guerras, las cosas no han cambiado mucho.

La situación geográfica de Afganistán como punto de confluencia entre el sur de Asia, Asia central y el Medio Oriente, es de vital importancia. Afganistán se encuentra además precisamente en el itinerario previsto para la construcción del oleoducto que debe llevar el petróleo de las zonas petrolíferas del mar Caspio hasta el océano Índico, donde la petrolera Unocal, así como Enron y la Halliburton de Cheney, estuvieron negociando los derechos exclusivos del gasoducto para conducir el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme central eléctrica de gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Mumbai (Bombay). Ante de convertirse en presidente afgano títere de Estados Unidos, Karzai había sido cabildero de Unocal.

Al Qaeda no existe como amenaza
La verdad sobre todo este engaño alrededor del verdadero objetivo en Afganistán aparece claramente cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la inteligencia estadounidense proporcionaba asistencia y apoyo tanto a los talibanes como al propio Al Qaeda. Margolis señala que «la CIA proyectaba utilizar [la organización] Al Qaeda de Osama Ben Laden para incitar a los uigures musulmanes a rebelarse contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia central.»

Es evidente que Estados Unidos encontró otras vías para manipular a los uigures musulmanes contra Pekín en julio pasado, a través del apoyo estadounidense al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al Qaeda sigue siendo el principal argumento de Obama para justificar la intensificación de la guerra en Afganistán.

Sin embargo, el consejero de seguridad nacional de presidente Obama y ex general de Marines James Jones hizo una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de prensa estadounidenses, sobre la evaluación del peligro que actualmente representa Al Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al Qaeda es muy reducida. La evaluación máxima es inferior a 100 ejecutores en el país, ninguna base, ninguna capacidad de lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados.»

Lo cual significa que Al Qaeda no existe en Afganistán. ¡Diablos! Incluso en el vecino Pakistán, lo que queda de Al Qaeda es ya prácticamente imperceptible. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto estadounidenses, con problemas de dinero y con más dificultades para atraer a los jóvenes árabes a las oscuras montañas de Pakistán, Al Qaeda ve reducirse su papel allí y en Afganistán, según los informes de la Inteligencia y de los responsables pakistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes que son los principales reclutas de Al Qaeda “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia.»

Si entendemos bien las consecuencias lógicas de esa declaración no queda más remedio que llegar a la conclusión de que la razón por la cual los jóvenes alemanes y de otros países de la OTAN están muriendo en las montañas afganas no tienen nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de prensa prefieren olvidar el hecho que Al Qaeda, en la medida en que esa organización existió alguna vez, fue creada por la CIA en los años 1980.

Se dedicaba entonces a reclutar musulmanes radicales provenientes de todo el mundo islámico y a entrenarlos para la guerra contra las tropas rusas en Afganistán en el marco de una estrategia elaborada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo la administración Reagan, entre otras, con el objetivo de crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo cual debía conducir a la humillante derrota del Ejército Rojo y el derrumbe final de la Unión Soviética.

James Jones, jefe del National Security Council, reconoce ahora que no hay prácticamente nadie de Al Qaeda en Afganistán. Quizás sea un buen momento para que nuestros dirigentes políticos proporcionen una explicación más honesta sobre la verdadera razón del envío de más jóvenes a Afganistán, a morir protegiendo las cosechas de opio.

F. William Engdahl



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miércoles, 9 de diciembre de 2009

El principio del fin de “la guerra” contra las drogas


7 de diciembre de 2009
DesdeCiudad de México
por Jorge Luis Sierra

Lejos de frenar el consumo de drogas, la política policiaca estadunidense de combate al narcotráfico atestigua el incremento –por millones– de los consumidores de sustancias prohibidas. La realidad comienza a imponerse: 14 estados de la unión americana legalizan el consumo de la marihuana para fines terapéuticos. En Albuquerque, incluso, se permite el cultivo de la cannabis. México, plegado a la política antidrogas del gobierno de Estados Unidos, llega tarde a la discusión sobre la legalización del consumo de estupefacientes
Alburquerque, Nuevo México, Estados Unidos. “¿Por qué tiene que ir a la cárcel una persona que ha decidido inyectarse una sustancia en su propio cuerpo?”, pregunta Ethan Nadelmann, el dirigente de la Drug Policy Alliance (DPA) en la clausura de la conferencia mundial que unió a todas las corrientes que se oponen a la guerra contra las drogas y proponen en su lugar la despenalización de su consumo de drogas, así como los programas de educación y salud para los consumidores.

Nadelmann y los cientos de participantes en esta conferencia realizada en Alburquerque piensan que la guerra contra las drogas ha saturado las cárceles con usuarios y pequeños distribuidores de drogas, produciendo una ola de ejecuciones vinculadas con el narcotráfico en México, y ha militarizado los cuerpos de policía en lugar de reformarlos y limpiar la corrupción en sus filas. En tanto, afirman los conferencistas en sus ponencias y discusiones, el consumo y tráfico de drogas siguen vivos, sin sufrir alteraciones mayores provocadas por la guerra antinarcóticos.

Las cifras son elocuentes.
En los últimos seis años, el número total de consumidores de marihuana en Estados Unidos ha pasado de 20 a 25 millones de usuarios, según la encuesta de adicciones más reciente en este país. Cinco millones de estadunidenses consumen al año entre 250 y 300 toneladas de cocaína, mientras que 456 mil usuarios estadunidenses consumen 13 toneladas métricas de heroína proveniente de México, Colombia y Asia. Un mercado emergente de 856 mil usuarios consume entre 106 y 108 toneladas de metanfetaminas procesadas en laboratorios clandestinos de México y Estados Unidos. El quinto mercado está compuesto por 2.1 millones de usuarios que consumen un total anual estimado de 8 toneladas métricas de éxtasis fabricadas en Canadá y Europa, principalmente Países Bajos y Bélgica.

En México, las cosas no son tan distintas y, aunque los consumidores no son tan numerosos, las tendencias van al alza: según la Encuesta nacional de adicciones de 2008, el número de consumidores de drogas alcanzó las 500 mil personas, un crecimiento de 50 por ciento en los últimos seis años. El uso de cocaína se duplicó al pasar de 1.2 a 2.4 por ciento.

La única solución posible es la despenalización del consumo de drogas, afirma Nadelman.
En los últimos años, ese sueño se ha ido cumpliendo, pero no por la voluntad del gobierno federal de Estados Unidos, sino por la decisión de sus gobiernos estatales y municipales. Actualmente, 14 de los 50 estados de Estados Unidos han aprobado leyes para despenalizar el consumo y distribución de marihuana con fines médicos. Sin embargo, hasta antes del 19 de octubre pasado, los médicos que se arriesgaban a prescribir marihuana o los pacientes que aventuraban a comprar las recetas corrían un riesgo alto de ser detenidos y acusados por la Agencia Atidrogas estadunidense (DEA, por sus siglas en inglés).

Eric Holder, procurador general de Estados Unidos, dirigió un memorándum a todos los fiscales de distrito del país, pidiéndoles la suspensión de los juicios por posesión de marihuana que entrara dentro de los límites de las leyes estatales. Para los críticos de las políticas antidrogas, ése es el primer paso hacia la legalización del consumo de marihuana.

“No será una prioridad del gobierno el uso de recursos federales para perseguir pacientes con enfermedades graves y sus médicos que cumplan con las leyes estatales de la marihuana con fines médicos”, dijo Holder a los fiscales en un mensaje que provocó optimismo en el movimiento por la reforma de las leyes que castigan penalmente el consumo de drogas.

Nuevo México, Michigan y Rhode Island están tomando pasos rápidos para establecer sistemas de distribución legal de marihuana. En Nuevo México, por ejemplo, los pacientes deberán solicitar por escrito y con ayuda del médico la autorización para consumir marihuana. El departamento estatal de Nuevo México deberá autorizar al consumidor a plantar y cosechar su propia medicina o a comprarla a empresas debidamente registradas.

Según la revista Alibi, de Alburquerque, en el estado hay 746 pacientes, de los cuales 201 tienen ya una licencia para tener dos plantas maduras de marihuana en su jardín así como 12 semillas. El gobierno de Nuevo México autoriza el consumo de marihuana sólo para aliviar la condición de pacientes de 15 tipos de enfermedades, entre ellas el dolor severo y crónico, el estrés postraumático, la hepatitis C, un tipo de esclerosis, cáncer, glaucoma, epilepsia y Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.
En ese estado, sólo las organizaciones sin fines de lucro pueden recibir autorización para producir marihuana con fines médicos. Hasta el momento, 25 organizaciones han solicitado la licencia y sólo cuatro de éstas han sido otorgadas.

Sin embargo, hasta la recomendación de Holder, las leyes estatales que suavizaban el control de la marihuana no bastaban para evitar las aprehensiones ni las redadas de la DEA. Según Americans for Safe Access, una organización que apoya los programas de marihuana médica, hubo 200 redadas en California durante la administración del presidente George W Bush.

Según el New York Times, la Suprema Corte de Justicia ha decidido que el gobierno federal puede realizar investigaciones y detenciones aun en estados donde hay leyes que aprueban el uso médico de la marihuana.
Aunque se muestra optimista sobre el paso reciente tomado por la administración del presidente Barack Obama, el director ejecutivo de DPA afirma que él no cree que Obama vaya a despenalizar por completo el consumo de drogas.

“Gracias por detener el golpe policial a los consumidores de drogas, por permitir que cese la prohibición de subvencionar los programas de cambio de ampoyetas y por detener a los policías que se oponían al uso médico de la marihuana”, dice Nadelmann en relación con las recientes decisiones de Obama. “Sin embargo, presidente Obama, recuerde que la política no debe de reemplazar a la ciencia, y que ese principio debe aplicarse también a la política de drogas; todas las opciones necesitan estar en la mesa”.

Obama necesita tomar este movimiento seriamente, dice Hiawatha, un exadicto que ahora se dedica a organizar a consumidores de drogas en Brooklyn, Nueva York, a través de una organización llamada Voces de Líderes y Promotores Comunitarios. “Si él mira las estadísticas verá que las políticas antidrogas son costosas, no resuelven el problema y mantienen las cárceles llenas”.

Nadelmann y una multitud de investigadores y activistas reunidos en la conferencia de Alburquerque coincidieron en que los recursos que actualmente se usan para combatir las drogas con polícías y soldados deben ser puestos a disposición de los médicos y los educadores para reducir los daños ocasionados por el consumo de drogas y prevenir la existencia de más adictos.
El líder de DPA visitará la ciudad de México en unas semanas y es posible que se enfrente a sectores de la sociedad que se oponen a la despenalización del consumo de drogas.

“La gran mayoría de personas que usan estas drogas no están haciéndole daño a nadie y ni siquiera a ellos mismos”, dice Nadelmann en una entrevista al concluir la conferencia de Alburquerque. “Pretender que estas drogas son más dañinas que el alcohol y el tabaco es un mito”.

Nadelmann afirma que los jóvenes ya tienen un “acceso tremendo a drogas ilegales”. “No hay nada que indique que la prohibición ha sido un éxito, la prohibición no ha tenido éxito en mantener a las drogas alejadas de la gente joven”.

Durante la conferencia, Beto O’Rourke, comisionado de la ciudad de El Paso, Texas, dijo que la ola de criminalidad y violencia en Ciudad Juárez era resultado del fracaso de la política antidrogas.
O’Rourke narró cómo los legisladores estatales y algunos federales se opusieron a la ordenanza que aprobó la comisión municipal para permitir el uso médico de la marihuana.
En Texas, la ley impide el uso legal o ilegal de la marihuana. O’Rourke consideró que la situación de Ciudad Juárez no soporta más y que él apoya a los empresarios de esta ciudad mexicana que piden la presencia de fuerzas de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas.

Con o sin los “cascos azules”, la política antidrogas ha mostrado en toda América Latina impactos colaterales que dañan los derechos humanos y tienen efectos nulos sobre la disponibilidad de las drogas, dijeron varios participantes de Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina, Chile y México, reunidos en la conferencia de Alburquerque.

“La marihuana debe ser legalizada: tenemos que parar su criminalizacion y debemos usar la aproximación de la reducción del daño a todas las demás drogas”, dice Gary Johnson, exgobernador de Nuevo México en una entrevista al finalizar la conferencia.
“De lo que se trata es de reconocer que el consumo de drogas es más bien un asunto de salud que del aparato de justicia criminal”, dice Johnson. “El 90 por ciento del problema de las drogas tiene que ver con la prohibición y yo aplaudo a México por descriminalizar el uso de drogas”.

México aprobó recientemente una ley para reducir las penas por la posesión de droga en cantidades limitadas al consumo personal, pero en opinión del Colectivo para una Política Integral de Drogas (Cupid), esa ley amenaza algunos derechos básicos de los mexicanos.
En una investigación difundida durante la conferencia, Jorge Hernández Tinajero y Carlos Zamudio, del Cupid, señalan que la ley se limita a endurecer las penas a los distribuidores pequeños de drogas en lugar de despenalizar el consumo. La ley establece que la posesión de 5 gramos de cualquier droga debe ser penalizada con tratamiento médico obligatorio, mientras que la posesión de una cantidad mayor ya conlleva penas de prisión.

El problema, afirman los autores, es que al no despenalizar el consumo, la ley deja abierta la puerta para la extorsión policial de los consumidores y la distracción de los recursos policiales que debieran estar concentrados en los grandes distribuidores de drogas. La ley tampoco establece quién tiene la jurisdicción en la persecución de los pequeños distribuidores y su única forma de medición del éxito consiste en el número de arrestados, no en la disponibilidad de drogas y los indicadores de consumo.

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sábado, 31 de octubre de 2009

Por deferencia de la CIA: Otra avalancha de droga


31-10-2009
Dave Lindorff
CounterPunch
Traducido para Rebelión por S. Seguí

La próxima vez que vea a un drogadicto tirado en una acera del centro de su ciudad más cercana o que lea que alguien murió de una sobredosis de heroína, imagínese junto a él o ella un gran anuncio publicitario que diga: “Los dólares de sus impuestos federales funcionan.”

Demos la enhorabuena al New York Times y a los periodistas Dexter Filkins, Mark Mazzetti y James Risen por su artículo de primera página de hoy en el que informan de que Ahmed Wali Karzai, hermano del increíblemente corrupto presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y cabecilla importante de los traficantes de droga del país productor de la mayor parte del opio que circula en el mundo, ha estado durante ocho años en la nómina de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.
En realidad el artículo carece de suficiente perspectiva histórica (volveré sobre esto) y permite entrever las tijeras de los altos responsables del diario, en particular por el tono extremadamente cauto (me encantó el tercer párrafo, que dice:
“Los vínculos financieros y la estrecha relación de trabajo de la CIA con Karzai plantean importantes interrogantes sobre la estrategia de guerra de Estados Unidos, actualmente en revisión en la Casa Blanca.”
Qué tontería; lo que debería plantear interrogantes es la razón de nuestra presencia en Afganistán, o qué miembro de la CIA debería ir a la cárcel, o cómo puede explicar todo esto el gobierno tras los más de 1.000 soldados y marines muertos supuestamente por ayudar a construir un nuevo Afganistán).
Sin embargo, el periódico que contribuyó a llevarnos alegremente a la estúpida y criminal invasión de Iraq en 2003 y que impidió que un periodista como Risen publicase su artículo de denuncia de la masiva operación de espionaje electrónico llevada a cabo ilegalmente por la National Security Agency del gobierno Bush-Cheney hasta después de la elección presidencial de 2004, esta vez ha abierto sus páginas a una exposición crítica importante, e incluso, apropiadamente, ha incluido una entradilla en el artículo de primera página en la que indicaba que octubre ha sido el mes más mortal para las tropas de EE.UU. en Afganistán.
Lo que el artículo no menciona en absoluto es que estamos aquí ante un patrón histórico claro. Durante la Guerra de Vietnam, la CIA y su aerolínea camuflada Air America estuvieron metidas hasta el cuello en el comercio de heroína del sudeste asiático. En ese momento, era el sudeste asiático, no Afganistán, el principal productor y exportador de opio, sobre todo a EE.UU., donde hubo una epidemia de heroína.
Una década más tarde, en los años 80, durante la administración Reagan, el desaparecido periodista de investigación Gary Webb documentó brillantemente, primero de una serie de artículos titulada Dark Alliance, publicada en el diario San José Mercury, y más tarde en un libro con este mismo nombre, la estrecha participación de la CIA en el desarrollo y el contrabando de cocaína hacia EE.UU., que sufrió una epidemia de crack que sigue destruyendo aún hoy las comunidades afroamericanas y otras comunidades pobres en todo el país.
(El papel del New York Times en esta historia fue sórdido –al igual que el del Washington Post y Los Angeles Times– al publicar noticias despreciables sobre Webb que destrozaron su trabajo y su carrera, y en última instancia, lo llevaron al suicidio, aunque los hechos que reveló han resultado ser ciertos.
Para conocer esta historia en su totalidad, léase Whiteout: the CIA, Drugs and the Press, de Alex Cockburn y Jeffrey St. Clair.)

En aquella ocasión, Webb reveló que la CIA estaba utilizando la droga para financiar el flujo de armas que luego transportaba en sus propios aviones y entregaba a la contra nicaragüense con el fin de derribar el gobierno sandinista de Nicaragua, en un momento en el Congreso había prohibido a EE.UU. apoyar a la contra.
Y ahora tenemos Afganistán, que antes fue un remanso tranquilo con poca conexión con las drogas (los talibanes, antes de su derrocamiento por fuerzas de EE.UU. en 2001, habían prácticamente eliminado la producción de opio, según informaciones de la ONU), pero que ahora es responsable de hasta el 80 por ciento de la producción de opio del mundo.
Y esto sucede en unos momentos en que EE.UU. financia y dirige el país con un ejército de ocupación que, junto con las fuerzas del gobierno afgano que controla, supera los talibanes en una proporción de 12 a 1, según un reciente artículo de Associated Press (1).
La verdadera historia aquí es que cuando EE.UU. llega, el tráfico de drogas viene a continuación, y el papel principal en el desarrollo y fomento del comercio de estupefacientes aparentemente lo desempeña la CIA.

Los dólares de sus impuestos funcionan
La cuestión aquí no debería ser cuántos soldados estadounidenses más deben enviarse a Afganistán. Ni siquiera debería ser si EE.UU. deben subir la puesta o reducir su presencia en función de un objetivo más limitado de la caza de terroristas. La cuestión debería ser lo rápido que EE.UU. puede sacar sus tropas de Afganistán, lo pronto que el Congreso puede iniciar sus audiencias sobre corrupción y tráfico de drogas a cargo de la CIA, y lo pronto que la oficina del Fiscal General puede establecer un jurado de acusación que investigue el tráfico de drogas que lleva a cabo la Agencia.

Los estadounidenses que durante años han apoyado una estúpida, chapucera e ineficaz “guerra contra las drogas” en este país, y que apoyan sin reflexión alguna la política de “tolerancia cero” hacia las drogas en las escuelas y en el trabajo, deberían exigir una política de “tolerancia cero” para con los traficantes de drogas en el gobierno y la política exterior, entre otros la CIA.

Durante años se nos ha contado el cuento de que los talibanes se financian con sus impuestos a los cultivadores de opio. Esto puede ser cierto en parte, pero recientemente hemos descubierto que no es la verdadera historia. Los talibanes, se ha sabido, han sido fuertemente subvencionados con dinero de protección que les pagan las organizaciones de ayuda civil, entre ellas los programas financiados por el gobierno estadounidense, e incluso, al parecer, por las fuerzas militares de algunos de sus aliados de la OTAN (hay actualmente un escándalo en Italia en relación con tales pagos por las fuerzas italianas).

Pero, al margen de este asunto, la industria del opio está lejos de ser controlada por los talibanes. En cambio, en gran medida está controlada por los mismos señores de la guerra con que EE.UU. se ha aliado, y, según informa ahora el New York Times, por el propio hermano del presidente, Ahmed Wali Karzai.

Filkins, Mazzetti y Risen nos cuentan también que Karzai fue un factor clave en la fabricación de cientos de miles de votos fraudulentos en el robo electoral perpetrado por su hermano, Hamid Karzai, este mismo año. Nada se dice sobre si la CIA pudiera haber desempeñado también un papel en este fraude. En un país donde encontrar imprentas es sin duda difícil, y donde el transporte de fajos de votos falsificados implica bastante riesgo, cabría preguntarse si una agencia como la CIA, que dispone de acceso a las máquinas impresoras y los helicópteros puede haber tenido algo que ver en el mantenimiento en el poder de sus hombres de Kabul.

Seguro que se trata de una pura especulación de mi parte, pero cuando uno se entera de que la agencia oficial de espionaje de Estados Unidos ha mantenido en nómina no sólo a Karzai sino también a otros muchos impresentables señores de la guerra afganos, dicha especulación resulta natural.
La actitud real de la CIA se ilustra mejor con una cita anónima, recogida en el artículo de Filkins, Mazzetti y Risen, de un “ex funcionario de la CIA con experiencia en Afganistán”, que explica el respaldo de la Agencia a Karzai: “Prácticamente todas las figuras importantes de Afganistán han tenido que ver con el narcotráfico. Si ustedes buscan a la Madre Teresa, no vive en Afganistán.”
“El fin justifica los medios” es sin duda el lema de la política exterior y la política militar de Estados Unidos.
El artículo del Times que descubre el vínculo de la CIA con el gran traficante de drogas que es el hermano del presidente de Afganistán debería ser la gota que colme el vaso para los estadounidenses. La “guerra necesaria” del presidente Obama en Afganistán no es sino una broma de mal gusto.
El opio, y la heroína derivada, que está inundando Europa y América gracias al apoyo activo de la CIA a esta industria y sus propietarios en Afganistán está haciendo un daño mucho más grave a nuestras sociedades que el que ningún terrorista de turbante armado de un chaleco cargado de explosivos podría esperar infligir.
Hay que poner fin a la guerra de Afganistán inmediatamente
Y que comience el juicio contra los traficantes de drogas del gobierno de Estados Unidos.

Una nota sobre el senador John Kerry, demócrata por Massachusetts. Este senador y ex candidato a la presidencia, que ha ido a Afganistán para presionar, en nombre del gobierno de Obama, a su “buen amigo”, el presidente Hamid Karzai, para que aceptase realizar una segunda vuelta electoral tras el robo de la primera, ha tenido en todo esto un papel vergonzoso.
Una vez, llevado por los principios que demostró tener cuando denunció, como veterano, la Guerra de Vietnam, Kerry presidió las audiencias sobre la operación de la CIA de trueque de cocaína por armas en América Central. Ahora, en este viaje, se ha dejado ver dando abrazos a los traficantes de drogas vinculados a la CIA.

http://www.google.com/hostednews/ap/article/ALeqM5jWM24PqWpJg-935bFXbYANhGJ_lQD9BJLDVO0
Dave Lindorff es reportero y columnista residente en Philadelphia. Su último libro es The Case for Impeachment (St. Martin’s Press, 2006). Su correo electrónico es: dlindorff@mindspring.com
S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
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martes, 1 de septiembre de 2009

Lo que hay detrás del negocio de la droga. El instinto de conservación del sistema capitalista en acción


31 de agosto de 2009

Martín Guédez (especial para ARGENPRESS.info)
Hasta el momento, la mayoría de las investigaciones aportan datos contundentes acerca de la inmensa cuantía que tiene el narcotráfico en la economía, no sólo del primer país productor de drogas del mundo (Colombia) sino en la del primer país consumidor del mundo (EEUU).

El peso extraordinario que posee este mercado sobre el funcionamiento de la economía es tal que, un trabajo publicado en IAR Noticias, concluye que si se lograra detener en forma abrupta el narcotráfico la economía estadounidense sufriría un colapso de igual o mayor magnitud que el generado por la crisis financiera que hoy asola su economía.
Abundan las pruebas que demuestran como ese tráfico de miles de toneladas de droga sería imposible de sostenerse si no contase con la complicidad y el apoyo del inmenso aparato científico-tecnológico y militar-policial de la primera potencia del mundo. Con sistemas capaces de detectar billones de mensajes electrónicos por minuto, sistemas de radares y detección capaces de ubicar y grabar una conversación telefónica en cualquier parte del mundo o fotografiar el color de los ojos de un ratón a cientos de kilómetros de distancia, resulta poco menos que increíble que diariamente penetren a los EEUU toneladas de droga sin ser detectadas.
Es igualmente inaudito que miles de millones de dólares provenientes del narcotráfico circulen por el “respetable” sistema bancario sin que el eficiente aparato de detección de transacciones del gobierno estadounidense lo sepa. Algo parecido ocurre con el negocio industrial de la producción de sustancias químicas necesarias para transformar, por ejemplo, el opio en heroína. A nadie sorprende que los agentes de la DEA tengan prohibido examinar el manifiesto de ningún barco que zarpe del puerto de Hong Kong, lugar donde tienen su sede los laboratorios que producen estas substancias.
Las campañas lanzadas por los gobiernos de EEUU y Europa para ser “duros con el tráfico de drogas” son una cruel payasada pues si estos gobiernos realmente quisieran erradicar el narcotráfico atacarían en los centros productores de anhídrido acético o hurgarían en los emporios bancarios que se nutren del dinero proveniente del negocio de las drogas.
Sin embargo, quiero abordar otra cara oculta de este negocio y su importancia para los planes estratégicos hegemónicos del capitalismo global. Para nadie es un secreto que un joven o una joven adictos a la droga han perdido –centrados enfermizamente en sí mismos- toda capacidad de reflexión ética respecto de los males e injusticias que lo circundan. Un joven o una joven drogadictos son, consecuentemente, cómplices, acaso inocentes, de cuanta injusticia se comete en su entorno y el mundo- Son millones de y voces subversivas apagadas, desconectadas, indiferentes y manipulables al extremo.
La historia es un profeta que mira hacia atrás. Hemos de recurrir a la historia para abrevar en ella y descubrir los hilos de esta conspiración contra la humanidad. En el pasado siglo XIX, el imperio británico sostuvo contra China las conocidas como “Guerras del Opio”. Gran Bretaña forzó a la China a abrir sus mercados al opio de la India así como a sembrar la planta para producir opio internamente. La razón -absolutamente criminal e inmoral- para tal guerra, se apoyó en problemas de intercambio comercial de Gran Bretaña con China. La razón oculta tuvo que ver realmente con la imposibilidad de dominar y controlar un país inmenso, tanto en población como en espacio, a menos que se redujera su capacidad combativa al mínimo. Desde luego el imperio no encontró mejor manera de matar dos pájaros de un tiro que infestar de droga a la población china.
Detrás de la complicidad con el negocio del narcotráfico nos parece que hay más, mucho más, que un negocio en sí mismo, creemos que detrás –como en el caso de las mencionadas Guerras del Opio- está el control de una población superior a los cien millones de jóvenes a quienes se les ha castrado su potencial capacidad revolucionaria o subversiva. ¿Cómo no recordar la forma en la cual el sistema capitalista penetró, destrozó y anuló el movimiento hippie de los años sesenta?, ¿no fue –como quedó demostrado en documentación desclasificada- penetrando el movimiento con drogas? Detrás del negocio de la droga está el instinto de conservación de un sistema económico y de vida que se sabe a sí mismo, criminal, inmoral, ecocida, brutal e impresentable ante cualquier mente joven y sana. Por allí van estos criminales tiros.

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viernes, 7 de agosto de 2009

La colombianización de México



3 de agosto de 2009
Libardo Hernández (ELN)

El Padre Javier Giraldo, destacado investigador y defensor de derechos humanos, en su libro Colombia, esta democracia genocida (1.994), describe un funesto capítulo de la guerra contra las drogas de nuestro país.

Relata el padre Giraldo como en enero de 1.993, después de haber estallado un coche bomba en el centro de Bogotá causando 20 muertos, la noticia, que atribuyó los hechos al narco, recorrió el país y el mundo a través de los medios nacionales y las agencias internacionales. En ese mismo mes, se registraron 135 homicidios y 16 desapariciones forzadas por motivos políticos. Pero estos pasaron absolutamente desapercibidos por los medios de comunicación:

"...mientras aquel crimen del narcotráfico que destruyó 20 vidas humanas fue amplia e inmediatamente conocido en todo el mundo, las 130 víctimas de agentes del Estado o del para-Estado fueron ignoradas por los sistemas de información mundial: no existieron." (Giraldo, 1.994).

A finales de los 80 y durante la totalidad de los 90, se aprovechó la guerra contra el narco para lograr tres cometidos:

1) ocultar acciones de terrorismo de Estado;
2) crear un pretexto idóneo para dar inicio a un nuevo proyecto de intervención político-militar por parte de los EEUU, e
3) inaugurar un nuevo capítulo de la militarización de la sociedad.

Éste es el verdadero peligro que corre México al estrenar su propia versión de la guerra contra el narco.

Al igual que en la Colombia de los 80s y 90s, el México de hoy experimenta un doble proceso de creciente violencia relacionada con la guerra contra el narco: 1) una marcada militarización de la sociedad y 2) la conformación de un estado autoritario. Sumado a ello, la guerra contra el narco se utiliza por el imperialismo norteamericano como un pretexto idóneo para profundizar su injerencia e intervención en esa nación soberana.

El fenómeno de la colombianización de México se está consolidando a través del estrechamiento de la relaciones con el imperialismo yanqui a igual que con la clase dirigente colombiana.

Estos acercamientos México-EEUU, México-Colombia apuntan al establecimiento de un eje de contención de los procesos de transformación en camino en Nuestra América y van tejiendo una institucionalidad de la refundación neoconservadora que impulsa el imperialismo norteamericano, cuyo objeto fundamental es el de recuperar su hegemonía erosionada.

El Plan Puebla Panamá, el ASPAN, la Iniciativa Mérida, el Plan Colombia/Patriota, la Seguridad Democrática y el TLC de América del Norte son los pilares de este tejido contrarrevolucionario.

Los inicios

La llamada colombianización de México inició con el periodo presidencial de Vicente Fox Quesada (2000-2006) cuando éste visitó Colombia y se reunió con el entonces presidente Andrés Pastrana para crear el Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia México-Colombia (GANSJ).

No obstante, la emulación práctica y concreta del modelo colombiano despegó bajo Felipe Calderón Hinojosa, quien asumió la presidencia en 2006 gracias a elecciones fraudulentas, arrebatándole la presidencia al candidato de centro-izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Como plantea el investigador y periodista mexicano, Carlos Fazio: "la experiencia del Plan Colombia ubica a ese país sudamericano como un laboratorio reproducible y exportable" y es precisamente así como lo contempla el actual gobierno mexicano.

Por ello, y bajo el mando Felipe Calderón, el Estado mexicano empieza paulatinamente a reproducir la táctica del modelo de control social y represión que se ha aplicado en Colombia desde hace más de cuatro décadas: militarización de las ciudades y del campo, reformas judiciales que coartan libertades ciudadanas en nombre de la "seguridad nacional" y la negociación de un plan de "ayuda" militar con los Estados Unidos llamado La Iniciativa Mérida, mejor conocida como el Plan México, que no es otra cosa que la versión mexicana del Plan Colombia, un paquete de asistencia militar de 1,6 mil millones de dólares para ser aplicados en un periodo de tres años, para "combatir el narcotráfico y el crimen organizado."

El Plan México fue suscrito en junio del 2008, bajo el mando de la administración Bush, e igual como sucedió con el Plan Colombia, se inauguró una nueva etapa de militarización de la sociedad mexicana y se creó una puerta institucional para facilitar la intervención directa de EEUU en México.

Sobre este punto vemos como la línea que distingue la administración de Barack Obama a la de su predecesor, George Bush, se vuelve borrosa y tenue; así nos recuerdan que imperialismo es imperialismo, venga con sabor republicano o con sabor demócrata.

Desde entonces, y en especial a partir que Obama asume la presidencia, el nivel de cooperación entre México y EEUU ha ido en aumento de manera escalofriante. De inicios del 2009 hasta el presente, se evidencia ve una secuencia de acontecimientos que develan las ambiciones imperiales de EEUU en México:

1) En enero del 2009, cuando el imperio aun estaba en manos de la administración saliente de Bush, su asesor de seguridad nacional, Stephen Hadley afirmó que "las drogas amenazan la democracia en México", utilizando la terminología "terrorismo" y "narcoterrorismo". Acto seguido, reiteró "la voluntad del gobierno norteamericano de dar a las autoridades mexicanas todos los recursos para enfrentar más eficazmente el problema" y sugerirle al presidente mexicano Felipe Calderón que tome como ejemplo la experiencia de Colombia como posibilidad para el triunfo contra la violencia.

2) En los primeros días de marzo 2009, ya con Barack Obama al mando del imperio estadounidense, Dennis Blair, director de la llamada Inteligencia Nacional de Estados Unidos, se refirió a México como un Estado fallido. Ante el Senado estadounidense pronunció que "la influencia corruptora y la creciente violencia de los cárteles mexicanos de la droga impiden a la capital (mexicana) gobernar en partes de su territorio".

El destacado intelectual norteamericano Noam Chomsky nos recuerda que el concepto de Estado fallido ha sido reiteradamente utilizado por los Estados Unidos para justificar intervenciones. Ese concepto - repetido ante los medios masivos de comunicación - producen tres efectos en la conciencia colectiva de una sociedad: 1) deslegitiman a un dado gobierno ante los ojos del mundo, 2) crean una excusa para intervenir de una manera más directa en los procesos internos del ya deslegitimado país, y; 3) crean la idea ante la opinión pública mundial de que tal o cual país no puede vivir sin ayuda e inmediatamente el país interventor se ofrece para brindarla.

3) Poco días después de las declaraciones de Denis Blair, Michael Mullen, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos y el militar con más alto rango en la administración de Barack Obama, visitó México con el fin de promover la "acciones mancomunadas" entre las fuerzas armadas mexicanas y estadounidenses en la lucha contra el narcotráfico, a la vez que insistió en que México debería adoptar el modelo del Plan Colombia.

4) A finales de marzo 2009 México fue visitado por la Secretaria de Estado, Hillary Clinton para asegurar que "Estados Unidos comparte la responsabilidad con México para enfrentar a los cárteles de las drogas que han incrementado su nivel de violencia."

5) Justo antes de partir para la Cumbre de las Américas en abril del 2009, el presidente Barack Obama hizo escala en México con el fin de elogiar los esfuerzos del presidente mexicano Felipe Calderón en su lucha contra el narco, México y EEUU serán socios de una amplia estrategia en la lucha contra el narcotráfico, reivindicando las virtudes del Plan México.

Obama llegó a México acompañado de Janet Napolitano, la Secretaria de Seguridad Nacional, quien tuvo el encargo de negociar la "vigilancia" (léase militarización) de la frontera México-EE.UU.

6) Finalmente, durante los meses de marzo y abril de 2009, los medios masivos de EEUU repiten casi al unísono la consigna de que "la guerra ya no está en Irak; está en la frontera", y no se referían a la frontera con Canadá.

En resumen, bajo la administración Bush, se dio la creación de un nuevo instrumento de intervención imperialista en México -el Plan México (Iniciativa Mérida)- pero es bajo la administración de Obama que se crean las condiciones para poner ese instrumento en marcha. Paralelamente en nuestro pais, fue bajo el periodo presidencial de Andrés Pastrana que se negocia el Plan Colombia pero bajo el mandato de Álvaro Uribe Vélez que se desarrolla plenamente junto con el programa de "Seguridad Democrática".

Lazos entre clases dominantes

Aunado al nuevo acercamiento entre México y EEUU, se ha venido evidenciando un creciente pacto entre las clases dominantes de Colombia y México que se remonta al año 2001 y se creó al Grupo de Alto Nivel de Seguridad y Justicia México-Colombia (GANSJ) cuyo fin es el de "coordinar acciones de inteligencia y colaboración judicial en la lucha contra la delincuencia organizada y el narcotráfico, el combate al terrorismo y a los grupos armados ilegales" entre los dos países.

Durante el sexenio presidencial de Vicente Fox el GANSJ tuvo poco actividad pero bajo Felipe Calderón adquirió nuevo dinamismo. De hecho, en el 2007, se realizaron cuatro reuniones en materia de seguridad México-Colombia, y el 2008 se realizó la III Reunión del GANSJ.

Luego, a finales de mayo 2009 Felipe Calderón viajó a Medellín para asistir a un particular cónclave antiterrorista, el V Congreso Internacional sobre Víctimas del Terrorismo, junto con los príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia Ortíz, José María Anzar y, por supuesto, Álvaro Uribe Vélez. En ese encuentro selecto de las derechas más recalcitrantes del mundo, continuaron en la consolidación de los pactos entre las clases dirigentes de México y Colombia.

Igualmente, cabe destacar el hecho que Enrique Peña Nieto, el gobernador del Estado de México (centro del país) por parte del Partido Revolucionario Institucional (PRI), visitó Colombia a finales de octubre 2008, donde se reunió con Álvaro Uribe y el ministro de defensa, Juan Manuel Santos. El propósito de la visita, en las palabras mismas de Peña Nieto, fue el de conocer los "instrumentos que han sido eficaces en el combate de la inseguridad por este Gobierno," relató Peña Nieto. Con ese fin se pactó una serie de capacitaciones que dará el gobierno colombiano las fuerzas policiacas del Estado de México.

Seis meses más tarde, en marzo del 2009, una delegación de altos oficiales de la Policía Nacional de Colombia visitó el gobernador Peña Nieto en su Estado con el objetivo de consolidar el acuerdo de colaboración en materia de seguridad.

Lo interesante de este dato es que Enrique Peña Nieto está siendo promovido por la clase dominante de México -y en especial por los grandes consorcios televisivos (Televisa, TV-Azteca)- como el candidato presidencial para las elecciones del 2012.

Uno de los más emblemáticos resultados de este ejercicio de cooperación bilateral en materia de autoritarismo es la Reforma judicial que México llevó a cabo en el 2008. Esta Reforma, inspirada por la Ley de Conmoción Interior y el Estatuto antiterrorista de Colombia, le otorga nuevas facultades al poder judicial y a la fuerza pública, como la detención sin presentación de cargos (prisión preventiva), la negación de libertad condicional, la aplicación discrecional de cateos, allanamientos, e intervención de comunicaciones por parte de las corporaciones policiacas. Cualquier parecido con la realidad colombiana no es mera casualidad.

La reciente captura ilegal del académico colombiano Miguel Ángel Beltrán por parte de las autoridades mexicanas y su deportación a Colombia es otra clara muestra de la colaboración bilateral. Si bien en su honorable pasado, México fue reconocido como el país que le brindaba refugio a los perseguidos y rebeldes de Nuestra América, hoy juega un papel opuesto al hacerle juego a un descarado montaje orquestado por el gobierno de Álvaro Uribe, cuyo único fin es silenciar las voces críticas a su régimen y fortalecer su campaña de reelección.

No obstante lo anterior, la más significativa alianza entre México y Colombia se dio en julio del 2006 cuando este último ingresó como miembro de pleno derecho en el Plan Puebla Panamá (PPP), que fue rebautizado como Proyecto Mesoamericano.

El Proyecto Mesoamericano es un mega-proyecto geoestratégico neoliberal diseñado para aumentar la explotación del trabajo, extraer recursos y riquezas y mover mercancías con más agilidad gracias a nuevas redes viales, energéticas y corredores de maquilas.

Este pacto no solamente significa que Colombia puede sumar su vasta riqueza de recursos naturales y energéticos al proyecto de mega-explotación sino que le añadió su primer componente militar: el Plan Colombia. Dos años después, al surgir el Plan México, el Proyecto Mesoamericano cuenta con un segundo polo militar y de esa manera, la consoliidación del bloque contrainsurgente contintental toma un salto cualitativo.

El rompecabezas de la dominación

El telón de fondo del acercamiento entre México y Colombia, es el papel regional y continental que ambos países juegan dentro de la actual disputa hegemónica que se lleva a cabo.

Frente al proyecto de unidad y refundación latinoamericana que protagonizan los pueblos y los nuevos gobiernos populares de Nuestra América, el imperialismo norteamericano impulsa su propio proyecto de recomposición hegemónica y refundación neoconservadora, del cual México y Colombia son las dos fichas claves.

Es evidente que la crisis sistémica por la cual transita el capitalismo norteamericano no puede ser resuelta a mediano o largo plazo sin la reconquista de aquella hegemonía, de la que ha gozado durante más de un siglo y que le garantiza fácil acceso a los recursos naturales, el control de los mercados nacionales y una fuerza de trabajo barata y disciplinada.

No olvidemos nunca que América Latina ha sido siempre el espacio vital de hegemonía norteamericana y es por ello que los EEUU han venido impulsando marco-proyectos como el Plan Puebla Panamá (ahora Proyecto Mesoamericano), el ASPAN y el la Iniciativa Mérida (Plan México).


Afortunadamente, las tendencias de los gobiernos y de las clases dominantes de Colombia y México no reflejan el sentir de sus pueblos. Pero si bien las burguesías de ambos países se han venido acercando, es igualmente cierto que existe una peligrosa distancia entre sus sujetos populares y sociales.

Es menester de todos los revolucionarios y progresistas de México y Colombia tender puentes entre las luchas sociales y populares de sus países, visibilizar los modelos de agresión y articular las estrategias de resistencia y transformación. Solo así se podrá subvertir la consolidación del nuevo bloque contrainsurgente y contrarrevolucionario que edifica el imperialismo estadounidense.

ELN: Ejército de Liberación Nacional de Colombia

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viernes, 26 de junio de 2009

Aliados de EEUU son los mayores fabricantes mundiales de cocaína


¿”Menos coca en Colombia, más en Bolivia”?

26-06-2009
Rolando Carvajal
Rebelión

Recientes cálculos de NNUU sobre la fabricación de cocaína pregonados por la prensa internacional y exaltados por medios nacionales adversos al gobierno, hacen aparecer a Bolivia como la “bestia negra” de la lucha antinarcóticos, sin destacar, igualmente, que Colombia produce 430 toneladas anuales de cocaína y Perú otras 302.

Juntos, ambos países con regímenes de derecha aliados a EEUU a través de acuerdos comerciales como el ATPDEA (de preferencias arancelarias), produjeron el año pasado cerca de 750 toneladas de cocaína, es decir más del 75 % de las existencias mundiales, frente a las 113 toneladas atribuidas a Bolivia

De acuerdo con las cifras de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (ONUDD), publicitadas desde el 19 de junio pasado, Colombia llegó a producir 600 toneladas de cocaína el 2007 en un área cocalera de 178 mil hectáreas, reducidas ahora a unas 81 mil.

El severo recorte en la elaboración de la droga colombiana a partir de la erradicación de cultivos, fue de 170 toneladas, mientras que en Perú y Bolivia el potencial de fabricación subió en 9 y 4.1 por ciento, es decir, a 10 y 12 toneladas, respectivamente:


COCAINA

(Potencial de producción)
Producción inmediata

Anterior
Producción 2008
recorte/incremento

Aprox.

Colombia
600 t.
430 t.
- 170

Perú
289
302
+ 12.3

Bolivia
103
113
+ 10.1

Fuente: elaboración propia con datos de ONUDD

El incremento registrado en Bolivia, ligeramente inferior al de Perú, representa apenas el 2 % de la producción colombiana y cerca del uno por ciento de la producción mundial.

MERCADO MUNDIAL DE 50.000 MILLONES

“Menos coca en Colombia, más en Bolivia”, tituló sobre el tema la BBC Mundo [1] , mientras que diarios neoliberales bolivianos subrayaron el crecimiento del potencial local para producir droga, el aumento, de 1.600 hectáreas de los cultivos de cocales (a 30.500), y las plantaciones en áreas protegidas o parques nacionales lo mismo que la magnitud de las áreas cultivadas, y la eventualidad de que 36.200 toneladas de coca fueron desviadas al narcotráfico

Enseguida, los grupos de columnistas, especialistas y comentaristas de los medios privados condenaron el fracaso gubernamental de la lucha antinarcóticos, mientras que las autoridades calificaron como “insignificante” el incremento, respecto de las cifras mundiales, alertando que la tendencia conllevaba un aumento mayor de cultivos, sujetos, sin embargo en el caso boliviano a una pronta erradicación, en las próximas semanas.

“Mal de muchos es consuelo de tontos, ciertamente” dijeron observadores en La Paz, que sin embargo criticaron la utilización de cifras parciales sin tomar en cuenta el contexto mundial y regional.

Para el vicecanciller Hugo Fernández, las cifras deben ser evaluadas en su conjunto. “Lo importante de los datos es que nos dan una base de la realidad para poder atacar el problema en los próximos años”, señaló al diario estatal Cambio, una vez conocido el reporte.

La dimensión de la droga en Bolivia resulta ser relativamente pequeña si se la compara con el marcado mundial que mueve 50.000 millones de dólares frente a los 293 millones que se calcula genera la hoja de coca en la economía boliviana (3 % del PIB)

“El mercado global de cocaína de 50 mil millones de dólares está experimentando cambios sísmicos. Los niveles de pureza y los montos de confiscación bajan, los precios suben y los patrones de consumo se mantienen", dijo recientemente Antonio María Costa, director de la UNODC, a la agencia Notimex.

Desde comienzos de año, varios reportes de Bolpress entre otros portales no alineados a la derecha y asimismo distantes de la prensa progubernamental, llamaron la atención sobre el ingreso a Bolivia de la producción peruana de droga, especialmente con destino a Brasil y Argentina.

Tan sólo entre el año pasado y el primer trimestre del 2009, la fuerza antidroga incautó 25 toneladas de cocaína, mientras el gobierno tropezaba con serios problemas para frenar la producción en alza de cocales ilegales que a marzo ya habían saturado los mercados locales (casi 500 t. estocadas en la Paz) creando rencillas entre los mismos cocaleros.

PRECIOS, CULTIVOS Y CONSUMO

"Argentina es el segundo mercado de cocaína de Sudamérica en números absolutos -aproximadamente 660.000 personas-, atrás de Brasil -890.000 personas o 0,7% de la población entre 12-65-", reportó la agencia argentina DyN, con base en el informe de la ONUDD.

Las más altas tasas de prevalencia anual de base de cocaína fueron reportadas en Chile (0,6%), seguidas por Argentina (0,5%) y Perú (0,4%)".

El pico boliviano es el tercero más alto en 12 años. El primero alcanzó 200 toneladas, y el segundo con 150, ambos durante la administración de los ex presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Banzer.

Durante su reciente visita a Colombia, el canciller David Choquehuanca, solicitó a ese país respaldo para que la Organización de Estados Americanos (OEA) legalice el consumo de la hoja de coca.

De acuerdo con informes de la fuerza antidroga boliviana, en los Yungas al norte y este de La Paz, el kilo de pasta base promedió los 800 dólares y el de cocaína alcanzó los 1.100 dólares, mientras que en el Chapare, centro del país, el kilo de droga alcanzó los 1.250 dólares.

“Este seis por ciento de incremento de cultivos, si bien es insignificante, no quiere decir que el Estado y el Viceministerio de Defensa Social estén de brazos cruzados”, dijo el viceministro boliviano de Defensa Social, Felipe Cáceres a medios oficiales, después de conocido el reporte.

Probablemente, a causa del incremento de cultivos y potencial de producción de droga, el equipo negociador del presidente estadounidense de Barak Obama, dirigido por el secretario Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Tomas Shannon, insistió el 21 de abril en buscar el retorno de la DEA, reportó el diario digital Erbol, hace una semana.

El organismo antidrogas norteamericano fue expulsado de Bolivia el año pasado, junto con el ex embajador designado en la administración por denuncias de conspirar contra el gobierno del presidente Morales.

“Ahora parece ganar consenso la tendencia de buscar una segunda salida mediante una regionalización de la lucha antidroga, con la actuación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), en tareas que antes eran desempeñadas por organismos de inteligencia estadounidense”, dice el portal sugiriendo que el próximo embajador boliviano ante la Casa Blanca será el actual canciller Choquehuanca [2] . (Rolando Carvajal, La Paz)


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