
Sara Plaza
9 de junio de 2010.
Foto: NWFblogs.
www.diagonalperiodico.net
Por la cabeza del consejero delegado de British Petroleum (BP), Tony Haywards, debió de estar pasando la famosa frase: “Salen sólo unos hilillos” cuando declaró, a mediados de mayo, que el impacto medioambiental derivado del hundimiento de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México “probablemente ha sido muy, muy modesto”.
La que a día de hoy se califica como la mayor catástrofe en las costas estadounidenses, por encima del accidente del Exxon Valdez en Alaska (1989), aún no ha conseguido ser frenada. Intento tras intento, BP no consigue taponar el escape de crudo que se desató el pasado 22 de abril, tras la explosión y el hundimiento de la plataforma, que causó 11 muertos. Lo que sí parece claro es que la marea negra provocada cada vez adquiere dimensiones más preocupantes, ya que, la directora del Servicio Geológico de EE UU, Marcia McNutt, aseguró a finales de mayo que los cálculos preliminares indicaban que el pozo arrojaba al mar entre 71 y 147 millones de litros de crudo, es decir, casi dos millones de litros diarios.
Por su parte, el 4 de junio, la compañía emprendía el último intento para frenar las tres fugas, que se sitúan a 1.500 metros de profundidad, con la instalación de una cúpula de contención sobre el pozo de la plataforma, con el fin de canalizar parte del petróleo hacia la superficie. Aunque los esfuerzos por lograr una solución siguen concentrados en la construcción de dos pozos aliviaderos, que no estarán listos hasta agosto. Tras el fracaso de la operación ‘top kill’, que intentó sellar el pozo con barro y cemento, todas las esperanzas se concentran ahora en torno a esta solución. Pero, mientras tanto, ¿es tan leve el impacto medioambiental como se preveía? ¿Qué se va a hacer con los más de 140 millones de litros de petróleo que forman parte ya del ecosistema?
Muchos expertos y asociaciones ecologistas han denunciado estos días que el derrame tiene asociados daños de una gran envergadura. En cuanto a la gestión del crudo, que ya forma parte del medio, las asociaciones ecologistas se muestran críticas con las alternativas que está gestionando BP.
Dispersantes tóxicos
Greenpeace denuncia que una gran cantidad del petróleo derramado en el Golfo de México no saldrá a flote debido a que la petrolera BP está usando dispersantes que sumergen el crudo, aumentando la toxicidad en las aguas marinas de la región. La organización ecologista considera esta técnica como un “maquillaje verde para ocultar la magnitud del daño que está dejando a su paso el vertido”.
Para Greenpeace, BP está exagerando la efectividad de su respuesta, en lo que la organización denomina un “teatro de la respuesta”. Esta misma fuente denuncia que se están cometiendo importantes errores, como la utilización de un dispersante en la fuente del derrame conocido como Codetix 9500. “Utilizar el dispersante representa un ahorro económico para BP, que tendrá que contratar menos barcos pesqueros para recoger el petróleo”, asegura. BP ha usado ya unos 600.000 litros del Codetix 9500, que “añaden más toxicidad a la zona, ya de por sí contaminada, lo que provocará más daños para la vida marina”. Reiteran que, cuando no se usan dispersantes, el petróleo alcanza la orilla y mata también a las aves, pero cuando es usado, se queda en el agua y mata a los peces.
“Es importante tener en cuenta que matar a los peces significa eventualmente matar a las aves debido a que se contamina toda la cadena alimenticia”, denuncia la organización ecologista. De hecho, el Gobierno de EE UU está aún investigando cuáles pueden ser los impactos del dispersante y los expertos no han sido capaces de alcanzar una conclusión, ya que las empresas que lo fabrican no indican su composición exacta. En esta línea, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) lanzó una serie de directrices para que se buscaran otras alternativas, menos tóxicas, ya que “se desconoce el efecto que el uso masivo de este potente dispersante químico puede tener en el ecosistema marino, puesto que nunca se había usado en cantidades tan grandes ni a tanta profundidad”, afirma la agencia.
Según han manifestado algunos científicos, podría existir alguna relación entre el uso del dispersante y la formación de grandes columnas de crudo submarino. Dichas columnas de petróleo fueron descubiertas por un grupo de científicos de varias universidades de la zona, quienes certificaron la existencia de una columna de 16 kilómetros de largo, cuatro kilómetros de ancho y 91 metros de espesor. Al mismo tiempo, comprobaron que en dichas zonas el oxígeno había caído un 30%, lo que dificulta aún más la vida animal.
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IMPACTOS EN LA FAUNA DEL GOLFO DE MÉXICO
Por Julio Rojo
EL PELÍCANO PARDO Ave símbolo de Luisiana, en las costas del Golfo anidan miles de parejas en época de reproducción. En 2009 salió de la lista de especies amenazadas, a la que puede volver por los problemas causados tras la explosión.
Las amenazas a las que se enfrentan las aves marinas y costeras son la contaminación directa por contacto con el petróleo (pérdida de flotabilidad y capacidad para mantener el calor, lesiones oculares, úlceras, neumonía, daños al hígado o ingestión de aceite al alimentarse o limpiarse las plumas), la reducción de alimento por la contaminación de peces e invertebrados marinos y el impacto del vertido en su hábitat, que provoca que las aves deban marcharse a otros lugares menos óptimos para su alimentación y reproducción.
ATÚN ROJO
La zona de la catástrofe es de los pocos lugares donde cría este atún, lo que representa un 25% del desove total de la especie.
El vertido supone un nuevo golpe a este pez, en grave peligro de extinción debido a la severa sobrepesca a la que ha sido sometido, que continúa tras el fracaso de las negociaciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres del pasado marzo. En contacto con el vertido, los peces pierden su capacidad para combatir las enfermedades y los contaminantes se acumulan en sus órganos. También la exposición al petróleo es letal para huevos y larvas de peces.
MANATÍ
El manatí, un mamífero sirénido que habita en el Golfo de México, es una víctima propiciatoria del calentamiento global. El desastre de Deepwater Horizon ha puesto en riesgo esta especie, que ya estaba catalogada como “vulnerable a la extinción”.
Listada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como vulnerable a la extinción, las poblaciones de la subespecie que habitan el Golfo de México no sobrepasan los 2.500 ejemplares, localizados principalmente en los manglares de la costa este de EE UU. Hasta 400 manatíes de Florida migran a Luisiana cada verano, según datos del Audubon Aquarium’s Rescue Center, lo que supone un enorme riesgo para estas poblaciones al exponerse a la contaminación directa por contacto con el petróleo o al respirar sustancias químicas volátiles procedentes del vertido. También se ve drásticamente reducido el alimento disponible por “asfixia” de las plantas submarinas (son animales herbívoros), producida por la capa de petróleo superficial, que impide la oxigenación del agua y provoca la muerte de microorganismos como el plancton o plantas subacuáticas.
TORTUGA BASTARDA
Diez días después del vertido de petróleo ya se habían registrado más de 150 muertes de tortugas marinas, la mayoría de ellas tortugas bastardas.
Las especies afectadas por el derrame incluyen a la tortuga boba, tortuga laúd, tortuga carey, tortuga verde y tortuga bastarda. Todas ellas ayudan a mantener las praderas marinas por pastoreo y proporcionan un control natural ecológico de las poblaciones de medusas. Estas tortugas se enfrentan ya a muchas amenazas (pesca accidental con anzuelos o redes, cambio climático), a las que se suma este vertido, que tiene efectos tóxicos directos sobre vías respiratorias, ojos, piel o daños a los sistemas inmunológico, digestivo y reproductor.
EL VERTIDO EN CIFRAS
95.000 BP calcula que salen 5.000 barriles de petróleo al día, otros cálculos dicen que son entre 25.000 y 95.000 barriles.
444.000 Si se han vertido 12.000 barriles por día, 444.000 barriles estarían ahora mismo flotando en el mar.
257.000 barriles derramó el Exxon Valdez. Hasta ahora es uno de los vertidos más graves.
viernes, 11 de junio de 2010
Las mentiras de British Petroleum
jueves, 10 de junio de 2010
El derrame: La ambición supera a la supervivencia

Vicky Pelaez (especial para ARGENPRESS.info)
Autor imagen: YT - FLICK
'Sólo cuando el último animal esté muerto,
el último árbol derribado,
el último río envenenado,
te darás cuenta que el dinero no se come'.
LAAH
Con impotencia, la humanidad viene contemplando día a día cómo crece el desastre en el Golfo de México. Ya han pasado 50 días desde que colapsó la plataforma de perforación Deepwater Horizon, sin que la causante del mayor derrame petrolero del siglo, la British Petroleum Corp., pueda controlar la situación.
En realidad, a pesar de la existente tecnología, esta petrolera no está haciendo el esfuerzo adecuado, tal como le aconsejaron los especialistas rusos para parar de una vez el derrame y tapar la veta del petróleo.
Lo que pasa es que la BT no quiere perder su veta de oro negro y le importa un bledo toda la contaminación y muerte. Su último intento de colocar una tapa coladora de contención sobre las válvulas rotas en la tubería a 1,525 metros por debajo del agua fue , de acuerdo BP, exitoso, permitiendo recuperar entre 5,000 a 10,000 barriles diarios. Sin embargo, otros 15,000 barriles diarios siguen manando del pozo averiado.
Con esa burda tecnología, nadie sabe cuánto tiempo se necesitará para controlar completamente el vertido del petróleo. La BP promete solucionar el problema para agosto y el gobierno de Barack Obama repite automáticamente el pronóstico sin tomar en cuenta la dimensión del desastre que aumentaría con la temporada de huracanes que habitualmente se inicia en Junio .
Michio Kaku, el prestigioso físico teórico norteamericano ha declarado que "el vertido de petróleo podría durar años si los pozos de alivio que están perforando la BP fallan. En este caso habrán zonas muertas en el Golfo de México que durarán años".
La British Petroleum y Barack Obama saben perfectamente que existe tecnología para detener este tipo de derrames en breves horas. Varios científicos rusos aconsejaron al gobierno norteamericano de usar una mini explosión nuclear en la profundidad del mar, que movería las rocas y taparía el agujero inmediatamente, garantizando un 80 por ciento de éxito. Los soviéticos lo hicieron por primera vez el 30 de setiembre de 1966 en una profundidad de 1200 metros, y lo lograron. Después lo repitieron cuatro veces más en otros casos y con exito.
Los rusos han avanzado más en este campo y se lo hicieron saber a la BP pero ellos se han negado rotundamente. El famoso científico ruso Anatole Sagalevich del Instituto de Oceanología P.P Shirshov de la Academia Rusa de Ciencia, les aconsejó el uso de su personal especializado y los mini submarinos MIR que pueden parar el derrame, pero la ambición puede más que la razón y la British rechazó la oferta. Barack Obama calla.
Sagalevich dijo: "El problema es que somos rusos y si vamos al Golfo de México con nuestros MIR y paramos el derrame, los americanos quedaran pasmados". Estas declaraciones y la tecnología es harto conocida pero ni el Congreso quiere ponerlas en práctica.
Lamentablemente ni con este drama se detiene la ambición. Aunque por el momento se han suspendido temporalmente las perforaciones en el mar, los barcos de la Shell, causante de tantos derrames, ya están estacionados en Chukotsk en el Océano Glaciar Ártico esperando el visto bueno de Obama para perforar debajo del hielo y para ello ya pagaron 2.1 mil millones de dólares de renta al gobierno.
jueves, 3 de junio de 2010
La marea negra de BP

En memoria de todo lo que se perdió
04-06-2010
Amy Goodman
Democracy Now
Nueva Orleáns – La ira se puede sentir en todo el Delta del Mississippi. Mientras el géiser de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon, casi un kilómetro y medio bajo el agua, continúa intacto, la peor parte de esta catástrofe ambiental, la mayor en la historia de Estados Unidos, se expande hacia la costa, con impactos sobre el medio ambiente, la economía y todas las formas de vida.
Recorrí los pantanos y las ciudades de la costa de Luisiana para conocer a la gente que se encuentra directamente afectada por la llegada de la marea negra de BP. Están enfadados, sin trabajo y leen en los periódicos noticias de personas que se están enfermando.
Una persona que conserva su trabajo —al menos por ahora— es el Presidente Ejecutivo de BP, Tony Hayward. Hayward, que ganó un sueldo de más de 4,5 millones de dólares en 2009, el domingo dijo lo siguiente: “Nadie quiere más que yo que esto se termine. Me gustaría recuperar mi vida”. Con cada una de sus nuevas declaraciones, que claramente pretenden minimizar la percepción del impacto del desastre de BP, Tony Hayward resulta más desprestigiado. Probablemente sea cada vez más cauto en sus comentarios, ya que el Fiscal General de Estados Unidos, Eric Holder, acaba de recorrer el área y en una declaración pública, dijo: “Hemos iniciado tanto una investigación penal como civil, ya que es nuestra obligación por ley. Nuestras leyes ambientales son muy claras, tenemos la responsabilidad de cumplirlas, y lo haremos”.
En Grand Isle, Louisiana, conocimos a Dean Blanchard, propietario del mayor negocio de camarones de la zona. Nos llevó en su bote, donde dijo lo que pensaba sobre el Presidente Barack Obama, alguien a quien en un momento apoyó: “El Presidente debería estar avergonzado. Él es, lo responsabilizo en este momento. El Presidente, yo voté por él. Fue uno de los peores errores que cometí. Pensé que era un hombre y que iba a traer cambio. Pero si esto es cambio, no es cambio para mejor. El Presidente debería estar avergonzado”. Los padres y abuelos de Blanchard eran pescadores de camarón. Con su fuerte acento cajún, explicó el efecto de las mareas sobre el derrame de petróleo:
“Me gané la vida observando las mareas. Nosotros capturamos camarones. No es posible ver a los camarones. ¿Ud. sabe cómo nos enteramos de donde está el camarón? Por las mareas. Cuando la marea se aleja, cuanto más baja es la marea, más agua regresa y cuando el agua regresa trae todo consigo. Generalmente trae el camarón, pero esta vez va a traer el petróleo”.
Dean Blanchard dice que los pescadores son como los agricultores: “Es preciso entender cómo funciona nuestro negocio. Ellos no solo nos dejaron sin negocio en medio de una semana. Somos como agricultores. Perdemos dinero en enero, febrero, marzo y abril, y nos preparamos para sembrar nuestro cultivo en mayo, junio y julio. De manera que gastamos mucho dinero preparándonos para tener todo listo en mayo, y cuando llegó mayo estábamos totalmente clausurados, de manera que ni siquiera llegamos a empezar”. Le pregunté cuánto dinero perdió: “Casi un millón y medio de dólares” me dijo.
Muchos propietarios de botes camaroneros fueron contratados por BP para trabajar en la limpieza del derrame. Un pescador local, John Wunstell Jr., fue llevado de apuro al hospital con problemas respiratorios que atribuyó al medio ambiente nocivo.
Él y otros afirman que BP les prohibió utilizar máscaras, y presentó un pedido de actuación judicial para obligar a BP a que proporcione máscaras y otros equipos de protección para los trabajadores de la limpieza. ¿Cuál fue la respuesta de Hayward, de BP? “Estoy seguro de que realmente están enfermos, pero no se sabe si eso está relacionado con los dispersantes y el petróleo, o si se trató de intoxicación por alimentos o hubo otro motivo para que se enfermaran. La intoxicación por alimentos es claramente un gran problema cuando tienes una concentración de este número de personas en campos de trabajo temporal, en alojamientos temporales. Es algo que debemos tener muy en cuenta. Es uno de los grandes problemas de mantener a un ejército funcionando. Los ejércitos marchan en base a sus estómagos”.
Dean Blanchard estaba furioso. ¿Por qué, preguntó, BP confiscó la ropa que vestían los trabajadores luego de que se pusieran las batas que les dio el hospital? Y se respondió: “Simplemente está buscando una excusa. Si le preocupaba tanto la comida, ¿por qué confiscó la ropa de la gente que fue trasladada al hospital? Una vez que les pusieron las batas del hospital, BP se llevó su ropa, eso es lo que tengo entendido. Así que no creo que se necesite verificar las prendas de la gente para examinar la intoxicación por alimentos. La vestimenta de alguien se necesitaría sólo en caso de tener que examinar una intoxicación por químicos”.
Dean Blanchard nos llevó hacia el Golfo para ver las operaciones de limpieza. Los dueños de las embarcaciones se negaron a hablar con nosotros. Blanchard dijo que tenían motivos, “Temen hablar y temen ser vistos, porque BP los amenazó de que si hablaban con los medios, serían despedidos”.
Otro pescador, Glenn Swift, a quien conocimos en Buras, Louisiana, confirmó que firmó un contrato con una cláusula que afirma que hablar con los medios es motivo de rescición del contrato. Cuando le pregunté por qué estaba hablando conmigo, dijo: “No creo que sea correcto callar a las personas solo porque trabajas para ellos. Se supone que vivimos en Estados Unidos y se supone que hay libertad de expresión”.
Muy cerca de donde vive Blanchard y de Grand Isle, una familia levantó 101 cruces enfrente de su casa, cada una en conmemoración de algo que aman, como los “pelícanos marrones”, los “atardeceres en la playa” y la “arena entre los dedos de los pies”. El cartel apostado junto al cementerio de los sueños dice: “En memoria de todo lo que se perdió, cortesía de BP y de nuestro gobierno federal”.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
© 2010 Amy Goodman
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.
viernes, 28 de mayo de 2010
Piratas en el Golfo de México

Alberto Ampuero (especial para ARGENPRESS.info)
Profundamente frustrado por el hecho de que el petróleo sigue fluyendo a borbotones en el Golfo de México, cinco semanas después del accidente, el presidente Barack Obama viaja por segunda vez a Luisiana para ver in situ los esfuerzos en la lucha contra el derrame.
"Si descubrimos que no están haciendo lo que deberían, los presionaremos para que se aparten" del caso, afirmó el secretario de Interior, Ken Salazar, responsable de supervisar los recursos naturales
"Estoy enfadado y frustrado”,expresó
Frustrado, porque todos los intentos de la petrolera responsable British Petroleum (BP) para detener el derrame han fracasado
Enfadado, porque BP sigue usando un disolvente altamente tóxico llamado Corexit 9500, con los que diluye el crudo en superficie. La Agencia de Protección Medioambiental ha ordenado que dejen de usarlo o que busque una marca menos dañina para el medioambiente. Pero La petrolera ha respondido que Corexit es la menos tóxica que se fabrica y, de momento, sigue utilizándola.
Pero lo que más molesta al gobierno es que está obligado a depender del sector privado para contener el derrame, pues sólo BP tiene la tecnología de aguas profundas necesaria para frenarlo. Se conoce con el nombre de top kill (taponeo) y consiste en disparar en el lugar de la fuga lodo y cemento a gran presión, que cuando solidifiquen deberían frenar el flujo de petróleo y gas, para, en última instancia, permitir sellar el pozo.
Los informes técnicos mantienen que la nueva técnica tiene entre un 60 y un 70% de posibilidades de resultar exitosa.
Mientras una encuesta de CBS News revela que 70 por ciento de los estadunidenses reprueban el trabajo de la petrolera británica para frenar el derrame de crudo frente a las costas de Luisiana. Para Obama la reprobación es de 45 por ciento
Diversas comisiones de investigación en marcha han revelado que BP ignoró el 20 de abril tres señales de alarma en los instantes previos a la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, que costó la vida de 11 personas.
La Administración da muestras de impaciencia y, por primera vez hace referencia a la posibilidad de una investigación criminal.
El crecimiento agresivo de BP, sus enormes ganancias y su historial en materia de desastres vinculados con el petróleo lo pintan de cuerpo entero. En 2005, la refinería de BP de la ciudad de Texas explotó, dejando un saldo de 15 muertos y 170 heridos. En 2006, un oleoducto de BP en Alaska derramó 200.000 galones de crudo, provocando lo que la Agencia de Protección Ambiental denomina “el mayor derrame ocurrido en North Slope, [Alaska]”. BP recibió una multa de 60 millones de dólares por ambos desastres. Luego, en 2009, la Administración de Seguridad y Salud Laboral (OSHA) multó a BP por otros 87 millones de dólares por la explosión de la refinería.
En su afán lucrativo por proporcionar petróleo a una población cuya demanda del líquido explosivo se quintuplica cada año, las compañías petrolíferas decidieron hace veinte años, diseñar y poner en marcha la explotación de yacimientos que existen debajo del fondo marino. El primer escenario fue el Mar del Norte británico porque la profundidad no es muy grande y a los pocos años, la extracción marina comenzó en otros sitios.
Es una extracción sucia, que siempre deja residuos y por ello algunas zonas como California la prohiben, pero el deseo de lucro funciona con intensidad y las compañías se han repartido las zonas.
En el litoral estadunidense del Golfo de México operan 3 mil 858 plataformas de perforación submarina.
Hoy están esperando sus extracciones las costas latinoamericanas y, en especial, Brasil y Cuba, todas gestionadas por empresas anglosajonas.
Pero, de pronto, ha estallado la catástrofe en el golfo de México y, todo se ha paralizado. Hasta el mismo Obama se ha visto obligado (a cuidar su salud) cancelando los planes para realizar nuevas perforaciones petrolíferas en aguas profundas , en espera de que se resuelva lo que se considera ya como uno de los mayores derrames en la historia del país.
BP es una de las empresas más poderosas que operan en Estados Unidos. Sus ingresos de 327.000 millones de dólares en 2009 son suficientes para clasificarla como la tercera empresa más grande del país.
Y pensar que hace sesenta años, señala Amy Goodman, BP se llamaba Anglo-Iranian Oil Co. (AIOC). Un gobierno iraní popular y progresista había pedido a la AIOC, que compartiera más de sus ganancias del petróleo iraní con el pueblo de Irán. La AIOC se negó, lo que provocó que Irán nacionalizara su industria petrolera. Esto no le cayó bien a Estados Unidos, por lo que la CIA organizó un golpe de Estado contra el Primer Ministro Mohammed Mossadegh. Luego de que fuera derrocado, la AIOC cambió su nombre a British Petroleum.
Alberto Ampuero es periodista radicado en Riverside, California.
viernes, 21 de mayo de 2010
Dimensiones de la Marea Negra - Un desastre ecológico - social

Marea Negra|Catastrofe socio ecológica
El derrame que ha causado enormes estragos en el golfo de México es enorme en su dimensión. Hasta estas fechas se desconocía la dimensión en kilómetros cuadrados. El estrago ecológico producido por el derrame se puede calcular de acuerdo al tammaño de la zona en la cual el petroleo se ha esparcido. El desastre no solamente es ecológico si no también social, un gran porcentaje de botes pesqueros han quedado varados en las costas, la industria pesquera sufre un impacto.
Medio Ambientalistas, investigadores y pobladores de las costas del Golfo de México se encuentran sumamente preocupados por el impacto producido ante esta catastrofre; causada por la explosión de una de las Plataformas Petroleras de la British Petroleo (BP) la cual cada día vierten en el mar 750.000 litros de petróleo. Hasta la fecha se han derramado 11 millones 250 mil litros en total, en las dos semanas que han transcurrido desde el accidente de la estación marítima de la compañía BP.
De acuerdo a las noticias mas recientes, los intentos que se han llevado a cabo para controlar el derrame que la plataforma sigue lanzando al mar han fracasado.
Mientras tanto las autoridades Estadounidenses intentan ocultar la verdadera dimensión de la catástrofe del Golfo de México, se incrementa el peligro potencial de esta tragedia ecologico social, debido al cambio de clima, el viento está soplando hacia las costas estadounidense, si en algún momento se produce el cambio brusco de orientación y fuerza el panorama sería pavoroso y de enormes costes para las poblaciones que lindan alrededor de las areas del Golfo de México.
El coste ecológico es inmenso, si se considera que muchas de las especies marinas dependen de los alimentos de algas y otros crustaceos pequeños, muchas de estas en peligro de desaparecer a causa del contaminate producido por el petroleo.
De acuerdo algunos medios de comunicación, la mancha tiene proporciones colosales y no podrán —tampoco— hacer mucho por mucho tiempo. Segun indican algunas fuentes medioambientalistas la cantidad de litros de petróleo que saldrá de allí es de aproximadamente 10 billones... pero Actualmente solo se ha alcanzado un 0,3 % del total de la tragedia.
sábado, 8 de mayo de 2010
British Petroleum: contaminador multimillonario

09-05-2010
Amy Goodman
Democracy Now
A menos de una semana de que la plataforma petrolera Deepwater Horizon de British Petroleum explotara en el Golfo de México dejando un saldo de 11 trabajadores muertos y desatando lo que podría ser el peor desastre ambiental de la industria en la historia de Estados Unidos, la empresa anunció ganancias de más de 6.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2010, más del doble de las ganancias obtenidas en el mismo período del año anterior.
La analista de la industria petrolera Antonia Juhasz advirtió de que: “BP es una de las empresas más poderosas que operan en Estados Unidos. Sus ingresos de 327.000 millones de dólares en 2009 son suficientes para clasificar a BP como la tercera empresa más grande del país. Gasta mucho dinero en influir en la política de Estados Unidos y en la supervisión del cumplimiento de las normas”. El poder y la riqueza que detentan BP y otras gigantes petroleras no tienen prácticamente parangón en el mundo y plantean una amenaza a las vidas de los trabajadores, al medio ambiente y a nuestras perspectivas de democracia.
Hace sesenta años, BP se llamaba Anglo-Iranian Oil Co. (AIOC, por sus siglas en inglés). Un gobierno iraní popular y progresista había pedido a la AIOC, un monopolio en su mayor parte de propiedad británica, que compartiera más de sus ganancias del petróleo iraní con el pueblo de Irán. La AIOC se negó, lo que provocó que Irán nacionalizara su industria petrolera. Esto no le cayó bien a Estados Unidos, por lo que la CIA organizó un golpe de Estado contra el Primer Ministro Mohammed Mossadegh. Luego de que fuera derrocado, la AIOC cambió su nombre a British Petroleum, recuperó gran parte de su monopolio y a los iraníes se les impuso la cruel dictadura del Shah de Irán, sembrando la semilla de la revolución iraní de 1979, la subsiguiente “crisis de los rehenes” y el conflicto político que atormenta a Irán hasta nuestros días.
En 2000 British Petroleum cambió su imagen y pasó a llamarse BP, adoptó un logo con flores verdes y amarillas y comenzó a asediar al público estadounidense con una campaña publicitaria que afirmaba que estaba avanzando “más allá del petróleo”. Sin embargo, el crecimiento agresivo de BP, sus enormes ganancias y su historial en materia de desastres vinculados con el petróleo pintan un panorama muy diferente.
En 2005, la refinería de BP de la ciudad de Texas explotó, dejando un saldo de 15 muertos y 170 heridos.
En 2006, un oleoducto de BP en Alaska derramó 200.000 galones de crudo, provocando lo que la Agencia de Protección Ambiental denomina “el mayor derrame ocurrido en North Slope, [Alaska]”. BP recibió una multa de 60 millones de dólares por ambos desastres.
Luego, en 2009, la Administración de Seguridad y Salud Laboral (OSHA, por sus siglas en inglés) multó a BP por otros 87 millones de dólares por la explosión de la refinería. La Secretaria de Trabajo Hilda Solis dijo: “BP permitió que cientos de potenciales peligros continuaran sin ningún tipo de disminución… La seguridad laboral es más que una consigna. Es la ley”.
BP respondió impugnando formalmente todas las acusaciones de la OSHA.
El Presidente Barack Obama dijo sobre el derrame de petróleo en el Golfo de México: “BP es responsable de este derrame; BP pagará la cuenta”.
Riki Ott no está segura.
Es toxicóloga marina y ex pescadora de Alaska, y fue una de las primeras personas en responder al desastre petrolero del Exxon Valdez en 1989. Exxon desplegó un ejército de abogados para demorar y revocar las demandas legales de la gente que resultó perjudicada física y/o financieramente por el derrame del Valdez. “La industria hace todo lo que puede para limitar su responsabilidad, BP va a pagar hasta donde la ley lo obliga. Estas grandes empresas ayudan a redactar nuestras leyes y ayudan a elegir a nuestros congresistas que aprueban esas leyes. Entonces, estamos como en un juego donde nos hacen trampa”, me dijo.
El periódico Press-Register, de Mobile, Alabama informó de que el Fiscal General de Alabama, Tory King, le dijo a BP que “dejara de hacer circular acuerdos extrajudiciales entre la población costera de Alabama”. Aparentemente, BP estaba pidiendo a los propietarios de botes pesqueros que buscaban trabajo en la mitigación del derrame que renunciaran al derecho de demandar a BP en el futuro. A pesar de la promesa del portavoz de BP de que las renuncias no serían utilizadas, el artículo afirmaba: “King dijo el domingo que aún le preocupaba que, al aceptar los acuerdos propuestos por BP de hasta 5.000 dólares, la gente perdiera su derecho a demandar”.
Incluso aunque BP no engañe a las víctimas para que renuncien al derecho a demandar, la Ley de Contaminación con Petróleo de 1990, si bien exige a los contaminadores que paguen los costos reales de limpieza, pone un tope de 75 millones de dólares a la responsabilidad financiera adicional de un derrame. Teniendo en cuenta que millones de personas sufrirán el impacto del derrame mediante la pérdida de pesca y turismo, y por la cadena de impactos en las industrias vinculadas, 75 millones es una mísera suma.
Por este motivo el Senador Robert Menéndez, demócrata de Nueva Jersey, presentó un proyecto de ley para elevar el tope de la responsabilidad económica por daños y perjuicios a 10.000 millones de dólares, y denominó al proyecto de ley “Ley de Prevención del Rescate de las Grandes Petroleras”. Riki Ott está de gira por Nueva Orleans y la Costa del Golfo, educando a las personas acerca de los efectos tóxicos del derrame, y ayudándolas a prepararse para la larga batalla que tienen por delante para lograr que BP sea responsabilizada.
BP seguramente continuará con sus prácticas sucias y tratará de evitar la responsabilidad en los tribunales, en la prensa y en las playas manchadas de petróleo. BP: prepárate.
Fuente: http://www.argenpress.info/2010/05/british-petroleum-contaminador.html
rCR
viernes, 7 de mayo de 2010
El ejército estadounidense está provocando un desastre medioambiental en Afganistán

Una fosa para quemar residuos utilizada por el ejército USA
por Matthew Nasuti*
Los casi 200,000 soldados estadounidenses destacados en Afganistán bajo la administración Obama están generando una contaminación gigantesca en este país a consecuencia de los múltiples desechos y residuos militares que generan y que no son reciclados por el ejército. Todo estos componentes, algunos incluso radiactivos son abandonados en plena naturaleza.
La presencia estadounidense en Afganistán consiste en flotas de aviones, helicópteros, vehículos blindados, armamento, equipamiento, tropas e instalaciones. Desde 2001, todo eso viene generando millones de kilogramos de peligrosos residuos radioactivos tóxicos. Kabul Press plantea una pregunta muy sencilla:
“¿Qué están haciendo los estadounidenses con todos esos residuos?”
La respuesta es escalofriante, ya que parece que prácticamente todo se ha enterrado, quemado o secretamente depositado en el aire, en el suelo, en las aguas subterráneas y en las aguas de superficie de Afganistán. Aunque los estadounidenses pudieran empezar a retirarse el año que viene, las sustancias químicas tóxicas que dejan atrás continuarán contaminando el país durante siglos.
Cualquier residuo radioactivo abandonado puede contaminar el campo afgano a lo largo de miles de años. En tiempos pasados solía describirse a Afganistán como el cementerio de ejércitos enemigos. Hoy en día se podría enunciar algo muy diferente: “Afganistán es el vertedero de los productos tóxicos de los ejércitos enemigos”.
El Air Force Times (EEUU) publicó un editorial el 1 de marzo de 2010 bajo este título: “Stamp Out Burn Pits” [Acabando con las fosas de quemar residuos]. Reproducimos aquí la primera mitad de ese editorial:
“Cada vez hay más profesionales sanitarios que creen que las fosas para quemar residuos están causando una oleada de enfermedades respiratorias y de otro tipo entre las tropas que regresan de Iraq y Afganistán. Situadas en casi todas las bases estadounidenses en zonas de guerra, tales fosas, o basureros tóxicos al aire libre, funcionan las veinticuatro horas del día incinerando basuras de todo tipo, incluyendo botellas de plástico, pinturas, productos derivados del petróleo, armamento sin detonar, materiales de riesgo, incluso miembros amputados y deshechos médicos.
Sus columnas de humo arrojan dioxinas, monóxido de carbón y otras toxinas hacia el cielo, produciendo una niebla tóxica que se mantiene sobre las zonas donde se vive y trabaja. Aunque la hoja informativa de la Fuerza Aérea afirma rotundamente que las fosas donde se queman residuos “pueden causar daños en la salud humana y en el medio ambiente y sólo deberían utilizarse hasta que se establezcan otros mecanismos más adecuados de eliminación”, la línea defendida por el Pentágono es que esas fosas “no tienen efectos conocidos a largo plazo sobre la salud”.
El 12 de abril de 2010, el Richmond Times-Dispatch sacó un artículo de David Zucchino, quien se encontraba investigando las fosas para quemar de residuos en Iraq. En él entrevistaba al sargento de primera clase Francis Jaeger, quien le llevó hasta la fosa de residuos de Balad, manejada por un contratista civil que trabajaba para el Pentágono. Jaeger le dijo a Zucchino:
“Se nos dijo que quemáramos todo: sistemas electrónicos, gasas ensangrentadas, bolsas médicas con residuos patológicos, guantes quirúrgicos, cartones. Todo eso se convierte en humo”.
El Pentágono admite ahora que hay activas 84 fosas “oficiales” para quemar residuos en Iraq y Afganistán. No se conoce la cifra de las no oficiales. El Pentágono afirma que está retirando paulatinamente esas fosas a favor de los incineradores y que actualmente hay 27 de ellos trabajando en Iraq y Afganistán, a los que se añadirán 82 en un futuro próximo.
Según un portal de Internet denominada “Burn Pits Action Center”, a cientos de veteranos estadounidenses que estuvieron en contacto con el humo de las fosas se les ha diagnosticado cáncer, enfermedades neurológicas, cardiovasculares, respiratorias e insomnio, así como diversos sarpullidos en la piel. En 2009, se presentaron más de treinta demandas en tribunales federales por todos los Estados Unidos contra Kellogg, Brown and Root (KBR) y su antigua empresa matriz, Halliburton.
Se citaba a esas compañías debido a su implicación en los contratos de LOGCAP (siglas en inglés de Programa para el Incremento de la Logística Civil) para Iraq y Afganistán. Varias entidades de KBR o controlaron o ayudaron en la gestión de los deshechos del ejército estadounidense en ambos países y al parecer manejaron algunas o todas las fosas para quemar residuos tóxicos. En 2010 se han interpuesto más demandas, incluida una en el Tribunal del Distrito Federal de Nueva Jersey.
Las demandas revelan que el Pentágono ha ignorado las leyes internacionales y estadounidenses relativas a la protección del medio ambiente y que las consecuencias han sido una extendida liberación de contaminantes de riesgo por el aire, suelo, aguas superficiales y aguas subterráneas por todo Afganistán.
Ese es un problema persistente que continúa siendo muy grave en la actualidad. A diferencia de Arabia Saudí, que insistió en que las fuerzas estadounidenses limpiaran todo lo que habían contaminado tras la guerra para desalojar a Iraq de Kuwait en 1991, o el Gobierno de Canadá, que insistió, por otra parte, en una estricta limpieza de las bases estadounidenses en su territorio, el gobierno de Afganistán ha sido incapaz de obligar a los estadounidenses y a sus aliados a reparar todos los daños medioambientales que han causado y que continúan causando. Afganistán no quiere acabar como Vietnam. Aunque las unidades terrestres de combate se retiraron de Vietnam del Sur en 1972, ni Vietnam ni su pueblo se han recuperado de los daños medioambientales y los efectos mutagénicos a largo plazo que las operaciones militares estadounidenses y sus exóticas sustancias químicas causaron.
El presente artículo resume el problema de los residuos tóxicos del ejército estadounidense y examina los tipos de residuos peligros que pueden estar contaminando Afganistán.
La segunda parte abordará las respuestas contradictorias del Pentágono ante este problema y explorará uno de los remedios que el Pentágono está actualmente poniendo en marcha, que es pasar a una fase en la que las incineradoras sustituyan a las fosas para quemar residuos. El artículo examina los errores de esa estrategia y por qué Afganistán debería considerar cuidadosamente si permite el uso continuado de incineradores militares.
En la tercera parte, el autor hará una serie de recomendaciones al gobierno de Afganistán sobre cómo investigar y limpiar la polución del territorio afgano causada por las fosas para quemar residuos tóxicos, los vertederos y otras instalaciones de depósito utilizadas por las fuerzas estadounidenses.
Fuentes o medios a través de los cuales se liberan diversos residuos tóxicos
Se cree que los peligrosos residuos tóxicos del ejército estadounidense han penetrado en el aire, en el suelo y en las aguas subterráneas y de superficie de Afganistán a través de los siguientes métodos (es una lista parcial):
- Fosas para quemar residuos.
- Incineradoras.
- Enterramiento o depósito de deshechos y cenizas.
- Vertidos intencionales
- Derrames accidentales
- Vertidos en superficie
- Filtraciones de tanques, colectores y cubetas de almacenamiento
- Letrinas.
Categorías de residuos tóxicos del ejército estadounidense
En esta ocasión, los residuos del ejército estadounidense no pueden caracterizarse en su totalidad. No se conoce el volumen y la variedad de residuos tóxicos (i.e., miles de productos químicos diferentes) y es preciso clasificar una serie de productos y materiales que se han llevado a Afganistán y de los cuales puede que no haya ni documentación.
Con independencia de eso, se sabe bastante acerca de las sustancias químicas que el ejército utiliza rutinariamente y de los residuos tóxicos que también rutinariamente genera. La mayor parte de los residuos del ejército estadounidense pueden recogerse en una de las siguientes doce categorías (12):
Las doce del patíbulo:
- 1. Fugas y derrames de carburantes: Incluyen vertidos de fuel, gasolina y diesel de aviación. Estos vertidos van desde las inmensas pérdidas en las bases aéreas estadounidenses de cientos e incluso miles de litros, a pérdidas menores en las Bases y Puestos de Operaciones de Avanzada cuando los soldados rellenan los generadores de diesel. Los residuos del petróleo tienen la cualidad de filtrarse rápidamente a los acuíferos subterráneos de agua potable y crear columnas de humo que contaminarán permanentemente los pozos locales. No hay forma de limpiar bien una fuente subterránea de agua una vez que se ha contaminado de hidrocarburos.
- 2. Pinturas, asbestos, disolventes, grasas, soluciones para limpieza (como el percloroetileno) y materiales de construcción que contienen formaldehídos, cobre, arsénico y cianuro de hidrógeno.
- 3. Fluidos hidráulicos, fluidos para descongelar aviones, anticongelantes y aceites usados. Los aceites usados son carcinógenos, los anticongelantes son venenosos, los líquidos de descongelar contienen residuos peligrosos de etileno y glicol de propileno, junto con aditivos tóxicos como benzotriazole (que es un inhibidor de la corrosión y el fuego). Los fluidos hidráulicos pueden contener TPP (trifenilfosfato).
- 4. Fugas y derrames de pesticidas venenosos: Afganistán, al parecer, no dispone de la lista de plaguicidas, fungicidas, termiticidas y otros venenos que los estadounidenses llevaron a Afganistán y que se utilizan, se derraman y liberan en el campo para controlar moscas, mosquitos, hormigas, pulgas y se teme que la lista de todas esas neuro-toxinas y la cantidad que de ellas se rocía o se derrama todo Afganistán sea asombrosa.
- 5. Ácidos y residuos de plomo, níquel, zinc y cadmio de las pilas (que son tóxicos o corrosivos).
- 6. Deshechos electrónicos (o deshechos E). Incluyen ordenadores, impresoras, faxes, pantallas, televisores, radios, frigoríficos, equipos de comunicaciones, equipos para pruebas. Todos estos deshechos llevan sustancias químicas cancerígenas, como los ignífugos PBDE (éteres difenilo polibrominados), PCDD (dibenzo-p-dioxinas policloradas), bario, cobre, plomo, zinc, óxidos de cadmio, sulfuros de cadmio y antimonio trivalente, que son eco-tóxicos.
- 7. Bombillas. Esto puede no parecer importante pero muchas de las bombillas militares son fluorescentes y, por tanto, contienen niveles tóxicos de mercurio. En EEUU está prohibido depositar esas bombillas en contenedores normales.
- 8. Plásticos. El ejército estadounidense utilizas miles de diferentes tipos y formulaciones de plásticos. Aunque la mayoría son inofensivos en su estado actual, como las botellas de agua de plástico y cloruro de polivinilo (PVC), los militares han estado quemando sus residuos plásticos en Afganistán. Cuando los plásticos se queman, muchos liberan una mezcla letal de sustancias químicas que incluyen dioxinas, furanos, benceno, di(2-etilhexil)ftalato (DEHP), ácido clorhídrico, benzo(a)pireno (BaP) y diversos ácidos y gas de cloro (que es una neurotoxina). Respirar unos segundos esa mezcla de forma concentrada sería probablemente fatal.
- 9. Residuos sanitarios. Los deshechos de enfermedades infecciosas y materiales biológicos peligrosos, incluyendo jeringas, vendas ensangrentadas, sábanas, guantes, medicamentos caducados, miembros amputados y cadáveres de animales.
- 10. Residuos de munición. El plomo, el latón y otros metales de la munición, junto con todos los componentes de los propulsores, incluyendo trinitrotolueno, ácido pícrico, difenilaminas, nitrocelulosa, nitroglicerina, nitrato de potasio, nitrato de bario, tetraceno, diazodintrophenol, fósforo, peróxidos, tiocarbamato, clorato potásico, fluoruro de vinilo, cloruro de vinilo, fluoruro sódico y sulfato sódico.
- 11. Residuos radioactivos. Cuando uno piensa en los residuos radioactivos, normalmente piensa sólo en armas atómicas, pero no es así. El ejército estadounidense utiliza rutinariamente toda una variedad de dispositivos y equipamiento que contienen elementos radioactivos o elementos radioluminescentes. El ejército estadounidense se refiere a todos estos materiales como “productos radioactivos”· Los principales materiales radioactivos son: uranio, tritio, radio-226, americio-241, torio, cesio-137 y plutonio-239.
Relación de algunos de los aparatos que contienen elementos radioactivos:
- Dispositivos de visión nocturna
- Ensamblajes de Vista Frontal M-16
- Luces antitanque M72 para armas
- Componentes para motores de aeronave T-55
- Puestos con objetivos de luz M58 M59
- Ensamblajes de Luces Frontales M4
- Fuentes de control y elementos de calibradores RADIAC
- Brújulas de radium
- Cuadrantes L4A1 para dispositivos para el control de incendios
- Acimuts para el control de incendios
- Indicadores de nivel
- Colimadores M-1
- Sensores de hocico de referencia M-1
- Sensores de la densidad de la humedad del suelo
- Marcadores de vehículos y medidores TACOM
- Radios, incluidos VRC-46/GRC-106/GRC-19
- Monitores de agentes químicos
- Instrumentos de prueba
- Placas de vehículos con uranio empobrecido
- Munición de uranio empobrecido, incluyendo munición de 20 mm
- Tubos electrónicos para equipamiento de comunicaciones
- Diversos tipos de análisis para hospitales y laboratorios y máquinas para hacer pruebas
Nota: El ejército estadounidense insistirá probablemente en que controla estrictamente el depósito de residuos radioactivos, pero esas afirmaciones carecen de credibilidad. Si bien existe una normativa estricta, el tiempo y el coste de cumplirla en una zona de guerra son tales, que lo más probable es que los comandantes de base la ignoren, optando en su lugar por arrojar los deshechos en fosas de quemar residuos. Las pruebas de que así lo hacen se ofrecerán en la parte tercera de este informe, que cita un estudio financiado por el Pentágono de lo que los comandantes de campo estadounidenses piensan acerca de las normativas medioambientales del Pentágono.
Si el ejército estadounidense sigue insistiendo en que no arroja materiales radioactivos en Afganistán, deberían documentar esas afirmaciones publicando sus archivos. El Pentágono debería publicar todos los datos sobre todos y cada uno de los productos radioactivos llevados a Afganistán. Y todos ellos deberían aparecer en la lista de HMIRS (siglas en inglés de Sistema de Información sobre Materiales de Riesgo). El Pentágono debería después detallar dónde se hallan todos esos productos.
- 12. Aguas negras y grises. El ejército estadounidense y sus contratistas en Afganistán manejan instalaciones de deshechos humanos. El ejército se refiere a esos deshechos como instalaciones LSS (siglas en inglés de Letrinas, Duchas y Afeitado). En ellas se generan lo que se conoce como aguas negras y grises. Las aguas grises de lavabos y duchas tienen como contaminante fundamental los residuos de jabón (i.e., fosfatos y otros químicos que general lo que se conoce como BOD -demanda de oxígeno biológica-, que significa que pueden absorber todo el oxígeno disponible en arroyos y ríos de forma que los peces no puedan respirar). Algunos jabones estadounidenses contiene aditivos tales como el MIT (metilisotiazolinona), que se investiga como toxina.
Las letrinas generan contaminación de aguas negras. Aunque el ejército estadounidense tiene que adherirse a normas estrictas en cuanto al vertido de esos residuos en EEUU, no se enfrenta a restricción alguna en Afganistán. Se pueden excavar letrinas cerca de aguas subterráneas e incluso cuesta arriba desde aguas superficiales (por eso los vertidos pueden fluir y llegar hasta ellas). No hay mapas de todas las letrinas estadounidenses. Una vez que el hoyo de una letrina está lleno, al parecer se cubre de suciedad y olvido.
Aunque las filtraciones medioambientales de las categorías 1 y 12 anteriores constituyen una certeza, se teme que millones de kilos y millones de litros de los residuos enumerados entre las categorías 2 a 11 se arrojan todos en cientos de fosas de quemado estadounidenses en Afganistán o se arrojan en vertederos secretos. Si eso es verdad, le legado de EEUU a Afganistán no es precisamente la libertad sino la contaminación.
En febrero de 2010, el Departamento de EEUU de Asuntos de los Veteranos empezó un estudio de dieciocho meses de duración sobre las fosas de combustión en Afganistán y sus efectos en la salud humana. Afganistán no puede esperar dieciocho meses para conocer los resultados de este estudio, es urgente actuar ya.
El autor recomienda las siguientes lecturas sobre la cuestión tratada en este artículo:
- Houston Chronicle (7 febrero 2010): “GIs tell of horror from burn pits”.
- Los Angeles Times (18 febrero 2010): “Veterans speako ut against burn pits”.
- The New York Times (25 febrero 2010); “Health Panel Begins Probing Impacts of Burn Pits”.
- Salem-News (29 marzo 2010): “Sick Veterans Sue KBR Over Iraq and Afghanistan Burn Pits”
- AFP (10 noviembre 2009): “Troops sue KBR over toxic waste in Iraq and Afghanistan”.
- U.S. Departmen of the Army Pamphlet 700-48.
Matthew Nasuti
Matthew Nasuti es un ex capitán de la Fuerza Aérea de EEUU. Fue asesor en limpiezas medioambientales en el Mando de Logística sobre las bases y depósitos más contaminados de la Fuerza Aérea. Trabajó después para Bechtel Environmental y colaboró en la Superfund Cleanups (acta del gobierno federal estadounidense sobre substancias toxicas o peligrosas y los sitios donde se localizan ese tipo de deshechos y residuos) por todo los EEUU y en las limpiezas radiológicas de los lugares del Departamento de Energía. Últimamente ha trabajado como asesor de un grupo de compañías de atención medioambiental y de reciclaje de residuos y fundiciones.
Fuente: Kabul Press
http://kabulpress.org/my/spip.php?a...
Traducido del inglés por Sinfo Fernández.
Petróleo: el otro derrame

por Néstor Núñez*, AIN *
La tragedia ambientalista surgida en el Golfo de México con la explosión y hundimiento de una plataforma petrolera de la British Petroleum frente a las costas de los Estados Unidos, ya tiene consecuencias que van más allá de los severos daños ecológicos.
En efecto, a pocos días del desastre, el gobierno de los Estados Unidos se vio forzado a congelar todos los planes armados recientemente para abrir a la exploración energética nuevas zonas ribereñas, al menos hasta que se aclaren debidamente las causas de la catástrofe.
La Guardia Costera de Estados Unidos advirtió con alarma que el volumen del derrame de crudo se multiplicó por cinco.
Mary Landry, contralmirante de esta institución armada, hizo el anuncio de que se había descubierto otra nueva fuga en el tubo de subida del pozo submarino, lo cual elevó el nivel de filtración de mil barriles de crudo por día a cinco mil. Mientras, 11 trabajadores siguen desaparecidos desde la explosión que causó el incendio de la plataforma y su hundimiento.
Las fuentes indican, además, que el uso de robots no pudo activar la válvula de corte del escape a la altura del lecho marino, y la empresa británica junto a la Guardia Costera iniciaron la "quema controlada" del combustible para intentar evitar que la mancha de petróleo crezca.
Se trata, sin embargo, de un episodio de los tantos ocurridos en materia de vertimientos petroleros en el mar, los cuales constituyen blanco de las más severas críticas de los movimientos ambientalistas locales e internacionales.
En 1991, por ejemplo, durante la Guerra del Golfo, desatada por George Bush padre, se destruyeron instalaciones petroleras en Kuwait que arrojaron a las costas cerca de mil 900 millones de litros de crudo, y se creó la marea negra que cubrió unos 10 mil 360 kilómetros cuadrados, en el mayor derrame de la historia hasta el presente.
Años antes, en 1978, el pozo de exploración Ixtoc había explotado en la bahía mexicana de Campeche y hasta el momento de ser controlado, casi un año después, esparció alrededor de 350 millones de litros de crudo en esa rada.
Pero una de las características de este nuevo accidente radica en el hecho de que a fines de marzo último el presidente Barack Obama había anunciado la anulación de la moratoria para desarrollar exploraciones de petróleo y gas frente a gran parte de las costas del país.
Dejaba atrás la disposición que las concentraba únicamente en determinadas áreas del Golfo de México.
Si bien la Casa Blanca se cuidó de no mencionar el candente punto de las posibles explotaciones energéticas en Alaska, los analistas entendieron su decisión como el intento de congraciarse con los republicanos opuestos a medidas oficiales encaminadas a frenar el cambio climático.
Durante más de 20 años la exploración petrolera en la mayor parte de las costas norteamericanas, a excepción del Golfo de México, había permanecido prohibida para preservar el medio ambiente gracias a la presión de los sectores proclives a la defensa de la naturaleza.
Lo llamativo en la nueva posición de Obama residía precisamente en que fue su gobierno quien inicialmente puso coto a la aplicación de la controvertida propuesta aprobada bajo el mandato de su antecesor, W. Bush, que permitía realizar nuevas perforaciones en Alaska y en áreas de la Costa Este norteamericana.
Ahora, la tragedia medio ambientalista que afecta a al litoral colindante con el Golfo de México y su repercusión entre infinidad de ciudadanos, se ha constituido en si misma en una valla a las acciones dubitativas de la nueva administración en materia energética.
Como suele decirse en buen criollo, al menos por estas fechas “el horno no está para galletitas” al hablar de explotación petrolera en los Estados Unidos.
Néstor Núñez
Periodista
