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viernes, 4 de diciembre de 2009

Bhopal, el escape que no cesa


Veinticinco años después de la tragedia, toneladas de basura química siguen contaminando la zona

04-12-2009
Elise Reche
Público

El esqueleto de la fábrica de pesticidas de Union Carbide en Bhopal ha perdido la batalla contra el óxido y las malas hierbas. Pero la planta abandonada que causó el mayor desastre químico de la historia no es tan inofensiva como aparenta.
Un cuarto de siglo después de la tragedia, un cobertizo de hojalata todavía aloja 350 toneladas de residuos tóxicos, y miles de toneladas de desechos peligrosos siguen enterradas en la zona y han terminado por filtrarse a las aguas subterráneas que dan de beber a 30.000 personas.
La medianoche del 3 de diciembre de 1984, un escape de 42 toneladas de gas isocianato de metilo de la fábrica asoló Bhopal. El viento sopló hacia las chabolas y 3.000 personas fallecieron esa noche. Otras 20.000 morirían después.
La organización británica Bhopal Medical Appeal hizo público ayer un informe en el que confirma la presencia de "químicos altamente tóxicos" en tres kilómetros en torno a la fábrica. El Gobierno del Estado indio de Madhya Pradresh, cuya capital es Bhopal, lo niega. Babulal Gaur, ministro de Rehabilitación y Ayuda de la Tragedia del Gas de la región, señaló a Público que "la zona es absolutamente segura: 25 años de lluvias monzónicas han desvanecido los tóxicos".
Sólo a partir de 2004 y por una sentencia del Tribunal Supremo, las autoridades de Bhopal hicieron llegar tuberías con agua potable a los alrededores de la factoría. Las ONG señalan que de forma insuficiente. En Jaypee Nagar, uno de los suburbios, el obrero Aziz Khan señala hacia la derecha: "Esta mitad de la colonia recibe agua de las tuberías, pero a aquella mitad no le queda más remedio que sacarla del subsuelo. Huele fatal". La esposa de Khan murió a los 17 días del accidente.
La joven Bhavana observa cómo unos extranjeros pintan con colores vivos en las paredes de una barraca una instantánea de huida y terror de aquella noche. Le brotan las lágrimas sin querer. "Nadie puede imaginar lo que sucedió. Yo era una niña y vi por primera vez cadáveres amontonados en las calles, cómo los niños morían de frío y eran aplastados por los adultos que trataban de escapar".
Bhavana, como otras jóvenes que inhalaron los elementos químicos o que han bebido de las aguas contaminadas, dio a luz a un niño discapacitado. Su hijo Sambhab, que significa posible, nació con parálisis cerebral. Unas 150.000 personas sufren cánceres, problemas respiratorios y estomacales, deficiencias cerebrales, ceguera, parálisis.Desamparo
Quienes obtuvieron un certificado de damnificados recibieron una media de 300 euros de compensación tras un acuerdo extrajudicial entre Union Carbide y el Gobierno indio. También pueden visitar gratis los nueve hospitales creados tras la catástrofe y que han sido denunciados una y otra vez por falta de equipo, especialistas y, en ocasiones, por extorsiones a los enfermos.
La segunda generación de afectados, en cambio, se encuentra en el limbo. El Gobierno no los reconoce. Iniciativas privadas como la ONG Chingari Trust y su centro de rehabilitación para niños discapacitados y la clínica Sambhavna tratan de reparar la desidia e indiferencia gubernamental.
Dow Chemical, la empresa que adquirió Union Carbide en 2001, no asume ninguna responsabilidad. El Gobierno indio se ha revelado incapaz de exigir a la compañía la limpieza de la zona y una compensación para las siguientes generaciones. Tras perder a su marido la noche de la tragedia, a una de sus hijas a los tres días, a su hijo a los dos años y que su única descendiente viva haya dado a luz a un bebé con problemas mentales, Husrat Bee recuerda: "Alguien tiene que pagar por ello".
Entrevista a Satinath Sarangi.
"La Policía se llevó las pruebas"
Satinath Sarangi (Sathyu), médico y activista hacía su doctorado a 150 kilómetros de Bhopal cuando supo de la tragedia por la radio. Se apresuró a coger el tren hasta allí y ayudó a trasladar heridos a los hospitales. Hoy sigue reclamando justicia desde su clínica.
El Gobierno indio también era dueño de la fábrica. ¿Por qué sólo piden cuentas a Union Carbide?
El Gobierno es responsable en menor medida. Tanto el escape como la contaminación de las aguas se debieron a un diseño realizado para reducir costes. Si lo exigimos, es posible que el Gobierno limpie la zona, pero sentaría un mal precedente, porque haríamos pagar a los ciudadanos por los delitos de las corporaciones.
¿Y la compensación?
La exigimos para los afectados por la contaminación. Aún nacen muchos niños discapacitados. Los resultados preliminares de nuestro estudio apuntan que podrían existir diez veces más casos de lo normal.
¿Cómo sigue luchando después de 25 años?
Veo a personas que se encuentran mucho peor que yo, tratando de recuperar la salud y conseguir un sustento, y continúan peleando. Además, siempre hemos logrado alguna victoria cada cuatro o cinco meses y eso nos da ánimo.
No es la primera vez que abre una clínica.
La Policía destruyó las anteriores. Se llevaron los historiales médicos sobre el tiosulfato de sodio, que demostraban que las toxinas habían entrado en la sangre. Union Carbide sólo reconocía problemas en los órganos directamente afectados, ojos y pulmones. Nos enviaron 18 días a la cárcel acusados del intento de asesinato de un funcionario del Gobierno.
¿Qué busca en su clínica?
Un tratamiento simple, efectivo y barato, y servir de modelo a otras clínicas que se ocupan de desastres medioambientales. Muchas veces, la misma empresa que contamina vende las medicinas. Es un círculo vicioso.
¿Cree que Dow Chemical terminará limpiando?
No les queda otro remedio; están arrinconados. En ocho años han sido incapaces de invertir en India. Este año esperamos el último empujón.
En India hay otras catástrofes industriales.
Sí, decimos que estamos librando la segunda batalla por la independencia porque las corporaciones nos han esclavizado. Creo en la industria, pero no se puede dar prioridad sólo al beneficio.
Fuente: http://www.publico.es/ciencias/275015/bhopal/escape/cesa

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jueves, 14 de mayo de 2009

Bolivia: Indígenas expulsan a transnacional minera Vista Gold


14 de mayo de 2009
ECONOTICIASBOLIVIA (especial para ARGENPRESS.info)

Convencidos de que la explotación capitalista de las minas sólo deja socavones vacíos, contaminación ambiental y tierras y ríos envenados con mercurio, las comunidades indígenas quechuas del sur de Bolivia han conminado a la transnacional canadiense Vista Gold Corporation para que abandone la zona y olvide sus intentos de hacerse de una gran fortuna con la explotación de oro de la mina Amayapampa.

El ministro de Minería, Luis Alberto Echazú, confirmó la amenaza de los indígenas y aseguró que "algunas comunidades se oponen al emprendimiento minero" transnacional por temor a daños ambientales. El ministro Echazú reconoció que ni la empresa canadiense ni el gobierno del presidente indígena Evo Morales habían podido convencer hasta ahora a los comunarios para que acepten las operaciones mineras.

Entre los indígenas y campesinos hay el convencimiento de que las operaciones mineras destruyen a la “madre tierra” y sólo enriquecen a las compañías privadas que se llevan al exterior los minerales y las millonarias ganancias, dejando en la zona de explotación sólo desolación, pobreza y muerte.

Vista Gold Corporation es una más de la decena de grandes transnacionales que hasta ahora operan con gran éxito en Bolivia. En los tres años del primer gobierno indígena de la América morena (2006-2008), estos grandes consorcios mineros virtualmente han continuado saqueando la ingente riqueza minera de Bolivia y se han apoderado de más de cuatro mil millones de dólares. Ellos obtienen el 95% del valor bruto de la producción y de las exportaciones, dejando para el Estado sólo el 5%. El actual saqueo minero de Bolivia es igual o mayor al sufrido en los tiempos del neoliberalismo salvaje, según se establece a partir de los datos del Ministerio de Minería, procesados por Econoticiasbolivia.

Contaminación y explotación

Entre las transnacionales más poderosas que operan en Bolivia están la estadounidense Coeur d'Alene Mines Corporation, que explota uno de los reservorios más ricos de plata del mundo como es San Bartolomé, y la japonesa Sumitomo, asociada hasta hace poco con la norteamericana Apex Silver Mines Limited, que controla otro rico megayacimiento de plata, plomo y estaño en San Cristóbal.

Estas empresas están ganando a manos llenas al igual que la estadounidense Newmont Mining Corporation, que tiene como socio menor a la boliviana Inti Raymi. Esta compañía hizo desaparecer cerros enteros y exprimió los yacimientos de oro de Kori Kollo y La Joya, degradando el medio ambiente y provocando una severa contaminación ambiental en las empobrecidas poblaciones de las Provincias Saucari y Cercado del Departamento de Oruro por la fuga e infiltración de cianuro, tal como lo demuestran los estudios de la Universidad Técnica de Oruro.

Otra que tiene un prontuario de acusaciones es la compañía Sinchi Wayra, filial de la transnacional suiza Glencore Internacional, forjada por el magnate petrolero suizo israelí Marc Rich, a quien la revista Time calificó en el 2001 como “el ejecutivo más corrupto del planeta”.

Sinchi Wayra/Glencore tiene el control de los ricos yacimientos de zinc, oro, plata, plomo y estaño de Oruro y Potosí, como Bolívar, Poopó, Porco, Colquiri, Totoral, San Lorenzo, Colquechaquita y la planta concentradora de minerales Don Diego y la central termoeléctrica de Aroifilia. Allí, pese a la resistencia de sus obreros, Sinchi Wayra/Glencore continúa con sus intentos de ampliar la explotación de sus trabajadores de las actuales 8 horas diarias a 10 y 12 horas.

Otra que estaba abusando de sus trabajadores es la transnacional canadiense Panamerican Silver que explota la mina de plata de San Vicente, en sociedad con la nacional Empresa Minera Unificada. Los abusos provocaron que la pasada semana, cerca de tres centenas de mineros tomaran por siete días la mina San Vicente en el norte andino de Bolivia, ocuparan sus instalaciones y convirtieran a los empresarios y directivos en sus virtuales rehenes, antes de lograr arrancar de la transnacional canadiense Panamerican Silver el compromiso de echar a sus gerentes, cesar con los abusos y mejorar las condiciones de trabajo.

Además de ocupar el yacimiento y las instalaciones de Pan American Silver, los trabajadores, pertrechados con dinamita, cerraron todas las vías de acceso a la zona e impidieron la salida de los ejecutivos, administrativos, técnicos y contratistas que se encontraban en San Vicente.

Emergencia oficial

Por ello, ante el peligro que se reediten las acciones de San Vicente y se concreten las amenazas de los indígenas, el Ministerio de Minería envió una comisión de emergencia a la mina Amayapampa a 270 kilómetros al sur de La Paz ante el ultimátum para que la empresa abandone la zona.

"Nosotros respaldamos un acuerdo entre empresa y comunarios y hemos propuesto la consulta porque tampoco estamos de acuerdo en que se explote un yacimiento en contra de la voluntad de los pobladores", dijo Echazú.

La empresa se adjudicó el yacimiento y ha prometido inversiones por unos 30 millones de dólares para explotar a cielo abierto pero no ha logrado ingresar a una fase intensiva por la presión de las comunidades aledañas.

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