
04-09-2009
Sky News
uk.news
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Un doctor iraquí ha declarado a Sky News que la cifra de bebés nacidos con deformaciones en la zona de Faluya, que tan duros bombardeos ha padecido, sigue aumentando .
Hace quince meses, una investigación efectuada por Sky News revelaba que en Faluya cada vez estaban naciendo más niños con deformaciones. Había gran preocupación por ese aumento en tanto en cuanto podía estar vinculado con las armas químicas utilizadas contra la población por las fuerzas estadounidenses.
Hemos regresado allí r ecientemente para averiguar cuál es la situación actual y qué ha sido de los niños afectados que conocimos .
En mayo del pasado año, contamos la historia de una niña de tres años llamada Fátima Ahmed que había nacido con dos cabezas. Cuando la filmamos parecía un fardo inerte, yacía sin apenas poder respirar e incapaz de moverse.
Incluso ahora , cuando la miro, aunque hemos visto las fotos muchas veces, me sigo sintiendo conmocionada y profundamente apenada .
Los pronósticos sobre Fátima no eran nada alentadores y , como me temía, no consiguió alcanzar su cuarto cumpleaños.
Su madre, Shukriya, nos habló de la noche en que murió. Secándose las lágrimas, nos dijo que una noche dejó a su hija como siempre en la cama pero que se despertó con l a terrible sensación de que algo andaba mal. Nos dijo que siempre había presentido que su hija no viviría mucho , pero que su pena no fue por eso menor .
El padre de Fátima había tomado la manita de la niña entre las s uyas y la había encontrado fría. “Se ha ido”, le dijo a su consternada mujer.
Otra niña que conocimos el pasado año fue Tiba Aftan, que había nacido con una inmensa protuberancia en el rostro. Es aún casi un bebé pero su futuro parece más esperanzador porque han ido con ella a Jordania para que se la quiten.
La protuberancia había cubierto la mitad de la frente de Tiba y estaba invadiendo ya uno de sus ojos, haciéndose cada vez más grande.
Aunque la operación ha sido un éxito, Tiba necesitará más intervenciones pero ese viaje le costó a su familia hasta el último penique de sus ahorros.
Desde nuestra investigación or i gi n al, hemos ido acumulando un nuevo dossier de casos de niños que han nacido con deformidades en Faluya en los últimos ocho meses.
Hay una amplia gama de problemas, desde anormalidades en el abdomen a rostros desfigurados. También hemos visto fotos de todo tipo de fetos con deformaciones que no lograron sobrevivir.
No hay una explicación precisa en cuanto a qué es lo que ha causado las deformaciones y no hay cifras para comparar los casos con los de hace una década o más porque no se conservan los archivos de la época de Saddam Hussein.
Todas nuestras pruebas son anecdóticas, pero la gente nos repite que creen que las deformidades van unidas a los duros bombardeos sobre Faluya –un baluarte de la insurgencia sunní- llevados a cabo por Estados Unidos en 2004.
La gente quiere que se lleve a cabo una investigación independiente sobre el impacto de todos los tipos de armamento utilizados, incluido el controvertido fósforo blanco.
Desde que empezamos a hacernos eco de los llamamientos de ayuda del pueblo de Faluya , las cosas han ido a peor.
El Dr. Ahmed Uraibi, un médico especializado en pediatría de Faluya, nos dijo que el número de deformidades que había tenido que tratar durante este último año había aumentado.
El pueblo de Faluya quiere saber cuantos niños con deformidades es preciso que nazcan allí para que alguien se decida a escuchar, a tomar nota y a actuar.
Enlace con texto original:
http://uk.news.yahoo.com/5/20090901/twl-the-truth-of-iraq-s-city-of-deformed-3fd0ae9.html
viernes, 4 de septiembre de 2009
La verdad de la ciudad iraquí con tantos bebés nacidos con deformaciones
martes, 4 de agosto de 2009
El expansivo complejo industrial de las bioarmas de EE.UU.

04-08-2009
Tom Burghardt
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
El distópico filme de ciencia ficción británico “28 Days Later” [28 días después o Exterminio] comienza con activistas por los derechos de los animales que se introducen en la Instalación de Investigación de Primates de Cambridge para liberar chimpancés utilizados en un programa secreto de armas.
Aterrorizado por la intrusión, un científico advierte a los intrusos que los chimpancés están infectados por un patógeno genéticamente modificando. Ignorando su advertencia, los chimpancés son liberados de sus jaulas e inmediatamente atacan a todo el que encuentran, desatando una plaga de proporciones inimaginables.
A pesar del extravagante guión (con activistas por los derechos de los animales colocados claramente en la mira) esta historia lúgubre y aleccionadora contiene un grano de verdad. Aunque bandas de zombis devoradores de carne no han invadido nuestras ciudades, hay una amenaza más sutil que aparece en el horizonte.
El sexto aniversario del asesinato del experto británico en bioarmas, el doctor David Kelly el 17 de julio de 2003, destapó más que las mentiras gubernamentales que allanaron el camino para la invasión ilegal y la ocupación de Iraq; sacó a la luz el tenebroso mundo de la investigación de guerra biológica en Gran Bretaña y en EE.UU.
Junto con los ataques con ántrax de 2001 en EE.UU. que asesinaron a cinco personas y expusieron a otras 10.000 a una forma armamentizada de la bacteria, la muerte de Kelly bajo circunstancias altamente cuestionables concentró la atención en el establishment occidental de bioarmas. Por un instante fugaz todos los ojos se dirigieron hacia una red internacional de investigadores médicos, especuladores corporativos y armamentistas del Pentágono ocupados como las proverbiales abejas en experimentos con letales microorganismos.
Y entonces, como dicen, se apagó la luz; mientras más cuerpos se amontonaban, los casos se “cerraban” y el dinero seguía fluyendo…
Un complejo expansivo bioarmamento-industria
La producción de bioarmas fue aparentemente prohibida cuando EE.UU. firmó la Convención de Armas Biológicas (BWC) en 1975. Sin embargo, la ausencia de algún régimen formal de verificación limitó desde el principio, algunos dicen intencionalmente, la efectividad del tratado.
Por cierto, un gigantesco agujero en el BWC permite la producción de “pequeñas cantidades” de agentes mortales “con propósitos médicos y defensivos.” Nótese, sin embargo, que no se prohíbe la producción en sí de tales agentes sino más bien, su transformación en “armas, equipos o medios de lanzamiento… con propósitos hostiles o en un conflicto armado.”
Y utilizando como pretexto los ataques del 11 de septiembre y los del ántrax, EE.UU.se lanzó a un programa sistemático e insensato para expandir la investigación de la creación de sistemas prohibidos de armas. Junto con un renovado interés en esos arriesgados proyectos, ahora bautizados eufemísticamente como “biodefensa” para evitar la violación del BWC, vino un inmenso aumento en el financiamiento con la construcción de nuevas instalaciones y con la “actualización” de las antiguas. Un informe de mayo de 2009 del Servicio de Investigación del Congreso (CRS) calcula que los gastos generales del gobierno han “aumentado de 690 millones de dólares en el año fiscal 2001 a 5.400 millones de dólares en el año fiscal 2008.”
Según el Centro de Control de Armas y No-Proliferación basado en Washington D.C., desde los ataques terroristas de 2001 “el gobierno de EE.UU. ha gastado o asignado cerca de 50.000 millones de dólares entre 11 departamentos y agencias federales para encarar la amenaza de armas biológicas. Para el año fiscal 2009, el gobierno de Bush propuso otros 8.970 millones de dólares en gastos relacionados con bioarmas, aproximadamente 2.500 millones más (un 39%) que la suma que el Congreso asignó para el año fiscal 2008.”
El grueso de esos fondos, según el Centro, han sido destinados a la Autoridad en Investigación y Desarrollo Avanzados en Biomedicina (BARDA) del Departamento de Salud y Servicios Humanos, (31.500 millones de dólares), al Departamento de Defensa (11.800 millones), al Departamento de Seguridad Interior (3.300 millones) y al Proyecto BioEscudo (5.500 millones de dólares).
Sin embargo, según numerosos estudios, es más probable que los patógenos letales se propaguen como un fuego incontrolado como resultado de un accidente de laboratorio que por un ataque por terroristas que esgriman gérmenes. Al escribir estas líneas, laboratorios con Nivel de Bioseguridad 3 (BSL-3) y Nivel de Bioseguridad 4 (BSL-4) brotan como hongos venenosos por todo EE.UU.
La denominación BSL-3 significa que una instalación está equipada para manejar agentes indígenas o exóticos que puedan causar una enfermedad seria o potencialmente letal después de ser inhalados. Ejemplos de sustancias manipuladas por un laboratorio BSL-3 incluyen tuberculosis, ántrax, virus del Nilo occidental, SARS, salmonella, y fiebre amarilla.
Por otra parte, un laboratorio BSL-4 manipula los patógenos más letales conocidos por la humanidad; en otras palabras agentes infecciosos transmitidos por aerosoles que causan enfermedades fatales para las que no existen tratamientos conocidos. Ejemplos de sustancias manejadas por un laboratorio BSL-3 incluyen, el virus de Marburg, el virus Ébola, la fiebre de Lassa y la fiebre hemorrágica Crimea-Congo.
Investigadores del CRS informaron que “entidades no-federales también han expandido o construido laboratorios de alta contención adicionales. Aparte de la amenaza de bioterrorismo, una creciente percepción de la amenaza planteada por enfermedades emergentes y re-emergentes ha llevado a la proliferación internacional de laboratorios de alta contención, ya que las tecnologías utilizadas están ampliamente disponibles.”
Sorprendentemente, el CRS no pudo determinar la cantidad exacta de laboratorios BSL-3 que operan actualmente en EE.UU. Sin embargo, el equipo investigador del Congreso dijo que “se calcula que la cantidad total de espacio BSL-4 planificado o existente en EE.UU. se ha multiplicado unas doce veces desde 2004.”
Gran parte de ese trabajo, convenientemente, es subcontratado a corporaciones privadas con poca o ninguna supervisión efectiva. Entre las firmas más destacadas que han recibido la generosidad del gobierno federal para trabajo de BSL-3 y BSL-4 según CRS, están "Lovelace Respiratory Research Institute, Battelle Memorial Institute, Southern Research Institute, y otros." ¡Por cierto, gran parte puede permanecer oculto bajo la rúbrica de “información confidencial” y de “propiedad intelectual”, incluida la subcontratación de la investigación de armas secretas!
Durante audiencias en 2007 ante el Subcomité sobre Supervisión e Investigaciones del Comité de Energía y Comercio del Congreso, el presidente del comité, Bart Stupak (demócrata de Michigan), dijo:
Estos laboratorios BSL -3 y -4 son instalaciones en las que se realiza investigación con virus y bacterias altamente infecciosos que pueden causar daño corporal o muerte. Algunas de las enfermedades más exóticas y más peligrosas son manejadas en los laboratorios BSL-3 y -4, incluyendo ántrax, fiebre aftosa y fiebre Ébola. La liberación accidental o deliberada de algunos de los agentes biológicos manejados en esos laboratorios podría tener consecuencias catastróficas. Sin embargo, como nos informa la Oficina General de Auditoría de EE UU (GAO), ni una sola agencia gubernamental tiene la responsabilidad en última instancia de asegurar la seguridad y de proteger esos laboratorios de alta contención. Sin embargo, la GAO señala que tiene lugar una considerable expansión de la cantidad de laboratorios BSL tanto en EE.UU. como en el extranjero pero que se desconoce la dimensión de esa expansión. (“Gérmenes, Virus y Secretos: la proliferación silenciosa de biolaboratorios en EE.UU.” Audiencia ante el Subcomité sobre Supervisión e Investigaciones del Comité de Energía y Comercio del Congreso, Cámara de Representantes de EE.UU. 4 de octubre de 2007, Serial No. 110-70, pp. 1-2)
Las audiencias revelaron que nadie “en el gobierno federal llega a saber con seguridad cuántos de estos laboratorios existen en EE.UU., mucho menos qué investigación realizan o si son salvos y seguros.” Ni “protegidas” ni “seguras” esas instalaciones son, sin embargo, altamente lucrativas.
Sólo en 2007, se informó sobre unos 100 “incidentes” de ese tipo; sin embargo, “hay indicios de que la cantidad real de incidentes podría ser mucho más elevada,” según el representante Stupak. Las líneas directivas para las informaciones son tan permisivas que patógenos peligrosos como hantavirus, SARS y la fiebre del dengue no “están en la lista de agentes seleccionados” ni se requiere que “el robo, la pérdida o la liberación de esos agentes… sea informada a funcionarios federales.”
Según Edward Hammond, director del ahora difundo Proyecto Sunshine, unas 20.000 personas que trabajan en más de 400 sitios en EE.UU. realizan investigación sobre organismos que pueden ser utilizados como bioarmas. Eso representa un aumento multiplicado por diez en el empleo en semejantes instalaciones desde los ataques con ántrax de 2001.
Utilizando la Ley de Libertad de la Información para obtener datos del gobierno federal, Hammond obtuvo antecedentes de una serie de comités de bioseguridad universitarios. Lo que descubrió fue inquietante para decir lo menos. Plaga, ántrax, fiebre de las Montañas Rocosas, tularemia, brucelosis y fiebre Q; son algunos de los patógenos letales que han escapado a la contención debido a malas prácticas de seguridad y que llevaron a enfermedades accidentales de trabajadores de los laboratorios.
Los científicos han advertido durante años que mientras más gente manipula esas sustancias tóxicas, mayor será la probabilidad de que sucedan desgracias. Entre los incidentes más conocidos, Hammond informó sobre los siguientes:
Texas A&M University: Trabajadores fueron expuestos a la fiebre Q cuando escapó a la contención;
Universidad de Nuevo México: un trabajador fue pinchado por una aguja cargada con ántrax mientras a otro lo clavaron con una jeringa llena de un microbio no revelado, genéticamente modificado;
Medical Center de la Universidad de Ohio: trabajadores fueron expuestos a coccidioidomicosis;
Universidad de Chicago: un pinchazo con una jeringa de un trabajador de un laboratorio con una sustancia no revelada que requería fuerte contención, con gran probabilidad ántrax o plaga;
Universidad de California en Berkeley: trabajadores manipularon sin contención la fiebre de las Montañas Rocosas, transmitida por el aire. Había sido etiquetada por error como “inofensiva.”
Más recientemente, Global Security Newswire informó en junio que en el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE.UU. (USAMRIID) en Fort Detrick, Md., “encontraron casi 10.000 frascos más de patógenos potencialmente letales que los que se sabía que estaban almacenados en el lugar.”
Afirmando que hay “múltiples niveles de seguridad,” el comandante adjunto de Ft. Detrick coronel Mark Kortepeter dijo que era “extremadamente improbable” que alguna de las muestras del centro hayan sido sacadas de contrabando. “Improbable,” pero no imposible.
Entre las 9.200 muestras adicionales descubiertas durante el inventario había “agentes bacterianos que causan plaga, ántrax y tularemia; virus equina venezolana, oriental y occidental; virus de la fiebre del Valle del Rift (FVR); virus Junín; virus Ébola, y neurotoxinas botulínicas.” ¡Y hablan de una “cultura de la seguridad”!
Si alguno de esos patógenos escapara o lo “desaparecieran,” podría ser transformado en un arma apocalíptica.
Genes de diseño, armas de diseño
En “Emerging Technologies: Genetic Engineering and Biological Weapons,” el investigador Edward Hammond describió cómo “la ingeniería genética puede contribuir de muchas maneras a programas de bioarmas ofensivas. Mediante la manipulación genética, agentes de bioguerra clásica como ser ántrax o plaga pueden ser convertidos en armas más eficientes. Las barreras de acceso a agentes como viruela, Ébola o gripe española están siendo bajadas por técnicas genéticas y genómicas.”
La investigación del ADN recombinante, que ya no pertenece al campo de la ciencia ficción, está siendo explotada por emprendedores especuladores corporativos con intenciones decididamente siniestras. Hammond escribe que aunque “el acceso a virus y cepas altamente virulentos es cada vez más regulado y restringido,” cuando se trata de toxinas letales como el virus de la viruela (erradicado de los laboratorios hace más de 20 años… es sólo cuestión de tiempo antes de que se posibilite la síntesis artificial de agentes o combinaciones de agentes.”
La evidencia disponible sugiere que un tal trabajo, alarmantemente, avanza a un ritmo rápido.
En 2002, un equipo de investigación de la Universidad de Nueva York en Stony Brook sintetizó el poliovirus. Hammond escribe que “los investigadores construyeron el poliovirus ‘partiendo de cero’ mediante la síntesis química. Comenzando por la secuencia genética del agente, que está disponible en línea, los investigadores sintetizaron secuencias del virus en el laboratorio y pidieron otras secuencias de ADN hechas a pedido a una fuente comercial. Entonces las combinaron para formar todo el genoma del polio. En un último paso, la secuencia de ADN fue activada agregando un cóctel químico que inició la producción de un virus patogénico viviente. El experimento fue financiado por DARPA, la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa de EE.UU.”
Aunque el poliovirus no es “muy adecuado” como bioarma, “el experimento ilustra posibilidades que generan verdaderos problemas si técnicas similares llegaran a ser aplicables a agentes como la viruela.” Hammond asegura que en 2002 “una técnica semejante fue demostrada.” Por cierto, “las secuencias completas de por lo menos dos variedades diferentes de viruela se encuentran en Internet, y últimamente ha sido lanzado un nuevo sitio en Internet dedicado a secuencias genómicas de virus que produce la viruela.”
De modo tan amedrentador como el potencial como bioarma de una viruela genéticamente modificada, investigadores de EE.UU., dirigidos por un patólogo del Pentágono, “comenzaron recientemente a reconstruir genéticamente” la peligrosa variedad de influenza responsable por la pandemia de 1918-1919. “En un experimento,” nos informa Hammond, “un virus parcialmente reconstruido de 1918 mató ratones, mientras virus construidos con genes de un virus de gripe contemporáneo apenas tuvo algún efecto.” Durante el estallido de 1918-1919 murieron unos 40 millones de personas en la pandemia global.
Hammond informa que una muestra de tejido pulmonar de un soldado de 21 años que murió en 1918 en Ft. Jackson en Carolina del Sur “produjo lo que buscaban los investigadores del Ejército: muestras intactas de RNA viral que pudieran ser analizadas y secuenciadas. En una primera publicación en 1997, fueron revelados nueve breves fragmentos de RNA viral de la gripe española. Debido a la burda preparación del tejido en 1918, no se recuperaron secuencias de virus vivo o de RNA viral completo.”
Pero lejos de inhibir a los investigadores del Pentágono, los propugnadores de la bioguerra saltaron de alegría cuando científicos del Ejército recuperaron muestras intactas de RNA viral que fueron subsiguientemente despedazadas y analizadas. En 2002, según Hammond, “cuatro de los ocho segmentos de RNA viral habían sido completamente secuenciados, incluidos los dos segmentos que son considerados como de mayor importancia para la virulencia del virus.”
Esto conduce a un desasosegado sentimiento de que tal vez el actual estallido de la variedad H1N1 de gripe porcina podría ser el resultado de algún experimento demencial que salió mal. Adrian Gibbs, destacado científico australiano quien colaboró con investigación que condujo al desarrollo del medicamento Tamiflu, dijo a Bloomberg News “la nueva variedad puede haberse desarrollado accidentalmente en huevos utilizados por los científicos para cultivar virus y por los fabricantes de medicamentos para producir vacunas. Gibbs dice que llegó a su conclusión como parte de un esfuerzo de rastrear los orígenes del virus analizando su diseño genético.”
“Mientras antes lleguemos a comprender de dónde provino, más seguras se harán las cosas,” dijo Gibbs a Bloomberg. “Podría ser un error que ocurrió en una instalación de producción de vacuna o el virus podría haber saltado de un cerdo a otro mamífero o a un pájaro antes de llegar a los humanos, dijo.”
Gibbs no es ningún chalado y sus afirmaciones, por lo menos inicialmente, fueron tomadas en serio por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Kenji Fukada, director general adjunto de seguridad sanitaria y del medio ambiente de la OMS dijo que la agencia está estudiando el informe de Gibbs. Por otra parte, el Centro Estadounidense de Control de Enfermedad en Atlanta descartó sus resultados, y decidió que “no existe evidencia” que apoye las conclusiones del científico.
Su investigación es considerada verosímil y el científico dijo que su análisis es apoyado por otros investigadores, incluyendo a Richard Webby, virólogo en St. Jude Children's Research Hospital en Memphis quien estableció que “la nueva variedad es el producto de dos cepas diferentes de influenza que han circulado entre los cerdos en Norteamérica y Europa durante más de una década.”
Gibbs dijo a la publicación financiera que no veía evidencia de que “el virus derivado de los cerdos haya sido un producto deliberado, hecho por el hombre.” El investigador dijo: “No pienso que pueda ser una cosa maligna. Es mucho más probable que alguna cosa al azar haya juntado esos dos virus.”
Fukada dijo posteriormente que la proposición de Gibbs “no corresponde a la evidencia.” El funcionario de la OMS dijo que la organización tendrá que estudiar el artículo de investigación de Gibbs cuando sea publicado, pero indicó que “es poco probable que cambie las conclusiones de los expertos.”
Puede que Gibbs se equivoque y que sus resultados sean relegados a las afirmaciones hipotéticas. Habiendo dicho eso, sin embargo, no se puede descartar fácilmente el peligro de que H1N1 o algún derivado pueda ser armamentizado.
Por cierto el Journal of the Royal Society of Medicine se alarmó tanto por la perspectiva que comentó en 2003: “Las posibilidad para la transmisión [de la influenza] mediante ingeniería genética o por aerosoles sugiere un enorme potencial para el bioterrorismo.” Inexpresada, por cierto, quedó la mayor amenaza planteada por semejante investigación oculta, o sea el terrorismo de Estado, o más específicamente, el terrorismo de Estado estadounidense.
Plum Island
Si el pasado es un prólogo, podría ser instructivo emprender un pequeño desvío por la calle del recuerdo.
Una instalación espeluznante que jugó un papel crucial en los programas de bioarmas de EE.UU. en la Guerra Fría es el Centro de Enfermedad Animal de Plum Island (PIADC), de 340 hectáreas. Bajo el control nominal del Departamento de Agricultura de EE.UU., Plum Island compartía estrechos vínculos con el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de EE.UU. (USAMRIID) en Fort Detrick, Maryland.
Según una serie de impresionantes informes del investigador Mark Sanborne, el “padrino espiritual” de Plum Island no fue otro que un cierto doctor Erich Traub, “un científico nazi con un historial fascinante.” Traub pasó los años previos a la guerra como asociado científico en el Instituto Rockefeller en Princeton, Nueva Jersey, “estudiando bacteriología y virología, mientras todavía encontraba el tiempo necesario para pasarlo en Camp Sigfried, cuartel del movimiento nazi estadounidense en Yaphank, Long Island, a 50 kilómetros al oeste de Plum Island.”
Según evidencia revelada por el investigador Michael Christopher Carroll en su publicación Lab 257, al estallar la guerra Traub volvió a Alemania y fue jefe de Insel Riems, la instalación secreta de guerra biológica de los nazis, ubicada en una isla en el Mar Báltico. Nazi fanático, Traub probó pulverizaciones de gérmenes y virus sobre la Unión Soviética ocupada “mientras dependía directamente de Heinrich Himmler.”
Con un currículum vitae semejante se podría esperar que Traub hubiera terminado en la cárcel o colgado. ¡Vuelva a pensarlo!
Después de la guerra Traub trabajó brevemente para los soviéticos antes de ser acogido por la Operación Paperclip (sujetapapeles), el programa clandestino de empleo de Washington para científicos nazis útiles. Lo que Werner von Braun fue para los cohetes, Traub lo fue para los gérmenes: Fue rápidamente a trabajar para el Instituto de Investigación Médica Naval y dio asesoramiento operativo a la CIA y a los bioguerreros en Fort Detrick. Por cierto, su descripción detallada de su trabajo en Insel Riems probablemente ayudó a inspirar la selección de Plum Island por el Ejército: las instalaciones alemana y estadounidense estaban situadas en islas donde los vientos prevalecientes soplaban (sobre todo) hacia el mar. (Mark Sanborne, "'Bionoia' Part 3: The Mystery of Plum Island: Nazis, Ticks and Weapons of Mass Infection," World War 4 Report, No. 121, May 1, 2006)
Pero todo eso es cosa del pasado, ¿verdad? Bueno, no enteramente…
Caroll presenta un caso convincente de que el estallido en 1975 y la subsiguiente propagación pandémica de la Enfermedad de Lyme, un patógeno propagada por garrapatas identificado por primera vez en Old Lyme, Connecticut " a sólo 16 kilómetros por el estrecho de Long Island desde Plum Island,” puede haberse originado cuando un experimento secreto con bioarmas resultó mal.
Desde su aparición en 1975 se ha informado de casi 300.000 casos en 49 Estados, aunque considerando sus capacidades miméticas y sus confusas manifestaciones multisintomáticas, el CDC estima que sólo uno en 10 casos es reconocido como tal, lo que significa que potencialmente unos tres millones de estadounidenses pueden haber sido infectados por el patógeno.
Por cierto, lo que convierte a Lyme en la cobertura perfecta como bioarma es su capacidad como “un síndrome inflamatorio artero, multisistémico, que imita a otras enfermedades al incluir una serie de aflicciones, incluyendo dolores crónicos e inhabilitantes y fatiga que si no son tratadas pueden extenderse a órganos y al sistema nervioso central, causando depresión, parálisis, pérdida de la memoria, psicosis, e incluso encefalitis y muerte,” nos informa sombríamente Sanborne.
¿Por qué entonces, se preocuparían los bioguerreros de EE.UU. de una enfermedad que “inhabilita pero pocas veces mata” a sus víctimas? Según Sanborne, “la lógica es de una simpleza brutal.” Haciendo una analogía entre cómo un soldado herido causa más problemas a un ejército que uno muerto, “una población que se enferma gradualmente causa más problemas económicos y sociales a una sociedad que la simple muerte de una cantidad limitada de personas debido a un ataque más directo y virulento.”
Y tanto mejor si una enfermedad semejante puede ser transmitida por un vector natural como garrapatas o mosquitos que ya posee una su propia negación plausible por así decir “y puede confundir a las autoridades médicas al presentar una amplia gama de síntomas que imitan otras condiciones (como su más famoso pariente, la sífilis, ha sido llamada la ‘Gran Imitadora’), escribió Sanborne.
Caroll descubrió durante su investigación que el entomólogo, Dr. Richard Endris, y el jefe del equipo de fiebre porcina africana, Dr. William Hess, viajaron a Camerún y a otras partes de África en “safaris de caza de garrapatas.” Una vez que el par hubo completado su colección, había criado “más de 200.000 garrapatas duras y blandas de múltiples especies.”
Las prácticas de contención del laboratorio fueron citadas como “inseguras” por consultores externos que “recomendaron enérgicamente” que la construcción de un “insectario moderno, aprobado, sea emprendida para investigaciones futuras.” El par fue despedido en 1988 y la colonia de garrapatas fue destruida, pero la pregunta sigue existiendo: ¿se habían escapado las garrapatas?
También existe evidencia de que los investigadores de Plum Island experimentaron con más que garrapatas. Caroll afirmó:
El doctor Endris también condujo experimentos con jejenes en Plum Island en 1987 para ensayar la transmisión de leishmaniasis, una enfermedad infecciosa que si no es tratada, tiene una tasa de mortalidad humana de casi 100%. Se caracteriza por ataques irregulares de fiebre, considerable pérdida de peso, e hinchazón del bazo y del hígado. El trabajo fue realizado bajo un contrato de Fort Detrick, y sirve como otro ejemplo de un agente de bioguerra letal en el que se trabajó en Plum Island para el Ejército, sin conocimiento público y sin que se tomaran precauciones para la seguridad pública. (Michael Christopher Carroll, Lab 257: The Disturbing Story of the Government's Secret Germ Laboratory, New York: HarperCollins Publishers, 2005, p. 24)
Como otras partes del complejo bioarmamento-industrial de EE.UU., los estallidos de enfermedades y los subsiguientes encubrimientos van de la mano. The New York Times informó en 2004 que “el altamente contagioso virus de la fiebre aftosa se ha esparcido brevemente dentro del Centro de Enfermedad Animal en Plum Island en dos incidentes previamente no revelados durante este verano.”
No tengáis miedo, dijo al periódico el portavoz del laboratorio, Donald W. Tighe, “el virus ha permanecido dentro del área sellada de biocontención del laboratorio. Dijo que no había habido riesgo para seres humanos o animales dentro o fuera del laboratorio.” Una investigación “continúa.” De modo alarmante, en 1991, el huracán Bob cortó la energía eléctrica en la isla durante varias horas e inhabilitó los sistemas de presión de aire que contenían a los virus. En aquel entonces, los portavoces del laboratorio tranquilizaron al público diciendo que “estaban seguros.”
Existen planes para cerrar la instalación. Global Security Newswire informó en febrero que el Departamento de Seguridad Interior planifica la construcción de una nueva instalación por 450 millones de dólares en el campus de la Universidad Kansas State.
Sin embargo, The New York Times reveló que “costes adicionales” aumentarían el total a unos 630 millones. La National Bio and Agro-Defense Facility (NBADF) tendrá que ser “construida con seguridad en cada pulgada cuadrada,” aseguró a los críticos la secretaria del Departamento de Seguridad Interior Janet Napolitano.
¡Pronto cerca de tu casa!
A pesar de una supervisión indolente y de un verdadero océano de 50.000 millones de dólares que se esparce sobre universidades, corporaciones y las fuerzas armadas, el Instituto Nacional de Salud (NIH) ha gastado desde 2002 miles de millones en la construcción de nuevas instalaciones BSL-3 y BSL-4. Planifican aún más, incluidas las que ya están en construcción en grandes ciudades de EE.UU.
Un residente de Boston, alarmado por la perspectiva de que funcionarios del Centro Médico de la Universidad de Boston estaban construyendo “una laboratorio de defensa biológica en uno de los vecindarios más pobres de la ciudad,” dijo a Los Angeles Times: “Oímos hablar de ántrax y de Roxbury-South End," recordó. “Luego oímos hablar de Ébola. Últimamente hemos oído hablar de la plaga bubónica. Nos miramos y dijimos ‘De ninguna manera van a traer eso… a nuestra comunidad.’”
Siete años después, el complejo de laboratorio de 198 millones de dólares está terminado junto a un edificio de apartamentos y un mercado de flores. Pero las demandas estatales y federales de residentes preocupados, respaldadas por científicos escépticos, han bloqueado la apertura hasta no antes de fines del próximo año.
La batalla marca el primer gran revés en el vasto crecimiento de laboratorios autorizados para investigar las enfermedades más peligrosas del mundo desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. También subraya un debate creciente sobre la seguridad y la protección de tales laboratorios – y sobre si tantos son necesarios. (Bob Drogin, "Biodefense Labs Make Bad Neighbors, Residents Say," Los Angeles Times, May 17, 2009)
Los residentes de clase trabajadora de Boston no son los únicos alarmados por el crecimiento explosivo de semejantes instalaciones.
Según un documento del presupuesto de 2008 de la Universidad de California, el Consejo de Regentes recomendó la asignación de 3.998.000 dólares para un proyecto para renovar y “actualizar” la actual instalación de laboratorio “para programas que requieren contención de Bioseguridad Nivel 3 (BSL-3)” en el campus Davis de la Universidad de California.
Mientras estudiantes y trabajadores se tambalean bajo draconianos recortes de presupuestos estatales, aumentos de costes fuera de control y despidos masivos, ¿por qué iba a desperdiciar el Estado de California casi 4 millones de dólares por una instalación semejante? “El espacio BSL-3 es necesario” nos informan, “para programas de investigación que utilizan organismos infecciosos y patogénicos.” Por cierto, “la instalación sería diseñada para acomodar estudios de investigación que involucran experimentación in-vitro utilizando anfitriones infectados aviares, roedores, artrópodos, y el desarrollo de marcadores genéticos para una amplia gama de agentes de enfermedades que requieren contención BSL-3.”
Pero como en la mayor parte de la investigación compleja, ilícita e ilegal del complejo bioarmamento-industrial de EE.UU., ésta es realizada con poca o ninguna supervisión.
El grupo defensor antinuclear de Bay Area, Tri-Valley CAREs (TVC), ha estado monitoreando y protestando contra la expansión del complejo de armas nucleares de EE.UU. durante décadas, concentrándose especialmente en el Lawrence Livermore National Laboratory (LLNL).
Como un omnipresente “socio público-privado” del Estado nacional de seguridad EE.UU., LLNL es una “corporación de responsabilidad limitada” compuesta de cinco socios: la Universidad de California, Bechtel, BWX Technologies, Washington Group International y Battelle – todos ellos importantes protagonistas en los mundos de la biotecnología, la construcción, defensa, energía, nuclear y seguridad.
Según TVC, el grupo obtuvo documentos del gobierno, como resultado de una demanda según la Ley de Libertad de la Información, que demuestran que LLNL había violado regulaciones federales y había realizado “experimentos limitados” que fueron descubiertos por una inspección de los Centros de Control de Enfermedades en agosto de 2005. CDC, el Departamento de Energía y LLNL, encubrieron el informe del inspector.
Experimentos limitados son experimentos que utilizan ADN recombinante, que involucran la transferencia deliberada de una característica resistencia a la droga para seleccionar agentes de los que no se sabe que adquieran esa característica de modo natural. Agentes selectos, que incluyen ántrax y plaga, son agentes biológicos y toxinas que tienen el potencial de plantear una severa amenaza para la salud y la seguridad pública.
Por los peligros involucrados en la transferencia de resistencia a las drogas a agentes seleccionados, los experimentos limitados requieren la aprobación del Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Livermore Lab no tenía esa aprobación, pero realizó en todo caso los experimentos. ("Livermore Lab Caught Conducting Illegal Restricted Bio-Experiments," Tri-Valley CAREs, Press Release, May 26, 2009)
Según el grupo defensor, los experimentos fueron realizados por el laboratorio al mismo tiempo que la liberación accidental de ántrax en agosto-septiembre de 2005. Cinco individuos fueron expuestos al patógeno letal y se impuso una multa de 450.000 dólares a la instalación. TVC señaló que “los detalles relevantes del accidente con ántrax de 2005 fueron ocultados al públicos en aquel entonces, tal como sucedió con los experimentos ilegales que salen a la luz actualmente.”
LLNL ha abierto una instalación BSL-3 y planifica experimentar con patógenos que pueden ser utilizados como armas ofensivas. Las actividades previstas incluyen “pulverización de patógenos como pueda ser plaga, tularemia y fiebre Q, aparte de ántrax. Además, documentos del gobierno revelan que los experimentos planificados en el BSL-3 incluyen modificación genética y una manipulación potencialmente novedosa de virus, priones y otros agentes.”
¿Y el socio cercano de LLNL, Battelle Memorial? Según una publicidad en su sitio en Internet, la información nacional de seguridad de la firma incluye lo que llaman eufemísticamente “desarrollo de vacunas y productos terapéuticos.” “Especialistas” de Battelle en su instalación de investigación de Maryland, (adyacente al complejo de bioarmas de USAMRIID en Ft. Detrick) “estudia microorganismos aerosolizados que podrían ser posiblemente utilizados en ataques terroristas.”
Por cierto, Ft, Detrick realiza actualmente la mayor expansión en su historia. Los periodistas investigativos Bob Coen y Eric Nadler revelaron en “Dead Silence: Fear and Terror on the Anthrax Trail” [Silencio total: Miedo y terror por la senda del ántrax] que el recientemente abierto “Centro Nacional de Análisis de Contramedidas… contiene cámaras fuertemente custodiadas y herméticamente selladas en las cuales científicos simularán ataques terroristas y utilizarán gérmenes letales y toxinas.”
Coen y Nadler afirman, "se trata, hay que recordar, de la instalación que los círculos oficiales afirman fue la fuente del único ataque significativo con gérmenes en suelo de EE.UU.” De modo bastante conveniente, “Battelle tiene el contrato por 250 millones de dólares para administrar la operación.”
Pero los periodistas desvelaron mucho, mucho más que insípidos pronunciamientos gubernamentales sobre “biodefensa.” Durante una entrevista con el erudito en derecho constitucional Francis Boyle, profesor de la Universidad de Illinois y reconocido experto en la Convención de Armas Biológicas, Boyle dijo a los investigadores que “el Pentágono está listo para librar la guerra del ántrax.”
"Vea Department of Defense's Chemical and Biological Defense Program Report to Congress, April 2007, página 22, Tabla 2-5. Information Systems Modernization Strategy, Mid FY09-13," Boyle told Coen and Nadler.
“Aquí tenéis un estudio” afirmó Boyle, que estima los “efectos humanos de un ataque mundial con 5.000 armas, para predecir las fatalidades y la discapacitación, tanto inicial como retardada y para acomodar los movimientos de la población, incluidas las evacuaciones de áreas o los refugios en el lugar. ¿Qué les parece?”
¡Suena como lo más normal del mundo!
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Tom Burghardt es colaborador frecuente de Global Research.
http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=14568
miércoles, 29 de julio de 2009
Pakistán y el mito de la «bomba islámica»

por Nicolas Ténèze
28 de julio de 2009
DesdeToulouse (France
Washington esgrime el riesgo de que la bomba atómica pakistaní pueda caer en manos de «terroristas islámicos» u otros «talibanes» para justificar su participación militar en Afganistán y Pakistán. Sin embargo, según el estudio de Nicolas Ténèze que presentamos, dicha amenaza es imaginaria: la bomba pakistaní se ha desarrollado con asistencia técnica de China y Estados Unidos. Más allá de las peripecias políticas, en la actualidad, Washington sigue conservando el control.
La Coalición, comprometida desde noviembre de 2001 en «el cementerio de los imperios», Afganistán tiene que enfrentarse a un agravamiento de la situación desde 2005, con bajas civiles y militares en constante aumento, una islamización rampante y las violencias de insurgentes de todo tipo: talibanes, señores de la guerra recalcitrantes, traficantes, separatistas étnicos o simples bandidos. La guerra se propaga hacia Pakistán (se habla de la guerra AfgPak), de la que en realidad forma parte. El país oscila entre una colaboración moderada, y a veces forzosa, con la Coalición y una voluntad de respetar a los talibanes para preservar el frágil equilibrio político interno. En los últimos meses, el avance de los «estudiantes» los aproxima a la capital, Islamabad.
Pakistán, Estado artificial de mayoría musulmana suní, fundado el 14 de agosto de 1947, sobre la base de una federación de regiones autónomas, teóricamente posee la bomba atómica más o menos desde 1987, pero al parecer no la probó por primera vez hasta el verano de 1998; actualmente se considera esa fecha como la del estatuto nuclear del país, que en la actualidad tendría entre 20 y 100 cabezas nucleares, los estudios son divergentes. Pakistán no ha firmado el Tratado de No Proliferación (TNP), ni el Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares (TICE), ni el Código de Conducta de La Haya sobre la Proliferación Balística. Además, varios informes concordantes de 1966 recuerdan la existencia de un programa biológico, centrado en el ántrax, a pesar de que la Convención sobre las Armas Químicas (CAC) y la de las Armas Bacteriológicas (CAB) fueron firmadas y ratificadas. Su presencia fue una consecuencia de su empleo por los soviéticos en Afganistán.
Zulfikar Ali Bhutto (1928-1979).
En la actualidad, los medios de comunicación mantienen el miedo de que ese arsenal caiga en manos de «terroristas», que entonces podrían utilizarlos o amenazar con hacerlo contra «Occidente», Israel, sus aliados, o contra el enemigo indio. Sin embargo, surgen muchas preguntas con respecto a la misteriosa «red Khan», a la que se acusa de estar en el origen de todos los males de la proliferación y de la «bomba islámica», según la expresión del presidente Zulfikar Ali Bhutto (1972-1977). Se puede dudar de que Pakistán realmente haya proseguido sus investigaciones a espaldas de las grandes potencias y que su arsenal escape efectivamente al control de éstas. Para saber de qué se trata, es necesario hacer una revisión histórica del programa nuclear pakistaní.
Un programa poco "secreto"
Una iniciativa china-occidental
El programa nuclear debutó en los años 70, oficialmente en reacción a la guerra contra la India de 1971 y a su ensayo atómico de 1974. En esa época, la India era un «país amigo» de la Unión Soviética mientras que Pakistán, aunque no alineado, «eligió» por reacción el campo estadounidense. También Islamabad se lanzó a un programa atómico competidor del de su vecino, con el beneplácito de Estados Unidos. La bomba estaba llamada a desempeñar un papel en la «contención» de la influencia soviética que, tras la invasión de Afganistán en 1979, amenazaba a Pakistán.
Washington y Pekín organizaron conjuntamente esa proliferación (especialmente después de la visita de Nixon a China, en febrero de 1972). Pekín, aunque reticente a entregar sus conocimientos, apoyó al «País de los puros» proporcionándole tecnología y misiles rudimentarios a través de la China National Nuclear Corporation. Desde los años 60, en efecto, la República Popular China se disoció del Gran Hermano soviético, con la excusa de divergencias ideológicas, para asumir su propia política exterior. Aunque sobre muchos puntos, chinos y occidentales, ceden. En esa perspectiva, Pekín e Islamabad se aliaron sobre la cuestión de Cachemira, de la que ambos países reclaman parte a la India… Así, las bombas indias, chinas y pakistaníes permitirían un equilibrio en la región.
El padre de la bomba pakistaní es el doctor Abdul Qadeer Khan. En la actualidad, los medios de comunicación occidentales le presentan como un peligroso científico loco. Es un ingeniero formado en 1976 en Almelo (Grupo Urenco), en los laboratorios de dinámica física FDO, en los Países Bajos, Bélgica y Alemania. El reactor de Kahuta, primer núcleo del programa, se construyó en 1979 con China y Francia, y se puso en servicio en 1984. Los medios de comunicación transmitieron la idea de que los planos de Almelo (que sirvieron para crear Kahuta) fueron robados por Khan, mientras que en realidad Urenco los entregó en secreto con la aprobación de Estados Unidos.
Desde la llegada de los soviéticos a Kabul, Estados Unidos delegó en China la transferencia de los planos de armas nucleares a Pakistán para proteger el país. Pero en 1983, el Washington Post denunció la negociación, y en 1985 lo hizo el senador Alan Cranston. Así pues, es probable que Pakistán, desde esa fecha, posea una bomba nuclear, pero no su propia bomba.
Con el fin de legitimar sus propios «proyectos» nucleares, Israel denunciaba el peligro pakistaní, alternándolo con los de Iraq y Libia, mientras que ambos países tejían, por aliados interpuestos (EEUU y Arabia Saudí), interesantes relaciones secretas. Entonces se instrumentalizó la noción de «bomba islámica», hecho que molestó a Pakistán porque la expresión mezcla dos conceptos, uno religioso y otro político estratégico, con una connotación peyorativa: Pakistán no sería un Estado de derecho, sino un nido de terroristas. Es entonces cuando apareció la idea de que los activistas podrían robar o simplemente utilizar esas bombas. Abdul Sattar, ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, recordó que en los años 70 Zulfikar Ali Bhutto señalaba que las bombas atómicas occidentales no eran «bombas cristianas» ni las israelíes «bombas judías».
A continuación, Pakistán adquirió la capacidad de enriquecer el uranio por ultracentrifugación en Dera Ghaza Khan. Arabia Saudí y Libia participaron en la financiación de esa etapa: Trípoli para su propio programa (al parecer sin el aval de EEUU), y Riad por orden de Estados Unidos. En cambio para China y Francia, los dos principales proveedores, eran divisas suplementarias. Washington presionó a París, en 1976, contra la venta de una instalación de tratamiento, sometida al control de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA). De hecho, Francia habría proporcionado la tecnología atómica bajo orden de Estados Unidos, pero tomando algunas iniciativas. En cualquier caso, Francia suspendió su contrato pero proporcionó una planta de extracción de plutonio.
Tras el golpe de Estado contra el presidente Bhutto en 1977, el general Zia ul Haq (1977-1988) recibió una ayuda de Washington más importante. Dicha ayuda pasó de 5 millones a 10, después a 35 millones y luego a 1.000 millones de dólares para esa most favored nation (nación más favorecida), una de sus «mejores aliadas fuera de la OTAN». En 1986, el país empezó a producir el UAE (Uranio Altamente Enriquecido).
A menudo se afirma que la entrega de misiles stinger a los rebeldes afganos impulsó la retirada soviética de Afganistán. Eso es exagerado. Aunque ese punto explica el estancamiento del Ejército Rojo, no justifica su retirada. Según el director adjunto de la CIA, Richard Kerr, por el hecho de que Pakistán obtuviese su primera arma nuclear en 1987, la URSS, para evitar una crisis mayor, decidió retirarse gradualmente de Afganistán. El 31 de diciembre de 1990, Pakistán compró a China un potente reactor nuclear de 300 megavatios del que algunos elementos procedían de Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania e Italia. Se habló de la compra de otros tres reactores y 5.000 imanes especiales.
En 1988, el presidente Ghulam Ishaq Khan y la Primera Ministra Benazir Bhutto tomaron las riendas de un país que se había vuelto inútil en una Guerra Fría que agonizaba. En el tumulto, en 1990, la subvención estadounidense de 574 millones de dólares anuales se interrumpió.
Pero el temor de que el arsenal pakistaní pasara de la defensa a la ofensiva y la filtración de tecnología hacia China y los «Estados canallas», pronto suscitaron la inquietud de Washington. El 6 de enero, el senador republicano Larry Pressler anunció que Pakistán poseía el arma y dio a entender que Islamabad cooperaba con Teherán a la vista de las estancias de Khan en ese país. De repente, George H. Bush denunció la «bomba islámica» que hasta entonces había evitado. Acusada de corrupción, Benazir Bhutto fue derrocada en beneficio de Nawaz Sharif, más próximo a los militares. El centro de investigación de Karachi se modernizó y el de Kahuta ya tenía capacidad para producir uranio enriquecido. La CIA denunció, pero dejaba hacer, encargando a varios servicios de investigación occidentales, entre ellos el BVD holandés (¡una prueba de la pista Almelo!), para que vigilaran que el programa no se volviera incontrolable y demasiado ambicioso.
En 1993, Washington favoreció el regreso de Benazir Bhutto al poder después de que ella aceptase apoyar a las fuerzas pastunes (talibanes) en Afganistán contra las fuerzas tadjiks (las del comandante Massud). Sin embargo, Bill Clinton presionó al presidente Faruq Leghari para que firmase el TNP, pero este último se negó.
En 1996, Benazir Bhutto fue destituida nuevamente por corrupción y sustituida por su eterno rival Nawaz Sharif. Parecía que éste había aceptado que Pakistán no produjese más materiales de uso nuclear.
1998: Los ensayos oficiales de una potencia presuntamente no nuclear
El doctor Samar Mobarik Mand, jefe del programa nuclear, efectuó sus primeros ensayos nucleares el 28 y 29 de mayo de 1998, como respuesta a los ensayos indios. Esas pruebas, cinco, eran de 30 a 40 kilotones, la del 30 de mayo de 15 a 18 kilotones. Las cargas eran escasas pero Mand pretendía que el país pudiera efectuar pruebas termonucleares. El Primer Ministro pakistaní triunfó: «Hemos igualado a la India (…). Pakistán se ha visto obligado a ejercer su opción nuclear debido a la militarización del programa nuclear indio» (…). Khan explicaba: «Las bombas testadas el 28 de mayo eran de fisión mejorada, es decir, las cargas utilizan el uranio 235, como en los ensayos indios. Una de las explosiones era una poderosa bomba de unos 30 ó 35 kilotones. Las otras cuatro cargas pakistaníes eran tácticas, de baja potencia».
Para los occidentales, el problema no eran los ensayos indios, sino los pakistaníes. Aunque después del golpe de Estado del general Musharraf en 1999, Pakistán era un régimen militar autoritario próximo a los islamistas radicales, en esa época la India estaba dirigida por los hindúes radicales del BJP
¿Cuál es la razón de esa parcialidad? En realidad, Islamabad buscaba arrebatar el liderazgo «islámico» disimulando sus relaciones occidentales, incluido Israel, sobre el que fabulaba pero no amenazaba. Así, el 27 de mayo, el ministro de Asuntos Exteriores Shamshad Ahmed informó a Estados Unidos de que los ensayos se debían al temor de un ataque aéreo nuclear… indio-israelí, procedente de la India, del tipo del bombardeo del reactor Osirak por Israel. El embajador de Pakistán en Egipto, Tayyab Siddiqui, señaló que Israel apoyaba claramente a la India a mejorar su disuasión nuclear.
El 1 de junio, el asesor mediático de Benjamín Netanyahu, Shay Bazaq repitió que Tel Aviv no tenía intención de atacar a Pakistán. Por su parte, el embajador indio en El Cairo afirmó falsamente que no existía cooperación militar entre la India e Israel.
Las preocupaciones israelíes sobre esta proliferación se relativizaron el 5 de junio por la declaración de un oficial pakistaní: «Pakistán ha llevado a cabo las pruebas nucleares únicamente para su defensa y no con la intención de transferir su tecnología a otros». Pakistán quiso incluir en el protocolo de negociación no sólo la prohibición de la futura producción de materias fisibles, sino además la instauración de un control internacional sobre las existencias, decisiones que afectaban en primer lugar a la India e Israel. Pero los Estados dotados del arma nuclear (EDAN) rechazaron la iniciativa.
Washington aseguró que esos rumores sólo eran pretextos que disimulaban las intenciones hostiles hacia Nueva Delhi, que se iba convirtiendo poco a poco en un aliado de Occidente a medida que éste rebajaba la colaboración con Pakistán.
Oficialmente, Israel no es aliado de Pakistán. Pero, sorprendentemente, Tel Aviv raramente ha denunciado al único país musulmán realmente nuclear, pertrechado de misiles competentes, salvo para justificar su propio programa en la materia. Pakistán casi nunca ha amenazado a Israel, pero le ha atacado en la OIEA. Sin embargo, sus madrasha (escuelas religiosas) nutren los circuitos «terroristas» y el doctor Khan colabora con los programas iraní y libio. El embajador israelí en Estados Unidos recibió la confirmación de que Islamabad no tenía intención de compartir su poder con Irán «u otros adversarios de Oriente Próximo». Sin embargo, Pakistán exportaba al menos su conocimiento balístico, acelerado por la visita del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Kamal Harrazi en mayo de 1998.
También Simon Peres consideraba que, al contrario, esa situación retrasa las negociaciones sobre la desnuclearización de Oriente Próximo (Middle East Nuclear Free Zone – MENFZ) ya que Pakistán es una clara amenaza para Israel: «Me sentiría más seguro si se destruyeran todas las armas nucleares, es la forma más segura para todo el mundo».
Pero sabemos que su diplomacia es de geometría variable. Sin embargo Pakistán, al contrario que Irán, Libia, Corea del Norte e Iraq, nunca ha amenazado a nadie con sus armas de destrucción masiva, excepto a la India, y no posee, salvo que se demuestro lo contrario, vectores capaces de llegar a Israel.
Pakistán y la India anunciaron finalmente su decisión de no divulgar su tecnología nuclear, ¡con la condición de que no los reconocieran como poseedores de la bomba! Esto se hizo cuando los cinco Estados dotados del arma nuclear (EDAN) declararon que «a pesar de sus ensayos nucleares, la India y Pakistán no tienen el estatuto de Estados dotados de armas nucleares», es decir, ironizaba Lorentz «¡Estados que poseen la bomba atómica pero no son potencias nucleares!».
Así, el Senado francés hizo un análisis de medias tintas: «En realidad, los ensayos nucleares indios y pakistaníes de 1988 hicieron oficial la ascensión de ambos países, que no forman parte del TNP, al rango de potencias nucleares (…) El hecho de que la India y Pakistán estén actualmente prácticamente reconocidas como potencias nucleares de hecho, refuerza la expresión de ese sentimiento de desigualdad».
La hipocresía, o al contrario, la honestidad occidental (si la teoría de los ensayos practicados por otros es la buena), se hizo efectiva cuando los miembros permanentes se pusieron de acuerdo en Ginebra: «A pesar de sus recientes ensayos nucleares, la India y Pakistán no tienen el estatuto de EDAN, según el TNP». En cualquier caso, en principio los ensayos indios y pakistaníes pagaron sanciones formales que se levantaron un año después ante la indiferencia general.
En 1999 y 2000, el general Pervez Musharraf tomó el poder convirtiéndose sucesivamente en Primer Ministro, presidente y jefe de los ejércitos, con el apoyo de Estados Unidos, con el fin de estabilizar el país contra el islamismo.
Para obligar a Libia a abandonar sus armas de destrucción masiva y dar la apariencia de la que comunidad internacional lucha contra la proliferación denominada clandestina, se arrestó a Khan en 2001. Estaba acusado vender secretos a Libia, Irán y Corea del Norte; después le liberaron… ¡A cambio de que se excusase públicamente! Estados Unidos presionó para que la investigación se terminase enseguida. El doctor, sólo condenado a confinamiento, precisó las condiciones en las cuales pudo adquirir en el extranjero ciertas tecnologías nucleares esenciales y llevar a cabo con éxito sus investigaciones, por un coste reducido de 20 a 30 millones de dólares anuales. Realmente Khan es la cabeza de la red de proliferación, pero únicamente la «cabeza visible» que enmascara la implicación de otros países. La implicación de las firmas BSA Tahim, Gulf Techinical Industries, SMB computer, SCOMI Precision Engenering, y de los intermediarios como John Meyer, es conocida. Por otra parte, el Senado francés lo explica ocultando la ayuda francesa:
«Eso no significa que el gobierno malasio tenga una responsabilidad en esta situación. Los Emiratos Árabes Unidos son una zona de paso importante y los países europeos están implicados en esas redes. En Alemania, Austria o España, se encuentran empresas que han contribuido a esa red pakistaní convertida en mundial, con corresponsales por todas partes, a veces empresas de buena fe que han entregado, con certificados de utilización final en regla, los componentes que se han desviado después hacia terceros países».
La OIEA subraya que la cadena de aprovisionamiento usa falsos certificados de utilización de forma que en algunos casos, el suministrador de origen puede ignorar el auténtico uso final de los equipamientos y materiales. ¿Es una forma de ocultar a los medios los bajos fondos reales de la proliferación?
El reactor de Kushab, que se puso en marcha en marzo de 2000, podría producir suficiente plutonio para fabricar 4 ó 5 armas nucleares al año, con una capacidad de 1.000 megavatios térmicos (MWth).
A finales de 2001, Condoleezza Rice saludó a ese país como «nuestro importante aliado en la guerra contra el terrorismo». Y «curiosamente», a partir de esa fecha, la «bomba islámica» ya no es objeto de discordia. Pero con la intensificación de la lucha en Afganistán y la mala voluntad de Islamabad, el asunto se vuelve a recordar… A partir de imágenes de satélite del 19 de mayo de 2009, el ISI señaló que Pakistán había aumentado las capacidades de dos sitios estratégicos, entre ellos el de Dera Ghazi Khan, así como el número de las cabezas nucleares.
Una potencia vectorial con fuerte dependencia extranjera
Pakistán se fijó como un reto producir sus propios misiles, a pesar de sus modestas capacidades industriales; Estados Unidos en principio se negó a suministrar los cazabombarderos F16 y los misiles de largo alcance y alta tecnología para evitar la proliferación y una escalada. Pero en febrero de 2003, Estados Unidos aceptó la venta de los F16. Mientra tanto, la francesa Dassault, por cuenta de Washington, vendió los Mirage III de potencial atómico. Francia (DCNS) y Alemania (HDW) se disputaban el mercado para la venta de submarinos. Francia ya había vendido los Agosta 90B, que contenían los derivados de M-11 (Tarmuk) y de Tomawack (Babur).
La National Developement Complex de Mund y la PAEC estudiaban los misiles a carburante sólido mientras que los propulsados por carburantes líquidos incumbían a la KRL.
Sobre todo eran los sistemas de orientación, navegación, control de impulso y escudos térmicos los que planteaban problemas. Es porque, en realidad desde los años 70, Islamabad alberga balísticas chinas y norcoreanas. En enero de 1989, tuvo lugar una serie de ensayos de Hatf 1 y 2, con capacidades bastante modestas, que en los años 80 se destinaban a golpear objetivos soviéticos en Afganistán y después en la India. Los científicos trataban de aumentar los alcances, pero China y Estados Unidos no podían, por razones diplomáticas, vender misiles de largo alcance. A partir de 1991, se entregó a Pakistán una cantidad indeterminada de M-9 y M-11 los cuales, una vez modificados, dan lugar a dispositivos que alcanzan 700 kilómetros. Sin embargo hubo que esperar hasta el 15 de abril de 1999 para que tuviera lugar el primer ensayo del Sahaheen-1. En 1999, China vendió al menos 30 misiles M-11 en piezas sueltas, de un alcance de 300 kilómetros. Parece que se montaron en serie desde 1997, para una cabeza atómica de 500 kg., que se probó por primera vez en 1998.
Sin embargo, China cedió a las presiones occidentales, en particular estadounidenses e israelíes, preocupadas por tales ejercicios. Islamabad se volvió hacia Corea del Norte, que subcontrató el negocio por cuenta de China con el fin de evitarle problemas diplomáticos. La transferencia está relacionada con la tecnología No-dong y Taepo-dong, de mayor alcance, pero de precisión nula.
El 6 de abril de 1998 tuvo lugar el primer ensayo exitoso del Ghauri-1, con un alcance de 1.100 kilómetros. Se proclamó falsamente como nacional, mientras que plagiaba el No-Dong-1. Le siguió el Ghauri-2 (Hatf-6) testado con éxito el 14 de abril, tres días después del ensayo del Agni-2 indio. Aunque la capacidad de carga no había evolucionado, en cambio el alcance máximo se elevaba a 2.500 kilómetros, lo que permitiría amenazar a más del 50% del territorio de la India. Un Sahaheen se probó con éxito el 15 de abril de 1999.
En 25 de junio de 1999, las autoridades indias arrestaron a un cargo norcoreano que hacía la ruta hacia Pakistán transportando los planos y manuales de instrucciones, así como elementos de misiles. En mayo, Anwarul Haq, responsable de los Ghauri en Kahuta, prometió una tercera versión con un alcance de 3.000 kilómetros.
En 2003, Estados Unidos impuso sanciones a una compañía norcoreana (Changgwang Sinyong Corp) que exportaba misiles a Pakistán e Irán. Los misiles de largo alcance con propulsor líquido (laboratorios Khan) y con propulsor sólido (laboratorios Samar Mubarak Mand), desembocaron en el misil de alcance medio (2.400 kilómetros) Shaheen-2, desvelado en marzo de 2000. Para defender a un país transformado en aliado, el Pentágono aseguró, en enero de 2001, que sólo se trataba de un prototipo, como el Ghaznavi, de un alcance de 2.000 kilómetros.
Comenzó el estudio de un misil de un alcance similar lanzado por un submarino. En marzo de 2006, Pakistán efectuó, con éxito, un segundo disparo de prueba de un misil de crucero de tipo Hatf-7 Babur, capaz de transportar una carga nuclear a 500 kilómetros. El presidente Pervez Musharraf estalló en un discurso ditirámbico que ocultaba las ayudas externas. «La nación se enorgullece de sus investigadores y de sus ingenieros, que han demostrado una vez más su capacidad para dominar tecnologías excepcionales con facilidad y profesionalidad (…). El programa estratégico, que simboliza la determinación del país de garantizar su seguridad, proseguirá, se hará más poderoso y su piedra angular será la constitución de un umbral mínimo de disuasión creíble». El ministerio de Asuntos Exteriores pakistaníes no informó a Nueva Delhi «porque nuestro acuerdo va únicamente sobre los ensayos de misiles balísticos. Hemos propuesto a la India incluir los misiles de crucero, pero lo ha rechazado».
El 19 de abril de 2008, el país disparó los Shaheen-2, aunque hasta ahora no existe ninguna prueba de un eventual apoyo de Pekín.
Pervez Musharraf
Una potencia que no es propietaria de su disuasion
¿Un arsenal bajo llave y bajo vigilancia?
Si China y Estados Unidos han permitido a ese país pobre obtener la bomba, se plantea una cuestión legítima: ¿Pakistán es propietario de su bomba o está bajo llave estadounidense o china?
En primer lugar, ¿las bombas de 1998 eran de los mini-nukes chinos? Islamabad prueba, quizás, las bombas iraníes o chinas, Pekín (aliado de Irán) cumple una moratoria desde agosto de 1996. La periodista Dominique Lorentz desarrolla esta teoría en su obra, prologada por Jacques Attali y Alexandre Adler, en la que considera que los ensayos se realizaron por cuenta de Irán o China: «Ellos necesitan llevar a cabo una última campaña de disparos antes de evaluar únicamente los simulacros».
Durante la guerra del Kargil, de mayo a julio de 1999, Islamabad fantaseaba con emplear el arma nuclear tras la contraofensiva india en Cachemira, según una conversación entre Bill Clinton y Nawaz Sharif, en julio. El proyecto fue destacado por la prensa. Pero más bien se trataba de presionar para que Washington interviniera. Sin embargo, Attali nos enseña que, curiosamente, «esos dos países han establecido un acuerdo mutuo de no agresión de sus instalaciones nucleares». Ya que Estados Unidos y China llaman a la contención, eso indicaría que la bomba no es pakistaní.
La idea de una bomba estrictamente nacional choca con la opinión de los especialistas de investigación que tienen, por definición, un poco más de credibilidad que los expertos, para pasar del análisis a la fuente. El dispositivo estaría claramente bajo vigilancia estadounidense.
Así, según Éric Denece, especialista reconocido, si se temiera una confiscación por parte de los terroristas o un chantaje de un Estado incontrolable, la Junta Especial de Operaciones Comando estadounidense y el Sayeret Matkal israelí, estarían preparados para evacuar las bombas nucleares pakistaníes en caso de necesitad.
El periodista Rashid Zujbair también considera que: «Los estadounidenses quieren desestabilizar el país. Pakistán debe considerarse un Estado fallido, con el fin de poder requisar de nuevo su arsenal nuclear. El ejército estadounidense ya dispone de una unidad especial para esta tarea (…) En cuanto a las bombas atómicas, no son petardos de feria que se puedan llevar en el bolsillo (…) 80 ojivas nucleares necesitan 70.000 personas, entre ellas algunos miles de científicos».
Hasta el año 2000 no se creó una autoridad nacional de mando para gestionar el arsenal. Por otra parte, a finales de 2001, Estados Unidos financió por importe de 100 millones de dólares el sistema de seguridad de las instalaciones e incluso propuso hacerse cargo de los propios códigos de disparos. En realidad, las bombas ni siquiera estarían montadas, los elementos están dispersos precisamente para evitar un empleo accidental y abusivo.
Incluso en caso de robo, habría que pasar además el sistema de permiso «Action Link». Por regla general, sólo tres personas por Estado nuclear poseen las claves y el código, como es el caso, por ejemplo de Israel. Incluso existen «códigos informáticos programados para destruir los componentes estratégicos del arma en caso de intrusión no autorizada».
Por su parte, el resumen de las agencias de investigación presentado al Senado de Estados Unidos en febrero de 2008, menciona que:
«Aunque Nueva Delhi e Islamabad tienen en servicio una grande y madura estrategia nuclear, no parece que estén comprometidas en una carrera armamentista de tipo numérico como durante la Guerra Fría. Consideramos que la incertidumbre política que existe en Pakistán no amenaza seriamente el control militar de las capacidades nucleares, aunque la vulnerabilidad existe. El ejército pakistaní supervisa el programa nuclear y consideramos que sus responsabilidades, incluida la seguridad física del arsenal atómico, no se han resentido por la crisis».
Así, si las palabras tienen un sentido, el término «supervisar» significa que el ejército pakistaní vigila una disuasión de la cual no es propietaria. Todo lleva a pensar que la «bomba islámica» sólo es un nombre.
Esta tesis está confirmada por numerosas declaraciones oficiales, tanto estadounidenses como pakistaníes, e incluso indias.
Así, el Primer Ministro de Pakistán, Raza Gilani confirmó que: «la defensa de Pakistán está en buenas manos. Y nuestro programa de armas nucleares está seguro». El almirante Mike Mullen, jefe de la junta de jefes de estado mayor de Estados Unidos, también declaró que «el arsenal nuclear de Pakistán está seguro», aunque los talibanes están en el distrito de Buner, donde está ubicada una planta de enriquecimiento. Por otra parte, este aspecto es muy plausible según otro especialista (un experto del Mossad muy conocido, aunque controvertido), que señala que «en efecto, Benazir Bhutto confesó que ¡Ni siquiera ella estaba autorizada a entrar en los laboratorios de su propio país!».
Tel Aviv afirma que la posición de los centros pakistaníes ya está integrada en sus programas informáticos, ¡entregada por el propio Pakistán a la CIA! En junio de 2009, Mustafá Abu Al-Yazid, un «responsable de Al Qaeda en Afganistán», tuvo este lapsus en Al-Jazeera: «Con la ayuda de dios, las armas atómicas no caerán en manos de los estadounidenses y los muyahidines, se tomarán para utilizarlas contra los estadounidenses».
Parece que el país no ha repetido los ensayos de 1998, lo que confirma esta tesis.
Un programa conocido y encuadrado
En segundo lugar, ya lo dijimos, la red Khan no puede ser totalmente secreta, debido a sus ramificaciones occidentales y asiáticas (China, Malasia, Dubai, Tailandia, Irán Libia, Corea del Norte, EEUU, Países Bajos, Alemania, Francia, España, Austria, Emiratos Árabes Unidos, Sudáfrica).
En 2009, los principales proveedores de armas de Pakistán estuvieron en Suiza, Dinamarca, Alemania, EEUU, Francia y Arabia Saudí. Como reconoció el Senado francés: «Es muy probable que al menos una parte de sus actividades (de Khan) no sea conocida por las autoridades estatales» de los países proliferantes.
El especialista Bruno Tertrais mantiene esta teoría:
«No se puede decir que Khan actúe solo, pero tampoco se puede decir que en los más altos niveles del Estado hayan estado siempre al corriente de los movimientos de este hombre. Ciertamente se ha beneficiado de complicidades gubernamentales (sobre todo militares), pero eso no quiere decir que el Estado pakistaní, como tal, sea directamente responsable de ese tráfico (…). En términos de riesgos de utilización del arma nuclear, Pakistán es el más peligroso (…) Sin duda Pakistán será inducido a “lanzar el primero” el arma nuclear».
Así, resulta difícil de creer, como indica el New York Times, que «La administración del presidente Obama se pregunta sobre la capacidad de los militantes para conseguir un arma durante un transporte o de infiltrar a los simpatizantes en los laboratorios o instalaciones de enriquecimiento de combustible nuclear. Washington no sabe exactamente dónde están situados todos los centros nucleares pakistaníes y la preocupación ha crecido durante las dos últimas semanas tras la entrada de los combatientes talibanes en Burner».
Sin embargo, si la CIA puede elaborar informes muy precisos sobre los arsenales iraníes y norcoreanos (Estados aislados y opacos), ¿por qué no puede tenerlos sobre el arsenal de su aliado pakistaní? Existen satélites apropiados para vigilar los sitios nucleares de todo el mundo. En 1955, el tratado «Open Sky», entre Estados Unidos y sus socios, autorizaba el sobrevuelo de los territorios respectivos a cambio de la venta de tecnologías sensibles.
Por otra parte, unas semanas después, el mismo periódico informaba finalmente de que el Congreso estadounidense temía que la ayuda anual no financia un programa que «crece rápidamente», de 80 a 100 cabezas. El Congreso está tan preocupado… que vota la ayuda de 3.000 millones anuales, a pesar de la aseveración del jefe de la junta de jefes de estado mayor, el almirante Mike Mullen, de que los fondos tendrían muchas posibilidades de financiar la disuasión del país.
En sus informes, en todo caso, la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), aparece perfectamente informada. En el año 2000, el arsenal no parece plantear problemas. El organismo estipula que el programa nuclear pakistaní garantiza un 1,7% de sus necesidades de electricidad.
En 2001, la OIEA incluso firma con Pakistán «contratos de investigación y desarrollo y programas de ensayo». En un anexo de su informa anual, la OIEA clasifica los acuerdos que enmarcan los programas nucleares de cada Estado, entre ellos el de Pakistán, bajo el título: «Situación relativa a los acuerdos de garantías y de protocolos adicionales». Se puede leer y dice así:
Fecha
Nº de acuerdos
Vigentes el 5 de marzo de 1962
34
Vigentes el 17 de junio de 1968
116
Vigentes el 17 de octubre de 1969
135
Vigentes el 18 de marzo de 1976
239
Vigentes el 2 de marzo de 1977
248
Vigentes el 10 de septiembre de 1991
393
Vigentes el 24 de febrero de 1993
418
En el informe 2005, todavía se lee: «A la vista de sus resultados, Pakistán ha adoptado un programa de desarrollo a largo plazo previendo la construcción de centrales nucleares de 8.800 MW (T) durante los próximos 25 años».
Los reactores se mencionan claramente en un documento anexo denominado Cuadro A5. Instalaciones bajo garantía de la OIEA o que contienen materiales bajo garantía, a 31 de diciembre de 2005: «KANUPP (tramo 1), Karachi y Chasnupp-1 (tramo 1), Kundian. Reactores de investigación y montajes críticos: PARR-1 [1], Rawalpindi, PARR-2 [1] Rawalpindi. Instalaciones de almacenaje independientes: Depósito de Hawks Bay Karachi».
Ciertamente, no todas las instalaciones están sometidas a la OIEA (como en la India e Israel). Pero es curioso que la OIEA, cuyo presupuesto es inferior al 1% del conjunto de la inteligencia estadounidense, sea la mejor informada…
Conclusión
Desde los atentados del 11-S, Pakistán y Estados Unidos, con relaciones tibias desde el fin de la Guerra Fría, se reconciliaron. Su deuda de 1.700 millones se aplazó sine die. Washington concedió una ayuda de 3.000 millones de dólares para 2004-2009 en el marco de la lucha contra el terrorismo.
La ayuda total al ejército pakistaní ascenderá a 7.000 millones de dólares entre 2008 y 2012.
En 2008, de los 21.000 millones de ayudas internacionales a Kabul, un tercio se esfumó entre los donantes y los receptores, de los cuales algunos son pakistaníes. En Afganistán, 242.000 armas se han «perdido» por la coalición, el ejército y la policía afgana, pero sobre todo por el ejército estadounidense, según el Governement Accontability Office (GAO).
En este momento, la guerra cuesta 100 millones de dólares diarios. Esta cifra se explica por las deserciones en el ejército y la policía afganas, cuyos soldados se pasan con armas y equipos al enemigo, e informan sobre las tácticas aliadas. Hay que decir que gracias a los tráficos de todo tipo, los rebeldes pagan mucho mejor que los aliados.
Suponemos que en el desarrollo de las ayudas, Islamabad ha prometido un vasallaje atómico. Está prevista la creación de un gasoducto que unirá Uzbekistán con el océano Índico a través del puerto de Gwadar. La visita de Georges W. Bush el 22 de septiembre de 2006 dio continuidad a la asociación contra el terrorismo, renovada bajo Obama con un efecto inmediato: la contraofensiva pakistaní.
Los talibanes, originariamente entrenados y armados por el ISI, acaban de obtener concesiones legislativas en las zonas tribales y lo único que quieren es una autonomía local y en absoluto la bomba. Eso corrobora la opinión de la investigadora asociada al CERI-Sciences Po, Mariam Abu Zahab. Cuando le preguntaron «En caso de que ganen en Pakistán, ¿cuál es el programa de los talibanes?», ella respondió «La cuestión ni siquiera se plantea, porque los talibanes pakistaníes son un movimiento periférico, al margen de la sociedad y el Estado».
A principios de 2009, Islamabad llegó a un acuerdo con los talibanes de la región de Swat, restituyó al antiguo reinado su autonomía legislativa y se comprometió a no llevar a cabo acciones militares. Pakistán elaboró un doble juego. Oficiosamente, la «bomba islámica» disuadirá a Rusia y China (actualmente, el país se disputa entre Washington y Pekín) en un futuro conflicto. Pero la India, convertida en aliada de Washington e Israel, podría cumplir ese papel. Entonces, China podría ampliar el acercamiento nuclear con Pakistán. En la actualidad, Islamabad hace que crezcan las apuestas entre China y EEUU…
El programa disuasorio pakistaní, deseado por Occidente y China, parece que está controlado y no puede ser utilizado por los terroristas, porque necesitarían saber dónde se encuentran las armas y conocer los códigos y sus funcionamientos. Incluso la posibilidad de una «bomba sucia» exige un mínimo de conocimientos, infraestructura y equipamiento que los talibanes no poseen.
Por otra parte, ¿quién se opone al programa nuclear pakistaní como se hace con Irán y Corea del Norte? Esto demuestra que Pakistán no es en absoluto la amenaza nuclear islamista que Bernard Henri-Lévy quiere hacernos creer en su obra Qui a tué Daniel Pearl. No existe realmente ese peligro, ya que Estados Unidos viola con frecuencia la frontera pakistaní de Afganistán para golpear a los talibanes, sin miedo a represalias atómicas. ¿Qué pasaría si lo hiciera la India (salvo en Cachemira)? Tanto es así, que algunos think tank ya no creen oportuno hablar de la amenaza de la "bomba islámica", ni considerar que el país es una potencia nuclear independiente, como ocurre con la disuasión británica, que depende de la voluntad estadounidense.
Nicolas Ténèze
Doctorado en Historia por el Instituto de Estudios Políticos de Toulouse en abril de 2009. Su tesis, financiada en parte por el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IHEDN) trata de la disuasión, convencional y no convencional, israelí."
Traducido por Caty R.
