
La lucha de Ariadna en favor de los palestinos
Eugenio García Gascón
Público
11-02-2010
Ariadna Jové tiene dos materias pendientes para terminar la carrera de Geología, pero ahora mismo eso no le preocupa especialmente. Desde agosto de 2009 está metida en cuerpo y alma en los territorios palestinos, actuando en el marco del Movimiento Internacional de Solidaridad (ISM), sin duda la ONG que más disgusta a Israel.
En una ocasión, durante un interrogatorio, los servicios secretos israelíes para el interior, el Shin Bet, le mostraron su abultado dossier, que contiene numerosas fotografías y documentos que los agentes han recogido desde que Ariadna, de 25 años, participa en las actividades del ISM.
El pasado lunes, el Tribunal Supremo de Israel desautorizó su deportación inmediata, aunque los magistrados tendrán que decidir pronto qué hacen con ella: si le permiten regresar a Ramala, en Cisjordania, donde fue detenida, o si la obligan a tomar un avión con destino a España.
"La primera vez que vine a Palestina fue en septiembre de 2008. Ni siquiera sabía que existía el ISM. Enseguida conocí a algunos activistas en Cisjordania, me gustó lo que hacían y pronto me involucré con ellos", recuerda Ariadna.
Fundado en el 2001, el ISM no es una ONG ordinaria. Aparte de repudiar frontalmente la violencia, sus miembros no inician ninguna actividad propia, sino que apoyan las que emprende la población local. En la actualidad, hay una decena de miembros internacionales del ISM en Cisjordania, aunque en verano su número puede llegar a la treintena. Todos se costean sus gastos sin recibir donaciones de ningún Estado, aunque sí que perciben un pequeño apoyo económico de delegaciones del ISM en Europa, principalmente de Suecia, que únicamente recogen donaciones de particulares, y no de asociaciones o gobiernos.
Apoyo a grupos locales
"El ISM es un movimiento pacífico que realiza acciones directas contra la ocupación, apoyando y acompañando a todos los movimientos de resistencia pacífica que surgen entre los palestinos, trabajando estrechamente en colaboración con los comités de resistencia locales", explica la joven catalana.
La fianza de 600 euros que le fijó el Supremo a Jové la ha depositado un grupo de israelíes miembros de la organización pacifista Anarquistas Contra el Muro, aunque la Casa Palestina de Barcelona se ha ofrecido para costearla.
El juicio a Jové y a su compañera Bridgette Chappel obligará al Supremo a dictaminar si el ejército y la policía israelíes actúan legítimamente cuando operan en los territorios palestinos y, en concreto, en el Área A de Cisjordania, donde Jové fue arrestada y que los Acuerdos de Paz de Oslo pusieron bajo control de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
Ariadna no piensa abandonar la lucha por ahora. Su intención es volver a Ramala cuanto antes, si el Supremo se lo permite, y seguir colaborando con el ISM indefinidamente, "al menos mientras me lo permitan mis ahorros", precisa. Cuando se le acabe el dinero, volverá a Barcelona y buscará un empleo.
"Israel lleva a cabo una campaña muy agresiva contra la resistencia popular", explica Ariadna. "Durante los últimos meses he estado en Niilin, un pueblo que ha sufrido mucho por la represión de las manifestaciones. En las últimas tres semanas, Israel ha arrestado, o secuestrado, a 23 jóvenes de Niilin. Desde que comenzaron las manifestaciones, en mayo de 2008, los soldados han arrestado a 113 jóvenes".
Con el visado de Israel expirado, Ariadna se mueve por Cisjordania con el máximo cuidado, evitando los controles militares. "Creo que si los israelíes se meten más con nosotros que con otras ONG es porque hacemos bien nuestro trabajo. Estamos siempre al pie del cañón, presentes en las manifestaciones, y eso no les gusta. Los soldados no tienen derecho a disparar munición real pero lo hacen. En Niilin ya han muerto cinco personas".
"Siempre llevamos con nosotros una cámara para filmar las actuaciones de los soldados y de los colonos. Cuando los soldados entran por la noche en los pueblos, nos encuentran en las calles, grabando cómo entran en las casas, cómo destrozan el mobiliario, cómo roban el aceite de oliva o cómo se llevan a los jóvenes en pijama. Es un contacto directo y a veces somos los únicos testigos que ven y escuchan todo eso".
Fuente: http://www.publico.es/internacional/293140/lucha/ariadna/favor/palestinos
jueves, 11 de febrero de 2010
El grupo de la española Jové denuncia los abusos israelíes
jueves, 28 de enero de 2010
Bir al-Idd, el retorno a la tierra

28-01-2010
Ariadna Jove Martí
Rebelión
Ropa secándose al viento, el ganado busca el verde que crece entre las piedras después de las primeras y escasas lluvias del invierno, el burro descansa antes de empezar a trabajar cargando piedras de un lugar a otro para limpiar y habilitar esta parte del vertiente de la montaña. Las niñas corren y juegan al aire libre, sus madres reparan y ordenan las cuevas y las tiendas que la Cruz Roja Internacional y las Naciones Unidas les han dado.
Abu Naser, Abu Ali y el Hajj Issa reposan fuera de la cueva, observando el magnífico paisaje que nos rodea. Sentados en la última montaña que nos separa de las inmensidades del desierto del Nakab, el sonido de disparos y explosiones me estallan en los oídos.
Marrones, ocres, amarillos, montañas escarpadas y rocosas, las luces y las construcciones de la ciudad israelí de Aarat en la lejanía, la línea verde marcada unos kilómetros al sur como una pincelada que dibuja una carretera, al este, la depresión del Mar Muerto, detrás, la cordillera Jordana. Todo lo que observamos hasta el horizonte es el desierto del Nakab.
Unos extraños círculos y rectángulos de un verde intenso me sorprenden, le pregunto a Abu Naser, “verdura, hortalizas, árboles frutales, naranjas y limones” me responde, me recuerda a alguna fotografía que vi hace años, en algún libro de la escuela, el moderno sistema de riego gota a gota, inmensas extensiones de cultivos en el desierto, “Israel” añade él. Sabrina y Um Naser nos sirven un te muy dulce y seguimos observando el paisaje.
El 8 de noviembre de 2009, nueve familias palestinas retornaron a la tierra de Khirbet Bir al-Idd, en las montañas del sur de Al-Jalil1, en la llamada Zona C del West Bank.
La historia de Bir al-Idd es increíble, los romanos ya se interesaron e instalaron en la zona gracias a una fuente que abastecía de agua a toda la región.
En 1948, el plan sistemático de limpieza étnica de Israel que destruyó más de 800 aldeas de la Palestina histórica también afecto el área de Bir al-Idd. Garatin, el pueblo más grande de la zona fue demolido el 1948 y sus habitantes se refugiaron en Jinba, Bir al-Idd y otros pueblos de los alrededores.
En 1954, terroristas de la Hagana (que posteriormente formaron el ejército de Israel, conjuntamente con los también grupos terroristas del Stern e Irgun) invadieron Jinba, asesinaron a cuatro hombres del pueblo, entre ellos el padre de Abu Naser y su familia fue forzada a refugiarse en el pueblo de Yatta. El padre de una de las cuatro esposas de Abu Ali, fue asesinado el mismo día en Jinba y su familia se refugió en Dar Airat.
Se conservan las ruinas de un pozo romano y el recuerdo nostálgico del acueducto que transportaba el agua a la piscina de Jinba, al pie de la montaña, hasta que en 1985 las 40 casas, tres comercios, una mezquita, la magnífica piscina romana y el mismo acueducto, fueron demolidos completamente por el Estado de Israel, alegando que se trataba de una zona cerrada de entrenamiento militar.
Los habitantes se refugiaron de nuevo, muchos de ellos por segunda vez en las poblaciones cercanas como Bir al-Idd, cada vez obligados a desplazarse más al norte. En noviembre de 1999, el ejército de Israel desalojó y destruyó las tiendas y las cuevas que formaban el pueblo de Bir al-Idd y las 15 familias que habitaban en él, fueron forzadas a marcharse.
Volvieron en enero de 2000 ya que se niegan a abandonar la tierra que legalmente les pertenece, conservan extensos documentos del Imperio Otomano y del Mandato Británico que demuestran que tienen su propiedad. Pero pasados unos meses, el ejército y las constantes agresiones de los colonos (matando el ganado, quemando sus pequeños cultivos e incendiando las tienda y las cuevas, atacándolos con perros, bloqueando las carreteras y los puntos de acceso a los caminos que conectaban las pequeñas poblaciones, contaminando los pozos de agua...) que ocuparon la zona en los años 80 les expulsa de nuevo. Todos ellos vuelven a refugiarse en los pueblos cercanos de Yatta, Tuwani, Dar Airat, Karmil i Ma’hin.
Después de una larga lucha legal, entre abogados y juicios, en enero de 2009 la Corte Superior de Justicia de Israel declara que los habitantes de Bir al-Idd podrán repoblar la zona en julio del 2009 aunque tendrán prohibido levantar casas u otras construcciones, habilitar un sistema de canalización de agua o tener acceso a electricidad.
El Hajj Issa explica como estas condiciones les impedirán tener un medio de subsistencia y desarrollo moderno, les impedirá cubrir las necesidades básicas de agua, saneamiento, electricidad y vivienda. A pesar de todo, el 8 de noviembre de 2009, diez años después de ser expulsados, tienen derecho y deciden volver, repoblando las cuevas y levantando precarias tiendas de plástico, adoptando la vida rural y seminómada que tenían sus padres.
En diferentes puntos del West Bank, similares poblaciones seminómadas fueron forzadas a desplazarse y refugiarse en 1967 cuando el estado de Israel, después de la guerra de los Seis Días, ocupó estas zonas. Toda esta área forma parte de la llamada Zona C. En 1993, los acuerdos de Oslo dieron lugar a la fragmentación del West Bank en áreas A, B y C. La Zona A, pasó a estar bajo control de la Autoridad Palestina, es el caso de Ramallah, Nablus, Tulkarem y otras ciudades Palestinas, aunque sólo el 17% de la superficie total del West Bank fue definida como tal y las incursiones del ejército israelí son habituales.
La zona B, con un 23% del territorio, pasó a tener control compartido, la Autoridad Palestina tiene el control civil e Israel el control administrativo.
La zona C, que ocupa el 60% del total del West Bank pasó a estar bajo control absoluto de Israel continuando así, el proceso de limpieza étnica y anexión de territorio perpetuado por el estado sionista.
Desde que los habitantes de Bir al-Idd decidieron retornar a su tierra, activistas internacionales de ISM (International Solidarity Mouvement) y Ta’ayush les acompañan y viven entre ellos. Abu Naser pregunta cómo funciona la cámara de vídeo que B’tselem les ha dado para que graven los ataques de los colonos. Sus manos fuertes y curtidas juegan con los botones y hacemos pruebas, el Hajj Issa grava el desierto y a nuestros pies las tiendas desordenadas que ahora forman el antiguo pueblo de Jinba.
Una organización española ha financiado los cuatro tanques de agua de los que se abastecen y Ta’ayush ha instalado una placa solar para recargar los móviles y la batería de las cámaras de vídeo. Abu Naser saca cada día con los primeros rayos de luz a pasturar las ovejas, lleva la cámara de vídeo colgada en el cuello, y activistas le acompañan. En los 50 días que hace que están aquí han sido atacados por los colonos que nos rodean, por el sur el asentamiento Lucifer i Magen David (también llamado Mitzpeh Yair) al norte, intentando impedir que vuelvan a repoblar la zona. Estas agresiones han dado lugar a enfrentamientos con los soldados que en diferentes puntos les controlan.
El Hajj Issa remarca que no tiene miedo, “duermo tranquilo dentro de la cueva, es mi tierra, mira los colonos”, dice, “ vallas y servicios privados de seguridad rodean y patrullan los asentamientos continuamente y siguen teniendo miedo, yo tengo el alma limpia, es mi tierra, ellos son los ocupantes, los sionistas colonizadores de Israel, los ladrones, los asesinos”.
El 4 de enero de 2010, la administración israelí de Al-Jalil y su ejército llegaron a Bir al-Idd con documentos que declaraban todas las tiendas de Bir al-Idd ilegales, y que estas tienen que ser desmontadas, o en caso contrario los bulldozers del ejército las demolerán. La población tiene que limitarse a vivir en las cuevas que fueron destruidas el año 2000 por el mismo ejército. Esta nueva sentencia es llevada a juicio por las familias de Bir al-Idd. El juez ha pospuesto el caso. La lucha legal no ha terminado y el estado de Israel intentará, mediante todos los mecanismos posibles, expulsar de nuevo la población de Bir al-Idd.
Antes de levantarnos para seguir trabajando y después de tres vasos de te azucarado, Abu Naser me mira y me remarca, “si no fuera por vosotros, no estaríamos repoblando de nuevo nuestra tierra. Quiero morir en mi tierra, ahora ya no me obligarán a marchar”.
sábado, 16 de enero de 2010
Israel y el sistema de carreteras del apartheid
16-01-2010
Ariadna Jove Martí
Rebelión
El sistema de carreteras que el Estado sionista de Israel ha llevado a cabo y está implantando en el West Bank [1] para uso exclusivo de los ciudadanos israelís e internacionales se ha convertido en una medida más de colonización y apartheid que impide la libertad de movimiento de la población palestina restringiendo y dificultando el acceso a los servicios y bienes básicos al que cualquier ser humano tiene derecho.
La planificación y la implementación de esta gran infraestructura se inician en 1967 después de la Guerra de los Seis Días cuando el territorio palestino del West Bank es ocupado e Israel pasa a tener su control. Con los años este sistema de carreteras se expandió para unir los asentamientos ilegales dentro del West Bank, entre ellos y con Israel. Este plan sistemático siguió expandiéndose enormemente durante el proceso de paz de Oslo (1993-2000) cuando mucha más tierra fue confiscada para construir nuevas autovías y carreteras para los colonos inmigrantes, infringiendo el Acuerdo, que recogía la no construcción de nuevos asentamientos por parte de Israel.
Cada carretera israelí dentro de los territorios ocupados contiene 50-75 metros de zona de seguridad a ambos lados (perfectamente vallada, amurallada y limitada). La construcción en estas zonas está prohibida y las construcciones anteriores pasan a considerarse ilegales. Éstas han sido desalojadas y demolidas sistemáticamente por el Estado de Israel, y las que siguen en pie están condenadas al mismo destino. Cada 100 kilómetros de carreteras implica el expolio de 2.500 acres (10,11 km 2 ) de terreno. En toda la superficie del West Bank hay un total de 1.661 kilómetros de carreteras de apartheid que tienen exclusividad de uso israelí, es decir, 41.525 acres (168,04 km 2 ) de terreno han sido confiscados para construirlas. El tráfico y la circulación de vehículos palestinos está prohibida en estas carreteras mediante diferentes mecanismos: no existen ni entradas ni salidas a estas carreteras desde las poblaciones palestinas; la construcción de vallas, muros, puertas, montículos de tierra, bloqueos con cubos de cemento, etc. que el Estado de Israel ha construido impiden el acceso; constantes check points móviles, controles y órdenes militares prohíben su uso.
La infraestructura de este complejo sistema ha sido planificada e implantada por Israel no sólo para unir los más de 200 asentamientos ilegales dentro del West Bank, sino que tiene la finalidad de fragmentar el territorio palestino. Estas políticas de ocupación que el Estado de Israel lleva a cabo son análogas a las que se impusieron durante el apartheid de Sudáfrica.
Combinando la política de ocupación y la construcción de carreteras, las áreas del valle del Jordán y el Mar Muerto han sido anexionadas a Israel y han confirmado el cómplice acuerdo de paz de Araba de 1994 entre el rey Hussein de Jordania y el primer ministro israelí Isaac Rabin donde en los anexos de este, la frontera entre Jordania y Cisjordania está marcada como frontera entre Israel y Jordania. Otra muestra implacable de este plan es el que se está imponiendo para separar el ocupado Al-Quds [2] Este del West Bank y su progresiva anexión a Israel. Esta estrategia está siendo especialmente visible en la colonización de los barrios de Sheikh Jarrah, Silwan, Al-Tur, Beit Safafa, etc. La red de carreteras de Al-Quds, el muro de apartheid, la continua y masiva colonización y la expansión de los asentamientos ilegales han sido diseñadas para asegurar y perpetuar la anexión de la ciudad santa al territorio israelí violando las resoluciones de las Naciones Unidas.
La responsabilidad que la Comunidad Internacional, especialmente Estados Unidos, tiene en toda esta gran fábrica de carreteras es evidente. La ayuda económica internacional que día tras día llega a Palestina para realizar grandes proyectos de desarrollo, construcción de infraestructuras y nuevas carreteras para la población palestina está financiando precisamente los túneles, las carreteras secundarias y las conexiones en toda esta red que segrega el territorio del West Bank. Es decir, está financiando y llevando a cabo el plan de carreteras del apartheid que Israel ha modelado para expropiar y anexionar cada vez más territorio. Es fácil encontrar, en estos túneles y carreteras palestinas carteles que recuerdan como nuestros gobiernos financian y apoyan el apartheid israelí.
Si observamos el mapa de carreteras de exclusión del West Bank, nos daremos cuenta que la autovía 1 y 5 que atraviesan este territorio de este a oeste dividen el territorio palestino en tres grandes bloques (norte, centro y sur); éstos están a la vez fragmentados en islas insoladas y conectadas entre ellas por túneles, imposibilitando la solución de dos Estados. El West Bank ha sido disgregado en docenas de enclaves que geográficamente separan las comunidades palestinas. Hay check points israelís en cada entrada o salida de estos enclaves. Las carreteras secundarias palestinas se comunican entre ellas mediante túneles construidos bajo las carreteras principales de uso exclusivo israelí.
Cuando la construcción de este sistema de carreteras finalice, el tráfico de vehículos palestinos e israelíes no se mezclará en ningún punto de todo el West Bank. La población palestina vivirá aislada y fragmentada en todo el territorio y la única conexión entre los fragmentos será mediante los túneles controlados por el ejército israelí.
Las carreteras de los Territorios Ocupados reciben el nombre de “carreteras estériles” y la circulación de vehículos palestinos está restringida. Algunas de estas no son completamente ilegales para el uso palestino pero su acceso está completamente limitado y bloqueado imposibilitando su uso.
De la superficie teórica del West Bank (es decir, el 22% de la Palestina histórica), un 45’5 % ha sido confiscado por el Estado de Israel mediante los asentamientos ilegales y el muro de apartheid . Del 54’5% restante (es decir, el 11’99% de la Palestina histórica), un 10’6% ha quedado completamente aislado y segregado gracias al sistema de carreteras del apartheid perpetuado por Israel. Las carreteras se han convertido en barreras que dividen el West Bank y a la población palestina y actualmente sólo el 10’72% de la Palestina histórica está bajo control Palestino en el West Bank.
El impacto y las consecuencias de este plan ideado por el Estado sionista de Israel implican la fragmentación total del territorio, la imposibilidad de crecimiento y desarrollo económico de la sociedad palestina además de grandes consecuencias humanitarias y de segregación de poblaciones. Este sistema de apartheid israelí viola los derechos humanos, la libertad de movimiento, inhabilita el acceso a los servicios básicos, el derecho al trabajo, a la educación, el derecho a partir y volver al territorio, el derecho a la autodeterminación, fuerza el desplazamiento de la población palestina y destruye completamente la economía y la organización política palestina.
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[1] Utilizmos este término West Bank para referirnos a lo que entendemos por la antigua Cisjordania.
[2] Utilizamos el nombre árabe de Al-Quds para referirnos al nombre hebreo de la ciudad de Jerusalén.
Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa de la autora, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Bikaf¡Ya basta!
Ariadna Jové Marti
Rebelión
Así se despide, bikaf, ya basta. Terminó el dormir fuera de casa. Terminaron las frías noches en vela, andando de un lugar para otro, esperando el Uaden de la primera plegaria del alba. Basta de huir. Llega el momento de tomar la decisión y pronunciar, hoy.
Ahora ya está en la cárcel. Solo él sabe lo que le está pasando. Él y los soldados en un espacio cerrado, cárcel, centro de interrogación, en una habitación aislado, en una sala de tortura. Nadie puede darle voz, nadie puede ponerle palabras para denunciarlo. Él y los soldados que lo tienen, cada viernes al manifestarse contra la ocupación israelí, en el punto de mira de sus M-16’s. Los mismos soldados que le dispararon en la pierna hace sólo unos meses. Los mismos que asesinaron a sus dos vecinos. Los mismos que asesinaron a su padre. Los mismos soldados, diferentes rostros del mismo ejército ocupante.
Nació en Ni’lin, un pueblo de 5.000 habitantes situado al oeste de la región de Ramallah, cerca de la línea verde de 1967, hijo de refugiados palestinos después de la guerra de los Seis Días. Hizo los primeros pasos entre hermanos, primos, tíos, padres y abuelos, fue a la escuela del pueblo, caminando cada día con la mochila llena de libros escritos por la Autoridad Palestina. Libros que desaparecen a medida que Israel roba y anexiona territorio. Libros que pintan Palestina sin fronteras internas, libros que no conocen el West Bank ni la franja de Gaza. Libros sin muros ni vallas eléctricas de apartheid, sin asentamientos ilegales ni check points.
Después de la escuela, estos niños pasan las tardes en la calle, rodeados de grandes y pequeños, escuchando por diferentes voces las mismas historias. Escuchando día tras día como Israel les roba las tierras, como Israel les corta los olivos, como Israel les tortura, como Israel les asesina, como el ejército hace y deshace, como los soldados atacan y disparan, como sus hermanos y amigos son heridos y mutilados. Orejas y ojos que escuchan y ven las historias de los mayores, de aquellos que se manifiestan en contra de la ocupación israelí y la construcción del muro de apartheid, de aquellos que se reúnen y luchan para echar al ejército ocupante. Niños que ven asesinar a sus padres, familiares y amigos una y otra vez, a medida que pasan los años. Niños que viven amontonados en campos de refugiados o en pueblos como Ni’lin que poco a poco quedan aislados y están obligados a abandonar, sin trabajo ni distracciones, sin posibilidad de emigrar, sin libertad.
Niños que se convierten de un día para otro en adultos, cuerpos de niños adultos. Niños adultos que son atacados por los soldados con cualquier armamento ilegal, cada día nuevos peligros que han de acostumbrarse a esquivar.
Y un día como cualquier otro el ejército israelí les persigue para encarcelarlos. Los días pasan, durante las horas de sol se encaran contra los soldados y esquivan la muerte para echarlos, para que los 730 quilómetros de muro que les ahoga se construyan más lentamente. Por las noches, estos niños adultos no duermen, no viven, mantienen los ojos abiertos a cada minuto para que el ejército no les sorprenda, los secuestre y los arreste en espacios más estrechos, más claustrofóbicos. Niños adultos fugitivos que viven encarcelados y ahogándose en pueblos-prisión. No importa donde estén ni donde quieran escapar, el ejército controla y bloquea las carreteras, no hay salida ni a donde ir.
Pueblos-prisión. Ciudades-prisión.
Y es así como un día, alguno de estos niños adultos se plantea que las piedras se desvanecen en el aire. Poco a poco deciden cambiarlas por botellas llenas de pintura de colores para lanzarlas contra los jeeps del ejército, botellas que con el tiempo, se convierten en cocteles molotov. Y mientras unos lanzan piedras y botellas de colores, los otros reprimen salvaje y violentamente. El ejército practica y se entrena con civiles palestinos desarmados, disparando munición real con M-16’s y asesinando personas por la espalda.
Cuando el cuerpo no puede resistir más y enferma, cuando las fuerzas se agotan y el huir se hace cada día más pesado e imposible, cuando después de no dormir durante meses el cansancio gana, el ejército israelí les encarcela. Les busca por las noches dentro de sus camas, invadiendo el pueblo y sus casas, agrediendo a sus familias y hogares, robando el aceite de oliva y destrozando el mobiliario, para acabar secuestrándoles. Niños que pasan meses en la cárcel, maltratados, torturados, solos y aislados de sus familias y de aquellos a los que aman. Niños que son secuestrados en cárceles israelís durante un periodo de tiempo desconocido, perdiendo la mayor parte de ellos el curso escolar, influyendo en su trayectoria académica. Después de unos meses o años, saldrán de estas cárceles israelíes y seguirán encarcelados dentro de los pueblos-prisión y estos seguirán rodeados y amurallados, dentro de una cárcel quilométrica que llaman West Bank.
Estos niños adultos poco a poco se sienten morir en vida, se sienten morir por dentro y sus corazones se convierten en bomba. Es así como estos niños adultos han dejado de ir a la escuela para dedicarse a la resistencia. La resistencia adquiere nombre y colores políticos, colores que ya estaban sembrados por sus familiares muchos años antes. Llega un momento en que la vida y la muerte son lo mismo. La vida es un sin vivir. No vivir ni fuera ni dentro de la resistencia, porque sin resistencia hay extinción. La resistencia florece par ganarle tiempo a la batalla de la extinción. Porque después de no vivir durante años o de vivir encarcelado en diversas y diferentes celdas, después de haber visto como les robaban todo lo que tenían se dan cuenta de que el camino ya está hecho. Estos niños adultos pasaran a ser adultos que empuñaran un arma para luchar con la resistencia en contra de la ocupación y el apartheid israelí, como cuando de pequeños luchaban lanzando piedras con la muclea. Y un día, sin avisar a nadie se convertirán en mártires luchando por la libertad del pueblo palestino.
Una historia concreta que se repite sucesivamente para todos los niños del West Bank i Gaza. Le ha llegado la hora a Mohammed, este chico delgado, zurdo y de 19 años. Ayer era el turno de sus dos hermanos mayores. Mañana será el turno de su hermano pequeño. Muchas de las palabras escritas aquí son suyas, fueron pronunciadas entre gritos de rabia y solidaridad con el pueblo de Gaza, ahora hace casi un año, cuando Israel bombardeaba la Franja de Gaza y asesinaba a 1.400 personas. Hoy, Mohammed está secuestrado en una cárcel israelí. Le esperaremos para terminar de escribir la historia de todos los jóvenes palestinos, aunque solo podrá hacerlo si las palabras no se le han enquistado en los huesos y se han convertido en un peso perenne y ya jamás podrán ser pronunciadas.
A día de hoy, el estado de Israel tiene secuestrados aproximadamente 11.000 civiles palestinos en sus cárceles, en los 31 recintos penitenciarios (21 cárceles, 5 centros de detención, 4 centros de interrogación y un centro de interrogación del servicio secreto de inteligencia israelí) de la Palestina histórica. Aproximadamente 1.000 de estos presos políticos esta en detención administrativa (349 de ellos menores de edad y 75 mujeres) es decir, sin tener derecho a ser juzgados, sin tener cargos. Más de 100 de estas detenciones administrativas fueron realizadas antes del 2006. En los últimos 19 meses, 90 jóvenes han sido secuestrados por el estado de Israel en el pueblo de Ni’lin, el más joven, un niño de 13 años. Desde septiembre del año 2.000, más de 2.500 niños han sido encarcelados por el estado de Israel, a día de hoy, 340 siguen secuestrados.
Solo un soldado Israelí está secuestrado en la franja de Gaza.
Todo esto lo sabe cuando sale de casa con la cabeza alta, una camiseta amarilla y una bolsa de plástico donde lleva el pijama que le acompañará las largas y dolorosas noches que le esperan en la cárcel. Semanas y meses esperando un juicio, esperando la sentencia militar. Lo sabe y piensa en ello al cruzar la puerta amarilla y el cartel que dice, Bienvenidos a la cárcel de Ofer. Se entrega para después ser más libre, para tener más espacio donde respirar, para poder dormir.
Aunque no sabe cuándo volverá a casa, al cruzar la puerta se despide con un Bikaf, ya basta de huir.

