
08-01-2010
Glen Ford
Black Agenda Report
Traducido por Mariola y Jesús María García Pedrajas
“Los EEUU fueron a Copenhagen decididos a imponer un régimen de ‘capitalismo del desastre’ a las naciones pobres del planeta.”
Los EEUU, habiendo cosechado más beneficios que ninguna otra nación del calentamiento industrial del planeta Tierra, buscan ahora revertir el desastre global resultante en su propio beneficio – o, más precisamente, en el beneficio de la clase corporativa amoral y aniquiladora de la humanidad con base en EEUU.
En Copenhagen la pasada semana, la administración de Obama destruyó cualquier oportunidad de prevenir la catástrofe en África y las naciones en desarrollo en el Sur global. Se permitirá que las temperaturas suban 2º C de media, lo que se traduce en tres grados y medio en las latitudes más calurosas. Como consecuencia de ello, dijo el arzobispo Desmond Tutu(1), África será condenada “a la incineración y a la ausencia de desarrollo.”
Cualquier desarrollo que tenga lugar será del gusto de EEUU y Europa. El presidente Obama y la Secretaria de Estado Hillary Clinton fueron a Copenhagen a impedir cualquier posibilidad de un acuerdo global sobre gases de efecto invernadero que las naciones ricas estuvieran obligadas a respetar. Obama le dio el golpe de gracia a los acuerdos de Kyoto, extinguiendo toda esperanza de un acuerdo internacional que respete los derechos de todas las naciones a desarrollar sus economías en un marco de acuerdos vinculantes que protejan los intereses de todos. En vez de eso, los EEUU impusieron su ultimátum de tómalo-o-déjalo: aceptad lo inevitable de la catástrofe en África y en todo el Sur. Y aceptad también que los EEUU y sus corporaciones dictarán al mundo en desarrollo como se le permitirá que crezcan sus economías. Rechazadlo, y los países pobres engreídos serán apartados de la “ayuda” del hombre rico.
“Mientras África arde, Washington no concede nada en términos de acuerdos vinculantes.”
Este es el “capitalismo del desastre” en su forma más infernal. El término fue acuñado por la escritora política Naomi Klein en 2005(2), para describir los desastres económicos inducidos o explotados por el Fondo Monetario Internacional en el Tercer Mundo, y así forzar a los países pobres a rendir su soberanía nacional para poder ser candidatos a recibir préstamos y “ayuda” de los países ricos. El objetivo era hacer imposible para los países pobres controlar sus propios destinos económicos y políticos. Los EEUU fueron a Copenhagen decididos a imponer un régimen de ‘capitalismo del desastre’ a las naciones pobres del planeta. Mientras África arde, Washington no concede nada en términos de acuerdos vinculantes. En vez de eso, los EEUU ofrecen – pero no garantizan o incluso prometen – crear un fondo especial, por una cantidad final de posiblemente 100.000 millones de dólares, de los que la “ayuda” será repartida parcamente. Las naciones ricas determinarán quién consigue un trozo del pastel de la ayuda del calentamiento global, y bajo que términos. Los estadounidenses insisten que parte del dinero vendrá de fuentes privadas, las ricas y avariciosas corporaciones que no responden ante nadie excepto antes si mismas – lo que significa que los hombres de negocios occidentales determinarán como a África y a las naciones del Sur global se les permitirá desarrollarse en condiciones de cambio climático. Los EEUU se reservan el derecho a hacer acuerdos separados con naciones favorecidas, es decir, países cuyos líderes rinden su destino nacional a los deseos de desarrollo de Occidente.
El capitalismo del desastre mantiene rehenes del chantaje imperial a la gente más vulnerable del mundo en los momentos de mayor peligro del planeta. Es un crimen contra la humanidad, y más lamentablemente, un crimen contra África. Que irónico que el principal perpetrador del crimen sea él mismo un hijo de África.
(1) http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cif-green/2009/dec/17/copenhagen-no-deal-better-catastrophe
(2) http://www.thenation.com/doc/20050502/klein
Jesus Maria y Mariola Garcia Pedrajas son colaboradores de Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a los traductores y la fuente.
Enlace artículo original en inglés:
http://www.blackagendareport.com/?q=content/us-reaps-trillions-while-condemning-africa-climate-catastrophe
viernes, 8 de enero de 2010
Los Estados Unidos cosechan miles de millones mientras condenan a África a una catástrofe climática
sábado, 2 de enero de 2010
Codicia e hipocresía en la Cumbre de Copenhague

2 de enero de 201
Eduardo Lucita*
ANRed - Sur
La primera década del siglo XXI ha terminado de la peor manera. Pasados quince días aún resuena el cachetazo que los principales líderes del mundo aplicaron a la humanidad con el estruendoso fracaso de la 15ª Cumbre de la ONU sobre cambio climático.
Podrá decirse que era un final anunciado, que muchas voces se habían alzado para alertar que no se llegaría finalmente a ningún acuerdo significativo. Podrá argumentarse que las expectativas de último momento que algún compromiso se alcanzara con la reunión del presidente Obama y el primer ministro Wen Jiabao no eran más que esperanzas vanas.
Probablemente sea así pero es inocultable que nadie, al menos hasta donde este cronista está informado, había presentido que al cierre de esta cumbre la situación sería peor que al inicio. Más aún que hoy el mundo esté por detrás de los acuerdos del Protocolo de Kyoto, firmado en 1997.
Hasta promediar la cumbre numerosas reuniones de científicos, de expertos en distintas especialidades, de miembros de ONG's debatían sobre los porcentajes necesarios de reducción de emisiones de gas carbono o cuales eran los plazos para mitigar los efectos nocivos de estos gases; cómo debían integrarse los organismos internacionales de control y su necesaria autonomía de los Estados.
Se discutía sobre los montos necesarios para promover la reconversión en los sistemas de producción para controlar la emisión de gases carbono, la deforestación creciente o el uso excesivo de recursos hídricos escasos. Si además existe un problema norte-sur, habida cuenta de que son los grandes países del norte quienes más contaminan y los del sur los que sufren las consecuencias y por lo tanto hay que establecer algún tipo de indemnización, claro sin olvidar que Brasil y Sudáfrica también aportan lo suyo al cambio climático. Si los bonos de carbono ayudarían a mitigar las emisiones o serían un nuevo producto financiero, finalmente tan tóxico como los propios gases.
Cumbre de desacuerdos
Sin embargo a medida que los principales líderes del mundo comenzaron a llegar a la Cumbre lo único que se redujo fue el nivel de las discusiones, las negociaciones se estancaron y comenzaron a primar los desacuerdos políticos. Los grandes países del norte mostraban dificultades para firmar un documento que pusiera metas y plazos concretos, esta negativa también llegó a desconocer su deuda histórica con los países del sur.
Numerosos países de menor desarrollo amenazaron con retirarse de la cumbre, otros plantearon que si no había posibilidades de un nuevo documento mejor sería ratificar los acuerdos de de Kyoto, nunca suscriptos por EEUU pero que al menos eran algo. Por el contrario EEUU insistió en anular este acuerdo, bajo el argumento que China e India ya son tan emisores de gases contaminantes como ellos.
Pero el centro de las diferencias estaba al interior del G-2. EEUU rechaza compromisos que impliquen una reducción sustancial de sus emisiones, China no acepta la obligatoriedad de las reducciones que se acuerden, mucho menos que resulten controladas por un organismo internacional autónomo. Como era de esperar tampoco hubo acuerdo en el monto de los fondos y su financiamiento para la reconversión de los procesos productivos en los países menos desarrollados.
Hipocresía y codicia
Hay en todo esto una enorme hipocresía. Los grandes contaminadores reconocen su responsabilidad pero no aceptan reducciones significativas en sus emisiones o que las metas que se acuerden sean obligatorias Cuando se aceptan metas no se aceptan controles ni verificaciones, por el contrario China, ¿con el apoyo de Brasil? propone la autorregulación de las emisiones por parte de los estados.
Los países desarrollados que volcaron una enorme cantidad de dinero a los mercados para frenar la crisis financiera se niegan a aportar cifras mucho menores para financiar la reconversión productiva de los países pobres, estimada en unos 300 mil millones de dólares. A último momento EEUU ofreció un aporte al fondo de reconversión industrial, claro que de solo 30 mil millones hasta el 2012 y 100 mil millones al 2020, supeditado a que se informen y se verificaran las medidas que adoptaran cada Estado, obviamente no desconocía que China rechazaría este condicionamiento, por lo tanto el ofrecimiento resultó solo "cartón pintado".
Casi en paralelo a esta discusión el Congreso de los EEUU le aprobaba a su presidente y reciente Premio Nobel de la Paz, un presupuesto de guerra del orden de los 680 mil millones de dólares para el 2010. Una caricatura de Obama recibiendo el premio apoyado en una bomba muestra esta hipocresía mejor que mil palabras.
En los inicios de la crisis económica que azota al mundo no se cansaron de acusar y responsabilizar a la especulación desenfrenada, a la desmedida ambición de los banqueros y financistas, a esa loca idea de hacer dinero desde el propio dinero sin pasar por la traumática experiencia de la producción.
La palabra de moda era codicia, se intentaba ocultar así la verdadera razón de esta crisis. Una crisis del sistema capitalista como tal, de sobreproducción y sobreaumulación de capitales, que ha dejado ya mayores índices de desocupación, pobreza y exclusión social en el mundo.
Por el contrario codicia ahora ha desaparecido del léxico de los presidentes. No se vincula el cambio climático con la lógica de la acumulación y reproducción de capitales, con la exacerbación del consumo inducido por la necesidad de maximizar la tasa de ganancia de los capitalistas a cualquier costo, sin tener en cuenta daños ecológicos ni degradación ambiental.
Solo los movimientos sociales, en lo que puede ser la revitalización del movimiento alterglobalización, fuertemente reprimidos por la policía danesa con el aporte de colegas de otras naciones europeas, pusieron el tema en debate: "Salven al clima no al sistema" "El problema es el capitalismo y su modelo productivo", consignas que fueron llevadas al palacio de las deliberaciones por los presidentes Chávez y Morales. Este último propuso un referéndum mundial para tratar el cambio climático.
Minimalismo ambiental
Sobre el final de la cumbre, y casi en tiempo de descuento, se informó de un acuerdo alcanzado a urtadillas por EEUU, Brasil, China, India y Sudáfrica. Se trataría de un acuerdo mínimo cuyo contenido no fue dado a conocer oficialmente, aunque trascendió que su objetivo es no superar un incremento de 2 grados centígrados en la temperatura global.
Ignorando el clamor de un grupo de 43 países, las llamadas islas/Estado, que albergan unos 40 millones de personas, que ya habían planteado que superando 1,5 grados centígrados corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas en los próximos 20 años.
El documento es solo declarativo, no cuantifica ni pone plazos a la reducción de las emisiones ni establece mecanismos de control, no tiene el consenso del resto de los países, tanto es así que los firmantes se han dado un plazo hasta febrero para concitar adhesiones. Sin embargo fue presentado en EEUU como un triunfo, "Es insuficiente pero un paso adelante" dijo Obama que, conviene recordar, no cuenta con el aval del Congreso de su país para modificar la política ambiental del gobierno Bush.
La realidad es que el fracaso ha sido estruendoso, la irresponsabilidad de los principales líderes y países del mundo es inocultable, pero también la actitud de las corporaciones multinacionales que someten a esos estados y a sus líderes a sus necesidades de maximizar tasas de ganancia.
Una vez más ha quedado expuesto que es el sistema del capital la principal traba para resolver los problemas que el propio capital provoca en nuestras sociedades.
Apesar de todo amanece, que no es poco. Felicidades a todos y todas.
*integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda
jueves, 31 de diciembre de 2009
2010: los desafíos de la sociedad civil del Norte. La solidaridad activa, el mejor antídoto contra la crisis: Un balance de las ONG suizas
Sergio Ferrari (E-CHANGER)
Los corolarios de la última cumbre de Copenhague se hacen todavía sentir. La frustración golpea aún a los actores sociales que apostaban a avances reales para salvar el planeta. A la falta de voluntad política de los Estados –particularmente del Norte- se le confronta una amplia toma de conciencia ciudadana sobre los aspectos más sensibles que afectan a la tierra y la humanidad. 2009 constituyó un año intenso para la sociedad civil europea en general, y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) de cooperación con el sur, en particular.
Temas trascendentes entraron en el debate político suizo e internacional. Entre ellos: el presupuesto para la cooperación al desarrollo; la transparencia fiscal ; el cambio climático; el agua como bien público; la lucha contra el hambre en el mundo; el ciclo de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC); los tratados bilaterales de libre comercio promovidos con algunos países del sur.
Doce meses complejos donde “obtuvimos ciertos logros y vivimos ciertos fracasos”, evalúa Pepo Hofstetter, responsable de comunicación de la Alianza Sur, en entrevista exclusiva.
Anticipando un 2010, “no menos intenso, con temas claves que deberán ser debatidos a nivel nacional e internacional”, según el portavoz de la plataforma que reúne a seis de las principales ONG helvéticas: Swissaid, Acción Cuaresmal, Pan para el Prójimo, Helvetas, Caritas y EPER (ayuda protestante).
“El 0.5% para la cooperación”
El presupuesto suizo para el desarrollo acaparó nuevamente en 2009, la atención principal de las organizaciones no gubernamentales, quienes un año antes habían recolectado más de 200 mil firmas a favor de destinar el 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB) para este rubro. Insertándose así, activamente, en un debate continental más amplio sobre el tema, marcado, por ejemplo, por la campaña española que reivindicó, en la década pasada, esa misma bandera.
Como resultado de esa petición, el parlamento suizo decidió a fines del 2008 un aumento progresivo de la cooperación llegando al 0.5% en el 2015. Lo que en términos reales implicaría un monto adicional de mil 700 millones de francos (algo más de mil 100 millones de euros) en los próximos cinco años.
“Se concluye el 2009 y constatamos que continúa la pulseada entre el parlamento y el Consejo Federal (ejecutivo colegiado) en torno a dicho aumento”, enfatiza Hofstetter.
El Consejo Federal, explica el portavoz de la Alianza Sur, propone posponer el 0.5%, argumentando el impacto de la crisis financiera actual y la necesidad del Estado de reducir gastos. En tanto la Comisión de Política Exterior del parlamento, en noviembre 2009, se pronunció nuevamente por el aumento.
“Esta posición constituye una señal muy fuerte y positiva a favor del 0.5%. Y luego del análisis que se realizará próximamente en la instancia similar del Senado, este tema debería ser nuevamente debatido en el pleno del legislativo”, posiblemente en la primera sesión del año 2010, explica Pepo Hofstetter.
“Coherencia a pesar del fracaso de Copenhague”
Otro desafío para nuestras ONG en el año a punto de comenzar será “la continuidad de la reflexión sobre el cambio climático y las medidas para reducir el calentamiento”, anticipa el portavoz de Alianza Sur.
Ya que “se iniciará en Suiza el debate sobre una ley del CO2...y es importante que nuestro país impulse desde ahora una política coherente que contribuya realmente a la protección global del clima”.
“Debemos avanzar con creatividad a pesar del rotundo fracaso de la reciente Cumbre de Copenhague”, sostiene Hofstetter.
Quien recuerda, en nombre de las 52 organizaciones helvéticas que integran la “Alianza por una política climática responsable” – y de la cual la Alianza Sur es uno de los motores- las exigencias hacia las autoridades federales.
Una reducción de los gases de efecto invernadero del 40 % - en relación al año 1990- , hasta el 2020. Y del 80 % antes del año 2050. Así como un apoyo de mil 700 millones de francos ( algo más de mil 100 millones de euros) anuales para los países del sur, destinados a favorecer el combate contra el calentamiento climático.
Agenda temática de las ONG
Las organizaciones no gubernamentales helvéticas impulsaron durante 2009, “toda una agenda de temas sensitivos, muchos de los cuales seguirán presentes en el debate político nacional e internacional en el 2010”, explica Pepo Hofstetter.
Entre ellos, “la lucha a favor de que el agua sea considerada como un bien público de la humanidad” o una mayor coherencia del “combate contra el hambre en el mundo”.
Teniendo en cuenta que la reciente “Cumbre sobre Seguridad Alimentaria” realizada en Roma en noviembre pasado, no aportó resultados efectivos.
“A pesar que más de 700 representantes de organizaciones de agricultores, de pueblos autóctonos, organizaciones femeninas y de ONG, del mundo entero, en un evento paralelo en la misma capital italiana, presentaron reivindicaciones y propuestas muy concretas”, explica.
Ambos temas – agua y hambre- , según el portavoz de Alianza Sur, constituyen ejes permanentes del Foro Social Mundial (FSM). Espacio de reflexión altermundialista en el cual importantes actores sociales y políticos suizos están presentes desde su mismo origen.
La Alianza Sur - desde el 2004- junto con la ONG de cooperación solidaria
E-CHANGER (Intercambiar) –desde el inicio mismo del FSM en el 2001-, organizan las delegaciones a esos eventos internacionales. “El último , el de Belém de Pará en Brasil, en enero del 2009, fue muy positivo...Y el año que comienza prepararemos la próxima delegación para la edición de Dakar (Senegal), convocada para enero del 2011”, precisa Hofstetter.
En cuanto a las negociaciones actuales en la Organización Mundial del Comercio (OMC), “la Alianza Sur, junto con numerosas organizaciones del mundo entero, se pronuncian a favor de parar el Ciclo de Doha...ya que muchas de las proposiciones actualmente sobre la mesa no son favorables a los países en desarrollo”.
En 2010, seguirá abierto el debate sobre los tratados de libre comercio que Suiza firma con otras naciones del Sur. “Aunque este año no se pudo evitar la suscripción de uno con Colombia, a pesar de nuestras objeciones a nivel de los derechos humanos, es positivo que el parlamento lo haya debatido a fondo y que fueron muchos los que levantaron su voz de oposición”, analiza el portavoz de la Alianza Sur.
Otro desafío para las organizaciones de la sociedad civil en 2010 será el balance del cumplimiento de los Objetivos del Milenio –para reducir la pobreza a la mitad hasta 2015-, explica Hofstetter. “En septiembre 2010 se realizará una Cumbre Mundial y es importante evaluar qué hemos hecho en Suiza y en cada país para avanzar en el cumplimiento de esas metas”, concluye.
La evasión fiscal atenta contra el desarrollo
Tema constante de preocupación para numerosas organizaciones y movimientos sociales helvéticos en 2009 fue el de “la evasión fiscal internacional, que afecta directamente a los países pobres”, subraya Pepo Hofstetter.
La Alianza Sur hace parte de la “Red Internacional por una Justicia Fiscal”, creada en el marco de las últimas ediciones de los Foros Sociales Mundiales.
Aproximadamente un tercio de la fortuna no declarada, gestionada por la plaza financiera suiza, proviene de países en desarrollo, sostiene Hofstetter.
Se trata de unos 360.000 millones de francos (capitales en fuga), que si pagaran correctamente impuestos en sus países de origen, generarían al menos 5 mil millones de francos (alrededor de 3 mil 300 millones de euros) en ingresos fiscales suplementarios para el Sur. Es decir más del doble del monto anual de la ayuda suiza al desarrollo.
Para la Alianza Sur y otros movimientos que trabajan a favor de la transparencia fiscal internacional, como la Declaración de Berna o ATTAC - que se pronuncia por la aplicación de la Tasa Tobin a los capitales financieros internacionales- el papel oficial helvético es contradictorio.
Según ellos, la actitud muy restrictiva de Suiza en materia fiscal internacional contradice su compromiso con los Objetivos del Milenio para el Desarrollo. Ya que, como lo señala la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los mismos no podrán lograrse si los países del sur no aumentan sus ingresos fiscales.
Para las ONG helvéticas es necesario más transparencia y cooperación internacional en esta esfera. Es decir un intercambio sistemático de información con las autoridades fiscales extranjeras – incluidas las de los países del Sur- ; el reforzamiento del órgano competente de las Naciones Unidas en la materia y la elaboración de un código de conducta internacional de cumplimiento obligatorio.
martes, 29 de diciembre de 2009
Copenhague, el valor de decir no

29-12-2009
Naomi Klein
The Nation
En el noveno día de la conferencia de Naciones Unidas sobre cambio climático, África fue sacrificada. La posición del bloque negociador del G-77, que incluye los estados africanos, había sido clara: un incremento de 2 grados centígrados en la temperatura global promedio se traduce en un incremento de 3 a 3.5 grados en África.
Esto implica, según la Alianza Panafricana por la Justicia Climática, que 55 millones de personas adicionales podrían estar en riesgo por pasar hambruna y el estrés hídrico podría afectar a entre 350 y 600 millones de personas adicionales. El arzobispo Desmond Tutu plantea así lo que está en riesgo: Nos enfrentamos a un inminente desastre a una escala monstruosa... una meta global de cerca de 2 grados centígrados va a condenar a África a la incineración y a ningún desarrollo moderno.
Y, sin embargo, eso es justo lo que el primer ministro de Etiopía, Meles Zenawi, propuso que se hiciera, cuando estuvo en París, de paso hacia Copenhague: parado al lado del presidente Nicolás Sarkozy, aseguró que hablaba en nombre de toda África (encabeza el grupo africano de negociaciones en torno al clima) y reveló un plan que incluye el temido incremento de 2 grados y ofreció a los países en desarrollo sólo 10 mil millones de dólares anuales para ayudar a pagar todo lo relacionado con el clima, desde diques hasta el tratamiento contra la malaria y la lucha contra la desforestación.
Es difícil creer que sea el mismo hombre que hace sólo tres meses decía: Usaremos nuestras cifras para deslegitimar cualquier acuerdo que no sea consistente con nuestra posición base... Si se requiere, estamos preparados para retirarnos de cualquier negociación que amenace con ser otra violación de nuestro continente... No estamos dispuestos a vivir con un calentamiento global mayor al mínimo nivel evitable.
Y también decía: Participaremos en las próximas negociaciones, no como suplicantes que defienden su caso, sino como negociadores que defienden sus puntos de vista e intereses.
Todavía no sabemos qué obtuvo Zenawi por cambiar su tono tan radicalmente, o exactamente cómo se va de una posición que hace un llamado a destinar 400 mil millones de dólares en financiamiento (la posición del grupo de África) a escasos 10 mil millones. De igual manera, no sabemos qué pasó cuando la secretaria estadunidense de Estado, Hillary Clinton, se reunió con la presidenta filipina Gloria Arroyo semanas antes de la conferencia y de pronto echaron de su delegación a los más duros negociadores filipinos, y el país, que había demandado profundas reducciones del mundo rico, de pronto se alineó.
Sí sabemos, luego de observar una serie de estos discordantes y radicales cambios de opinión, que las potencias del G-8 estaban dispuestos a hacer prácticamente lo que fuera por obtener un acuerdo en Copenhague. La urgencia claramente no proviene de un ardiente deseo de evitar el cataclísmico cambio climático, ya que los negociadores saben que las irrisorias reducciones de las emisiones que proponen son una garantía de que las temperaturas se incrementarán 3,9 grados, cifra dantesca, como la describió Bill McKibben.
Matthew Stilwell, del (Instituto para la Gobernanza y el Desarrollo Sustentable) –uno de los más influyentes asesores en estas pláticas–, dice que las negociaciones en realidad no tratan de evitar el cambio climático, sino son una batalla campal sobre un recurso profundamente valioso: el derecho al cielo. La cantidad de carbono que puede ser emitida a la atmósfera es limitada. Si los países ricos no consiguen reducir radicalmente sus emisiones, entonces se estarán tragando la de por sí insuficiente porción disponible para el sur. Lo que está en juego, argumenta Stilwell, es nada menos que la importancia de compartir el cielo.
Diversas ONG internacionales han lamentado que la pasada conferencia de la Organización de Naciones Unidas sobre cambio climático celebrada en Copenhague no arrojara un acuerdo de tipo vinculante para la reducción de emisiones de efecto invernadero. En la imagen, una planta de energía en Bella Center, cerca de la ciudad danesa que fue sede de la cumbre Foto Ap
Europa, dice, comprende cabalmente cuánto dinero será ganado en el mercado del carbono, debido a que lleva años usando el mecanismo. Los países en desarrollo, por otro lado, nunca han lidiado con restricciones de carbono, así que muchos gobiernos no se dan cuenta de lo que están perdiendo. Al contrastar el valor del mercado de carbono –1,2 billones de dólares anuales, según el destacado economista británico Nicholas Stern– con la irrisoria cantidad de 10 mil millones de dólares puestos sobre la mesa para los países en desarrollo, Stilwell dice que los países ricos intentan cambiar cuentas y cobijas por Manhattan. Añade: Éste es un momento colonial. Por eso se hizo todo para que los jefes de Estado accedieran a un acuerdo de este tipo... Luego no hay vuelta atrás. Repartieron el último recurso que quedaba sin dueño y lo asignaron a los prósperos.
Durante meses, las ONG se sumaron al mensaje de que la meta de Copenhague era sellar el acuerdo. A todos lados donde volteáramos en el Bella Center, los relojes hacían tic tic tic. Pero no bastaba cualquier acuerdo, sobre todo porque el único acuerdo sobre la mesa no resolvería la crisis climática y podría empeorar las cosas: recoger las actuales desigualdades entre el norte y el sur y sellarlas indefinidamente. Augustine Njamnshi, de la Alianza Panafricana por la Justicia Climática, se refiere en duros términos a la propuesta de los 2 grados: “No se puede decir que se propone una ‘solución’ al cambio climático si esa solución provocará que millones de africanos mueran y si los pobres, no quienes contaminan, siguen pagando por el cambio climático”.
Stilwell dice que un acuerdo erróneo sellaría un enfoque equivocado hasta 2020, mucho después de la fecha límite para las emisiones pico. Pero insiste en que no es demasiado tarde para evitar el peor de los escenarios. Preferiría esperar seis meses o un año y hacer bien las cosas, porque la ciencia avanza, la voluntad política crece, la comprensión de la sociedad civil y de las comunidades afectadas crece, y estarán preparadas para asegurar que sus dirigentes se comprometan con el acuerdo correcto.
Al comienzo de estas negociaciones, la simple idea de un retraso era herejía ambiental. Pero ahora muchos ven el valor de reducir la velocidad y hacer bien las cosas. Fue significativo que, luego de describir lo que 2 grados implicaría para África, el arzobispo Tutu enunciara que más vale ningún acuerdo que un mal acuerdo. Eso podría ser lo mejor que podríamos esperar de Copenhague. Sería un desastre político para algunos jefes de Estado, pero podría ser una última oportunidad para evitar el verdadero desastre para todos los demás.
© 2009 Naomi Klein. www.naomiklein.org.
Publicado primero en The Nation.
Traducciónpara La Jornada: Tania Molina Ramírez
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/12/28/index.php?section=opinion&article=016a1mun
viernes, 25 de diciembre de 2009
Cumbre de Copenhague sobre el cambio climático No hay un consenso científico en la ONU
Al Gore, Premio Nobel de la Paz en 2007.
por Thierry Meyssan
17 de diciembre de 2009
DesdeBeirut (Líbano)
Mientras que una gigantesca campaña mediática presenta la cumbre de Copenhague sobre el cambio climático como la reunión de la última oportunidad para «salvar al planeta», el investigador Thierry Meyssan estima que a pesar de las apariencias, los temas que se debaten en esta cumbre no son de orden ambientalista sino más bien financiero. Según él, no se trata de inventar un nuevo modelo de producción más ecológico sino de relanzar el capitalismo anglo-sajón. En este primer artículo, Thierry Meyssan nos advierte sobre el desprecio existente a la causa inicial de esta cumbre: el medio ambiente, no hay en la ONU, un consenso científico. Simplemente porque no puede haber lugar para ello en un tal sitio.
El anuncio de la participación de 110 jefes de Estado y del gobierno en la Cumbre de Copenhague (Dinamarca) auspiciada por la ONU sobre el cambio climático muestra engañosamente como si existiera un consenso internacional: el clima de la Tierra se calienta y este cambio sería a causa de la actividad industrial.
En vez de discutir sobre la validez de este afirmación, yo quisiera mostrar que ella no tiene una base científica, pero emerge, nace únicamente de un discurso político (o de la política).
Trataré el tema más ampliamente en un artículo que será publicado posteriormente, y allí daré a conocer el perfil de cada uno de los responsables actuales al mando de la lucha contra el recalentamiento climático y sus (verdaderos) móviles.
Para comprender lo que significa los trabajos del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (GIEC) —la instancia de la ONU que ha elaborado este conjunto de opiniones aceptados actualmente sin ninguna discusión previa, y que ha recibido a pesar de todo el Premio Nobel de la Paz conjuntamente con Al Gore [ex vicepresidente de los EEUU bajo la administración de Bill Clinton]. Hay que observar también, que es la segunda vez que una organización compuesta de expertos designados por los Estados es creada en el seno de la ONU para hablar y decirnos de Ciencia.
IY2KCC
La primera experiencia de este tipo de organización fue el Centro de Cooperación Internacional para el Año 2000 (IY2KCC). Su historia puede enseñarnos mucho sobre lo que está ocurriendo actualmente en Copenhague.
Desde 1996, la idea que los programas informáticos (software) tendrían un fallo en el año 2000 comenzó a circular. El senador republicano [de EEUU] Bob Bennett advirtió a sus colegas sobre las implicaciones dramáticas que esto podría engendrar en los mercados financieros, en una época donde las transacciones bursátiles (en la Bolsa de Valores) están ritmadas por programas informáticos que reaccionan al milésimo de segundo, es decir a la menor variación o cambio de los cursos de valores.
El hecho que el señor Bennett sea una importante y alta personalidad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (más conocidos como «los mormones»), dejaba pensar que el peligro evocado no era más que un simple miedo [religioso] milenarista por el cambio del siglo. Sin embargo, el senador fue rápidamente apoyado por «expertos».
Pronto la Federal Financial Institutions Examination Council (FFIEC), que reagrupa las diferentes instancias federales de EEUU regulando y controlando los mercados financieros, decidió de armonizar sus sistemas informáticos en vista de afrontar el año «bug» o falla informática del 2000.
En noviembre de 1997, Bob Bennett y su colega demócrata Christopher Dodd presentaron e hicieron adoptar el Computer Remediation and SHareholder Protection Act (literariamentel ley sobre la reparación de computadoras y la protección de accionarios [de la bolsa de valores], pero lo importante y curioso es que con estas frases se forma el acrónimo, es decir las iníciales o siglas de: CRASH Protection Act). Ellos escribieron al presidente Bill Clinton para que tome el liderazgo mundial a fin de resolver este problema.
El vice-presidente Al Gore se apodera del caso. Y con él se va a proporcionar la reputación, con razón o sin ella, de un millonario que se ha comprometido a equipar el país con «las autopistas de la información» (es decir de las redes de comunicación dando sobre todo acceso a Internet).
Al Gore instala en la Casa Blanca un Consejo Presidencial para adaptarse al cambio del año 2000 (President’s Y2K Conversion Council) [1].
La dirección fue confiada a un tal Josh Koskinen, hombre hasta entonces encargado de elaborar la política fiscal para la industria informática.
La denominación o equipo de este Consejo utiliza una palabra ambigua «Conversión» (que yo he traducido por «adaptación»). En este contexto de fin de siglo del año 2000, dicha persona evoca también la necesaria conversión que los cristianos fundamentalistas deben operar para conjurar el final de los tiempos.
Simultáneamente, el Senado decide crear una comisión parlamentaria temporal sobre los problemas técnicos del año 2000 [2].
El Consejo de la Casa Blanca exige a cada agencia federal y a cada departamento ministerial que nombre un responsable para la adaptación al año 2000. Pero sobre todo, el Consejo de la Casa Blanca maniobró eficazmente para sensibilizar al Consejo Económico y Social de la ONU, hasta que este, por boca de su presidente de turno, el embajador del Pakistán, señor Ahmed Kamal, deponga una moción [pedido] ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Este texto, que habría inquietado à más de uno si hubiese sido propuesto por Washington, fue adoptado en Sesión Plenaria de la Asamblea el 26 de junio de 1998 [3].
El asunto se vio facilitado con la creación —siempre a iniciativa de la Casa Blanca, de un fondo especial del Banco Mundial para financiar la adaptación al año 2000.
En otros términos, asociándose a esta resolución, los países más escépticos al «defecto de software» (computer bug en inglés), no tenían nada que perder y postulaban para recibir las subvenciones financieras y dólares del Banco Mundial destinados a modernizar sus sistemas informáticos.
Mostrando orgullosamente su liderazgo, el presidente Bill Clinton y el vice-presidente Al Gore comunicaron el 14 de julio de 1998 un mensaje alarmista al mundo, durante una sesión de aspecto solemne en la Academia Nacional de Ciencias en Washington.
Una primera reunión de contacto, organizada en la ONU por el embajador Ahmed Kamal, reunió 120 delegaciones. Se decidió entonces de crear una agencia temporaria de las Naciones Unidas, el IY2KCC, cuyo presupuesto fue inicialmente financiado, únicamente y copiosamente por los Estados Unidos, sea indirectamente vía el Banco Mundial, o bien, tomando a su cuenta los gastos. Contrariamente a las costumbres, no hubo discusión sobre el lugar donde tendría sede esta agencia, ni la manera de cómo serían seleccionados sus funcionarios.
El personal era elegido y enrolado por Washington, la Casa Blanca designó su director, el señor Bruce W. McConnell, quien era hasta entonces el encargado de la seguridad informática de la administración Clinton. Su segundo brazo no era otro que Art Warman, un antiguo responsable del USAID.
El éxito del IY2KCC fue tal, que fueron en definitiva 170 países los que se adhirieron a él. Cada uno designó sus expertos. Cada delegación teniendo interés en participar en los trabajos, a la vez para informarse y para recoger el dinero de los subsidios del Banco Mundial, la Asamblea de la ONU sobre el IY2KCC concluyó con un consenso general sobre el peligro del «defecto de software» (computer bug en inglés).
No es necesario seguir explicando ni ir más lejos. Este relato histórico tiene como finalidad de demostrar que un consenso de personalidades científicas en el seno de una Asamblea política, es un consenso de intereses políticos y no tiene nada que ver con la ciencia.
El móvill
Algunos años más tarde, la ONU y el gobierno de los EEUU han hecho desaparecer los sitios internet consagrados al «bug» del año 2000. Pero se puede consultar siempre en las bibliotecas una montaña de informes oficiales sobre el «defecto de software». Casi todos los países y todas las organizaciones intergubernamentales han publicado estos informes. Y el 1ro de enero de 2000 en la mañana, cada uno podía saber que era una farsa o algo inexistente, peligro que nunca se concretizó, ¡El peligro del milenio no era más un monstruo mitológico, muy lejos de nuestra realidad!
En realidad este asunto había sido minuciosamente montado y preparado. El senador Bob Bennett es también un contacto conocido de la CIA, para la cual ha trabajado durante su juventud. Bruce W. McConnell está igualmente ligado a los servicios de inteligencia. Incluso, acaba de ser nombrado por el presidente Obama para supervisar las cuestiones de seguridad de los sistemas de comunicación en el Departamento de Seguridad de la Patria. Su ex-ayudante adjunto, Art Warman, dirige hoy Vega, una estructura permitiendo a la CIA de infiltrar las ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) y ofreciendo programas para un «desarrollo verde» y ecológico en el Tercer Mundo.
La fantasiosa historia del año 2000 permitió a Washington imponer una armonización y uniformizar mundialmente los programas informáticos y crear una red global de comunicación entre los Estados y países.
Desde el punto de vista de los administradores a quien este asunto concierne, fueron los esfuerzos del IY2KCC los que permitieron posteriormente de coordinar la lucha anti-terrorista después del 11 de septiembre.
Por otro lado esta armonización ha permitido a los Estados Unidos imponer sus propios programas informáticos y hacer, entre otras cosas, la fortuna de Bill Gates. Estos programas han sido todos validados por la National Security Agency, es decir permeables o que dejan acceder a cualquier intrusión o piratería de los servicios secretos de los EEUU.
Para los inocentes u otros ingenuos que se han dejado manipular, esta operación ha costado según diversas fuentes, entre 300 a 600 billones de dólares, pero solamente menos de 40 han sido a cuenta de los Estados Unidos. ¡Una hermosa estafa!
Al Gore, el GIEC y Copenhague
La prensa comercial no tiene memoria. A nadie se le ha ocurrido preguntar al Premio Nobel de la Paz, señor Al Gore, si sus alertas sobre el recalentamiento climático son más sinceras que sus alertas sobre el año 2000.
Nadie tampoco ha preguntado al GIEC (co-laureado del Premio Nobel de la Paz) sobre su verdadera naturaleza. La presencia de algunos climatólogos en medio de diplomáticos no hacen de esta conferencia política una academia científica.
Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).
El Sur en Copenhague: “¡No existe un Planeta B!”
Giorgio Trucchi
Rel-UITA
A pocos días del fracaso de Copenhague todavía cuesta entender la actitud insensata de un puñado de naciones responsables del desastre ambiental y climático en que se encuentra el planeta. Para analizar qué ocurrió en la XV Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre Cambio Climático (COP15) y cuáles son las perspectivas futuras, Sirel conversó con Joan Buades, investigador y activista del Grupo de Investigación en Sostenibilidad y Territorio (GIST) y miembro de ALBA SUD, presente en Copenhague donde realizó una amplia cobertura de la Conferencia.
-¿Cuál es tu análisis de lo que ocurrió durante la COP 15?
-Era una Conferencia muy importante porque después de la Cumbre en Río de Janeiro en 1992 y Kyoto en 1997, venía a confirmar la urgencia de actuar como Naciones Unidas sobre el tema del cambio climático. No obstante, el resultado ha sido un fiasco absoluto. Una simple declaración no vinculante y sin ninguna validez jurídica, formulada esencialmente por algunos países importantes como Estados Unidos y China, y una ayuda económica totalmente insignificante para los países más pobres. En este sentido, estamos frente a un total fracaso del sistema de Naciones Unidas, y casi seguramente a la imposibilidad de una nueva convocatoria con un alto nivel de representación, como lo que hubo en Copenhague.
-¿Cuáles han sido los aportes de los diferentes bloques de países presentes en la Conferencia?
-El bloque que he denominado Chinamérica, conformado por Estados Unidos y China, que son responsables por la emisión del 40 por ciento de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), ha trabajado unido para bloquear cualquier posibilidad de acuerdo real, y eso pese a la aparente confrontación que han mostrado a lo largo de toda la Conferencia.Por otro lado, hemos visto una Unión Europea que se ha inhibido. Lo que se esperaba era que trabajara de mediadora entre ese bloque poderoso y el resto de los países, sin embargo no ha hecho nada y su participación ha sido otro gran fracaso.Finalmente, hay que analizar el papel emergente de los países del Sur. Aunque con intereses a veces distintos, hay que mencionar la capacidad de los países de África de juntarse, hablar con una sola voz, adquiriendo un rol muy fuerte. También el papel que han jugado países como Bolivia y Ecuador, que han planteado temas muy importantes como el concepto de deuda y justicia climática, y el proyecto Yasuní-ITT –basado en la protección de la selva y la no explotación de reservas de crudos a cambio de una corresponsabilidad internacional
–.Lamentablemente tenemos también que destacar la falta de capacidad de América Latina de presentarse como una sola voz ante un Norte responsable del 70 por ciento de las emisiones de GEI, y la total ausencia de una propuesta conjunta de Centroamérica y el Caribe, dos de las regiones más vulnerables a los efectos dramáticos del cambio climático.
Con respecto a Brasil, el presidente Lula tuvo una posición muy beligerante al tratar de solicitar compromisos serios a Estados Unidos y China, sin embargo decidió firmar el documento final. Es decir: lanzó la piedra pero no fue capaz de mantener el pulso y se quedó a medio camino.
-¿Cuáles van a ser las repercusiones concretas de este fracaso en Copenhague?
-El verdadero problema es que la declaración que salió de la Conferencia deja prácticamente inalterado el contenido y las medidas adoptadas en el Protocolo de Kyoto, como por ejemplo que el cambio climático tiene que atacarse a través de mecanismos neoliberales como el “Mercado de Carbono” o la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD).
De manera muy concreta, este fracaso implica que hay regiones del planeta donde el aumento de la temperatura promedio superior a 1,5 grados centígrados hará desaparecer a varios Estados insulares en el 2050. Es por eso que todos los países de África, una parte de Asia y América Latina pretenden que haya una reducción sustancial de las emisiones de GEI antes de 2020, porque las consecuencias van a ser desastrosas y los costos altísimos.
Si por un lado en muchas zonas aumentará la desertificación, por el otro habrá grandes inundaciones y esto provocará un fuerte fenómeno migratorio. Para 2050 se prevé la presencia de unos mil millones de personas refugiadas ambientales, sobre todo en el Sudeste asiático, Centroamérica y el Caribe. En Copenhague no se quiso hablar de ese problema.
-¿Cómo te explicas que ante este impresionante fenómeno migratorio por motivos climáticos, los países del Norte sigan con una actitud tan irresponsable?
-Aunque no lo digan públicamente están trabajando una nueva estrategia. Como no les están funcionando los muros, ni las leyes represivas, países como Estados Unidos y la Unión Europea e incluso la parte más industrial de China, van a fortificarse militarmente, van a bloquear cualquier tipo de acuerdo internacional sobre cambio climático y a blindar sus regiones ante la llegada de una marea humana de refugiados.
Por otro lado, no van a implementar la transición energética necesaria para proteger el clima de todos. El resultado final será una situación mucho más inestable y con altos riesgos sociales, a la que seguirán enfrentándose con una posición antihumanitaria de puro mercado y militarismo.
-Un tema que pasó desapercibido fue el de la deforestación y del transporte internacional como elementos que afectan el clima...
-En Kyoto no se quisieron poner en el tapete el tema de la deforestación, que causa el 20 por ciento de los GEI, ni el del transporte aéreo y marítimo internacional relacionado con el turismo y el transporte de alimentos y ropas, que corresponde a un 14 por ciento de la emisiones letales totales.
Se esperaba que en Copenhague se incluyeran estos dos sectores como objetos de reducción de emisiones, sin embargo no se hizo nada y las grandes compañías aéreas y turisticas están contentísimas, porque el lobby turístico ha conseguido que los vuelos internacionales sigan bonificados por los acuerdos climáticos.
-¿Cómo evalúa el papel desarrollado por la administración Obama en esta Conferencia?
-Había mucha expectativa y esperanza de que el discurso del presidente Obama trajera algo positivo, sin embargo fue una total desilusión, con contenidos muy similares a lo que hubiese podido decir el ex presidente George W. Bush.
Una posición puramente patriotera, menospreciando o ignorando la consecuencias globales del cambio climático, sin importarle el destino de muchas realidades del Sur, incuyendo a Centroamérica y el Caribe.
-¿Estás de acuerdo con quienes dicen que el poder de acción del presidente Obama está limitado por el poder de las transnacionales y el aparato dejado por Bush?
-El sistema estadounidense es presidencialista y el margen de maniobra del Presidente es enorme. Por ejemplo, Bush hijo inició dos guerras sin siquiera pedir el apoyo del Congreso y del Senado. En este caso, Obama no ha utilizado este margen de maniobra para hacer un cambio de política ambiental, ni de paz internacional. Cada vez que está frente al reto de hacer cambios importantes en política internacional, Obama se inclina hacia posiciones nacionalistas en plan imperial. Es una clara falta de coraje e incapacidad para traducir sus bellísimos discursos en hechos.
-¿Qué propuestas salieron del foro alternativo (Klimaforum)?
-El Klimaforum fue un gran éxito y hubo un gran nivel de propuestas resumidas en una declaración final¹. Uno de los elementos más importantes es que no se involucraron solamente las organizaciones sociales y los activistas, sino una gran cantidad de gobiernos africanos y sudamericanos que trabajaron codo a codo para buscar propuestas comunes, definiendo objetivos y metodologías para frenar el cambio climático en beneficio de la humanidad y no sólo de los países ricos. Seguramente es una vía nueva que hay que cultivar para el futuro.
Nota: 1 http://www.albasud.org/downloads/56.pdfFuente: http://www.rel-uita.org/agricultura/ambiente/cambio_climatico/con_joan_buades.htm
La Cumbre de Copenhague descifrada
25-12-2009
Significado del "Acuerdo exprés" de Obama sobre el cambio climático
Kate Sheppard
Mother Jones
Traducido por Juan Agulló
Barack Obama anunció, a última hora del viernes pasado, en la Cumbre sobre el Clima celebrada en Dinamarca, un Acuerdo conseguido tras once horas de negociación con líderes de China, India, Brasil y Sudáfrica. Solo así logró romper el punto muerto en el que habían entrado las negociaciones. Pero después de que el Presidente estadounidense embarcara en el Air Force One (con la esperanza de llegar a Washington antes que una tormenta de nieve que se avecinaba) los negociadores de 193 países se quedaron peleando a cara de perro durante toda la noche sobre el referido Acuerdo.
En plena madrugada, un puñado de países (Venezuela, Bolivia, Sudán y Nicaragua) se negó a firmarlo. Los negociadores estaban agotados, se caían del sueño. Muchos, no estaban dispuestos a firmar. Un delegado venezolano llegó hasta el punto de hacerse un corte en la mano para enfatizar su oposición. Al final no se pudo convencer a la mayoría, por lo que la declaración final de la Cumbre no adoptó el Acuerdo de Copenhague, sino que “tomó nota” del mismo. ¿Para qué sirve entonces este nebuloso Acuerdo y qué es lo siguiente?
La gran desilusión de la Cumbre de Copenhague consistió en el carácter no vinculante del acuerdo final, lo que amenaza seriamente la estrategia mundial orientada a controlar el calentamiento global, definida durante la primera Cumbre de la Tierra, celebrada –en 1992- en Río de Janeiro y que dio lugar, en 1997, al Protocolo de Kyoto.
Obama reventó todo tras una reunión privada con los líderes chino, indio, sudafricano y brasileño y la ausencia de los otros 188 países involucrados. La ONU jamás se pronunció al respecto y en cuanto al Gobierno danés, se comprometió a coordinar la aprobación del Acuerdo durante las próximas semanas. En realidad, da lo mismo: como el documento no se adoptó por unanimidad, su función jurídica es irrelevante hasta el punto de que será papel mojado en el marco de las futuras deliberaciones ede las Naciones Unidas.
“Hay que tener claro que se trata de una declaración de buenas intenciones, y no de un documento vinculante”, declaró Yvo de Bóer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). “Por eso ahora el desafío debe consistir en convertir lo acordado políticamente en Copenhague en algo tangible, medible y verificable”.
La conversión de este acuerdo en acciones concretas estará plagada de obstáculos. El documento final, en relación con la expectativa que había levantado, es pobre: resulta vago y deja muchos cabos sueltos. Declara, por ejemplo, que la temperatura media global no debería sobrepasar los 2ºC.
El texto no recoge, sin embargo, ninguna medida concreta orientada a la consecución de dicho objetivo (los borradolres del Acuerdo que circularon por Copenhague antes del viernes pasado pedían un recorte del 50% en las emisiones globales hasta 2020, de las que el 80% tendrían que corresponder a los países más desarrollados: dicha petición, sin embargo, desapareció del documento final).
Todo esto convierte el objetivo de que la temperatura no sobrepase los 2ºC en un brindis al sol.
Incluso la parte del documento final que supuestamente expone los compromisos a los que se habría llegado durante la Cumbre consiste en una lista en blanco hasta el 1 de febrero de 2010: por eso será incluida en un apéndice.
Ni siquiera los compromisos más modestos se formalizaron, lo cual -según un estudio de la CMNUCC filtrado a la prensa la semana pasada- pone al planeta en la senda de un incremento medio de 3ºC en las temperaturas globales.
Un subida de las temperaturas de tal magnitud -a la luz de las conclusiones de un estudio del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [GIECC, de la ONU] podría implicar consecuencias catastróficas para muchos países africanos e insulares que correrían serios riesgos con cualquier incremento superior a 1,5ºC.
Tras dos semanas de arduas negociaciones, el único avance real logrado en Copenhague parecía que es el compromiso de financiación –por parte de los países ricos a los pobres- para ayudarles a enfrentar el cambio climático.
Los países industrializados prometieron, en principio, unos 10.000 millones de dólares anuales, durante tres años: un esquema de financiación denominado fast-start (arranque rápido), que posteriormente inyectaría progresivamente unos 100.000 millones de dólares hasta 2020.
Una vez más, sin embargo, las promesas se esfumaron: el documento no dice en ninguna parte de dónde vendrá el dinero ni cómo se distribuirá. Tampoco explica otra cuestión fundamental: cómo se realizarán las evaluaciones independientes que verifiquen el progreso real de China en términos de disminución de emisiones.
De hecho, el lenguaje con el que se aborda en el Acuerdo la reducción global de emisiones, remite más a contorsiones lingüísticas que a un plan de acción real.
Teniendo en cuenta las numerosas omisiones del Acuerdo, ninguno de los participantes está feliz con el resultado de la Cumbre. Muchos actores importantes lo apoyaron de mala gana, sólo para que la reunión no terminara en fiasco total (por ejemplo, para que parte del desembolso previsto de los 10.000 millones de dólares –que dependía de que el Acuerdo fuese firmado- pudiera ser desbloqueado).
Incluso Lars LØkke Rasmussen, Primer Ministro danés y anfitrión del encuentro, se mostró tibio en su valoración: “Estoy satisfecho. Hemos conseguido un resultado”.
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión Europea, subrayó por su parte que no escondía su “desilusión con respecto al carácter no vinculante del futuro acuerdo. A ese nivel, el acuerdo se queda corto”.
Previamente, los funcionarios de la Unión Europea (UE) se habían mostrado dispuestos a recortar sus emisiones en un 30% para llegar a 2020 por debajo de los niveles de emisión de 1990. La ausencia de acuerdos hizo que al final la UE terminara optando por una reducción del 20%.
Los requiebros al estudio de la CMNUCC indignaron a muchos países en vías de desarrollo, que perciben este tipo de foros como, prácticamente, el único lugar en el que pueden ser escuchados. “Simplemente, los países pobres y vulnerables se han excluido. Les han sometido a una presión extraordinaria para que firmaran el Acuerdo de Obama”, expresó Kate Horner, analista política de Friends of the Earth y asesora de la delegación boliviana.
Algunos grupos ambientalistas de Estados Unidos sostienen que, a pesar de todo, un aspecto positivo de la ambigua fase final de la Cumbre de Copenhague es que sus resultados políticos pueden contribuir a que se produzca un cambio de tendencia en el Senado estadounidense. El logro de Obama consistió en comprometer la cooperación de China e India, dos de las mayores economías emergentes.
Como, al mismo tiempo, el Acuerdo no es vinculante, seguramente plantea la necesidad de una legislación nacional específica. “Todo esto deja la concreción de los términos de compromiso en manos del Senado, que es lo que ellos querían” -manifestó Fred Krupp, dirigente del Environmental Defense Fund.
Muchos sugieren que la clave del problema está en que las perspectivas reales de una resolución multilateral del problema del cambio climático son complejas.
Aunque el viernes pasado Obama se declaró comprometido con el desarrollo de un nuevo acuerdo legalmente vinculante y aludió al hecho de que otros líderes también lo estarían, no hay ni una hoja de ruta, ni un objetivo concreto ni, obviamente, ningún acuerdo para alcanzar dicho objetivo.
No en vano el Acuerdo de Copenhague también desechó la hoja de ruta destinada a sustituir al Protocolo de Kyoto, adoptada por la comunidad internacional durante una cumbre celebrada en Bali en 2007. Por si eso fuera poco, las negociaciones para alcanzar un acuerdo en el seno de la CMNUCC han sido aplazadas hasta el próximo 31 de mayo en Bonn, Alemania. La siguiente cumbre de alto nivel tendrá lugar en México DF, a finales de noviembre de 2010.
Carl Pope, director ejecutivo del Club Sierra declaró al Mother Jones que, en su opinión “la relación entre Estados Unidos y el resto del mundo está rota y ello, tendrá consecuencias. Muchos estadounidenses realmente creyeron que Barack Obama sería diferente y mitigaría las consecuencias de la presidencia que le precedió, pero no lo hizo”.
El director de campañas y política de Oxfam, Phil Bloomer, por su parte, lamentó, en una rueda de prensa celebrada el viernes por la noche, que la mayor parte de los países enfrenten el problema del cambio climático no como un desafío extremo que les afectará antes o después, sino como una cuestión enfocada a partir de intereses nacionales cuando no de mezquinas preocupaciones domésticas. “Parece evidente que la dinámica negociadora actual no funciona”, concluyó.
Kate Sheppard cubre las noticias de energía y política ambiental en Washington DC.
Fuente: http://motherjones.com/politics/2009/12/copenhagen-decoded
lunes, 21 de diciembre de 2009
La Batalla de Copenhague
21-12-2009
Hugo Rafael Chávez Frías
VTV
I
Copenhague fue el escenario de una batalla histórica en el marco de la XV Conferencia del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Mejor dicho: en la bella y nevada capital de Dinamarca, comenzó una batalla que no concluyó el viernes 18 de diciembre de 2009. Quiero reiterarlo: Copenhague fue apenas el comienzo de la batalla decisiva por la salvación del planeta. Batalla en el terreno de las ideas y en el de la praxis.
El brasileño Leonardo Boff, gran teólogo de la liberación y una de las voces más autorizadas en materia ecológica, en un artículo medular, titulado Lo que está en juego en Copenhague, dejó escritas estas palabras plenas de lucidez y valentía: ¿Qué podríamos esperar de Copenhague? Apenas esta sencilla confesión: así como estamos no podemos continuar. Y un propósito simple: Vamos a cambiar de rumbo. A eso fuimos, precisamente, a Copenhague: a batallar por un cambio de rumbo en nombre de Venezuela y en nombre de la Alianza Bolivariana. Y más aún: en defensa de la causa de la humanidad y, para decirlo con el Presidente Evo Morales, en defensa de los derechos de la Pachamama, de la Madre Tierra.
Sabiamente lo dijo el mismo Evo, quien junto a este servidor, le tocó asumir la vocería de la Alianza Bolivariana: Aquí está en debate, si vamos a vivir o vamos a morir.
Todas las miradas del mundo se concentraron en Copenhague: la XV Conferencia sobre el Cambio Climático nos permitió calibrar de qué fibra estamos hechos, dónde habita la esperanza y qué podemos hacer para fundar lo que el Libertador Simón Bolívar definiera como el equilibrio del universo; un equilibrio que nunca podrá alcanzarse dentro del sistema-mundo capitalista.
II
Antes de nuestra llegada a Copenhague, el bloque africano, respaldado por el Grupo de los 77, se había encargado de denunciar que los países ricos estaban desentendiéndose del Protocolo de Kyoto, esto es, del único instrumento internacional que existe para luchar contra el calentamiento global: el único que impone sanciones a los Estados industrializados y protege a los países en desarrollo.
Necesario es reconocer que la batalla ya se había iniciado en las calles de Copenhague, con la juventud en la vanguardia protestando y proponiendo: pude ver y sentir, desde mi arribo a la capital danesa el 16 de diciembre, la fuerza histórica de otro mundo que, para la juventud, ya no sólo es posible sino que es absolutamente necesario.
III
En Copenhague, desde un principio, las cartas quedaron sobre la mesa a la vista de todos. De un lado, las cartas de la mezquindad y la insensatez brutal del capitalismo que no da su brazo a torcer en defensa de su lógica: la lógica del capital, que sólo deja muerte y destrucción a su paso cada vez más acelerado.
Del otro lado, las cartas del reclamo de los Pueblos por la dignidad humana, la salvación del planeta y por un cambio radical, no del clima, sino del sistema-mundo que nos ha colocado al borde de una catástrofe ecológica y social sin precedentes.
De un lado, los triunfadores de una civilización mercantil y utilitaria, esto es, los "civilizados" que desde hace mucho tiempo se olvidaron del ser, para apostar ciegamente a un tener, cada vez más insaciable.
Del otro lado, los "bárbaros" que seguimos empeñados en creer, y en luchar por ello, que, cambiando radicalmente de lógica, se puede maximizar el bienestar humano, minimizando los impactos ambientales y ecológicos; que sostenemos la imposibilidad de defender los derechos humanos, como lo planteara el compañero Evo Morales, si no se defienden antes los derechos de la Madre Tierra; que actuamos con el firme propósito de dejarles planeta y porvenir a nuestras descendencias.
No me cansaré de repetirlo a los cuatro vientos: la única alternativa posible y viable es el socialismo. Lo dije en cada una de mis intervenciones ante todos los representantes del mundo congregados en Copenhague, la cita mundial más importante en los últimos doscientos años: no hay otro camino, si queremos detener esta carrera desalmada y envilecida que sólo nos promete la aniquilación total.
¿Por qué le temen tanto los civilizados a un proyecto que aspira la construcción de la felicidad compartida? Le temen, hablemos claro, porque la felicidad compartida no genera ganancia. De allí la lucidez meridiana de aquella gran consigna de la protesta callejera de Copenhague que hoy habla por millones: "Si el clima fuera un banco, ya lo habrían salvado".
Los "civilizados" no toman las medidas que deben tomar, porque eso, sencillamente, los obligaría a cambiar radicalmente su voraz modelo de vida, signado por el confort egoísta y eso no habita en sus fríos corazones, que sólo palpitan al ritmo del dinero.
Por eso, el imperio llegó a última hora, el 18 de diciembre, a ofrecer migajas a manera de chantaje y así lavar la culpabilidad marcada en su rostro. Frente a esta estrategia del bolsillo lleno, se escuchó por Dinamarca la voz clara y valiente de la pensadora hindú Vandana Shiva diciendo una gran verdad: "Creo que es hora de que Estados Unidos deje de verse a sí mismo como donante y comience a reconocerse como contaminador: un contaminador debe pagar una compensación por los daños y debe pagar su deuda ecológica. No se trata de caridad. Se trata de justicia".Debo decirlo: en Copenhague se acabó definitivamente la ilusión Obama. Quedó confirmado en su condición de jefe del imperio y "Premio Nóbel de la Guerra". El enigma de los dos Obama ha quedado resuelto.
El viernes 18 llegaba a su fin sin un acuerdo democráticamente consensuado: Obama montaba tinglado aparte, en una nueva violación de los procedimientos de la ONU, por lo que nos vimos obligados a impugnar cualquiera resolución que no pase por el respeto a la vigencia del Protocolo de Kyoto. Respetar y potenciar Kyoto es nuestra divisa.
No fue posible un acuerdo en Copenhague por la falta de voluntad política de los países ricos: los poderosos del mundo, los hiperdesarrollados, que no quieren ceder en sus patrones de producción y consumo tan insensatos como suicidas. "El mundo a la mierda, si se atreven a amenazar mis privilegios y mi estilo de vida", es lo que parecen reiterar con su conducta: ésta es la dura verdad que no quieren oír de quienes sí actuamos bajo el imperativo histórico y categórico de cambiar de rumbo.
Copenhague no es un fin, lo reitero, sino un comienzo: se han abierto las puertas para un debate universal sobre cómo salvar al planeta, a la vida en el planeta. La batalla continúa.
IV
Nos tocó conmemorar el 179 aniversario de la desaparición física de nuestro Libertador en un acto del más hondo contenido revolucionario: me refiero al Encuentro de la Alianza Bolivariana con los movimientos sociales de Dinamarca el 17 diciembre. Allí pude sentir, una vez más, que Bolívar ya no sólo es bandera venezolana y nuestro americana, sino que es cada vez más, líder universal. Es su herencia viva y combatiente, encarnada hoy en la Alianza Bolivariana, que se está haciendo mundo: la herencia que nos llevó a Copenhague a dar la batalla por la Patria Grande, que es, al mismo tiempo, darla por la causa de la humanidad.
En realidad y en verdad: ¡Bolívar vive! En Copenhague confirmé que está más vivo que nunca.Y ahora sí Vencerá.¡Ahora sí Venceremos!Hugo Chávez Frías
Fuente: http://www.vtv.gob.ve/art%C3%ADculos/opini%C3%B3n/27610
La verdad de lo ocurrido en la Cumbre

Fidel Castro
Cubadebate
21-12-2009
A los jóvenes interesa más que a nadie el futuro.
Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá.
No se trata de frases dramáticas. Hay que acostumbrarse a los hechos reales. Lo último que pueden perder los seres humanos es la esperanza. Con la verdad en la mano, hombres y mujeres de todas las edades, especialmente los jóvenes, han librado en la Cumbre ejemplar batalla, ofreciendo al mundo una gran lección.
Lo principal ahora es que se conozca lo más posible en Cuba y en el mundo lo ocurrido en Copenhague. La verdad posee una fuerza que supera la inteligencia mediatizada y muchas veces desinformada de quienes tienen en sus manos los destinos del mundo.
Si en la capital danesa se logró algo importante, fue que a través de los medios masivos la opinión mundial pudo observar el caos político creado y el trato humillante a Jefes de Estado y Gobierno, Ministros y miles de representantes de movimientos sociales e instituciones, quienes llenos de ilusiones y esperanzas viajaron a la sede de la Cumbre en Copenhague. La brutal represión contra manifestantes pacíficos por parte de la fuerza pública, recordaba la conducta de las tropas de asalto de los nazis que ocuparon la vecina Dinamarca en abril de 1940. Lo que nadie podía imaginar es que, el 18 de diciembre del 2009, último día de la Cumbre, esta sería suspendida por el gobierno danés -aliado de la OTAN y asociado a la carnicería de Afganistán- para entregar la sala principal de la Conferencia al Presidente Obama, donde él y un grupo selecto de invitados, 16 en total, tendrían el derecho exclusivo de hablar. Obama pronunció un discurso engañoso y demagógico, lleno de ambigüedades, que no implicaba compromiso vinculante alguno e ignoraba el Convenio Marco de Kyoto. Se marchó de la sala poco después de escuchar a algunos oradores más. Entre los invitados a usar de la palabra estaban los países más industrializados, varios de las economías emergentes y algunos de los más pobres del planeta. Los líderes y representantes de más de 170, solo tenían derecho a escuchar.
Al finalizar el discurso de los 16 escogidos, Evo Morales, con toda la autoridad de su origen indio aymara, recién electo por el 65% de los votos y el apoyo de las dos terceras partes de la Cámara y el Senado de Bolivia, solicitó la palabra. Al Presidente dinamarqués no le quedó otra alternativa que cedérsela ante la demanda de las demás delegaciones. Cuando Evo concluyó sus sabias y profundas frases, el danés tuvo que cederle la palabra a Hugo Chávez. Ambos pronunciamientos pasarán a la historia como ejemplos de discursos breves y oportunos. Cumplida cabalmente la tarea, los dos partieron hacia sus respectivos países. Pero cuando Obama hizo mutis por el foro, no había cumplido todavía su tarea en el país sede de la Cumbre.
Desde la noche del 17 y la madrugada del 18, el Primer Ministro de Dinamarca y altos representantes de Estados Unidos se reunían con el Presidente de la Comisión Europea y los líderes de 27 países para proponerles en nombre de Obama, un proyecto de acuerdo, en cuya elaboración no participaría ninguno de los restantes líderes del resto del mundo. Era una iniciativa antidemocrática y virtualmente clandestina, que ignoraba a miles de representantes de los movimientos sociales, instituciones científicas, religiosas y demás invitados a la Cumbre.
Durante toda la noche del 18 hasta las tres de la madrugada del 19, cuando ya muchos Jefes de Estado se habían marchado, los representantes de los países estuvieron esperando el reinicio de las sesiones y la clausura del evento. Todo el día 18, Obama sostuvo reuniones y conferencias de prensa. Lo mismo hicieron los líderes de Europa. Después se marcharon.
Ocurrió entonces algo insólito: a las tres de la madrugada del 19, el Primer Ministro de Dinamarca convocó una reunión para la clausura de la Cumbre. Quedaban representando a sus países ministros, funcionarios, embajadores y personal técnico.
Fue sin embargo asombrosa la batalla que libraron esa madrugada un grupo de representantes de países del Tercer Mundo, que impugnaban el intento de Obama y los más ricos del planeta de presentar como acuerdo por consenso de la Cumbre el documento impuesto por Estados Unidos.
La representante de Venezuela, Claudia Salerno, con energía impresionante mostró su mano derecha, de la que brotaba sangre, por la fuerza con que golpeó la mesa para ejercer su derecho a usar de la palabra. El tono de su voz y la dignidad de sus argumentos no podrán olvidarse.
El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, pronunció un enérgico discurso de aproximadamente mil palabras, del cual escojo varios párrafos que deseo incluir en esta Reflexión:
“El documento que usted varias veces afirmó que no existía, señor Presidente, aparece ahora. [...] hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos…”
“…Lamento profundamente la manera en que usted ha conducido esta conferencia.”
“…Cuba considera extremadamente insuficiente e inadmisible el texto de este proyecto apócrifo. La meta de 2 grados centígrados es inaceptable y tendría consecuencias catastróficas incalculables…”
“El documento que usted, lamentablemente, presenta no tiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.”
“Conozco las versiones anteriores que también, a través de procedimientos cuestionables y clandestinos, se estuvieron negociando en corrillos cerrados…”
“El documento que usted presenta ahora omite, precisamente, las ya magras e insuficientes frases clave que aquella versión contenía…”
“…para Cuba, es incompatible con el criterio científico universalmente reconocido, que considera urgente e insoslayable asegurar niveles de reducción de, al menos, el 45% de las emisiones para el año 2020, y no inferiores al 80% ó 90% de reducción para el 2050.”
“Todo planteamiento acerca de la continuación de las negociaciones para adoptar, en el futuro, acuerdos de reducción de emisiones, debe incluir, inevitablemente, el concepto de la vigencia del Protocolo de Kyoto [...] Su papel, señor Presidente, es el acta de defunción del Protocolo de Kyoto que mi delegación no acepta.”
“La delegación cubana desea hacer énfasis en la preeminencia del principio de ‘responsabilidades comunes, pero diferenciadas’, como concepto central del futuro proceso de negociaciones. Su papel no dice una palabra de eso.”
“Este proyecto de declaración omite compromisos concretos de financiamiento y transferencia de tecnologías hacia los países en desarrollo como parte del cumplimiento de las obligaciones contraídas por los países desarrollados bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático [...] Los países desarrollados, que imponen sus intereses mediante su documento, señor Presidente, evaden cualquier compromiso concreto.”
“…Lo que usted llama, señor Presidente, ‘un grupo de líderes representativos’ es, para mí, una grosera violación del principio de igualdad soberana que consagra la Carta de las Naciones Unidas…”
“Señor Presidente, le solicito formalmente que esta declaración sea recogida en el informe final sobre los trabajos de esta lamentable y bochornosa 15 Conferencia de las Partes.”
Se les había concedido sólo una hora a los representantes de los Estados para emitir opiniones, lo cual condujo a situaciones complicadas, vergonzosas y desagradables.
Se produjo entonces un largo debate en el que las delegaciones de los países desarrollados ejercieron fuerte presión para tratar de que la Conferencia adoptara dicho documento como resultado final de sus deliberaciones.
Un reducido número de países insistió con firmeza en las serias omisiones y ambigüedades del documento impulsado por Estados Unidos, en particular en la ausencia de compromiso de los países desarrollados en cuanto a la reducción de emisiones de carbono y al financiamiento para adoptar medidas de mitigación y adaptación de los países del Sur.
Después de larga y extremadamente tensa discusión, prevaleció la posición de los países del ALBA y de Sudán, como Presidente del Grupo de los 77, de que el documento en cuestión era inaceptable para ser adoptado por la Conferencia.
Ante la evidente falta de consenso, la Conferencia se limitó a “tomar nota” de la existencia de ese documento como la posición de un grupo de alrededor de 25 países.
Tras esa decisión adoptada a las 10 y 30 de la mañana, hora de Dinamarca, Bruno -después de discutir junto a otros representantes del ALBA amistosamente con el Secretario de la ONU y expresarle la disposición a seguir luchando junto a Naciones Unidas para impedir las terribles consecuencias del cambio climático- partió en compañía del Vicepresidente cubano Esteban Lazo hacia nuestro país para asistir a la reunión de la Asamblea Nacional, dando por finalizada su tarea. En Copenhague quedaban algunos miembros de la delegación y el embajador para participar en los trámites finales.
En la tarde de hoy informaron de lo siguiente:
“…tanto a los que participaron en la elaboración del documento, como los que -como el Presidente de los EE.UU.- se anticiparon a anunciar su adopción por la Conferencia… como no podían rechazar la decisión de limitarse a ‘tomar nota’ del supuesto ‘Acuerdo de Copenhague’, intentaron proponer un procedimiento para que otros países Partes que no habían estado en esta componenda se sumaran a ella, declarando su adhesión, con lo cual intentaban darle un carácter legal a dicho acuerdo, que de hecho podía prejuzgar el resultado de las negociaciones que deberán continuar.”
“Este intento tardío recibió nuevamente una firme oposición de Cuba, Venezuela y Bolivia, que advirtieron que este documento que la Convención no había hecho suyo no tenía ningún carácter legal, no existía como documento de las Partes y no podía establecerse regla alguna para su supuesta adopción…”
“Es en este estado que terminan las sesiones de Copenhague, sin que se haya adoptado el documento que fuera preparado subrepticiamente durante los últimos días, con una clara conducción ideológica de la administración americana…”
Mañana la atención se centrará en la Asamblea Nacional.
Lazo, Bruno y el resto de la delegación llegarán hoy a media noche. El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba podrá explicar el lunes, con los detalles y la precisión necesaria, la verdad de lo ocurrido en la Cumbre.
Fuente: http://www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2009/12/20/la-verdad-de-lo-ocurrido-en-la-cumbre/
domingo, 20 de diciembre de 2009
Palabras de Bruno Rodríguez Parrilla en la sesión final de la Cumbre Climática en Copenhague

20-12-2009
Juventud Rebelde
Señor Presidente:
Hace ya cuatro horas el presidente Obama anunció un acuerdo que no existe; falta el respeto a la comunidad internacional, se comporta como un jefe imperial.
El documento que usted varias veces afirmó que no existía, señor Presidente, aparece ahora. Todos hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos, fuera de las salas en que la comunidad internacional, a través de sus representantes, negocia de una manera transparente.
Resulta, señor Presidente, que el documento que no existió, existe. Lamento profundamente la manera en que usted ha conducido esta conferencia.
Puedo anticiparle que la delegación de la República de Cuba ha decidido no aceptar el proyecto de declaración que usted presenta. No requiero consultas adicionales en ningún marco ni formato, y, por tanto, declaro que en esta conferencia no existe consenso sobre este documento (Aplausos).
Sumo mi voz a la de los representantes de Tuvalu, Venezuela y Bolivia. Cuba considera extremadamente insuficiente e inadmisible el texto de este proyecto apócrifo. La meta de 2º centígrados es inaceptable y tendría consecuencias catastróficas incalculables, en particular para los pequeños Estados insulares. Significaría un grave impacto en numerosas especies de la biodiversidad.
El documento que usted, lamentablemente, presenta no contiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.
Conozco las versiones anteriores que también, a través de procedimientos cuestionables y clandestinos, se estuvieron negociando en corrillos cerrados que hablaban, al menos, de una reducción del 50% para el año 2050. Tengo conmigo aquí esas versiones anteriores, que valdría la pena ofrecer a los medios de prensa y a los representantes de la sociedad civil y hacer públicas en esta sala.
El documento que usted presenta ahora, omite, precisamente, las ya magras e insuficientes frases clave que aquella versión contenía. Este documento no garantiza, en modo alguno, la adopción de medidas mínimas que permitan evitar una gravísima catástrofe para el planeta y la especie humana.
El texto de este documento, para Cuba, es incompatible con el criterio científico universalmente reconocido, que considera urgente e insoslayable asegurar niveles de reducción de, al menos, el 45% de las emisiones para el año 2020, y no inferiores al 80% ó 90% de reducción para el 2050.
Este vergonzoso documento que usted trae es también omiso y ambiguo en relación con el compromiso específico de reducción de emisiones por parte de los países desarrollados, responsables del calentamiento global por el nivel histórico y actual de sus emisiones, y a quienes corresponde aplicar reducciones sustanciales de manera inmediata. Este papel no contiene una sola palabra de compromiso de parte de los países desarrollados.
La delegación de Cuba reitera, además, su convicción de que la reducción de las emisiones de carbono de los países del Sur no puede formularse de manera que obstaculice el ejercicio del derecho al desarrollo. Este papelucho ignora ese concepto.
Todo planteamiento acerca de la continuación de las negociaciones para adoptar, en el futuro, acuerdos de reducción de emisiones, debe incluir, inevitablemente, el concepto de la vigencia del Protocolo de Kyoto, y de que estos acuerdos serán parte de un segundo período de compromisos de dichos protocolos. Su papel, señor Presidente, es el acta de defunción del Protocolo de Kyoto que mi delegación no acepta.
La delegación cubana desea hacer énfasis en la preeminencia del principio de “responsabilidades comunes, pero diferenciadas”, como concepto central del futuro proceso de negociaciones. Su papel no dice una palabra de eso.
Este proyecto de declaración omite compromisos concretos de financiamiento y transferencia de tecnologías hacia los países en desarrollo como parte del cumplimiento de las obligaciones contraídas por los países desarrollados bajo la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. El documento se limita a la idea de que los países desarrollados participen en una llamada movilización de recursos que se dice que pueden ser públicos o privados, bilaterales o multilaterales, o provenir, incluso, de fuentes alternativas. Los países desarrollados, que imponen sus intereses mediante su documento, señor Presidente, evaden cualquier compromiso concreto.
La delegación de Cuba reitera su protesta por las graves violaciones de procedimiento que se han producido en la conducción antidemocrática del proceso de esta conferencia, especialmente, mediante la utilización de formatos de debate y de negociación, arbitrarios, excluyentes y discriminatorios. Lo que usted llama, señor Presidente, “un grupo de líderes representativos” es, para mí, una grosera violación del principio de igualdad soberana que consagra la Carta de las Naciones Unidas, un mecanismo que intenta imponer decisiones a la comunidad internacional y manipular a la opinión pública. La formulación no transparente de proyectos de documentos ha sido constante en esta conferencia.
Debo expresar, señor Presidente, mi protesta y preocupación por la restricción del acceso de las organizaciones no gubernamentales a esta conferencia.
La delegación de Cuba hace parte de las posiciones expresadas por los Estados miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, en particular de los discursos de los presidentes Hugo Chávez y Evo Morales.
Señor Presidente, le solicito formalmente que esta declaración sea recogida en el informe final sobre los trabajos de esta lamentable y bochornosa 15 Conferencia de las Partes.
Muchas gracias.
Fuente: http://www.giron.co.cu/Articulo.aspx?Idn=3191&〈=es
sábado, 19 de diciembre de 2009
Copenhague: Un Golpe de Estado a la Carta de la ONU

Rechazo a documento final marca cierre de Cumbre sobre el Cambio Climático
19-12-2009
ABN/Cubadebate
La cumbre del cambio climático realizado en Copenhague, Dinamarca, desde el pasado 7 de diciembre, finalizó este viernes luego de la presentación de un documento rechazado, en principio, por las delegaciones de Cuba, Venezuela, Bolivia por haber sido creado a puertas cerradas entre un pequeño grupo de países.
'Los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) impugnamos desde ya cualquier documento que saque (Barack) Obama por debajo de la puerta', había declarado este viernes el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías.
'No conocemos ninguna declaración. Los documentos de trabajo de dos años quedaron ahí congelados como la nieve. Sacar ahora un documento de la nada sería lamentable y vergonzoso', dijo Chávez.
Por su parte, la delegación de Cuba rechazó también el proyecto de declaración. 'Es el acta de defunción del protocolo de Kioto lo que mi delegación no acepta', dijo el canciller cubano, Bruno Rodríguez.
Los países latinoamericanos intervinieron en el pleno de la conferencia, reunido a mitad de la noche, tras el discurso del representante del pequeño archipiélago de Tuvalu (océano Pacífico), que rechazó aprobar el texto propuesto.
En profundo desacuerdo con la "propuesta Obama", que hace alusión a un aumento máximo de la temperatura de 2º C, el delegado de Tuvalu, uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático, la comparó “a un puñado de monedas para traicionar a nuestro pueblo y a nuestro futuro”.
Los pequeños países insulares militan porque el calentamiento se limite a 1,5º C para no verse sumergidos por el aumento del nivel del mar.
La representante de Venezuela consideró que la forma en que fue alcanzado este compromiso político, al que la mayoría de delegaciones no tuvo acceso hasta la apertura del plenario, representa “un golpe de Estado a la Carta de Naciones Unidas”.
“Nos lanza sobre la mesa dos papeles, después de que los líderes de varios países hayan dado ruedas de prensa para anunciar que había un acuerdo al que no hemos tenido acceso”, afirmó la delegada venezolana levantando un dedo ensangrentado para llamar la atención del presidente de la sesión.
“No vamos a decidir la vida de millones de personas en 60 minutos, no vamos a validar este documento”, afirmó el representante de Bolivia. “Estamos actuando de una manera dictatorial”, denunció.
Criticando el que el texto no recoja objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero ni compromisos precisos de ayuda financiera a los países en desarrollo, el delegado de Cuba denunció: “hace cuatro horas, el presidente (estadounidense Barack) Obama anunció un acuerdo que no existe”.
También protestaron los representantes de Costa Rica y Nicaragua, que presentó una modificación del documento que provocó una suspensión temporal de la sesión.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, expresó su satisfacción por el acuerdo conseguido tras más de doce horas de negociaciones en la capital danesa que culminaron con un encuentro entre EE.UU., Brasil, India, China y Sudáfrica en el que se forjó el pacto.
Obama reconoció que será 'muy complicado' y 'llevará un tiempo' cerrar un tratado que sea legalmente vinculante, algo que requerirá 'más confianza' entre las partes.
Según Obama, el acuerdo logrado este día, no será legalmente vinculante pero sí hará que los países fijen sus objetivos de recorte de emisiones de gases contaminantes.
Conferencia de cambio climático de Copenhague debate acuerdo final

Los líderes del mundo han ampliado su agenda de trabajo a fin de continuar discutiendo en la cumbre sobre cambio climático de las Naciones Unidas en Dinamarca el llamado "Acuerdo de Copenhague" para la reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero.
Los líderes del mundo han ampliado su agenda de trabajo a fin de continuar discutiendo en la cumbre sobre cambio climático de las Naciones Unidas en Dinamarca el llamado "Acuerdo de Copenhague" para la reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero.
La sesión general comenzó finalmente luego de las 3 de la madrugada del sábado, después de difíciles negociaciones realizadas el viernes. El Acuerdo de Copenhague, al cual se llegó durante una reunión informal entre varios líderes, está siendo debatido ahora por todos los participantes en la convención. El acuerdo hace un llamado para que las naciones definan para el primero de febrero de 2010 sus metas de reducción de emisiones contaminantes para el año 2020 a fin de evitar que aumente más de 2 grados centígrados la temperatura del planeta. En áreas donde se decida el apoyo de la comunidad internacional, las naciones en desarrollo deberán someterse al escrutinio de los datos que presenten, de sus informes y deberán permitir la verificación de sus actividades de combate al calentamiento global. El acuerdo también estipula que los países desarrollados ofrecerán 30 mil millones de dólares durante los próximos tres años al mundo en desarrollo para combatir el cambio climático y aumentarán su apoyo financiero al nivel de los 100 mil millones de dólares por año a partir del 2020. Alcanzar un acuerdo en la sesión plenaria es la clave del éxito de la conferencia de Conpenhagen a la que asisten 130 países.
viernes, 18 de diciembre de 2009
“Cómo los ricos destruyen el planeta”, de Hervé Kempf

09 Dic, 2009
Por: J. C. Gª Fajardo
La visión del mundo de las clases dirigentes, que consiste en pensar que la única vía imaginable es aquella que conduce a acrecentar más y más la riqueza, no solamente es siniestra , también es ciega.
Es indiferente, da la degradación de la mayoría de las condiciones de vida de hombres y mujeres y consiste en dilapidar las posibilidades de supervivencia de las generaciones futuras.
Nos encontramos en un momento de la historia que plantea un desafío radicalmente nuevo a la especie humana: su dinamismo prodigioso colisiona con los límites de la biosfera y pone en peligro su porvenir. Vivir este momento significa que debemos encontrar los medios de reorientar esta energía humana y esta voluntad de progreso.
Es un desafío a la vez magnífico y temible. Hervé Kempf es un reconocido periodista especializado en el medio ambiente. Trabajó en Courier International, La Recherche y desde hace años es un referente de peso en el prestigioso Le Monde.
Para el autor de este libro en el que ha seleccionado y organizado lo mejor de su reflexión sobre el tema, no se resolverá la crisis ecológica sin antes atacar la crisis social. Hoy es la oligarquía quien controla las finanzas, la economía y la política, además de los medios de comunicación en el mundo, la que amenaza el planeta.
Su lectura es fascinante por lo bien informada y bien contada. Me limitaré a enunciar algunos capítulos que es imposible no leer, lápiz en mano.
La catástrofe, ¿y ahora? Algo nunca visto desde los dinosaurios. El planeta ya no se recupera. Hacia el shock petrolero. Crisis ecológica, crisis social. Globalización de la pobreza. Los ricos, cada vez más ricos. La oligarquía mundial y ciega. La miseria ecológica. La secta mundial de los insaciables. El crecimiento y el aumento de la producción no son necesarios.
Y como postre: “La coartada del terrorismo”, impresionante. Celebremos el día de los “empleados de los organismos de seguridad”, de gran perspicacia y documentación. Criminalizar la oposición política. Hacia una vigilancia integral. Y el devastador “El capitalismo ya no necesita la democracia” que sólo es superado por algo que intuimos cada vez que ocurre alguna desgracia y la oposición se lanza a degüello: “El deseo de catástrofe”.
Para concluir estas crónicas impresionantes con “La época de amargas renuncias que nos espera”.
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
Hervé Kempf: "La clase que está en lo más alto define el modelo de consumo para toda la sociedad"
Por: YVKE Mundial Fecha de publicación: 18/12/09
Credito: YVKE Mundial
El autor Hervé Kempf del libro Cómo lo Ricos Destruyen el Planeta habla sobre el mensaje que lleva al público en su obra.
En la enorme sala de prensa de la Cumbre del Clima de Copenhague había este miércoles un periodista francés al que muchos colegas se acercaban para darle unas palmaditas en la espalda y bromear con él. Se trata de Hervé Kempf, enviado especial del diario Le Monde y un veterano de estas conferencias. Se había convertido en noticia, pues el presidente venezolano Hugo Chávez acababa de citar en el plenario su libro Cómo los Ricos Destruyen el Planeta.-
Usted afirma en el libro que la actual estructura económica condiciona negativamente las metas de la ecología.- Si. Es que si queremos resolver la crisis ecológica hay que reducir las desigualdades.- ¿Qué destacaría de esta relación?-
Como explicaba el economista Veblen, en muchas sociedades los individuos están en rivalidad ostentatoria, es decir, buscan manifestar que son superiores y más chic. Pero, a la vez, los de una capa social más baja encuentran su modelo para vivir en la clase superior. Esto significa que la clase que está en lo más alto define el modelo de consumo para toda la sociedad.
¿Qué pasa en un mundo que es extremadamente rico y a la vez desigual?
Pues que se ha tomado como ejemplo para todos un modelo de sobreconsumo basado en coches enormes, ropas lujosas, gadgets por todas partes... Esto empuja a una crisis ecológica.-
¿Qué tiene que ver esto con la cumbre de Copenhague?-
Ésta es una de las razones por las que creo que esta conferencia corre el riesgo de acabar en fracaso. Lo escribí en septiembre: si la cuestión de la desigualdad no se ponía sobre la mesa no habría acuerdo. No se puede decir a la gente "hay que salvar el planeta" sin explicar al mismo tiempo que hay que cambiar de sistema, de economía, de costumbres.
Evo Morales opina que "Obama es peor que Bush...sólo ha cambiado el color del presidente"

El presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó hoy en Copenhague que "Obama es peor que Bush", su antecesor en la Casa Blanca, y que "sólo ha cambiado el color del presidente" de Estados Unidos.Morales justificó su afirmación sobre el presidente norteamericano, Barack Obama, citando el anuncio "a bombo y platillo" del cierre del centro de detención en la base estadounidense de Guantánamo en Cuba, para luego cambiar de opinión
También criticó su postura con respecto al golpe de Estado en Honduras, que según él ha sido instigado en realidad por Washington
Lo ocurrido en Honduras es una "advertencia y una amenaza" para países que se quieran sumar a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) -que integran Cuba, Venezuela, Bolivia y la propia Honduras, entre otros-, según Morales, que ha viajado a Copenhague para participar en la Cumbre mundial del Clima
Rechazó además las acusaciones de la administración estadounidense sobre la supuesta eliminación de sindicatos por el Gobierno boliviano y sus "observaciones" sobre algunos artículos de la nueva Constitución de este país andino, "decisión soberana del pueblo", recordó Morales.
El líder boliviano también criticó a Obama por vetar unilateralmente las preferencias arancelarias con Bolivia, dudó de que EEUU esté comprometido de verdad con avanzar hacia una economía "verde" e ironizó con la "vergüenza" de la concesión del Nobel de la Paz este año al presidente estadounidense."Nunca vamos a ganar el Nobel de la Paz, porque nunca vamos a mandar tropas", dijo Morales, que figura en la lista de candidatos a este premio desde hace años.
Pasado un día desde su llegada a la cumbre climática, el presidente Morales hizo un balance pesimista del transcurso de la conferencia y de las posibilidades de alcanzar un acuerdo."Tengo muchas dudas de que aquí vayamos a llegar a unos acuerdos para defender la vida, la humanidad, el planeta Tierra. Hay profundas diferencias, por ejemplo, en la aplicación del Protocolo de Kioto, que los países ricos quieren anular", declaró
Morales no cree que entre hoy y mañana, cuando se clausura la cumbre, sea posible lograr un avance significativo en las negociaciones y criticó a los responsables de la conferencia por enredarse en discutir sobre los procedimientos para seguir el debate, lo que constituye una "perdida de tiempo".
La renuncia a consensuar un tratado jurídico y las dificultades para lograr al menos un acuerdo de compromiso hacen que Morales califique la cumbre de Copenhague de "fracaso".
Morales criticó a los países occidentales por hablar únicamente de los efectos del cambio climático, pero no de sus causas, que él centra en el sistema capitalista."Mientras no digamos la verdad sobre las causas es imposible resolver el tema de la vida, porque el responsable principal de este desastre natural es el capitalismo. La lucha todavía será larga, pero estoy convencido de que el movimiento popular, y especialmente el movimiento indígena, va a derrotar tarde o temprano al capitalismo", afirmó.
A pesar de las dificultades, cree que "tarde o temprano, los países capitalistas tendrán que subordinarse o someterse a las propuestas de los movimientos sociales, si queremos salvar la vida".
El presidente de Bolivia no cree que el mundo desarrollado tenga voluntad política e interés real en comprometerse a reducir sus emisiones y financiar medidas de los países pobres para mitigar las emisiones y que se adapten al cambio climático."Todavía hay mucha soberbia, piensan que compensando con plata a los países en desarrollo o comprando acciones en el mercado de carbono se va a hacer algo, pero ésa no es la solución", sostuvo Morales, que señala el cambio de sistema económico como única vía.
Morales también se refirió al opositor boliviano Manfred Reyes Villa, que fue su principal rival en las últimas elecciones, e insistió en que ha huido del país, aunque él haya afirmado lo contrario."Da vergüenza apoyar a un candidato como él, que huye del país. Estoy casi seguro de que ya está en Perú o en Brasil", dijo Morales, que hoy tiene previsto participar con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en un acto popular de la ALBA en Copenhague, fuera del espacio de la cumbre climática, antes de abandonar Dinamarca.

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