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lunes, 31 de mayo de 2010

Estados Unidos: La Ley de Inmigración de Arizona vuelve a sacar manifestantes a las calles



TRIBUNA LATINA

Más de 50.000 personas salieron el sábado de nuevo a las calles de Phoenix para protestar contra la ley de inmigración SB1070 aprobada por Arizona y que las organizaciones de inmigrantes, la mayoría hispanos, consideran racista. Los manifestantes exigieron al Gobierno federal que intervenga para que no entre en vigor el 29 de julio esta ley, que consideran racista.

Los manifestantes, muchos llegados desde otros estados norteamericanos, trajeron su propia comida y agua para no comprar nada en Phoenix como gesto de boicot a la nueva ley.

Grupos de defensa de los derechos civiles y de trabajadores de todo el país se sumaron a la protesta contra una ley que obliga a los policías locales y estatales a investigar los posibles casos de inmigrantes irregulares. "Queremos impedir que se extienda la ley por el país", explicó el director de la Red Nacional de Organización de Trabajadores, Pablo Alvarado, en declaraciones a Reuters.

En concreto, exigen al presidente Barack Obama que ordene a las autoridades federales que no acepten la permanencia bajo custodia de inmigrantes detenidos en virtud de esta ley. También quieren que Obama anule el conocido como acuerdo 287g, que permite a los agentes de las policías locales aplicar la legislación federal sobre inmigración.

Mientras activistas derechistas de Tea Party también estarán presentes en Phoenix con su campaña "Compra Arizona ya" para boicotear el boicot. "Es para gastar nuestro dinero en Arizona y para oponernos a estos boicots que no son más que un ataque violento contra los propietarios de negocios", afirmó uno de los integrantes de Tea Party, Tony Katz, en declaraciones a la cadena ABC. "Los dueños de comercios no han hecho nada malo y son quienes están siendo atacados", explicó.
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viernes, 7 de mayo de 2010

Arizona: ¿reverdece el concepto de las razas inferiores?


por Marcos Alfonso, AIN *

El ocho de mayo de 1945, a las once de la noche, Adolph Hitler capituló y se cerraba la página más genocida y criminal en la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial, cuyo saldo se estipula en cifra notablemente superior a los veinte millones de muertos. Nunca se sabrá la absoluta verdad.
Con el estandarte de las por él calificadas de “razas inferiores”, entronizó el nazismo, fórmula política que encerraba la persistente persecución y muerte de los alemanes –o no— de origen judío. En su versión más moderna: xenofobia (odio, repugnancia, aborrecimiento, hostilidad…). Huelgan comentarios.

Así las cosas hace poco más de una semana fue aprobada en el estado de Arizona la controvertida legislación que criminaliza a los indocumentados.

A lo ancho y extenso de los Estados Unidos las protestas no se hicieron esperar: miles de personas se movilizaron en marchas y actos de condena en cerca de 70 ciudades de la Unión.

La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y sus organizaciones para América, han solicitado al presidente Barack Obama que interceda para evitar la aplicación de tamaño engendro legislativo, encaminado a criminalizar a los indocumentados e “instala métodos de control racistas”.

“La ley criminaliza al inmigrante indocumentado, lo cual resulta inaceptable y contrario a los estándares internacionales”, subrayaron en comunicado la FIDH y sus asociados, quienes se quejaron, además, de que “instaura un método altamente discriminatorio y racista para su aplicación”, según reza en el sitio web ABC.es.

El texto legislativo de Arizona faculta a la policía, a mera apreciación, para detener y arrestar a personas, sobre la base de su “apariencia”, de carecer de permiso para radicar en los Estados Unidos. ¡Pobres mulatos, trigueños, asiáticos… en fin!

La organización de derechos humanos pone el dedo en la llaga cuando arguye que de tal ejecutoria policial, sin temor a engaño, se generarán innumeras detenciones, atropellos u otro accionar contra personas cuyo único delito es el color de su piel.

De acuerdo a ABC.es, la FIDH y sus organismos asociados de México, Guatemala, Argentina, Estados Unidos, Nicaragua, Perú, Ecuador, Canadá y Panamá, sustentan que :“De esta detención arbitraria (…) se derivarán sin la menor duda mayores vulneraciones de derechos humanos”, más allá del “principio penal esencial que es la presunción de inocencia”.

Suceso paradójico aconteció en Washington durante las protestas que incluyeron el arresto de una treintena de manifestantes, entre quienes se hallaba el congresista demócrata por Illinois, Luis Gutiérrez, apostado frente a la Casa Blanca en momentos en que el presidente Barack Obama se hallaba en el recinto. Las protestas acaecidas en todo Estados Unidos urgen al mandatario de esa nación a que “abrace inmediatamente la causa de la reforma inmigratoria”, de acuerdo a reporte de la agencia noticiosa AP.

El despacho acota que activistas, familias, estudiantes e incluso funcionarios públicos marcharon, ejercieron la desobediencia civil y confesaron su estatus inmigratorio en nombre de los derechos de los alrededor de 12 millones que residen indocumentados en los EE.UU.

“Es crimen buscar mejor vida para mi familia”, rezaba, entre otros muchos, un cartel enarbolado frente a la Casa Blanca.

La legislación aprobada en Arizona, a escasos días de conmemorarse los 65 años de decapitación del nazismo, tal parece grotesca provocación en aras de reverdecer la nefasta política que enarbolara el III Reich y su ideólogo Adolph Hitler.
Marcos Alfonso

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domingo, 20 de diciembre de 2009

‘Made in LA’: hacerse en la lucha




Documental: La lucha de inmigrantes latinas en las fábricas de EE.UU.

19-12-2009
Irene G. Rubio
Diagonal

Maura, Lupe y María, tres inmigrantes latinas, hicieron frente a la compañía que las contrataba por sueldos de miseria. Almudena Carracedo las acompañó cámara en mano, y el resultado es ‘Made in LA’, un documental que muestra su transformación como trabajadoras y mujeres.
DIAGONAL: ¿Cuál era tu idea inicial y cómo evolucionó con el tiempo?

A. CARRACEDO: Mi objetivo era sólo realizar un pequeño corto documental que retratara las condiciones de las inmigrantes latinas en las fábricas de Los Ángeles. Las mujeres acababan de empezar un boicot contra una empresa de ropa para la que cosían, y la energía esos días era electrizante. Pero lo que no anticipaba es que su campaña iba a llevar tres largos años, y que acabaría grabando todo ese proceso.

¿Qué intención tenías: denunciar una situación, mostrar una realidad silenciada a un público que quizás ni sabe que existe...?

Quería realizar un retrato íntimo y profundo de una experiencia cada vez más universal: la lucha de muchos inmigrantes para comenzar una nueva vida, para aprender sus derechos y proclamar su voz. Espero que Made in LA pueda proporcionar un ventana profundamente humana para ver y entender esta lucha del inmigrante.

Acompañar con tu cámara un proceso que duró unos tres años te ha permitido presenciar la transformación de las protagonistas. ¿Cómo te planteaste el rodaje?

Las trabajadoras retratadas en el documental pertenecen a un colectivo ignorado, marginado y sin voz. A medida que empecé a conocerlas, me impresionó su necesidad de contar su historia. Les sorprendía y a la vez enorgullecía que alguien quisiera escuchar. Pasé muchísimo tiempo con ellas y se fue forjando entre nosotras una intimidad muy profunda, que pude capturar con la cámara. Hablar en español, ser mujer, y trabajar prácticamente sola fue poco a poco inspirando confianza y me permitió abrir una puerta de amistad y de respeto mutuo. No llegué con la cámara, grabé y me fui, sino que conviví con ellas y me convertí en una integrante más de su campaña.

Luchar cambia a la gente y fue impresionante observar, con la cámara, cómo cada mujer desarrollaba su sentido de autoestima y valía, y empezaba a entender y afirmar su dignidad personal. Fue en ese momento cuando nos dimos cuenta de que ‘ésta’ era la historia que teníamos que contar, y que su lucha contra la tienda de ropa no tenía valor sólo en sí misma, sino que estaba sirviendo de catalizador para que cada una de ellas experimentara su camino hacia la afirmación personal.

¿Qué te llevó a adoptar el punto de vista de las mujeres, frente a enfoques más clásicos que priorizan las entrevistas a expertos?

Tras siete meses de edición a tiempo completo, con el reto de convertir 150 horas de grabación verité en una película, el documental no estaba mal, pero no funcionaba del todo. Fue un momento muy, muy duro. Durante dos meses, con la editora ausente por vacaciones, Robert (productor y coguionista) y yo nos sentamos y recomenzamos la edición desde un punto de vista diferente: el de las mujeres. Ellas eran la voz del documental, y todo lo que había ocurrido tenía que experimentarse a través de sus miradas y sentimientos. Así reeditamos las secuencias, y todo empezó a fluir como si la historia hubiera estado ahí en todo momento, esperando a que la encontráramos.

Parte del proceso de esta película fue precisamente entender que las mujeres eran las expertas de sus propias circunstancias. Así, las entrevistas que había hecho con expertos como Noam Chomsky o Howard Zinn, quedaron para los extras del DVD, y la película evolucionó hacia una narrativa basada en los personajes. La historia no se construye sobre entrevistas de algo ‘que ya ha pasado’, sino sobre escenas que retratan la vida y la evolución de las mujeres. Esto permite al espectador experimentar, ponerse en su piel, y convierte al documental en una herramienta valiosa de lucha y educación.

¿Cómo ha sido la recepción del documental? ¿Qué respuesta habéis obtenido del público?

Made in L.A. se estrenó en el Festival de Documentales Silverdocs en Washington D.C. y luego en el Festival de Cine de Los Ángeles. Fue impresionante ver una audiencia tan diversa, con personas que no hablaban el mismo idioma y que normalmente jamás se habrían conocido, sentadas en la misma sala, riendo y llorando. Creo que la gente no esperaba divertirse tanto y a la vez emocionarse tanto con las historias. Aunque siempre creímos que la película iba a ser muy bonita, ¡fue increíble ver su impacto en la gente cuando apenas está empezando a salir al mundo!

DE LA DIFICULTAD, VIRTUD

¿Sigues en contacto con las protagonistas? ¿Qué les pareció la película?

La mujeres han estado involucradas en el proceso en todo momento. Antes del estreno, les mostré la película. Yo estaba bastante nerviosa. Las tres rieron y lloraron durante toda la película. Al final, Maura me abrazó contenta: “¡Por fin entiendo lo que has estado haciendo todos estos años!”. En ese momento yo también acabé de entenderlo. Por mi parte, como creadora he aprendido a hacer un documental. Producir un trabajo así requiere mucho sacrificio y esfuerzo, muchos años y mucha perseverancia. No tener financiación durante los cuatro primeros años fue una experiencia muy difícil que sin embargo me formó como ‘empresaria’ y creadora. Como persona, he aprendido a ver. Antes era bastante activista, pero estaba más enfadada con el mundo, no había encontrado mi manera de expresarme y de generar cambio. Ahora intento entender a la gente y sus motivaciones personales.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Made-in-LA-hacerse-en-la-lucha,9643.html



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sábado, 12 de diciembre de 2009

Redes inmigrantes de base en EE UU


LOS GRUPOS DE AUTODEFENSA Y LOS ESPACIOS COMUNITARIOS RESISTEN A LAS DEPORTACIONES

Conformado por alianzas entre activistas afroestadounidenses, sindicatos independientes, religiosos, activistas de diversas ‘izquierdas’ y trabajadores sin documentos, principalmente de origen centroamericano, el “movimiento migrante”de EE UU ha logrado emerger y cohesionar históricamente una multiplicidad de sectores, no observado desde el movimiento antiguerra en 1973.
Este texto aporta una visión de las redes de base entre las movilizaciones de 2006 y la llegada de Obama

Mario Canek Huerta
Washington DC
Jueves 10 de diciembre de 2009

REDES. Fiesta comunitaria de una organización de inquilinos, de composición mayoritariamente latinoamericana, en el West Side de Manhattan en noviembre de 2009.Con las demandas de “reforma migratoria” y “¡Alto a las Deportaciones!”, el 12 de octubre cerca de 3.500 personas marchaban del parque Malcolm X a la Casa Blanca en Washington DC. Pero, ¿qué significado tenía marchar y manifestarse el 12 de octubre desde el legendario parque para exigir al presidente una “reforma migratoria justa”?

Se identifica la intersección y dialogo de dos posturas sociales y culturales que tienen distintos modos y objetivos: los y las trabajadoras de origen latinoamericano han logrado resituar localmente símbolos como el Día de la Raza y resistencia popular, identificar a Malcolm X como referencia de encuentro, y en el modo y código del activismo progresista en los EE UU, demandar formal e institucionalmente el ejercicio de derechos civiles consagrados en su Constitución.

En esa intersección el consenso es “el reconocimiento legal de los derechos de los trabajadores indocumentados en los EE UU”. Para entender esa multiplicidad de voces hay que preguntarse: ¿De dónde vienen y quiénes son quienes construyen esas movilizaciones?

Después de las potentes protestas en 2006 –y del fenómeno mediático que puso en las televisiones y diarios el rostro de mujeres y hombres de origen ‘latino’–, grupos de políticos y activistas liberales en todo el país intentan capitalizar dicho fenómeno, esto es, sostener más allá de la derrota de la Ley Sensenbrenner la continuidad de un “movimiento migrante” cohesionado. [El proyecto de Ley instituía un Estado policial para los inmigrantes y preveía la construcción de un muro de 1.100 kilómetros en la frontera de EE UU con México]. En esta realidad se identifican redes, coaliciones, ONG y “líderes” que se sitúan dentro de la política institucional e intentan ser los interlocutores para una reforma constitucional.

Por debajo de ese fenómeno mediático, emerge desde finales de los años ‘80 otra red también diversa y con otra raíz. En el Distrito de Columbia en una dinámica cotidiana de supervivencia, persecución y deportaciones por el ICE [algo así como Control de Inmigración y Fronteras], se sitúan familias y trabajadoras, colectivos, organizaciones civiles y políticas, además de religiosas, que se plantean la organización autogestionaria de jóvenes y mujeres indocumentados, de forma autónoma y a ras del suelo.

En general, los modos y perspectivas de estos espacios son el apoyo directo en situaciones de emergencia a familias o individuos separados o con amenaza de deportación; el diálogo, convivencia, organización y encuentro directo en foros públicos con la comunidad inmigrante indocumentada; la organización comunitaria y local enfocada hacia la declaración de Washington DC como ‘Santuario’ para indocumentados. Su singularidad radica en el apoyo afectivo y emocional cotidiano, la amistad y solidaridad. Este elemento nos podría parecer vacío, pero en el contexto político local, de signo progresista y de ‘izquierda’, el indocumentado ha sido significado condescendientemente como un espejo del “indígena rebelde” latinoamericano, como un “buen trabajador” y en el mejor de los casos como un objeto potencialmente político-electoral.

El 1 de mayo latinoamericano

En las ciudades de mayor población, específicamente en DC, el primero de mayo [laborable en EE UU] ha sido reivindicado por los trabajadores principalmente latinoamericanos: desde los trabajadores del programa Bracero en el centro y sur de California hacia los años ‘40 y ‘50; hasta las expresiones explícitamente de izquierda en diversas urbes durante los ‘80 y los ‘90; esto es, ex militantes y también ex combatientes de grupos latinoamericanos, quienes durante esos años se han manifestado los días primero de mayo de forma no masiva, simbólica e invisibilizada.

En voz de un joven de la Federación Anarquista de Virginia, el “carácter beligerante, agitador y festivo del primero de mayo en las calles de Washington DC lo significan las mujeres y familias de origen latino”. Y es que el “primero de mayo latinoamericano” en los EE UU representa la superficie de un amplio conjunto de dinámicas.

Una plaza pública como Mount Pleasant en Washington DC, donde durante los años ‘60 se registraron “disturbios”, manifestaciones y la más brutal represión en contra del movimiento negro por los derechos civiles, se ha convertido en los ‘80 y ‘90 en el centro simbólico del ‘Santuario’ y en la primera década de este siglo en el lugar donde trabajadoras indocumentadas, ex combatientes del FMLN, ex militantes del Tupac Amaru, ‘zapa-gringos’ como el Comité de Solidaridad Indígena de Washington, trabajadores mexicanos, jóvenes socialistas norteamericanos y activistas del nuevo Movimiento Santuario organizan su camino rumbo al parque Malcolm X.

20 años de preparación

El mismo año de las históricas movilizaciones que respondieron a la iniciativa de ley para criminalizar migrantes indocumentados, en Oakland California, Arnoldo García de la Red Nacional por los derechos de Migrantes y Refugiados declaraba que ‘este movimiento no es coyuntural, lleva preparándose más de 20 años, por medio de personas, familias, individuos, organizaciones que han luchado y preparado esto, no ha surgido de la noche a la mañana’.

Esta base militante tiene en común haber cruzado hasta llegar a la frontera sur y norte mexicanas para enfrentar ambas “migras” [policías de control de inmigración] y sobrevivido para reorganizarse con estatus de ‘ilegales’ en ciudades norteamericanas. Esto es, activistas latinoamericanos que definen y construyen esa lucha en el plano comunitario, como propia, de supervivencia y contingente; es el caso de las trabajadoras salvadoreñas, muchas de ellas ex militantes y ex combatientes farabundistas, que se han involucrado en sindicatos locales, clínicas populares y centros autónomos y gubernamentales de apoyo para nuevos migrantes indocumentados y con documentos.

En la Casa Rutilio Grande, “Santuario” durante la guerra civil en El Salvador y actualmente especie de embajada alternativa para representantes de diversas izquierdas latinoamericanas, es donde simultáneamente a las actividades de apoyo a familias, la Alianza por la Justicia del Inmigrante, se planteó y plantea una discusión definitoria: ¿Dialogar y unirse a la coalición mainstream para la consecución formal de derechos u, organizarse de forma autogestiva a mediano plazo para conseguir la declaratoria de DC como santuario para indocumentados? Hasta principios de 2009 se registraron 368.000 deportaciones, vía aérea; se calcula que este año llegarán al doble. La profesora chicana Teresita Jacinto que con base en educación popular se organiza con el Comité de Trabajadores de Woodbridge, a unos 30 minutos de la capital, nos dice: “Cada día se va poner peor, no va a mejorar la situación y nos van a echar a todos, hay que prepararnos”.

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jueves, 20 de agosto de 2009

Se amplían en Arizona las redadas contra los inmigrantes

20-08-2009
Valeria Fernández
IPS

El "comisario más duro de Estados Unidos" intensifica las redadas contra trabajadores inmigrantes indocumentados en el estado de Arizona, a pesar de que el gobierno de Barack Obama procura que la represión se concentre en las empresas infractoras y no en los empleados.

Katherine Figueroa, de 9 años, no ve a sus padres desde hace dos meses, cuando la policía del condado de Maricopa arrestó a la pareja de trabajadores indocumentados en una redada en la empresa donde trabajaban. Figueroa estaba jugando con una amiga en la casa de una tía cuando escuchó por televisión la noticia de la redada en un lavadero de automóviles. Corrió a ver las imágenes y pudo observar a su padre retirado con esposas en sus muñecas. Sus padres, Sandra y Carlos Figueroa, se encontraban entre los 25 detenidos ese día. Se los acusa de robo de identidad por utilizar documentos falsificados para conseguir trabajo en Arizona, sudoeste de Estados Unidos. Podrían pasar seis meses en la cárcel antes de ser sometidos a juicio, y posteriormente hasta dos años de libertad condicional. De todas maneras, al final les espera la deportación a México, su país natal. La policía de Maricopa, donde residen casi cuatro millones de habitantes, más de la mitad de la población de Arizona, ejecutó 22 redadas y arrestó a 264 trabajadores desde 2008. La máxima autoridad policial del condado es el comisario Joe Arpaio, quien se jacta de ser el más duro de Estados Unidos. "El robo de identidad es un delito grave. Aunque parece que el presidente (Obama) y el Departamento (ministerio) de Seguridad Interior perseguirán exclusivamente a las empresas, yo seguiré persiguiendo a los extranjeros ilegales en los establecimientos comerciales que quiten empleos valiosos a los ciudadanos estadounidenses", declaró Arpaio en un reciente comunicado de prensa. La legislación de Arizona contra las empresas que contratan a sabiendas trabajadores indocumentados es una de las más rigurosas de este país. Las compañías pueden perder sus permisos de trabajo y, en caso de reincidir, pueden ser clausuradas. Pero desde que la ley entró en vigor en 2008 sólo se ha utilizado para arrestar a los empleados. La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que no se puede acusar de robo de identidad a los trabajadores inmigrantes si estos no se apropiaron a sabiendas del número de identificación que utilizan para trabajar. Pero ese fallo no afecta a Arizona, que cuenta con sus propias leyes de robo de identidad. Figueroa, que es ciudadana estadounidense, participó en una marcha el día 7 con decenas de niños y niñas para exigir que cesen las redadas que separan a las familias. "Obama, Obama queremos a nuestros padres", gritaban los niños que marcharon bajo el fuerte sol del verano de Arizona desde la cárcel donde se encuentran detenidos sus padres hasta las oficinas del comisario Arpaio, en el centro de Phoenix, la capital estadual. "Tiene que cesar las redadas, no es justo lo que hace con la gente", afirmó Figueroa, que sostenía un cartel con la imagen de una mariposa naranja y negra. La mariposa monarca, que migra entre México y Estados Unidos para sobrevivir, fue el símbolo de la marcha. "Quiero decirle al comisario Arpaio que deje a mis padres tranquilos y los ponga en libertad. Y que saque a los trabajadores (de la cárcel) y en su lugar ponga a los asesinos y los ladrones", agregó. Las redadas de trabajadores en Arizona colocan a las familias inmigrantes, a menudo con hijos nacidos en Estados Unidos, en la necesidad de obtener asistencia jurídica y apoyo financiero, pero no existe la infraestructura para ayudarlas. "Pienso en cómo voy a comprar los pañales de mi hija", dijo María, indocumentada de 20 años y madre de una bebé de ocho meses cuyo esposo fue detenido en una redada. María, embarazada de cuatro meses, pidió que su nombre permanezca en el anonimato. "No había un motivo real para arrestarlos. Sólo estaban trabajando para alimentar a sus hijos", dijo. Algunas comunidades arman ventas callejeras y lavados de automóviles para recaudar fondos. Otras encuentran ayuda en las iglesias que les ofrecen lugar para reunirse y organizarse. "Muchas familias no están preparadas para resolver el cuidado de los hijos", sostuvo Sarah Myklebust, activista de Phoenix Repeal Coalition, un grupo comunitario que ofrece orientación y organiza a la población inmigrante. Otro problema es que las familias no tienen dinero para contratar abogados, y a los tribunales les faltan traductores para que entiendan el proceso, agregó. "Hay una gran escasez de abogados especializados en inmigración", destacó Myklebust. Y además están las necesidades básicas. "Son embarazadas que dependen de sus maridos y no les alcanza para pagar una ecografía o las cosas cotidianas", dijo. La situación de los Figueroa es muy difícil. La familia tuvo que vender muebles de su casa para conseguir dinero y pagar parte de los honorarios de los abogados que defienden a los detenidos. El proceso legal también ha sido confuso. "Estoy triste y confundida", dijo a IPS Sandra Figueroa en una entrevista en la cárcel Estrella para mujeres. "Los abogados me informaron que si quiero salir libre tengo que acusar a mi jefe". Ella cree que recibió pésima asistencia jurídica. Un abogado llegó incluso a sugerirle que contrajera matrimonio con un ciudadano estadounidense para obtener sus documentos legales, recordó. Las redadas de Arpaio no están exentas de protestas y polémicas. "Pasé tres meses en la cárcel y nunca recibí atención médica", aseguró Celia Álvarez, detenida en febrero en una redada en una empresa de paisajismo. Ella no pudo amamantar a su hijo. "No sólo nos daña a nosotros, también daña a nuestros hijos", dijo sobre Arpaio. Su hija Heidi Portugal, ciudadana estadounidense de 11 años de edad, se manifestó junto a otros niños en la marcha de este mes. "Quiero que (Arpaio) deje de robarle las sonrisas a los niños. Creo que habría que deportarlo a México para que pueda ver cómo sufre la gente allí, lo difícil que es cruzar a Estados Unidos. ¿Nunca se le ocurrió preguntar por qué vinieron? ¿Cuántas sonrisas dejaron atrás?", interrogó. A pesar de todo, existen algunas señales positivas. El Departamento de Justicia de Estados Unidos está investigando presuntas violaciones a los derechos civiles cometidas por la oficina del comisario de Maricopa. En virtud de un acuerdo con el Departamento de Seguridad Interior, Arpaio cuenta con la fuerza más numerosa del país para aplicar las leyes migratorias federales. Pero sus atribuciones federales están en cuestión debido a una reciente disposición adoptada por la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, solicitando a la policía que se dedique a detener a los inmigrantes que cometan delitos y no a aquéllos que se encuentran sin permiso de residencia en el país. Salvador Reza, un activista de Puente, una organización contraria a las prácticas de Arpaio, dijo esperar que la marcha de los niños "llegue al corazón" del comisario, si es que lo tiene. "Esto es una forma de abuso infantil", sostuvo Buffalo Rick Galeener, partidario del comisario Arpaio y uno de los pocos que protestaron contra la marcha de los niños. "Estos padres se están separando de sus hijos, cuando podrían llevarlos de vuelta a México", afirmó.

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