viernes, 28 de mayo de 2010

El riesgo de alborotar el avispero étnico en Kirguizistán





Sanobar Shermátova (RIA NOVOSTI)

La semana pasada, por primera vez tras la rebelión popular que aupó en el poder a la oposición en la república centroasiática de Kirguizistán se emprendieron intentos para instigar una peligrosa confrontación étnica.

A juzgar por todo, este no será el último incidente. El Gobierno provisional kirguís optó por hacer concesiones a los organizadores de los disturbios, postergando la solución de las contradicciones que existen entre diferentes grupos étnicos que viven en el sur de Kirguizistán.

Situación en Tashkent

Kirguizistán siguió con mucha atención la reunión de los cancilleres de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) convocada en la capital uzbeca el pasado 22 de mayo, tres días después de los violentos disturbios ocurridos en la ciudad kirguís de Dzhalal-Abad.

Esta cumbre tuvo importancia porque un representante del Gobierno provisional kirguís fue invitado participar en aquella reunión, lo que demostró la postura de la OSC (Rusia, China, Kazajstán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguizistán) ante el nuevo gobierno en Kirguizistán.

La reunión del OCS también fue relevante por la actitud adoptada por las autoridades uzbecas que se abstuvieron de comentar los desórdenes ocurridos en Dzhalal-Abad, una urbe situada en el sur de Kirguizistán cerca de la frontera con Uzbekistán.

El ataque a la Universidad privada de la Amistad de los Pueblos, el pasado 19 de mayo, fue promovido por la oposición que exigía entregar a los tribunales a Kadirjan Batyrov, presidente de esa universidad y líder de la comunidad uzbeca, en Dzhalal-Abad.

Los desórdenes en Dzhalal-Abad fueron graves porque ocasionaron varios muertos y más de 70 heridos. El Gobierno kirguís declaró el estado de emergencia en esta ciudad y en todo el distrito de Suzak, en esa misma región, donde también estallaron desordenes.

Desde que comenzaron los disturbios en Kirguizistán, el pasado mes de abril, el gobierno de Uzbekistán reforzó la seguridad en sus fronteras, una medida lógica teniendo en cuenta la forma como evoluciona la situación. Hoy día, en el territorio uzbeco cercano a la zona fronteriza con Kirguizistán han sido desplegados vehículos blindados.

En Bishkek, la capital kirguís, donde circulan todo tipo de rumores, se afirma que en el caso de que se agudicen los desórdenes en el sur de Kirguizistán, el gobierno de Uzbekistán puede introducir sus tropas en esa zona, y en consecuencia, el conflicto interno en Kirguizistán puede desatar un grave contencioso regional.

Es evidentemente que esas conjeturas recuerdan la masacre sucedida en la sureña provincia kirguís de Osh, cuando centenas de kirguíses y uzbecos murieron en sangrientos enfrentamientos en 1990.

Entonces, el gobierno central de la Unión Soviética envió tropas del ministerio del Interior a la zona del conflicto, y sólo los esfuerzos conjuntos de los gobiernos de Kirguizistán y Uzbekistán que en aquella época todavía eran repúblicas soviéticas, pudieron sofocar aquel enfrentamiento fratricida.

El presidente de Uzbekistán, Islam Karímov, y el célebre escritor kirguís, Chinguiz Aitmátov, hicieron un aporte destacable para que ambos pueblos pudieran recuperarse tras aquella tragedia.

Tras el colapso de la URSS, las relaciones entre kirguíses y uzbecos se han agudizado con frecuencia por asuntos que han causado malestar a cada una de las partes.

Como por ejemplo la infiltración a Uzbekistán de guerrilleros islamistas desde el territorio de Kirguizistán, obligaron a las autoridades uzbekas imponer restricciones en la frontera y la construcción de una central hidroeléctrica en Kirguizistán ha molestado a los uzbecos que exigen negociaciones multilaterales sobre los recursos hídricos.

Sin embargo, el problema de discriminación étnica nunca se ha manifestado entre los dos países.

Según varias estimaciones, la población uzbeca que vive en el sur de Kirguizistán asciende a un millón de personas, una cifra importante ante los cinco millones habitantes que constituye la población total de Kirguizistán.

Los ánimos separatistas que existían entre los uzbecos a principios de los 90, se han apaciguado. Hoy por hoy, los uzbecos residentes en Kirguizistán se han asimilado a la población de ese país, a pesar de mantener estrechos vínculos con sus parientes en Uzbekistán.

Según organizaciones de derechos humanos kirguíses, los servicios secretos uzbecos vigilan a sus ciudadanos con parientes en Kirguizistán y también a los uzbecos residentes en el territorio kirguís.

Y no obstante, ni los servicios secretos ni las autoridades de Uzbekistán nunca han sido acusados de instigar ánimos separatistas entre la población uzbeca en Kirguizistán.

Por el contrario, el gobierno de Uzbekistán utiliza otra táctica, y hace todo lo posible para evitar que cerca de sus fronteras aparezcan focos de desestabilización.

Y a juzgar por las declaraciones hechas por la delegación uzbeca durante la cumbre de la OCS, esta política continuará aplicándose.

El ministro de Exteriores de Uzbekistán, Vladímir Norov, quien presidió la reunión del Consejo de la OCS, al resumir la discusión sobre los acontecimientos en Kirguizistán, dijo: "Los estados miembros de la OCS respetan la independencia, soberanía e integridad territorial de Kirguizistán, y están dispuestos a prestar la ayuda necesaria".

Rendición

Sin embargo, la amenaza de desestabilización en el sur de Kirguizistán persiste. Los organizadores de los disturbios del 19 de mayo aprovecharon el descontento general causado por algunas iniciativas de Batyrov.

Entre esas propuestas figura la incorporación en el borrador de la nueva Constitución de Kirguizistán una cláusula que confiere el estatus oficial al idioma uzbeco en las provincias de Kirguizistán donde habitan los uzbecos.

Teniendo en cuenta la situación en el sur del país, es demasiado temeraria la tesis de Batyrov de que los uzbecos residentes en Kirguizistán deben defender activamente sus derechos civiles.

La sociedad kirguís en general, muy tolerante, es muy sensible ante cualesquier manifestaciones de la independencia étnica, especialmente por parte de los uzbecos que representan el segundo grupo étnico más numeroso en el país.

El Gobierno provisional prefirió no arremeter contra los organizadores de los desórdenes en Dzhalal-Abad, teniendo en cuenta el riesgo político que supone alborotar el avispero étnico, y sobre todo, en condiciones cuando no hay unidad en las filas del nuevo gobierno.

Inicialmente las autoridades declararon la búsqueda y captura de Batyrov, y posteriormente la televisión local en Dzhalal-Abad difundió declaraciones del líder uzbeko en el que pidió disculpas por algunas de sus tesis políticas.

Por lo visto, Batyrov y las nuevas autoridades en Kirguizistán, por el momento, optaron por la retirada.

Sanobar Shermátova es analista, miembro del Consejo de expertos de RIA NOVOSTI.

No hay comentarios: