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domingo, 2 de mayo de 2010

Grandes y pequeños "apartheids" de Israel


Charla pronunciada en la Quinta Conferencia Internacional de Bilín

Jonathan Cook
www.jkcook.net
Traducido del inglés por Carlos Sanchis y revisado por Caty R.
02-05-2010

Los apologistas de Israel tienen la idea de que éste ha sido seleccionado especialmente para ejercer el escrutinio y la crítica. Me gustaría argumentar, sin embargo, que en la mayor parte de las discusiones de Israel, realmente esto se capta muy ligeramente: que muchos rasgos del régimen israelí serían considerados excepcionales o extraordinarios en cualquier otro Estado democrático.

No es sorprendente porque, como voy a argumentar, Israel no es una democracia liberal, ni siquiera «un Estado judío y democrático» como afirman sus partidarios. Es un Estado de apartheid no sólo en los territorios ocupados de Cisjordania y de la Franja de Gaza, sino también dentro del propio Israel. Hoy en los territorios ocupados la naturaleza del apartheid de la dominación israelí es irrefutable –aunque poco mencionada por los políticos o los medios de comunicación occidentales-. Pero dentro del propio Israel en gran parte se vela y se oculta. Hoy mi objetivo es tratar de correr un poco el velo.
Digo «un poco», porque necesitaría mucho más tiempo del que me han asignado para hacer justicia a este asunto. Hay, por ejemplo, unas 30 leyes que explícitamente discriminan entre judíos y no judíos, otra forma de referirse a la quinta parte de la población de Israel que son palestinos y que supuestamente disfrutan de la plena ciudadanía. También hay muchas otras leyes y prácticas administrativas israelíes que conducen a un resultado de segregación étnica incluso aunque no hagan tal discriminación explícita.

Así que en vez de intentar recorrer todos esos aspectos del apartheid israelí, déjenme que me concentre en unos cuantos rasgos reveladores, cuestiones sobre las que he hecho un informe recientemente.
Primero examinemos la naturaleza de la ciudadanía israelí.

Hace unas semanas me reuní con Uzi Ornan, un profesor de 86 años de la Universidad Técnica de Haifa, quien tiene uno de los pocos documentos de identidad israelí que indica la nacionalidad «hebrea». Para la mayoría de los demás israelíes, sus documentos y registros personales indican su nacionalidad «judía» o «árabe». Para los inmigrantes, cuya «judeidad» acepta el Estado pero está cuestionada por las autoridades rabínicas, se han aprobado alrededor de otras 130 clasificaciones de nacionalidad, principalmente relacionadas con la religión o el país de origen de la persona. La única nacionalidad que no podrá hallar en la lista es «israelí». Eso es precisamente por lo que el profesor Oman y dos docenas de personas más están luchando en los tribunales: quieren registrarse como «israelíes». Es una lucha de enorme importancia, y sólo por esta razón están seguros de que perderán. ¿Por qué?
Está en juego mucho más que una etiqueta étnica o nacional. Israel excluye la nacionalidad «israelí» para garantizar que, en el cumplimiento de su autodefinición como «un Estado judío», esto sea capaz de asignar derechos superiores de ciudadanía a la «nación» colectiva de los judíos de todo el mundo más que al conjunto de ciudadanos reales en su territorio, que incluye a muchos palestinos. En la práctica esto se hace creando dos clases principales de ciudadanía: una ciudadanía judía para «nacionales judíos» y una ciudadanía árabe para «nacionales árabes». Ambas nacionalidades fueron inventadas con eficacia por parte de Israel y no tienen ningún significado fuera de allí.

Esta diferenciación de ciudadanía está reconocida en el derecho israelí: la Ley del Retorno para judíos permite la inmigración casi automática a cualquier judío de cualquier parte del mundo que lo desee; y la Ley de Ciudadanía para no judíos determina, en unas bases completamente aparte, los derechos a la ciudadanía de la minoría palestina del país. Lo que es todavía más importante, la última ley suprime los derechos de los parientes de los ciudadanos palestinos, que fueron expulsados por la fuerza en 1948, a volver a su tierra y a sus casas. Hay, en otras palabras, dos sistemas legales de ciudadanía en Israel, que distingue entre los derechos de los ciudadanos en función de si éstos son judíos o palestinos.
Esto, en sí mismo, cumple con la definición de apartheid como quedó establecida por las Naciones Unidas en 1973: «Cualquier medida legislativa u otras medidas destinadas a impedir a un grupo o grupos raciales la participación en la vida política, social, económica y cultural del país y la creación deliberada de condiciones que impidan el pleno desarrollo de tal grupo o grupos». La cláusula incluye los derechos siguientes: «el derecho a salir y volver a su país, el derecho a una nacionalidad, el derecho a la libertad de movimiento y residencia, el derecho a la libertad de opinión y expresión».

Esta separación de la ciudadanía es absolutamente esencial para el mantenimiento de Israel como un Estado judío. Si definiera a todos los ciudadanos de manera uniforme como israelíes, debería haber sólo una ley en materia de ciudadanía; entonces, a continuación, habría consecuencias muy dramáticas. La más significativa sería que se dejaría de aplicar la Ley del Retorno a los judíos o se tendría que aplicar de la misma forma a los ciudadanos palestinos permitiéndoles traer a sus parientes exiliados a Israel -el muy temido Derecho al Retorno-. En un período más o menos largo se erosionaría la mayoría judía del país e Israel se convertiría en un Estado binacional probablemente con una mayoría palestina.
Habría muchas otras consecuencias previsibles de la ciudadanía igualitaria. ¿Los colonos judíos, por ejemplo, serían capaces de mantener su estatus privilegiado en Cisjordania si los palestinos en Yenín o Hebrón tuvieran parientes dentro de Israel con los mismos derechos que los judíos? ¿El ejército israelí seguiría siendo capaz de funcionar como un ejército de ocupación en un Estado correctamente democrático? ¿Y los tribunales de un Estado de ciudadanos iguales serían capaces de seguir haciendo la vista gorda ante las brutalidades de la ocupación? En todos estos casos parece poco probable que se pudiera mantener el statu quo.

En otras palabras, toda la estructura del gobierno de apartheid israelí dentro de Israel apoya y mantiene su régimen de apartheid en los territorios ocupados. O se mantienen ambos o caen juntos.
A continuación veamos el asunto del control de la tierra.

El mes pasado me encontré con una pareja judía israelí excepcional, los Zakais. Son excepcionales principalmente porque han desarrollado una profunda amistad con una pareja palestina dentro de Israel. Aunque he informado sobre Israel y Palestina durante muchos años, no puedo recordar haber encontrado nunca antes a un judío israelí que tuviera un amigo palestino de la manera que los tienen los Zakais.
Es cierto que hay muchos judíos israelíes que presumen de tener un amigo «árabe» o «palestino» porque bromean con el tipo cuya tienda de humus frecuentan o con el que repara su coche. También hay judíos israelíes –y son un grupo sumamente importante- que están firmemente al lado de los palestinos en batallas políticas como las de Bilín o Sheikh Jarrah en Jerusalén. En esos lugares los israelíes y los palestinos, contra viento y marea, han conseguido forjar auténticas relaciones de amistad que son vitales para derrotar al régimen de apartheid israelí.

Pero la relación de los Zakais con sus amigos beduinos los Tarabins no es esta clase de amistad. No se basa ni está configurada por una lucha política enmarcada por la ocupación de Israel. No es una amistad tímida y no tiene ningún objetivo más allá de la propia relación. Es una amistad –o al menos así me pareció- de auténtica igualdad. Una completa e íntima amistad. Cuando visité a los Zakais me di cuenta de que es una visión increíblemente inusual en Israel.
La razón de la gran separación de los mundos culturales y emocionales de los ciudadanos judíos y palestinos en Israel no es difícil de entender: viven en mundos físicos completamente separados. Viven aparte en comunidades segregadas, separadas no por elección, sino según las normas y procedimientos legales obligatorios. Incluso en el puñado de supuestas ciudades mixtas, judíos y palestinos por lo general viven aparte, en barrios distintos y claramente definidos. Y por lo tanto no es sorprendente que la cuestión a la que me condujo la visita a los Zakais fuera la pregunta de si un ciudadano palestino tiene derecho a vivir en una comunidad judía.

Los Zakais quieren alquilar a sus amigos, los Tarabins, su casa en el pueblo agrícola de Nevatim, en el Negev, actualmente una exclusiva comunidad judía. Los Tarabins se enfrentan a un serio problema de vivienda en su propia comunidad beduina vecina. Pero lo que los Zakais han descubierto es que hay aplastantes obstáculos sociales y legales para los palestinos para moverse fuera de sus guetos, en los que se supone que tienen que vivir. No solamente se opone el liderazgo elegido de Nevatim a que la familia beduina entre en su comunidad, sino también los tribunales israelíes.
Nevatim no es excepcional. Hay más de 700 comunidades rurales similares -sobre todo kibutzes y moshavim– donde se impide vivir a los no judíos. Controlan la mayor parte del territorio habitable de Israel, la tierra que una vez perteneció a los palestinos, ya fueran refugiados de la guerra de 1948 o ciudadanos palestinos a los que les han confiscado sus tierras conforme a leyes especiales.

Hoy, después de esas confiscaciones, al menos el 93% de Israel está nacionalizado -es decir, se mantiene en depósito no sólo para los ciudadanos de Israel, sino para el pueblo judío de todo el mundo- (Aquí, otra vez, deberíamos señalar una de las importantes consecuencias de la ciudadanía diferenciada que acabamos de considerar).
El acceso a la mayor parte de estas tierras nacionalizadas está controlado por comités de investigación, supervisada por organizaciones sionistas cuasi gubernamentales y que no tienen que rendir cuentas totalmente, como la Agencia Judía y el Fondo Nacional Judío. Su papel es garantizar que tales comunidades permanecen prohibidas a ciudadanos palestinos, como han descubierto precisamente los Zakais y los Tarabins en el caso de Nevatim. Allí los funcionarios han insistido en que la familia palestina no tiene ningún derecho ni siquiera a alquilar, no digamos a comprar, la propiedad de una «comunidad judía». Esta posición ha sido mantenida con eficacia por el Tribunal Supremo de Israel, que ha convenido que la familia debe someterse a un comité de investigación cuyo objetivo real es el de excluirla.

Otra vez la Convención de las Naciones Unidas de 1973 sobre «el crimen de apartheid» es instructiva: incluye las medidas «diseñadas para dividir la población según criterios raciales por la creación de reservas separadas y guetos para los miembros de un grupo racial o grupos… y la expropiación de bienes raíces pertenecientes a un grupo o grupos raciales o a miembros de éstos».

Si se ha mantenido separados a los ciudadanos judíos y palestinos con tanta eficacia -y un sistema de educación separado y severas restricciones a los matrimonios entre confesiones refuerzan esta segregación emocional y física-, ¿cómo se hicieron los Zakais y los Tarabins tan amigos íntimos?
Su caso es un ejemplo interesante, un hallazgo que descubrí cuando los encontré. Weisman Zakai es hijo de padres judíos iraquíes que inmigraron al Estado judío en sus primeros años. Cuando él y Ahmed Tarabin se conocieron siendo niños en los años sesenta, andando por los mercados de la pobre ciudad vecina de Beersheva, lejos del centro del país, encontraron que lo que tenían en común era más fuerte que las divisiones formales que supuestamente debían mantenerlos separados y temerosos. Ambos hablan el árabe con fluidez, ambos crecieron en una cultura árabe, ambos están excluidos de la sociedad askenazí judía y ambos comparten su pasión por los coches.

En su caso el sistema de apartheid de Israel fracasó en su misión de mantenerlos física y emocionalmente separados. Fracasó en hacerlos temerosos y hostiles uno con respecto al otro. Pero como los Zakais han aprendido por su cuenta, al rechazar vivir conforme a las normas del sistema de apartheid de Israel el sistema los ha rechazado. A los Zakais les han denegado la oportunidad de alquilar a sus amigos y ahora viven como parias en la comunidad de Nevatim.

Finalmente vamos a considerar el concepto de «seguridad» en Israel.
Como ya he dicho, la naturaleza del apartheid en las relaciones entre ciudadanos judíos y palestinos está velada en las esferas legales, sociales y políticas. Éstas no reflejan «el pequeño apartheid», que era una característica sudafricana: aseos, bancos de los parques y autobuses separados. Pero hay un «pequeño» caso explícito, cuando judíos y palestinos entran y salen del país por los pasos fronterizos o por el aeropuerto internacional Ben Gurión. Aquí cae la máscara y el diferente estatus de ciudadanía que corresponde a los judíos o a los palestinos se muestra totalmente programado.

Esa lección la aprendieron dos hermanos palestinos de mediana edad que entrevisté este mes. Residentes en un pueblo cerca de Nazaret, habían apoyado toda la vida al Partido Laborista y con orgullo me mostraron una descolorida fotografía en la que aparecían como anfitriones en un almuerzo para Isaac Rabín a principios de los años noventa. Pero en nuestro encuentro estaban enfadados y frustrados y prometieron que nunca más votarían por un partido sionista.

Su brutal concienciación llegó hace tres años cuando viajaban a Estados Unidos en un viaje de negocios con un grupo de agentes de seguros judíos. Para tomar el vuelo de regreso llegaron al aeropuerto JFK de Nueva York y vieron a sus colegas judíos pasar por el control de seguridad de Aerolíneas Israelíes en unos minutos. Mientras tanto a ellos los interrogaron durante dos horas e inspeccionaron minuciosamente sus equipajes.

Cuando finalmente les permitieron pasar les asignaron una guardia cuyo trabajo consistía en mantenerlos vigilados constantemente –en presencia de cientos de compañeros de viaje- antes de entrar al avión. Cuando uno de los hermanos fue al aseo sin pedir permiso la guardia le reprendió públicamente y su jefe le amenazó con impedirle subir al avión si no pedía disculpas. Este mes, por fin, un tribunal les concedió una compensación de 8.000 dólares por lo que calificó de «trato abusivo e innecesario».

Con respecto a este caso hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es que el equipo de seguridad de Aerolíneas Israelíes admitió ante el tribunal que ninguno de los dos hermanos representaba un riesgo de ningún tipo para la seguridad. La única razón del trato especial que recibieron fue su pertenencia nacional y racial. Fue un caso obvio de perfil racial.

Lo segundo que hay que señalar es que su experiencia no es nada fuera de lo común para los ciudadanos palestinos que viajan desde o a Israel. De forma parecida estos incidentes, y mucho peores, ocurren todos los días durante tales procedimientos de seguridad. Lo que tiene de excepcional este caso es que los hermanos hayan llevado a cabo un largo y costoso proceso judicial contra las Aerolíneas.
Lo hicieron así, sospecho, porque se sintieron profundamente traicionados. Habían cometido el error de creer en la hasbará (propaganda) de los políticos israelíes de todos los colores que afirman que los ciudadanos palestinos pueden disfrutar de un estatus igual al de los ciudadanos judíos si son leales al Estado. Pensaron que por ser sionistas podrían convertirse en ciudadanos de primera clase. En la aceptación de esta conclusión habían entendido mal la realidad del apartheid inherente a un Estado judío.

Al ciudadano palestino más culto, respetable y rico siempre le irá peor en el control de seguridad del aeropuerto que al ciudadano judío de peor reputación, peor que al que exprese opiniones extremistas y peor, incluso, que a cualquier ciudadano judío con antecedentes penales.

El sistema de apartheid de Israel está ahí para mantener los privilegios judíos en un Estado judío. Y en el punto donde ese privilegio se siente más visceralmente por los judíos de a pie es en la experiencia de la vulnerabilidad de volar a miles de pies por encima de la tierra, donde a los ciudadanos palestinos hay que mostrarlos como forasteros, como enemigos, sean quienes sean y con independencia de lo que hayan o no hayan hecho.
El régimen de apartheid, como ya he indicado, se aplica a los palestinos tanto en Israel como en los territorios ocupados. ¿Pero no es el apartheid en los territorios mucho peor que en Israel? ¿No deberíamos ocuparnos más del gran apartheid de Cisjordania y la Franja de Gaza que de este apartheid más débil? Este argumento demuestra una idea peligrosamente falsa sobre la naturaleza indivisible del apartheid de Israel hacia los palestinos y sobre sus objetivos.

Es cierto que el apartheid en los territorios es mucho más agresivo que en Israel. Hay dos razones para ello. La primera es que el apartheid bajo la ocupación está mucho menos supervisado de cerca por los tribunales civiles de lo que lo está en Israel. Usted puede, para decirlo sin rodeos, librarse mucho mejor que aquí. Sin embargo la segunda y más importante razón es que el régimen israelí de apartheid en los territorios ocupados se ve obligado a ser más agresivo y cruel, y eso es porque la batalla aún no se ha ganado aquí. La lucha de la potencia ocupante para robar sus recursos –su tierra, su agua y su mano de obra- está en marcha, pero el resultado aún no está decidido. Israel se enfrenta a presiones de tiempo y de legitimidad internacional que se va desvaneciendo a medida que actúa para apoderarse de esas posesiones. Cada día que resisten hacen que esa labor sea un poco más difícil.

En Israel, en cambio, el régimen de apartheid está afianzado, alcanzó su victoria hace decenios. Los ciudadanos palestinos tienen una ciudadanía de tercera o cuarta clase; les han arrebatado casi toda su tierra; sólo les permiten vivir en sus guetos; su sistema educativo está controlado por los servicios de seguridad; sólo pueden trabajar en los pocos empleos que los judíos no quieren; tienen derecho a votar, pero no pueden participar en el gobierno, ni efectuar algún cambio político, etc.
Sin duda un destino parecido está previsto también para ustedes. El apartheid velado es la base para un enmascarado –y más legítimo- apartheid que se está planificando para los palestinos de los territorios ocupados, al menos para aquéllos a los que permitan quedarse en sus bantustanes. Y por esta razón es vital denunciar y derrotar el apartheid en Israel para resistir al apartheid que ha echado raíces aquí.

Es por lo que debemos combatir el apartheid israelí en cualquier parte donde se halle; en Jaffa o en Jerusalén, en Nazaret o en Nablús, en Beersheva o en Bilín. Es la única lucha que puede traer la justicia a los palestinos.

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Este texto corresponde a la charla pronunciada en la Quinta Conferencia Internacional de Bilín, celebrada en la aldea cisjordana de Bilín el 21 de abril de 2010.
Fuente: www.jkcook.net/Articles3/0478.htm

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martes, 27 de abril de 2010

Bil’in: Los soldados atacan la protesta semanal hiriendo a una docena de civiles


Quinta conferencia
Ghassan Bannoura
IMEMC News
Traducido del inglés por Carlos Sanchis
27-04-2010

Al menos una docena de civiles palestinos e internacionales fueron heridos durante la protesta no violenta en el pueblo de Bil’in, en la Cisjordania central.
Esta semana la protesta semanal del viernes marcaba el final del Quinta Conferencia Internacional por la Resistencia Palestina Popular de Bil’in, que comenzó el miércoles 21 con una formación llena de oradores incluyendo a políticos, líderes de los Comités Populares, activistas israelíes, y activistas de la solidaridad internacional.

La conferencia continuó el jueves y el viernes. Después de la sesión final de la conferencia, el viernes por la mañana, en la cual los grupos de los talleres de trabajo hicieron un informe sobre sus conclusiones preparando la declaración de la conferencia, los participantes de la misma se reunieron con decenas de otros tantos israelíes, internacionales y palestinos que esperaban en la mezquita para la manifestación semanal.

La manifestación del viernes fue mayor de lo normal en tamaño y duró un período de tiempo especialmente prolongado. Varias personas resultaron gravemente heridas durante la manifestación y algunas fueron arrestadas. Estuvieron presentes en la manifestación figuras políticas locales, incluyendo a Mustafá Barghouti, y líderes de internacionales de la solidaridad como Luisa Morgantini.

Como es el caso todos lo viernes durante los pasados seis años, la gente se agrupó en la mezquita local y se dirigió hacia el M¡muro construido en tierras de los aldeanos. Los manifestantes se encontraron enseguida con los soldados que dispararon granadas sónicas y bombas de humo. Los manifestantes informaron de que los soldados no mostraron ninguna discriminación con sus disparos, apuntando directamente a la cara de quienes estaban protestando, y sin ninguna distinción en sus arrestos, tratando de detener incluso a periodistas.

Varias personas resultaron gravemente heridas. A Imad Rizka, de 37 años, de Yaffa, le dispararon en la frente con un bote de humo lacrimógeno. Fue llevado inmediatamente al hospital de Rmala en ambulancia. Rizka es bien conocido en Bil’in, puesto que va todos los viernes a la aldea a manifestarse.

Los soldados dispararon una gran cantidad de gases lacrimógenos desde ambos lados del muro. Los manifestantes fueron obligados a retroceder, pero entre los que quedaron algunos fueron detenidos. Los soldados cruzaron la valla y avanzaron bastante hacia el pueblo deteniendo a 5 personas, entre ellas un periodista local.

Además otros resultaron heridos como sigue:

Un manifestante italiano fue alcanzado en la espalda por un bote de gases lacrimógenos; a otro manifestante, también italiano, le dispararon en el brazo con un nuevo tipo de arma; un activista israelí; Um Samarra, de 45 años de edad, de Bil’in, que fue alcanzado en la pierna por un bote de humo; Haitham al-Khatib, cámara, quien resultó herido leve; una mujer palestina de Belén que resultó herida en una pierna y un periodista palestino llamado Abbas al-Momni.

Fuente: http://www.imemc.org/article/58514

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martes, 9 de marzo de 2010

Israel Pide a la AP que Frene las Protestas Populares en Cisjordania


Al-Manar
08/03/2010

Israel ha transmitido mensajes a la Autoridad Palestina en los pasados días para que contenga las protestas populares que han surgido recientemente en la Cisjordania ocupada e impida que los responsables de la AP participen en ellas y que dichas protestas se conviertan en violentas, dijeron fuentes palestinas al diario israelí Haaretz.

Estas fuentes añadieron que Israel dijo también a la AP que debe reducir la incitación con respecto a la Mezquita de Al Aqsa y el Jerusalén ocupado y detener su campaña en contra de la utilización de los productos israelíes.

Responsables israelíes advirtieron que si la AP no corta su incitación y frena las protestas y la campaña de boicot, Israel reducirá su cooperación con la AP e incrementará sus arrestos en las áreas bajo control palestino, dijeron fuentes palestinas.

En los pasados meses, los arrestos llevados a cabo por Israel en las áreas de la AP se han reducido y el ejército de ocupación israelí ha estado limitando la entrada de sus tropas en esas áreas.

Los mensajes a la AP fueron transmitidos durante varias conversaciones entre altos representantes de la seguridad israelí y sus homólogos palestinos, así como por figuras políticas. Las fuentes palestinas dijeron que el jefe del servicio de seguridad israelí Shin Bet, Yuval Diskin, había discutido el tema con responsables de la AP en la Cisjordania ocupada.

La AP ha patrocinado varias concentraciones de protesta en las localidades de Bilin y Naalin, al oeste de Ramallah, y algunos responsables de la Autoridad han asistido a las mismas. En las últimas semanas, la AP ha respaldado también las protestas en la localidad de Nebi Salah, al norte de Ramallah, y en Umm Salamuna, en la región de Belén. Responsables de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) han participado en los enfrentamientos en el área del Jerusalén ocupado y han denunciado la Judaización de la ciudad.

La AP no ha hecho nada hasta ahora para detener las protestas y, al igual que sucedió el domingo, no ha transmitido ningún mensaje a sus activistas para que mantengan un perfil bajo en las próximas protestas.

Fuentes del establishment de seguridad israelí consideran que la AP está tomando parte activa en la organización de las manifestaciones populares en Cisjordania. Esas fuentes señalan que aunque en este punto una tercera intifada no parece inminente, la AP podría perder el control si alienta demasiado las protestas.

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viernes, 5 de marzo de 2010

Bil’in/Palestina: carta de un prisionero palestino



Indymedia Euskal Herria - Jueves.4 de marzo de 2010

Esta carta de Abdallah Abu Rahmah de la comunidad de Bil’in/Cisjordania fue llevada de su celda en la cárcel por sus abogados. Por favor distribuyanlo ampliamente.

Estimados amigos y gente de apoyo,

Han pasado dos meses desde que fue esposado, vendado y llevado de mi casa. La noticia de hoy ha llegado a la prisión militar de Ofer de que el muro del apartheid en tierras de Bil’in finalmente se moverán y la construcción ha comenzado en la nueva ruta. Esto devolverá la mitad de la tierra que fue robada de nuestro pueblo. Para aquellos de nosotros en Ofer, encarcelados por nuestra protesta contra el muro, esta victoria hace que el sufrimiento de estar aquí sea más fácil de aguantar.

Después de resistir activamente el robo de nuestras tierras por el muro del apartheid israelí y los asentamientos cada semana durante cinco años, estamos deseosos de estar de pie junto a nuestros hermanos y hermanas para celebrar esta victoria y el quinto aniversario de nuestra lucha.

Ofer es una base militar israelí adentro de los territorios ocupados, que sirve como una prisión y un tribunal militar. La prisión es un conjunto de carpas rodeadas por alambre de púas y un cerco eléctrico, cada unidad contiene cuatro tiendas de campaña, 22 presos por carpa. Ahora, en invierno, el viento y la lluvia entra a través de agujeros en la tienda y no tenemos suficientes mantas, ropa y otras necesidades básicas.

La comida es una cuestión crítica aquí en Ofer, no hay suficiente. Sobrevivimos con la compra de cosas en la cantina de la prisión las cuales preparamos en nuestra tienda. Tenemos una pequeña placa caliente, y esta es también nuestra única fuente de calor. Aquellos cuyas familias pueden poner dinero en una cuenta para comprar alimentos, lo hagan, pero muchos no pueden permitirse. El aspecto positivo de esto es que he aprendido a cocinar! Esta noche me preparé falafel y dulces para celebrar la noticia de nuestra victoria. No puedo esperar a llegar a casa y cocinar para mi esposa y mis hijos!

Fui arrestado en mis chanclas, y hasta el día de hoy mi familia no ha podido obtener el permiso para que me proveyera de un par de zapatos. Finalmente se me entregaron mi reloj después de reiteradas solicitudes. Para mí esto es una forma esencial para mantenerme orientado, era insoportable no poder ver la velocidad a la que pasa el tiempo. Recibirlo, me sentí tan feliz como un niño conseguir su primer reloj. Apenas puedo imaginar lo que será como tener un buen par de zapatos de nuevo.

Debido a nuestro encarcelamiento, el ejército considera a nuestras familias a ser una amenaza de seguridad. Es muy difícil para nuestras esposas, hijos y familiares de visitar a nosotros. Mi amigo Adeeb Abu Rahmah, también un preso político de Bil’in, no puede recibir visitas de su esposa y una de sus hijas. Incluso su madre, una mujer de ochenta años que se encuentra en mal estado de salud se considera una amenaza a la seguridad! El tiene miedo de que no la veré antes de que ella muere.

Soy un maestro y antes de mi detención enseñaba en una escuela privada en Bir-Zeit y también era dueño de una granja de pollos. Mi familia tuvo que vender la granja a una pérdida después de ser arrestado. No sé si voy a tener mi puesto en la escuela cuando estoy liberado. La familia de Adeeb de nueve personas se queda sin su único proveedor, como muchas familias demás. No ser capaz de cuidar de nuestros seres queridos que nos necesitan es la parte más difícil de estar aquí.

Es el apoyo que he recibido de mi familia y amigos que me ayuda a seguir adelante. Agradezco a los líderes palestinos que han contactado con mi familia, a los diplomáticos de la Unión Europea y de los activistas israelíes que han expresado su apoyo asistiendo a las conferencias. La relación que hemos construido junto con los activistas ha ido más allá de la definición de colega o amigo, somos hermanos y hermanas en esta lucha. Ustedes son una fuente incesante de inspiración y de solidaridad. Ustedes se han mantenido con nosotros en las manifestaciones y las audiencias judiciales, y durante nuestras ocasiones más felices y dolorosas. Estar en la cárcel me ha mostrado de que cuantos amigos verdaderos que tengo, estoy muy agradecido a todos ustedes.

De los confines de mi prisión se vuelve tan claro que nuestra lucha es mucho más grande que la justicia de sólo Bil’in o de Palestina. Estamos comprometidos en una lucha internacional contra la opresión. Sé que esto es cierto cuando me acuerdo de todos ustedes de todo el mundo que se han unido al movimiento para detener el muro y los asentamientos. La gente común enfurecido por la ocupación han convertido nuestra lucha a su propia lucha, y se unió a nosotros en solidaridad. Seguramente se unirán a la lucha por la justicia en otros lugares cuando que Palestina sea finalmente libre.

Olvidando el quinto aniversario de nuestra lucha en Bil’in será como olvidar el cumpleaños de uno de mis hijos. Últimamente pienso mucho acerca de mi amigo Bassem cuya vida fue tomada durante una manifestación no violenta el año pasado y cuánto le extraño a él. A pesar del dolor de esta pérdida, y el deseo que tengo de estar con mi familia y amigos en casa, creo que si este es el precio que debemos pagar por nuestra libertad, entonces vale la pena, y estaríamos dispuestos a pagar mucho más.

Atentamente,

Abdallah Abu Rahmah
Desde el campamento de detención militar de Ofer.

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jueves, 18 de febrero de 2010

Palestina: la victoria de los na’vi de Bilin


Los más viejos del lugar no podían creerse la escena.
15 de febrero de 2010

En Bilin no es Carnaval, no se celebra. Primero, porque para la gran mayoría musulmana no existe la Cuaresma. Los tipos de la foto se disfrazan porque en su pueblo, cercano a Ramala (Palestina), en lugar de ir al cine o al teatro pasan la tarde del viernes protestando por el muro de la vergüenza. Lo ’plantó’ Israel y ahoga su territorio como una enorme mordaza de hormigón y alambre de espino. Más de 700.000 metros cuadrados de sus cultivos quedan del lado judío, una injusticia que reconoció el propio Tribunal Supremo israelí en el 2007.

A los que no caen en la ignominia del terrorismo, les queda el derecho al pataleo y cierto sentido del humor. El viernes, varios activistas palestinos se pintaron de azul al estilo de los na’vi de ’Avatar’ para escenificar su protesta semanal. Hubo pintura, mallas, risas, gritos, banderas, gases lacrimógenos y algunas fotos en la prensa. Los más viejos del lugar no podían creerse la escena. Les contaron que James Cameron había hecho una película que hablaba de un pueblo extraño y su lucha descabellada contra la invasión de los poderosos humanos en busca de un valioso mineral. Ni Bilin está en la luna Pandora, ni los palestinos tienen petróleo, ni miden tres metros de altura. Pero las dos historias hablan de los que no están dispuestos a abandonar su tierra y de que el pequeño puede vencer al gigante. Horas después de la protesta, el ejército israelí aceptaba modificar el trazado del muro: los na’vi de Bilin ya podían celebrar su victoria y quitarse las pinturas de ’guerra’.

http://www.larioja.com/v/20100214/mundo/victoria-bilin-20100214.html

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domingo, 17 de enero de 2010

Amigos de Bilín


17-01-2010
Eyad Burnat
Rebelión
Traducción de Ivan Vanney

Hoy los manifestantes de la aldea Bilín contra el muro del apartheid y las colonias ilegales israelíes se encontraron con munición viva, granadas de humo (tanto de plástico como de aluminio), balas de goma, y bombas de estruendo por parte del ejercito israeli. Las balas de goma y granadas lacrimógenas hirieron a seis manifestantes.

Muchos sufrieron de severas inhalaciones de gas, incluyendo al líder de Fatah el Dr. Nabil Shath. Los otros heridos incluyen al camarógrafo Fadi Aljause y al reportero Haron Amira, Bassem Ahmad Yassin (herido en una pierna), Ibrahim Burnat (herida de bala de goma), Nayif Ghazi (herida en la cabeza por granada lacrimógena), y un hombre de Jericó quien fue llevado al hospital de Ramala (no hemos recibido información sobre su estado actual).

Manifestantes palestinos, israelíes e internacionales marcharon hacia el muro con banderas palestinas de 10 metros de largo a lo que el ejército inmediatamente respondió disparando gases lacrimógenos contra la multitud. El ejército incursionó en la aldea e intentó arrestar a dos activistas palestinos. Activistas israelíes e internacionales intervinieron físicamente para impedir el arresto. Los soldados dispararon munición viva (balas reales) al aire durante el conflicto con la intención de asustar y dispersar a la multitud. La multitud, integrada por muchos activistas solidarios israelíes, no se dispersó y comenzó a corear "¡que vergüenza!" en hebreo. Mientras muchos soldados ingresaron por otra entrada del muro del apartheid. Intentaron rodear la manifestacion desde varias direcciones, pero fue inútil.

Por la fuerza de las granadas de humo, hubo una broma sobre que el ejército debe de estar improvisando una nueva edición 2010 de granadas lacrimógenas. Las dos últimas semanas del año estuvieron marcadas por el incremento de arrestos y acosos a los organizadores y activistas de la resistencia popular palestina en Cisjordania. La noche anterior el ejército invadió el pueblo Al Masara y allanó las casas de los organizadores del Comité Popular Mahmoud Zawhre y Mohammed Brejya. La noche previa fue allanada la casa del miembro del Comité Popular de Nilín Mohammad Ameera. Y un día antes tres miembros del Comité Popular fueron arrestados en sus hogares en Nilín. La misma noche de los arrestos en Nilín, un activista de Bilín que participó en la manifestación del viernes fue arrestado. Las autoridades israelíes intensificaron sus esfuerzos para suprimir las actividades no violentas y la organización de palestinos involucrados en campañas popular contra el muro y las colonias en expansión. A pesar de esos esfuerzos, mucha gente asiste a las protestas semanales desde las aldeas vecinas, y nuevas manifestaciones populares se han desatado alrededor de Cisjordania.

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