
16-12-2009
Omayma Abdel Latif
Al Ahram Weekly
Traducción para Rebelión de Loles Oliván
Días antes de la visita del presidente libanés a Washington el 12 de diciembre, un grupo de congresistas de EE.UU. instaron a la Administración Obama a que condicione la ayuda militar al ejército libanés a un acuerdo para que Hezbolá entregue sus armas.
La iniciativa se entiende como respuesta a la declaración política del nuevo gobierno de unidad libanés, percibida en los círculos de EE.UU. como que se ha dado un poder de veto a Hezbolá sobre la toma de decisiones importantes.
“Debemos tratar de respaldar los esfuerzos multilaterales más importantes para desarmar a Hezbolá y limpiar el sur de Líbano de armamento iraní”, escribieron recientemente 31 congresistas en una carta dirigida a la secretaria de Estado Hillary Clinton. La carta era una respuesta a una solicitud presentada por la Administración Obama de 210 millones de dólares para la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL, en sus siglas en inglés) y cien millones de dólares en asistencia militar para el ejército libanés. “Por esa cantidad de dinero, los contribuyentes estadounidenses se merecen ver resultados”, dijeron los congresistas. La implicación que se deriva de ello es que el movimiento de resistencia libanés tiene que ser despojado de su capacidad de disuasión frente a Israel.
Una breve declaración de la presidencia libanesa comentando la carta declaraba que Michel Suleiman se reuniría con el presidente de EE.UU. y que no tenía prevista ninguna reunión con congresistas.
No es la primera vez que se reclaman condiciones para la ayuda de EEUU a Líbano. El pasado junio, durante una visita a Beirut en vísperas de las cruciales elecciones parlamentarias, el vicepresidente Joe Biden vinculó la asistencia a Líbano a lo que describió como "la política del nuevo gobierno que se forme después de la votación parlamentaria del 7 de junio". "EE.UU. evaluará la forma de su programa de asistencia según las políticas del nuevo gobierno", declaró Biden a la prensa después de reunirse con el presidente Suleiman en junio. Describió a Hezbolá como un “destructor de la paz”.
EE.UU. ha proporcionado a Líbano más de mil millones en ayuda desde 2006, incluyendo 410 millones de dólares al ejército y a la policía. Aunque los funcionarios de EE.UU. expresaron reiteradamente su compromiso de satisfacer las necesidades del ejército libanés, el tipo de artillería recibido está dirigido, irónicamente, a la protección de Israel en lugar de a la de los libaneses. Por ejemplo, los aviones no tripulados Raven entregados en mayo pasado que, según el responsable del Departamento de Estado David Hale, servirán al ejército para vigilar cualquier intento de disparar cohetes desde el sur de Líbano al norte de Israel. Sin embargo, no hay artillería para defender el espacio aéreo libanés contra las repetidas violaciones de los aviones de combate israelíes.
El pasado mes de abril un funcionario del Departamento de Defensa estadounidense declaró que EE.UU. “no presta asistencia al Líbano sin tener en cuenta las preocupaciones israelíes y la ventaja cualitativa de Israel”, y añadía que la ayuda militar de EE.UU. a las fuerzas armadas libanesas está diseñada para “fortalecer al ejército a nivel nacional, no regional”, y los tanques M60 “no se ajustarían” con los tanques Merkava 4 de Israel.
La declaración política del gobierno libanés debe ser ratificada por el Parlamento a finales de semana. La declaración reconoce el derecho “del pueblo libanés, el ejército y la resistencia a liberar las Granjas de Sheba, las colinas de Kfar Shuba y la parte norte de la aldea de Al-Ghajar, así como de defender Líbano y sus aguas territoriales ante cualquier enemigo por todos los medios disponibles”. El gobierno cuenta con dos ministros representantes de Hezbolá y la declaración incorpora las armas de la resistencia como parte del mecanismo de defensa del Estado y del pueblo libanés.
Si bien la respuesta de Washington a la formación de la coalición de gobierno ha sido amortiguada, la israelí ha sido sonada. Los responsables israelíes han amenazado en repetidas ocasiones con que todo Líbano será el blanco de cualquier ataque israelí en el futuro. El primer ministro israelí Binyamin Netanyahu declaró a la prensa el lunes que “el gobierno libanés será responsable de cualquier ataque de Hezbolá contra Israel". Netanyahu describía a Hezbolá como “el verdadero ejército de Líbano”.
El martes, Haaretz informaba que NNUU estaba trabajando con Israel para completar la retirada de Israel de “la mitad norte de Al-Ghajar” en virtud de una propuesta del general Claudio Graziano, jefe de la UNIFIL, cuyo mandato en el cargo expira a finales de enero de 2010. La propuesta sugiere que la UNIFIL se responsabilice de la seguridad en el norte de Al-Ghajar una vez que Israel se retire. No se permitiría la entrada a ningún ejército libanés, afirma la propuesta, e Israel seguiría teniendo la responsabilidad de los servicios civiles. No ha habido ninguna respuesta oficial por parte del gobierno libanés sobre el informe.
La prensa israelí está inundada de informaciones que predicen una “guerra de necesidad” contra Hezbolá y, probablemente contra Hamas, que tendrá lugar ya sea en verano o en otoño del próximo año. Aunque esto podría considerarse como parte de la guerra psicológica entre Israel y Hezbolá, es sorprendente la forma en que la declaración de Netanyahu sobre “la caída de la Resolución 1701” ha sido programada al tiempo que la carta de los congresistas estadounidenses en la que afirmaban estar “muy preocupados” por lo que decían era “el potencial de la escalada promovida por Irán a lo largo de la frontera libanesa-israelí que hará explotar la situación en la región”. Aunque Hezbolá Ha guardado silencio sobre la carta de los congresistas estadounidenses, quienes busquen un comentario han de remitirse al último discurso del secretario general, en el que aclaró que “las armas del Hezbolá permanecerán mientras exista Israel”.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2009/976/re4.htm
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Hezbolá y la ayuda militar de EEUU a Líbano
jueves, 10 de diciembre de 2009
Nuevo manifiesto político de Hezbolá: La resistencia seguirá adelante

10-12-2009
Omayma Abdel Latif
Al Ahram Weekly
Traducción para Rebelión de Loles Oliván
Veinticuatro años, dos órdenes mundiales, una guerra de liberación, una guerra de resistencia y numerosos acontecimientos políticos separan el primer manifiesto político de Hezbolá, publicado en 1985, y el segundo emitido el lunes [1 de diciembre de 2009].
Por primera vez desde que el movimiento de resistencia islámico se incorporó al proceso político del Líbano en 1992 a través de elecciones parlamentarias el secretario general del Hezbolá, Hasan Nasralah, presentó lo que equivale a una clara plataforma política.
El documento de 32 páginas aborda cuestiones que van desde el sistema político del Líbano, las armas de la resistencia, la cuestión de Palestina y las relaciones de Líbano con el mundo árabe y occidental.
Contrariamente al documento anterior, la nueva visión política matiza la retórica islamista.
El documento propone la aceptación de la diversidad que es el Líbano. El documento ofrece un marco teórico para políticas ya aplicadas por Hezbolá. Si bien ha habido algunos cambios respecto a ciertas cuestiones, la mayoría de las constantes ideológicas de Hezbolá permanecen intactas, incluidas la línea antiestadounidenses y antiisraelí que representan, ambas, un elemento definitorio de la retórica y las acciones de Hezbolá desde sus inicios.
Israel se lleva la mayor parte de condena. La amenaza israelí en curso, declaró Nasralah, obliga a la resistencia a seguir aumentando su capacidad para cumplir con su papel en la liberación de los territorios ocupados.
"La amenaza israelí reclama que Líbano tenga una estrategia de defensa basada en la unión entre una resistencia popular que ayude a defender el país contra la agresión israelí y un ejército nacional que proteja el país y su estabilidad", declara el documento.
Pocos se han sorprendido por la escalada de tono del partido contra EEUU, a quien describe como la "fuente de todo el terrorismo en el mundo". En el manifiesto de 1985 el partido identificaba a sus enemigos como "Israel y EEUU, Francia y el Kataib [partido libanés de la Falange]". En el nuevo manifiesto Hezbolá emplea lo que los observadores consideran un enfoque más razonable: "el apoyo ilimitado de la Administración estadounidense a Israel... sitúa a la Administración de EEUU en la posición de enemigo de nuestra nación y de nuestros pueblos".
Hezbolá no renunciará a sus armas mientras persista la amenaza israelí: "Israel representa una constante amenaza y un peligro inminente para Líbano".
Nasralah afirmó que la razón de articular una nueva visión para Hezbolá se debe "a las transformaciones históricas que viene sufriendo la región".
Una transformación clave es la aparente retirada del papel de EEUU en la zona.
"Se trata de la gestación de una fase política de transformaciones históricas excepcionales, y ya no puede ser abordada sin prestar atención al lugar que ocupa nuestro movimiento de resistencia."
Otra razón importante que Nasralah no ha mencionado es que durante los últimos cinco años el movimiento de resistencia se ha trasladado desde la oposición hasta convertirse en un socio real y clave de la escena política libanesa.
Esto podría explicar por qué Hezbolá asigna un capítulo entero al sistema político libanés, que el documento de 1985 se negaba a reconocer y trató de modificar radicalmente.
Este salto ha llevado a un comentarista a sugerir que el manifiesto político anuncia una nueva era para el movimiento de resistencia, ya que oficialmente sitúa a Hezbolá "en el club político del Líbano".
Hezbolá reconoce la diversidad del Líbano y admite que el centro de los males del sistema libanés es el sistema de controles y equilibrios confesionales.
Hezbolá da la bienvenida a un reciente llamamiento del presidente del Parlamento, Nabih Berri, para crear un organismo que trabaje para poner fin al sistema confesional. Nasralah ha solicitado la creación de un órgano cuya principal misión sea estudiar la cuestión.
El movimiento de resistencia parece estar provocando cambios revolucionarios en El Líbano. El manifiesto, sin embargo, es sólo el documento escrito de una política que Hezbolá ha perseguido durante mucho tiempo, incluso cuando negoció alianzas electorales con sus prooccidentales oponentes más importantes en las elecciones parlamentarias de 2005, y con la firma en febrero de 2006 de un memorando de entendimiento con el general Michel Aoun, dirigente del Movimiento Patriótico Libre, la fuerza cristiana más popular.
Hezbolá también anunció su intención de poner fin a la tensión sectaria entre las comunidades suníes y chiíes.
El manifiesto político de Hezbolá se produce en un momento en que el movimiento de resistencia está en una encrucijada, al tener que operar en un entorno hostil a nivel nacional y regional.
Una de las conclusiones que se extraen de este documento es que Hezbolá —a diferencia de algunos movimientos islamistas— ha demostrado ser menos dogmático que la realpolitik.
Esto explica el éxito del partido en su propia transformación desde un movimiento local de resistencia libanesa a un icono y modelo de resistencia en el mundo árabe y musulmán.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2009/975/re3.htm
martes, 10 de noviembre de 2009
La guerra oculta: Rivalidad regional entre Irán y Arabia Saudí

10-11-2009
Omayma Abdel Latif
Al Ahram Weekly
Traducción para Rebelión de Loles Oliván
Arabia Saudí ha optado tradicionalmente por un enfoque calculado de no confrontación para contrarrestar la supremacía de Irán como potencia regional clave. Sin embargo, paralelamente a este enfoque más sosegado ha puesto en marcha lo que un observador saudí ha descrito como "una guerra oculta" contra Irán destinada a influir en el proceso de alianzas de la región. En particular, una campaña de retórica agresiva ha emergido en medios de prensa financiados por capital saudí que pinta a Irán como el torbellino de Oriente Próximo, la gran amenaza para la estabilidad regional, y un agente del caos en muchos países árabes, entre ellos Iraq y Yemen.
En su escrito publicado en el diario londinense Al-Hayat del miércoles pasado, el comentarista árabe Abdallah Nasser Al-Otaibi advertía a los lectores sobre "un esquema iraní para dominar la región". "Hubo un esquema de 50 años marcado por Jomeini para controlar Oriente Próximo. Han pasado ya 20 años”, escribía Al-Otaibi. Pero sus palabras no terminaban allí. Pasaba a sugerir a los regímenes árabes “que apoyen al movimiento separatista suní de Irán, Al-Ahwaz, en el oeste, o el baluchi en el este”. "Para hacer frente a la marea de Irán es necesario diseñar un plan a 50 años para una revolución suní", escribía.
Abdel-Rahman Al-Rashed, veterano comentarista del diario Asharq al-Awsat, escribió que en el centro de las políticas regionales de Teherán está "usar y financiar a Al-Qaeda, a grupos extremistas shiíes de Iraq, y a los Houthis en Yemen". Un tercer comentarista, Ghassan Sharbel, advirtió en contra de la emergente alianza de Irán y Turquía. Pidió a los regímenes árabes que hagan frente a los intentos de Irán de crear un nuevo orden regional, incorporando a Siria al campo árabe para aislar a Irán.
Estos escritos reflejan la narrativa dominante de lo que ha dado en conocerse como el "eje de los moderados" en la prensa progubernamental financiada por Arabia Saudí. El factor unificador aquí es la utilización del sectarismo como modo de interpretar y comprender los acontecimientos en Oriente Próximo. La cobertura mediática de la rivalidad irano-saudí tiende presentar a bombo y platillo los sentimientos sectarios, pintando tanto la política iraní como la saudí como inspiradas por motivaciones puramente confesionales. Sin embargo, una revisión más cercana de lo que inicialmente aparece como un conflicto que refleja una brecha entre suníes y shiíes permite ver en realidad un patrón de creación de alianzas por motivos de naturaleza distintos de los sectarios. Así, el confesionalismo está siendo utilizado como una herramienta para alcanzar fines políticos de dominación regional.
Un académico iraní describía este enfoque como "una estrategia de alto riesgo" de consecuencias desastrosas que podría estallar en muchos lugares de Oriente Próximo, incluso en la propia Arabia Saudí. En esta estrategia, sostiene Masud Asadollahi, académico establecido en Beirut, Irán —y no Israel— es el principal enemigo de los árabes. Para construir esa percepción, continúa, es necesario movilizar a la población a lo largo de líneas sectarias que finalmente conducirán a la lucha confesional, enfrentando a suníes contra shiíes. "La preocupación excesiva por ‘la amenaza shií’ contra los árabes únicamente está diseñada para desviar la atención de las atrocidades de Israel en un momento en el que Israel cuenta con el gobierno más racista y fascista".
El académico saudí Fuad Ibrahim, quien ha escrito extensamente sobre las relaciones entre suníes y shiíes, está de acuerdo. "A medida que Israel se convierte en miembro del bloque moderado, debe ser Irán, el núcleo del mal, el que amenaza la estabilidad y la paz en la región", dijo.
Los israelíes no ocultan sus esfuerzos para exacerbar las tensiones sectarias en su propio beneficio. El escritor israelí Akiva Eldar escribió en Haaretz el pasado julio sobre la forma en que "la amenaza iraní" empujaría a los árabes a la normalización con Israel. "La interpretación original de los dirigentes árabes sobre su iniciativa fue que la normalización esperaría a que Israel se retirase de los territorios", escribió Eldar. "Las cosas han cambiado cuando han cambiado las prioridades: la común amenaza iraní se ha puesto a la misma altura que el común enemigo israelí”.
Los esfuerzos para demonizar y así aislar a Irán y su eje no son nuevos. Un artículo de la revista Time titulado "La lucha para aislar a Irán", del 6 de febrero de 2007, puso de manifiesto que la Administración Bush, con la ayuda de un eje de los Estados árabes moderados, trató de formar un frente unido contra Irán. Time reveló entonces que, "la Administración está buscando un nuevo frente unido entre los responsables de los regímenes árabes (aliados) e Israel para ayudar a la lucha contra el campo extremista de Hezbolá y Hamas". Según Time, en esta narrativa Irán se presenta como una amenaza regional de gran envergadura y un agente de caos en Iraq. Acontecimientos como la guerra de julio de 2006 contra Líbano, la agresión israelí en Gaza, las ambiciones nucleares de Irán y, más importante, en Iraq, han exacerbado las tensiones.
Otra táctica para contener a Irán es la creación de fisuras a lo largo de líneas sectarias. La última ronda de enfrentamientos en Yemen —la sexta desde que surgieron los problemas por primera vez en 2004— es un ejemplo de esta política. Uniéndose al coro de los regímenes árabes que despiertan temores y sospechas sobre las políticas de Teherán en la región, el presidente de Yemen, Ali Abdallah Saleh denunció que Irán estaba usando su país como frente para ajustar cuentas con los saudíes. Acusar a los rebeldes huzíes de ser títeres iraníes ha sido una manera conveniente de despojar de legitimidad su causa.
De hecho, la presentación del conflicto en términos sectarios ha sido el modo preferido tanto en la prensa saudí como en la progubernamental. Un observador saudí ha referido cómo Riad ha alentado a los jeques salafíes para que propaguen la doctrina wahabí entre los zayidi, que son shiíes. Instan a los salafíes del Yemen a participar en operaciones militares contra los seguidores de Huzi. Un seguidor de Huzi radicado en Adén ha revelado que los ulemas salafíes tanto en Yemen como en Arabia Saudí han estado profundamente implicados en la exacerbación del conflicto mediante la emisión de fatuas que condenan a los seguidores de Huzi y piden a sus seguidores que se unan en la guerra contra ellos. Esto podría explicar la bilis sectaria dirigida regularmente contra los seguidores de Huzi por clérigos suníes próximos a Arabia Saudí. Asimismo, los medios de comunicación controlados por Arabia Saudí pintan el conflicto con criterios meramente confesionales, enfrentando a los rebeldes shiíes respaldados por Irán contra el Estado suní apoyado por Arabia Saudí.
La problemática relación entre Irán y Arabia Saudí sigue siendo el meollo de la cuestión. Se ha caracterizado por ser un conflicto latente que emerge de vez en cuando a la superficie de las páginas y las pantallas de los medios de comunicación financiados tanto por Arabia Saudí como por Irán. Por ejemplo, cuando los estudiantes iraníes se manifestaron frente a la embajada saudí en Teherán para protestar contra la intervención saudí contra los huzíes, los saudíes se mantuvieron en silencio. Cuando el ayatolá Ali Jamenei y el Presidente Ahmadineyad hicieron declaraciones acerca de lo que refirieron como "trato inmoral e inhumano a los peregrinos iraníes por parte de las autoridades saudíes", los saudíes, enfadados por las declaraciones, respondieron con un doble mensaje: sugerir a Irán que no politice el hajj y, al mismo tiempo, advertirle de que se enfrentaría a cualquier intento de interrumpir el ritual sagrado.
Teherán se movió rápidamente para reducir la tensión. Por ello envió al Ministro de Relaciones Exteriores, Manuchehr Mottaki, a Riad el miércoles, para aclarar el "malentendido" provocado por las declaraciones de Ahmadineyad. La década de 1980 fue testigo de desagradables episodios de enfrentamientos entre las autoridades saudíes y peregrinos iraníes que utilizaban el hajj como lugar para protestar contra EEUU e Israel.
Hay cuatro factores que definen las relaciones irano-saudíes: la seguridad del Golfo; las ambiciones nucleares de Irán; Iraq; y el más importante, el factor estadounidense de la relación. Aunque el aspecto confesional es uno entre muchos otros componentes que definen la relación, los medios de comunicación enfatizan el factor sectario como si fuese el único que explica la rivalidad.
Muchos observadores creen que el resultado del conflicto latente irano-saudí es probable que desempeñe un papel fundamental en la configuración del futuro mapa de alianzas en Oriente Próximo. Es poco probable que ambos países participen en una confrontación abierta, pero el conflicto probablemente continuará y se manifestará en diferentes formas. Arabia Saudí quiere limitar la influencia de Irán en la región sabiendo que tal influencia no puede ser ignorada o borrada.
Fuente: http://weekly.ahram.org.eg/2009/971/re4.htm
