
Al-Manar
19/05/2010
Como recordatorio de que Afganistán no está bajo el control de las fuerzas extranjeras que lo ocupan, insurgentes talibanes llevaron a cabo un ataque contra la mayor base de la OTAN en el país provocando una batalla con disparos un día después de que ocho soldados extranjeros fallecieran, seis de ellos en el mayor ataque llevado a cabo contra las tropas de ocupación de desde enero.
El ataque del miércoles tuvo lugar cuando militantes talibanes armados con cohetes, armas de fuego, ametralladoras y granadas atacaron la base aérea de Bragram, 60 kilómetros al norte de Kabul, provocando una batalla que causó la muerte a siete combatientes e hirió a siete soldados de ocupación.
“Siete insurgentes han muerto durante un ataque contra Bagram que incluyó cohetes, pequeñas armas y granadas,” dijo la Fuerza Internacional de Asistencia a la Segundiad en una declaración.
La mayor Virginia McCabe, una oficial de prensa en Bagram, dijo que “siete soldados de la ISAF resultaron heridos. La respuesta de nuestros soldados fue muy rápida.”
El miércoles, cuatro soldados daneses resultaron heridos cuando un artefacto explosivo alcanzó un vehículo blindado en la provincia de Helmand, dijo el Ejército danés.
Un día antes, el martes, cuando el presidente Hamid Karzai se preparaba para alabar el éxito de su último viaje a Washington, una explosión en Kabul mostró que la capital afgana continúa siendo vulnerable ante los talibanes, que están llevando a la OTAN a pagar un alto precio por su ocupación en Afganistán.
Ocho soldados extranjeros murieron el martes, en el día más mortífero para la OTAN en cinco meses. Un atacante suicida detonó su vehículo cerca de un convoy norteamericano en la capital afgana, matando a seis soldados, cinco norteamericanos y un canadiense. Otros dos soldados estadounidenses de ocupación fallecieron en ataques separados en el sur.
La explosión de Kabul fue el primer ataque en la capital afgana desde enero y siguió a un anuncio de los talibanes de una ofensiva de primavera en un momento en el que EEUU prepara otra en la zona de Kandahar.
Un jefe militar de la OTAN expresó su preocupación el lunes por el incremento de bajas extranjeras en Afganistán, en medio de un crecimiento en el número de ataques contra las fuerzas estadounidenses.
La guerra en Afganistán se ha cobrado las vidas de unos 1.100 soldados de ocupación estadounidense y más de 600 soldados de la coalición desde 2001, dijo el almirante James Stavridis.
Hasta ahora este año han fallecido 210 soldados de ocupación en Afganistán, en comparación con los 119 militares muertos el pasado año desde enero hasta mediados de mayo.
Más de 520 soldados extranjeros fallecieron en el país en 2009, según un recuento de AFP basado en el sitio icasualties.org.
jueves, 20 de mayo de 2010
La OTAN Paga un Alto Precio por la Ocupación de Afganistán
viernes, 14 de mayo de 2010
La OTAN admite que mató a un 76% más de civiles en Afganistán

El Pentágono afirma que entre enero y abril de este año un total de 90 personas murieron como consecuencia de ataques norteamericanos y aliados.
14 de mayo de 2010
Reuters / EP, Washington
El número de civiles que han muerto a consecuencia de ataques del Ejército estadounidense y de fuerzas de la OTAN en Afganistán ha crecido en el primer tercio de 2010 un 76 por ciento respecto al mismo perido de 2009, informó este jueves el Pentágono.
Citando estadísticas de la OTAN, el Pentágono afirmó que entre enero y abril de este año un total de 90 civiles murieron como consecuencia de ataques estadounidenses y aliados, lo que supone un incremento del 76 por ciento respecto a la cifra de este mismo periodo en 2009, cuando el número de bajas civiles fue de 51 personas.
El Ejército de Estados Unidos se ha planteado como uno de sus objetivos prioritarios el reducir las bajas civiles en la ofensiva contra las milicias talibán afganas, debido a que cree que ganarse el apoyo de la población es crucial para aislar a los insurgentes y ganar la guerra en el país centroasiático.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se reafirmó en este compromiso este miércoles, cuando afirmó que los militares estaban haciendo todo lo posible, incluso arriesgar su propia seguridad, para evitar que se produjeran bajas «entre personas que no están en el campo de batalla».
El oficial de la OTAN que presentó los datos ante los medios hizo incapié en que este incremento de las muertes de civiles se enmarca dentro de la ofensiva emprendida por fuerzas estadounidenses y de la Alianza contra los bastiones talibán en el sur del país.
Por otro lado, según datos de la ONU, las tropas afganas y extranjeras mataron en 2009 a un 25 por ciento menos de civiles que en 2008, mientras que el número de insurgentes muertos se incrementó un 40 por ciento.
http://www.diariodesevilla.es/artic...
viernes, 7 de mayo de 2010
El ejército estadounidense está provocando un desastre medioambiental en Afganistán

Una fosa para quemar residuos utilizada por el ejército USA
por Matthew Nasuti*
Los casi 200,000 soldados estadounidenses destacados en Afganistán bajo la administración Obama están generando una contaminación gigantesca en este país a consecuencia de los múltiples desechos y residuos militares que generan y que no son reciclados por el ejército. Todo estos componentes, algunos incluso radiactivos son abandonados en plena naturaleza.
La presencia estadounidense en Afganistán consiste en flotas de aviones, helicópteros, vehículos blindados, armamento, equipamiento, tropas e instalaciones. Desde 2001, todo eso viene generando millones de kilogramos de peligrosos residuos radioactivos tóxicos. Kabul Press plantea una pregunta muy sencilla:
“¿Qué están haciendo los estadounidenses con todos esos residuos?”
La respuesta es escalofriante, ya que parece que prácticamente todo se ha enterrado, quemado o secretamente depositado en el aire, en el suelo, en las aguas subterráneas y en las aguas de superficie de Afganistán. Aunque los estadounidenses pudieran empezar a retirarse el año que viene, las sustancias químicas tóxicas que dejan atrás continuarán contaminando el país durante siglos.
Cualquier residuo radioactivo abandonado puede contaminar el campo afgano a lo largo de miles de años. En tiempos pasados solía describirse a Afganistán como el cementerio de ejércitos enemigos. Hoy en día se podría enunciar algo muy diferente: “Afganistán es el vertedero de los productos tóxicos de los ejércitos enemigos”.
El Air Force Times (EEUU) publicó un editorial el 1 de marzo de 2010 bajo este título: “Stamp Out Burn Pits” [Acabando con las fosas de quemar residuos]. Reproducimos aquí la primera mitad de ese editorial:
“Cada vez hay más profesionales sanitarios que creen que las fosas para quemar residuos están causando una oleada de enfermedades respiratorias y de otro tipo entre las tropas que regresan de Iraq y Afganistán. Situadas en casi todas las bases estadounidenses en zonas de guerra, tales fosas, o basureros tóxicos al aire libre, funcionan las veinticuatro horas del día incinerando basuras de todo tipo, incluyendo botellas de plástico, pinturas, productos derivados del petróleo, armamento sin detonar, materiales de riesgo, incluso miembros amputados y deshechos médicos.
Sus columnas de humo arrojan dioxinas, monóxido de carbón y otras toxinas hacia el cielo, produciendo una niebla tóxica que se mantiene sobre las zonas donde se vive y trabaja. Aunque la hoja informativa de la Fuerza Aérea afirma rotundamente que las fosas donde se queman residuos “pueden causar daños en la salud humana y en el medio ambiente y sólo deberían utilizarse hasta que se establezcan otros mecanismos más adecuados de eliminación”, la línea defendida por el Pentágono es que esas fosas “no tienen efectos conocidos a largo plazo sobre la salud”.
El 12 de abril de 2010, el Richmond Times-Dispatch sacó un artículo de David Zucchino, quien se encontraba investigando las fosas para quemar de residuos en Iraq. En él entrevistaba al sargento de primera clase Francis Jaeger, quien le llevó hasta la fosa de residuos de Balad, manejada por un contratista civil que trabajaba para el Pentágono. Jaeger le dijo a Zucchino:
“Se nos dijo que quemáramos todo: sistemas electrónicos, gasas ensangrentadas, bolsas médicas con residuos patológicos, guantes quirúrgicos, cartones. Todo eso se convierte en humo”.
El Pentágono admite ahora que hay activas 84 fosas “oficiales” para quemar residuos en Iraq y Afganistán. No se conoce la cifra de las no oficiales. El Pentágono afirma que está retirando paulatinamente esas fosas a favor de los incineradores y que actualmente hay 27 de ellos trabajando en Iraq y Afganistán, a los que se añadirán 82 en un futuro próximo.
Según un portal de Internet denominada “Burn Pits Action Center”, a cientos de veteranos estadounidenses que estuvieron en contacto con el humo de las fosas se les ha diagnosticado cáncer, enfermedades neurológicas, cardiovasculares, respiratorias e insomnio, así como diversos sarpullidos en la piel. En 2009, se presentaron más de treinta demandas en tribunales federales por todos los Estados Unidos contra Kellogg, Brown and Root (KBR) y su antigua empresa matriz, Halliburton.
Se citaba a esas compañías debido a su implicación en los contratos de LOGCAP (siglas en inglés de Programa para el Incremento de la Logística Civil) para Iraq y Afganistán. Varias entidades de KBR o controlaron o ayudaron en la gestión de los deshechos del ejército estadounidense en ambos países y al parecer manejaron algunas o todas las fosas para quemar residuos tóxicos. En 2010 se han interpuesto más demandas, incluida una en el Tribunal del Distrito Federal de Nueva Jersey.
Las demandas revelan que el Pentágono ha ignorado las leyes internacionales y estadounidenses relativas a la protección del medio ambiente y que las consecuencias han sido una extendida liberación de contaminantes de riesgo por el aire, suelo, aguas superficiales y aguas subterráneas por todo Afganistán.
Ese es un problema persistente que continúa siendo muy grave en la actualidad. A diferencia de Arabia Saudí, que insistió en que las fuerzas estadounidenses limpiaran todo lo que habían contaminado tras la guerra para desalojar a Iraq de Kuwait en 1991, o el Gobierno de Canadá, que insistió, por otra parte, en una estricta limpieza de las bases estadounidenses en su territorio, el gobierno de Afganistán ha sido incapaz de obligar a los estadounidenses y a sus aliados a reparar todos los daños medioambientales que han causado y que continúan causando. Afganistán no quiere acabar como Vietnam. Aunque las unidades terrestres de combate se retiraron de Vietnam del Sur en 1972, ni Vietnam ni su pueblo se han recuperado de los daños medioambientales y los efectos mutagénicos a largo plazo que las operaciones militares estadounidenses y sus exóticas sustancias químicas causaron.
El presente artículo resume el problema de los residuos tóxicos del ejército estadounidense y examina los tipos de residuos peligros que pueden estar contaminando Afganistán.
La segunda parte abordará las respuestas contradictorias del Pentágono ante este problema y explorará uno de los remedios que el Pentágono está actualmente poniendo en marcha, que es pasar a una fase en la que las incineradoras sustituyan a las fosas para quemar residuos. El artículo examina los errores de esa estrategia y por qué Afganistán debería considerar cuidadosamente si permite el uso continuado de incineradores militares.
En la tercera parte, el autor hará una serie de recomendaciones al gobierno de Afganistán sobre cómo investigar y limpiar la polución del territorio afgano causada por las fosas para quemar residuos tóxicos, los vertederos y otras instalaciones de depósito utilizadas por las fuerzas estadounidenses.
Fuentes o medios a través de los cuales se liberan diversos residuos tóxicos
Se cree que los peligrosos residuos tóxicos del ejército estadounidense han penetrado en el aire, en el suelo y en las aguas subterráneas y de superficie de Afganistán a través de los siguientes métodos (es una lista parcial):
- Fosas para quemar residuos.
- Incineradoras.
- Enterramiento o depósito de deshechos y cenizas.
- Vertidos intencionales
- Derrames accidentales
- Vertidos en superficie
- Filtraciones de tanques, colectores y cubetas de almacenamiento
- Letrinas.
Categorías de residuos tóxicos del ejército estadounidense
En esta ocasión, los residuos del ejército estadounidense no pueden caracterizarse en su totalidad. No se conoce el volumen y la variedad de residuos tóxicos (i.e., miles de productos químicos diferentes) y es preciso clasificar una serie de productos y materiales que se han llevado a Afganistán y de los cuales puede que no haya ni documentación.
Con independencia de eso, se sabe bastante acerca de las sustancias químicas que el ejército utiliza rutinariamente y de los residuos tóxicos que también rutinariamente genera. La mayor parte de los residuos del ejército estadounidense pueden recogerse en una de las siguientes doce categorías (12):
Las doce del patíbulo:
- 1. Fugas y derrames de carburantes: Incluyen vertidos de fuel, gasolina y diesel de aviación. Estos vertidos van desde las inmensas pérdidas en las bases aéreas estadounidenses de cientos e incluso miles de litros, a pérdidas menores en las Bases y Puestos de Operaciones de Avanzada cuando los soldados rellenan los generadores de diesel. Los residuos del petróleo tienen la cualidad de filtrarse rápidamente a los acuíferos subterráneos de agua potable y crear columnas de humo que contaminarán permanentemente los pozos locales. No hay forma de limpiar bien una fuente subterránea de agua una vez que se ha contaminado de hidrocarburos.
- 2. Pinturas, asbestos, disolventes, grasas, soluciones para limpieza (como el percloroetileno) y materiales de construcción que contienen formaldehídos, cobre, arsénico y cianuro de hidrógeno.
- 3. Fluidos hidráulicos, fluidos para descongelar aviones, anticongelantes y aceites usados. Los aceites usados son carcinógenos, los anticongelantes son venenosos, los líquidos de descongelar contienen residuos peligrosos de etileno y glicol de propileno, junto con aditivos tóxicos como benzotriazole (que es un inhibidor de la corrosión y el fuego). Los fluidos hidráulicos pueden contener TPP (trifenilfosfato).
- 4. Fugas y derrames de pesticidas venenosos: Afganistán, al parecer, no dispone de la lista de plaguicidas, fungicidas, termiticidas y otros venenos que los estadounidenses llevaron a Afganistán y que se utilizan, se derraman y liberan en el campo para controlar moscas, mosquitos, hormigas, pulgas y se teme que la lista de todas esas neuro-toxinas y la cantidad que de ellas se rocía o se derrama todo Afganistán sea asombrosa.
- 5. Ácidos y residuos de plomo, níquel, zinc y cadmio de las pilas (que son tóxicos o corrosivos).
- 6. Deshechos electrónicos (o deshechos E). Incluyen ordenadores, impresoras, faxes, pantallas, televisores, radios, frigoríficos, equipos de comunicaciones, equipos para pruebas. Todos estos deshechos llevan sustancias químicas cancerígenas, como los ignífugos PBDE (éteres difenilo polibrominados), PCDD (dibenzo-p-dioxinas policloradas), bario, cobre, plomo, zinc, óxidos de cadmio, sulfuros de cadmio y antimonio trivalente, que son eco-tóxicos.
- 7. Bombillas. Esto puede no parecer importante pero muchas de las bombillas militares son fluorescentes y, por tanto, contienen niveles tóxicos de mercurio. En EEUU está prohibido depositar esas bombillas en contenedores normales.
- 8. Plásticos. El ejército estadounidense utilizas miles de diferentes tipos y formulaciones de plásticos. Aunque la mayoría son inofensivos en su estado actual, como las botellas de agua de plástico y cloruro de polivinilo (PVC), los militares han estado quemando sus residuos plásticos en Afganistán. Cuando los plásticos se queman, muchos liberan una mezcla letal de sustancias químicas que incluyen dioxinas, furanos, benceno, di(2-etilhexil)ftalato (DEHP), ácido clorhídrico, benzo(a)pireno (BaP) y diversos ácidos y gas de cloro (que es una neurotoxina). Respirar unos segundos esa mezcla de forma concentrada sería probablemente fatal.
- 9. Residuos sanitarios. Los deshechos de enfermedades infecciosas y materiales biológicos peligrosos, incluyendo jeringas, vendas ensangrentadas, sábanas, guantes, medicamentos caducados, miembros amputados y cadáveres de animales.
- 10. Residuos de munición. El plomo, el latón y otros metales de la munición, junto con todos los componentes de los propulsores, incluyendo trinitrotolueno, ácido pícrico, difenilaminas, nitrocelulosa, nitroglicerina, nitrato de potasio, nitrato de bario, tetraceno, diazodintrophenol, fósforo, peróxidos, tiocarbamato, clorato potásico, fluoruro de vinilo, cloruro de vinilo, fluoruro sódico y sulfato sódico.
- 11. Residuos radioactivos. Cuando uno piensa en los residuos radioactivos, normalmente piensa sólo en armas atómicas, pero no es así. El ejército estadounidense utiliza rutinariamente toda una variedad de dispositivos y equipamiento que contienen elementos radioactivos o elementos radioluminescentes. El ejército estadounidense se refiere a todos estos materiales como “productos radioactivos”· Los principales materiales radioactivos son: uranio, tritio, radio-226, americio-241, torio, cesio-137 y plutonio-239.
Relación de algunos de los aparatos que contienen elementos radioactivos:
- Dispositivos de visión nocturna
- Ensamblajes de Vista Frontal M-16
- Luces antitanque M72 para armas
- Componentes para motores de aeronave T-55
- Puestos con objetivos de luz M58 M59
- Ensamblajes de Luces Frontales M4
- Fuentes de control y elementos de calibradores RADIAC
- Brújulas de radium
- Cuadrantes L4A1 para dispositivos para el control de incendios
- Acimuts para el control de incendios
- Indicadores de nivel
- Colimadores M-1
- Sensores de hocico de referencia M-1
- Sensores de la densidad de la humedad del suelo
- Marcadores de vehículos y medidores TACOM
- Radios, incluidos VRC-46/GRC-106/GRC-19
- Monitores de agentes químicos
- Instrumentos de prueba
- Placas de vehículos con uranio empobrecido
- Munición de uranio empobrecido, incluyendo munición de 20 mm
- Tubos electrónicos para equipamiento de comunicaciones
- Diversos tipos de análisis para hospitales y laboratorios y máquinas para hacer pruebas
Nota: El ejército estadounidense insistirá probablemente en que controla estrictamente el depósito de residuos radioactivos, pero esas afirmaciones carecen de credibilidad. Si bien existe una normativa estricta, el tiempo y el coste de cumplirla en una zona de guerra son tales, que lo más probable es que los comandantes de base la ignoren, optando en su lugar por arrojar los deshechos en fosas de quemar residuos. Las pruebas de que así lo hacen se ofrecerán en la parte tercera de este informe, que cita un estudio financiado por el Pentágono de lo que los comandantes de campo estadounidenses piensan acerca de las normativas medioambientales del Pentágono.
Si el ejército estadounidense sigue insistiendo en que no arroja materiales radioactivos en Afganistán, deberían documentar esas afirmaciones publicando sus archivos. El Pentágono debería publicar todos los datos sobre todos y cada uno de los productos radioactivos llevados a Afganistán. Y todos ellos deberían aparecer en la lista de HMIRS (siglas en inglés de Sistema de Información sobre Materiales de Riesgo). El Pentágono debería después detallar dónde se hallan todos esos productos.
- 12. Aguas negras y grises. El ejército estadounidense y sus contratistas en Afganistán manejan instalaciones de deshechos humanos. El ejército se refiere a esos deshechos como instalaciones LSS (siglas en inglés de Letrinas, Duchas y Afeitado). En ellas se generan lo que se conoce como aguas negras y grises. Las aguas grises de lavabos y duchas tienen como contaminante fundamental los residuos de jabón (i.e., fosfatos y otros químicos que general lo que se conoce como BOD -demanda de oxígeno biológica-, que significa que pueden absorber todo el oxígeno disponible en arroyos y ríos de forma que los peces no puedan respirar). Algunos jabones estadounidenses contiene aditivos tales como el MIT (metilisotiazolinona), que se investiga como toxina.
Las letrinas generan contaminación de aguas negras. Aunque el ejército estadounidense tiene que adherirse a normas estrictas en cuanto al vertido de esos residuos en EEUU, no se enfrenta a restricción alguna en Afganistán. Se pueden excavar letrinas cerca de aguas subterráneas e incluso cuesta arriba desde aguas superficiales (por eso los vertidos pueden fluir y llegar hasta ellas). No hay mapas de todas las letrinas estadounidenses. Una vez que el hoyo de una letrina está lleno, al parecer se cubre de suciedad y olvido.
Aunque las filtraciones medioambientales de las categorías 1 y 12 anteriores constituyen una certeza, se teme que millones de kilos y millones de litros de los residuos enumerados entre las categorías 2 a 11 se arrojan todos en cientos de fosas de quemado estadounidenses en Afganistán o se arrojan en vertederos secretos. Si eso es verdad, le legado de EEUU a Afganistán no es precisamente la libertad sino la contaminación.
En febrero de 2010, el Departamento de EEUU de Asuntos de los Veteranos empezó un estudio de dieciocho meses de duración sobre las fosas de combustión en Afganistán y sus efectos en la salud humana. Afganistán no puede esperar dieciocho meses para conocer los resultados de este estudio, es urgente actuar ya.
El autor recomienda las siguientes lecturas sobre la cuestión tratada en este artículo:
- Houston Chronicle (7 febrero 2010): “GIs tell of horror from burn pits”.
- Los Angeles Times (18 febrero 2010): “Veterans speako ut against burn pits”.
- The New York Times (25 febrero 2010); “Health Panel Begins Probing Impacts of Burn Pits”.
- Salem-News (29 marzo 2010): “Sick Veterans Sue KBR Over Iraq and Afghanistan Burn Pits”
- AFP (10 noviembre 2009): “Troops sue KBR over toxic waste in Iraq and Afghanistan”.
- U.S. Departmen of the Army Pamphlet 700-48.
Matthew Nasuti
Matthew Nasuti es un ex capitán de la Fuerza Aérea de EEUU. Fue asesor en limpiezas medioambientales en el Mando de Logística sobre las bases y depósitos más contaminados de la Fuerza Aérea. Trabajó después para Bechtel Environmental y colaboró en la Superfund Cleanups (acta del gobierno federal estadounidense sobre substancias toxicas o peligrosas y los sitios donde se localizan ese tipo de deshechos y residuos) por todo los EEUU y en las limpiezas radiológicas de los lugares del Departamento de Energía. Últimamente ha trabajado como asesor de un grupo de compañías de atención medioambiental y de reciclaje de residuos y fundiciones.
Fuente: Kabul Press
http://kabulpress.org/my/spip.php?a...
Traducido del inglés por Sinfo Fernández.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Afganistán: operación Moshtarak ¿Clave para una limpieza étnica?

17-02-2010
Yvonne Ridley
CounterPunch
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
Mientras estoy escribiendo estas líneas, dos misiles de la OTAN acaban de masacrar a una docena de inocentes civiles afganos en el más reciente ataque de la guerra que asola a ese país.
Los hombres, mujeres y niños afganos normales y corrientes están pagando un sangriento precio por una guerra lanzada por los políticos de Occidente.
Los soldados, incluidos estadounidenses y británicos, que se alistan para escapar de la pobreza en sus respectivos países golpeados por la recesión, están también apuntándose al sacrificio final.
Y todo esto lo hacen en nombre de la libertad y la democracia unos políticos de carrera que chorrean sangre de inocentes y que son una especie de comadrejas que nunca sacrifican nada.
Y si tuviéramos que juzgar a partir del cruel e insensible comportamiento del que Tony Blair hizo gala durante la investigación en marcha sobre Iraq, qué significa ser dirigente político, ya seas Primer Ministro o Presidente, la respuesta es: alguien que nunca va a tener que decir “lo siento”.
Mientras no introduzcamos un nuevo sistema que exija responsabilidades a los dirigentes políticos, van a continuar actuando por encima de la ley.
Por tanto, en unos cuantos años, espérense una Investigación sobre Afganistán cuando la nueva generación de Bush y Blairs se alineen para defender lo indefendible.
El ejército afgano y las tropas británicas y estadounidenses han logrado que decenas de miles de personas inocentes tengan que huir de sus pueblos en Helmand.
Se ha evacuado ya la ciudad de Marjah, como parte del ataque masivo del ejército contra la población pastún de Helmand.
La operación ha recibido el nombre de Moshtarak, un nombre que en lengua dari significa “juntos”. Y, efectivamente, esas tropas, todas juntas, están participando en lo que no es más que una limpieza étnica.
Cómo es que fue que los asesores legales de Barack Obama y Gordon Brown pudieron venderles esto se me escapa, pero no soy jurista, tan solo una observadora que se siente obligada a preguntarse: “¿Por qué se está llevando a cabo una limpieza étnica en Afganistán?”.
Además, creo que Moshtarak va a servir para sembrar las semillas de una inacabable futura guerra civil una vez que las tropas extranjeras se retiren, como indefectiblemente harán. Por eso, ¿por qué estoy diciendo que Moshtarak no es más que un ejercicio de limpieza étnica? Bien, consideren lo siguiente:
* El 3-5% del Ejército Nacional afgano (ENA) procede de las zonas situadas al sur del país. La mayoría son nativos de lengua dari, no pastún, lo que hace que el ENA sea considerado como un ejército de fuera.
* El 42% de la población de Afganistán es pastún, pero menos del 30% del ENA es pastún.
* El 25% de la población es tayica, pero ahora representan el 41% de todas las tropas entrenadas del ENA.
Como he indicado antes, no soy una jurista experta, pero me sorprende que los grupos por los derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otros no hayan recogido este hecho.
Quizá es que lo están investigando, por tanto mis disculpas de antemano a Sam Zafiri, el director para Asia y Pacífico de Amnistía, y a cualquier otro, si están preparando informes sobre este tema.
Seguramente que las preguntas que se planteen acerca de la composición étnica del ejército afgano no sean de importancia menor, porque está muy claro que las políticas de la OTAN y EEUU en Afganistán no están funcionando.
Se citó la cuestión de los derechos de la mujer como causa para ir a Afganistán pero sabemos que no hay precisamente grandes cifras de mujeres con carrera saliendo de entre los escombros.
La liberación de la mujer afgana no es una prioridad, nunca lo ha sido y nunca lo será hasta que en Occidente se tome en serio los derechos de la mujer. Tenemos que poner primero nuestra propia casa en orden antes de empezar a dictar cómo tienen que tratar a las mujeres en otros parajes.
Mientras tanto, de vuelta a Afganistán, EEUU, el Reino Unido y colegas han fracasado miserablemente sobre el terreno porque sólo trataban de promover los intereses de las potencias regionales.
Quiero entender que hay conversaciones, aunque sea por la puerta de atrás, entre Occidente y los talibanes, entre aquellos que comprenden que no podrá haber una solución pacífica al problema de Afganistán sin comprometerse con los talibanes y ofrecerles participar en el futuro de su país.
No hace falta ser una lumbrera para comprender que si se les excluye del proceso de paz, no habrá paz que valga.
Esa es la solución real para Afganistán: Hablar, hablar, no guerra, guerra.
No sé que es lo que me hace pensar que Barack Obama y Gordon Brown van a continuar enviando jóvenes valientes a la batalla que no pueden ganar en un país donde otro conjunto de jóvenes valientes quieren expulsar a quienes consideran ocupantes de sus tierras.
Y esta última operación militar podría encontrarse con que a esas mismas fuerzas de la OTAN se las acusa de crímenes contra la humanidad por tomar parte en una operación de limpieza étnica… La historia nos ha enseñado, como poco, que son los que gruñen sobre el terreno los que acaban en el banquillo.
He visitado ya Afganistán muchas veces, y el mensaje que recibo es siempre el mismo: “¡Saquen a las tropas de la OTAN de nuestro país!”
Es un mensaje de las mujeres afganas, que están ahora afrontando más dificultades que nunca y que no tienen precisamente cerca la liberación… de hecho muchas de ellas me preguntan qué significa eso. Lo que ellas quieren es seguridad, educación, un sistema sanitario decente y trabajo para sus hombres.
Y para reforzar todo eso, me reuní con la sorprendente Malalai Joya, la parlamentaria más joven que haya tenido nunca Afganistán, que fue suspendida de sus funciones por el “gobierno democrático” de Karzai por hablar alto y claro. Me dijo: “Estamos atrapados entre dos enemigos: por un lado, los talibanes y, por otro, las fuerzas estadounidenses y de la OTAN y sus señores de la guerra”.
Pero, ¿quién va a escuchar a una sencilla mujer afgana? Seguro que ni Barack Obama ni Gordon Brown y desde luego no Hamid Karzai. Cada vez que vuelvo a Gran Bretaña desde Afganistán, los medios dominantes rara vez me preguntan por mi opinión, porque yo llevo un mensaje similar y si no les decimos a los hombres lo que ellos quieren escuchar, no escuchan.
Pero es un mensaje que recibo cuando viajo por Afganistán hablando con la gente real, no con los políticos. Yo no voy empotrada en el ejército de nadie ni me quedo escondida en un recinto de Kabul… y con esto no estoy criticando a los periodistas que sinceramente quieren salir fuera como hago yo y hablar con la gente de verdad.
A muchos de ellos, occidentales, las compañías de seguros les prohíben moverse por un país asolado por la guerra. Yo no tengo ese problema, ya que muy pocas compañías de seguros me darían cobertura alguna desde mi arresto y detención por los talibanes en 2001.
En definitiva, que la guerra en Afganistán no se ha emprendido para liberar a las mujeres: en vez de eso las está convirtiendo en viudas. Ni la guerra tiene nada que ver con la seguridad interna… los talibanes no plantean amenaza fuera de sus fronteras y nunca la han planteado. ¿Puede alguien decirme cuándo fue la última vez que un afgano se vio implicado en un acto de terrorismo fuera de su país?
Los talibanes no han lanzado una yihad global, sino que están sencillamente haciendo lo que la generación anterior de pastunes afganos hicieron durante la época de la ocupación rusa… están ofreciendo resistencia ante unas fuerzas ocupantes extranjeras y un ejército y policía afganos hostiles. El ENA y la policía no representan los intereses del pueblo pastún, que son el grupo étnico mayoritario en el país.
Si expulsar a las poblaciones pastunes de sus hogares bajo la Operación Moshtarak no es limpieza étnica, me gustaría saber cómo lo llaman los asesores legales de la Casa Blanca, Downing Street y la OTAN.
Y si las fuerzas de la OTAN tienen las mismas reservas que yo, entonces es su deber no obedecer órdenes ilegales.
Yvonne Ridley es una periodista británica y autora del libro “In The Hands of the Taliban”, que está actualizando y volverá a publicar a finales de año. Es también presentadora de The Agenda y co-presentadora del show Rattansi & Ridley, ambos emitidos por Press TV. Además es miembro fundadora de la campaña “Stop the War Coalition” así como del partido político RESPECT.
Fuente: http://www.counterpunch.org/ridley02152010.html
