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jueves, 3 de junio de 2010

Crisis europea: Medicinas que envenenan


Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

Atribuir la actual crisis económica griega a los excesos en sus sistemas de pensiones y seguridad social es, en el mejor de los casos, expresar una verdad a medias. O, si usted lo prefiere, una media mentira. Y la mentira excede de la mitad si se invoca el caso español. En lo que a Irlanda se refiere habría que recordar que, ante el impacto de la crisis, se optó, con anticipación (2009), por una política fiscal restrictiva, tendiente a la reducción del gasto público. Ello simplemente agudizó el desplome (reducción del -7,1% del PIB en 2009) y disparó el déficit fiscal (14,3% del PIB).

En general, los datos muestran de forma sistemática un deterioro generalizado de las finanzas públicas en el período posterior a 2007. Aunque parcialmente atenuado, ello es válido incluso para Alemania. Es indudablemente un problema vinculado a la crisis económica y refleja principalmente la confluencia de dos factores: el esfuerzo fiscal excepcional que se puso en marcha para atenuar la crisis, y el desplome de los ingresos tributarios ocasionado por la aguda recesión. En el caso de los países que ya están atrapados en la telaraña de la deuda pública, los datos son claros. España, por ejemplo, pasa de superávits fiscales del orden del 2% en 2006 y 2007 a déficits que, para 2009, llegan al -11,2% del PIB. Irlanda, con un superávit del 3% en 2006, registra un déficit que excede del -14% en 2009. Portugal y, sobre todo, Grecia, ya registraban números rojos antes de la crisis. Esta última agudiza severamente el problema. En lo que se refiere a Italia, el agravamiento del déficit no es tan agudo (-1,5% en 2007; -5,3% en 2009), pero en su caso la deuda pública es extraordinariamente elevada (115,8% como porcentaje del PIB, al mismo nivel, en términos comparativos, que Grecia).

La crisis que explota en 2007 es, por lo tanto, la fuerza principal detrás de la actual crisis europea de la deuda. Sabemos que aquella detonó en Wall Street, de mano de los grandes especuladores de las finanzas. Culpabilizar a los sistemas de seguridad social y a los sindicatos resulta entonces una grosera mentira. Pero esto también advierte acerca de la peculiaridad de la crisis de la deuda como una segunda ronda o, si se prefiere, una nueva etapa en una crisis mucho más amplia, cuya solución aún está lejana. Ha habido dos etapas previas: la crisis financiera precipitada a partir de la crisis hipotecaria; y, en seguida, la recesión generalizada a nivel mundial. Estas dos primeras fases de la crisis exigieron una intervención estatal hasta niveles inéditos. Justo esto último es lo que ahora explota. Lo que sigue es, posiblemente, una segunda vuelta de la recesión, a lo cual están apostando –con admirable denuedo- tanto el FMI como muchos gobiernos, en especial los europeos. Una recaída en la recesión plantearía acuciantes problemas, en vista de que el margen disponible para ejercer política fiscal anti-cíclica estaría prácticamente cerrado.

A la hora de buscar causas subyacentes a la crisis económica (me refiero a la crisis en sentido amplio), un primer nivel de explicación que debe ser explorado tiene que ver, indudablemente, con el agresivo proceso de contra-reforma y globalización neoliberal de los últimos 30 años. Comprender esto último es un paso necesario, previo a profundizar en factores aún más fundamentales que, seguramente, también los hay.

Los datos son contundentes en el sentido de que durante estos tres decenios el ingreso y la riqueza se concentraron agudamente, mientras la participación de los salarios en la producción nacional declinaba sistemáticamente. Ello es válido incluso en el caso europeo, pero todavía más en Estados Unidos. Detrás de esto hay un agresivo esfuerzo tendiente a debilitar los sistemas de seguridad social y a desmantelar las organizaciones sindicales independientes. El proceso combina, de forma sumamente compleja, decisiones políticas, acciones represivas y movimientos de transnacionalización de las inversiones y la producción. Esto último puso a competir a las clases trabajadoras del mundo rico, con las masas trabajadoras –desorganizadas y de bajísimos salarios- de los países de la periferia, incluidos los del antiguo socialismo real.

En esas condiciones, y a fin de sostener la demanda y, con esta, el crecimiento económico, se puso en marcha un gigantesco mecanismo de deuda y especulación financiera que ganó en sofisticación, el cual -ya hacia los noventas del siglo XX- adquiere un perfil nítidamente globalizado. Las clases trabajadoras y los estamentos medios de los países ricos lograban mantener y elevar su nivel de consumo, no gracias a que sus ingresos aumentasen –que en realidad, en términos relativos, más bien disminuían- sino mediante el recurso al endeudamiento.

La crisis que explota en 2007 plantea un cuestionamiento directo a este mecanismo de deuda. Es plausible que ello marque un techo a la espiral de endeudamiento de las familias medias y trabajadoras, sobre todo en Estados Unidos. Esa situación forzó, a su vez, a un movimiento de traslación que, por la fuerza de las circunstancias, tuvo lugar de forma violenta y precipitada: de la deuda privada se pasó a la pública, y en un plazo de tan solo dos años está explota a niveles excepcionales, solo superados por los que se registraron durante la Segunda Guerra Mundial. Y si causa consternación la magnitud de la deuda española ($1,1 billones) o italiana ($1,4 billones), convendría recordar que la de Estados Unidos sobrepasa ya los $13 billones. Y si en este último caso aún no se declara una crisis, es seguramente por su privilegiada posición geo-económica y política –incluso el especialísimo privilegio de que su moneda nacional sea también divisa universal- y no solo por el enorme tamaño absoluto de su economía.

Las soluciones que ahora se proponen frente a la crisis europea de la deuda, reinciden –de forma tan obvia como pertinaz- justo en aquello que ha arrastrado a los países ricos a este pavoroso empantanamiento. A la espalda quedan treinta años durante los cuales se ha golpeado con dureza a las clases trabajadoras y los grupos medios. Y, sin embargo, el capitalismo no podría sostenerse sin el consumo de esos grupos ampliamente mayoritarios. Entonces se les ofreció crédito como la llave que abría la puerta del paraíso consumista.

Ahora proponen una dosis violentamente intensificada de la misma medicina: terminar de aplastar a las clases trabajadoras y a los estamentos medios. Pero un detalle clave ha variado: con toda evidencia, la puerta del endeudamiento está cerrada, y posiblemente continuará estándola todavía por mucho tiempo más ¿cómo se supone que logrará entonces el capitalismo sostener su crecimiento durante los próximos 10 años?

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lunes, 31 de mayo de 2010

La pandilla de incompetentes que nos hundió en la crisis sigue al mando

Ben bernanke

31-05-2010
Dean Baker
Huffington Post

El mundo sufre el peor desplome desde la Gran Depresión. La crisis ha dejado millones de desempleados en los EEUU, en Europa y por doquiera. La enorme generación de los baby boomers en los EEUU, ahora al borde de la jubilación, ha visto destruida buena parte de su riqueza con el colapso de la burbuja inmobiliaria.
Sería difícil imaginar un desastre económico peor. Anteriores períodos de malos resultados, como los inflacionistas setenta, se ven ahora como gráciles ventiscas en comparación con el negro torbellino de pésimas noticias económicas en que nos hallamos ahora inmersos.

Nada de lo dicho es novedad para nadie. La gente no necesita a los economistas para saber que los tiempos son malos. Sin embargo, lo que acaso escape a la opinión pública es que las gentes que causaron este desastre son las mismas que ahora siguen teniendo vara alta. Más específicamente: apenas ha cambiado el personal y no ha habido reconocimiento de errores en los bancos centrales, cuya incompetencia es responsable de la crisis.

Es muy notable que esta pandilla de incompetentes siga atribuyéndose infalibilidad papal, regañando a los Gobiernos y advirtiendo a la opinión pública de las terribles cosas que van a pasar si se les somete a mayor supervisión. Los banqueros centrales y sus cómplices del FMI se avilantan a dictar políticas a Gobiernos democráticamente elegidos. Diríase que su agenda es la misma en todas partes: recortar pensiones, reducir la financiación pública de la sanidad, debilitar a los sindicatos y hacer que los trabajadores de a pie paguen los recortes.

Dado lo mucho que han contribuido a este caos, resulta sorprendente que estos banqueros centrales tengan redaños hasta para mostrarse en público. Tienen suerte de conservar sus puestos de trabajo, muy bien pagados por cierto. (Muchos de los chicos y de las chicas que trabajan en el FMI pueden jubilarse con pensiones de seis dígitos a la edad de 50 años.) Los trabajadores de a pie –maestros, obreros del sector automotriz, guardaespaldas— serían despedidos en un plis plás si lo hicieran tan mal como los banqueros centrales.

¿Qué pasaba por sus cabecitas cuando observaban el crecimiento en espiral, sin base en los fundamentos de la economía, de los precios de la vivienda en los EEUU, en el Reino Unido o en el Reino de España? ¿Cómo pensaban que iba a terminar esa burbuja? ¿Pensaban acaso que billones de dólares de riqueza de la burbuja inmobiliaria podían desaparecer sin dejar trazas en la economía? ¿O pensaban que nunca estallaría la burbuja y que los precios de las viviendas seguirían creciendo y creciendo para siempre hasta niveles estratosféricos?

¿Y qué decir de los banqueros centrales que permitieron que se impusiera el euro a una mezcla abigarrada de economías que tenían poco en común, y además, sin una organización de control y gobierno? ¿Pensaban que los salarios y los precios iban a seguir la misma senda en Grecia y en Alemania? Y si no, ¿qué mecanismo de ajuste preveían, una vez que esas economías tan distintas quedaran ligadas por una única moneda común?

Muchos banqueros centrales dicen ahora que ya sabían que el euro era una mala idea cuando se instituyó. Algunos de ellos alardean de haberlo musitado en su día. Pero lo cierto es que los banqueros centrales y el FMI no decían estas cosas tan osadas en 1998, ni daban entonces a Gobiernos democráticamente elegidos las directrices que ahora les dan en punto a estructurar la zona euro cuando les exigen desmantelar sus Estados de bienestar. En otras palabras, estos banqueros centrales fracasaron de manera desastrosa: ¿por qué conservan sus puestos de trabajo y por qué narices se les sigue prestando atención?

En el puesto de honor de la lista de villanos de esta historia figura el FMI. Gracias a su ineptitud se invirtieron los flujos fundamentales de capital en la economía mundial. En tiempos normales se supone que el capital fluye de los países ricos con grandes cantidades de capital –como los EEUU y los países europeos— hacia los países en vías de desarrollo, que precisan de capital para nutrir su desarrollo. A causa de los yerros del FMI y de su incapacidad para establecer un sistema factible de finanzas internacionales, los flujos fueron en dirección opuesta, y a gran escala. Los pobres del mundo mandaban su capital a los EEUU, porque el FMI apenas les daba otra opción.

Es muy importante ganar claridad sobre la responsabilidad de los banqueros centrales y el FMI en este desastre totalmente previsible. En primer lugar, por razones de control y rendición de cuentas, algo muy importante para economistas que creen en la teoría económica. Esa teoría nos enseña que si no se hace responsables a los trabajadores por el resultado de su trabajo, no tendrán incentivos para desempeñarlo bien. Si el banquero central y la pandilla del FMI pueden generar un desastre y siguen cobrando sus nóminas como si todo fuera estupendamente, ¿Qué incentivo tienen para hacerlo mejor la próxima vez?

Y otra razón por la que es importante reconocer las responsabilidades de los banqueros centrales y del FMI en este desastre: así dejaremos de acatar los consejos de gente que parece no tener ni puta idea. Antes de oír a Ben Bernanke, al presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, o al director ejecutivo del FMI, Dominique Strauss-Kahn, habría que obligarles a contarnos cuándo dejaron de equivocarse en materias económicas. No podemos permitirnos que estos banqueros centrales subprime sigan controlando la política económica.

Dean Baker es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy , así como de False Profits: Recoverying From the Bubble Economy.

Traducción para www.sinpermiso.info : Ricardo Timón

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viernes, 28 de mayo de 2010

Francia se suma a la ola de huelgas

28-05-2010
Página 12

Francia se sumó a la ola de huelgas que azota a Europa occidental. Ayer los seis principales sindicatos del país realizaron una jornada de huelgas en protesta por la reforma del sistema jubilatorio, la nueva prioridad del gobierno de Nicolas Sarkozy.

El proyecto recién entrará al Parlamento después del receso de verano que comienza en los próximos días. Sin embargo, el tema ya provocó malestar entre la mayoría de los franceses, según las últimas encuestas. Para los organizadores, más de un millón de personas se plegaron a la medida de fuerza; según el gobierno no llegaron a 400 mil. Más allá de las cifras, para los sindicatos fue apenas un precalentamiento. Las manifestaciones masivas y las huelgas totales llegarán en septiembre, cuando empiecen las votaciones en el Parlamento.

La reforma propuesta por el gobierno de Sarkozy tiene dos ejes: subir la edad de jubilación y aumentar el período mínimo de aportes. Actualmente, los franceses pueden jubilarse a los 60 años, un sistema más beneficioso que el español o el alemán, en los que la edad es 65 y ahora se está discutiendo aumentarla a 67. Según argumentó hace poco el primer ministro François Fillon, si el sistema no se reforma, el déficit fiscal seguirá ensanchándose. Las proyecciones oficiales advierten que de continuar como ahora, en el año 2050 al Estado francés le faltarán 100 mil millones de euros para hacer frente con las jubilaciones de sus ciudadanos.

De acuerdo con las últimas encuestas, casi dos tercios de los franceses están dispuesto a manifestarse activamente para mantener la actual edad de jubilación. Lo ven como una victoria social tan apreciada en el país europeo como la semana laboral de 35 horas, otra conquista que el actual gobierno ha ido cercenando.

El proyecto de reforma recién se presentará formalmente en el gabinete de Fillon en julio próximo y para el mes de septiembre ya tendría que estar siendo discutido en el Parlamento, en donde el oficialismo mantiene mayoría en las dos Cámaras. El presidente Sarkozy pronosticó que la reforma del sistema jubilatorio será aprobada antes de fin de año.

Pero aunque todavía la reforma no parece inminente, el malestar ya se siente en las calles. La huelga general de ayer no afectó todos los servicios en todo el país, pero sí se dejó sentir. Las estadísticas aún no están listas, pero hubo cancelaciones de varios vuelos en los dos principales aeropuertos de París, Charles De Gaulle y Orly, y algunas de las estaciones de tren más importantes. También se vieron afectadas escuelas, empresas y oficinas estatales en todo el territorio. En el centro de París, en tanto, 90 mil trabajadores –según los organizadores– se manifestaron en las calles.

El pasado 23 de agosto las centrales sindicales habían reunido más de 800 mil personas en todo el país, bajo el reclamo de más empleo y evitar nuevos ajustes y recortes en el gasto público. Las experiencias de los países vecinos –España, Italia, Grecia y Reino Unido– envalentonaron al gobierno de Sarkozy, que comenzó a anunciar reformas de corte neoliberal.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-146472-2010-05-28.html

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miércoles, 26 de mayo de 2010

El pueblo contra los banqueros

Hoy Grecia, mañana Estados Unidos

Michael Hudson
Counterpunch
26-05-2010

Los "lobistas" financieros de Estados Unidos están tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto público en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que están pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilación sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en préstamos basura que hoy no valen nada.

Llamemos al “rescate griego” por su nombre: un programa de rescate de activos en situación de riesgo de banqueros alemanes y de otros países europeos, así como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemán, con el consiguiente recorte del gasto interno en este país), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del país que los habían comprado a precios de saldo durante las últimas semanas. Éstos habrán hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarán los compradores de cientos de miles de millones de dólares en títulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, así como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y así sucesivamente).

Esta ganancia inesperada va a salir del bolsillo de los contribuyentes (a la larga, de los ciudadanos griegos, y básicamente de los trabajadores griegos, puesto que los más ricos disfrutan de una fiscalidad muy favorable), que van a tener que devolver el préstamo otorgado por los Estados europeos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Tesoro estadounidense en punto a mitigar los efectos del sistema financiero depredador. El pago a los tenedores de bonos se está utilizando como excusa para recortar drásticamente los servicios públicos, las pensiones de jubilación y otros gastos del Estado griego. Sin duda constituirá un modelo a seguir para otros países que querrán imponer medidas similares de ajusto económica, a la vista del crecimiento de los déficits públicos que van de mal en peor por la disminución de la recaudación fiscal sobre un sector financiero que se ha enriquecido gracias a que la economía basura se ha trocado en política pública internacional. De modo que los banqueros apenas van a ver truncadas sus expectativas de ganancias para este año. Y para cuando el sistema entre quiebra ellos ya habrán invertido su dinero en activos seguros.

Los "lobistas" de la banca ya saben que el juego financiero ha llegado a su fin. Ahora están jugando a corto plazo. El objetivo del sector financiero es conseguir la mayor cantidad posible del dinero procedente del rescate y salir corriendo, con unos beneficios anuales lo suficientemente grandes como para poder exhibirlos de modo arrogante ante el resto de la sociedad cuando haya que empezar de cero nuevamente. Que se gaste menos en programas sociales significará que habrá más recursos disponibles para el rescate de los bancos, los cuales tienen deudas carentes de garantías que crecen exponencialmente y de las que jamás podrán hacerse cargo. Es inevitable que en una situación de quiebra bancaria los préstamos y las deudas acaben figurando en los libros contables como impagados.

Los trabajadores griegos aún no son tan pesimistas como para dejar de luchar. Su lucha permite esperar que el pueblo ejerza algún control sobre el Estado (algo que son incapaces de entender sus homónimos estadounidenses). Si los trabajadores –el demos– flaquean en su espíritu combativo, el poder público acabará permitiendo que sean los prestamistas extranjeros los que, por defecto, dicten la política pública a seguir. Y cuanto más se satisfagan los intereses de los banqueros más endeudada va a acabar la economía. Sus beneficios provienen de los sacrificios y la austeridad del propio país. Los recursos previstos para las pensiones de jubilación y para el gasto social estatal de Grecia van a servir ahora para reponer fondos en los bancos de capital alemanes y de otros países europeos.

Esta forma de entender el mundo ya había tenido su expresión en la periferia europea más septentrional, en la que se ha aplicado el tipo de masoquismo fiscal que los bancos desearían ver en Grecia. Si reconocieran lo que de veras les ocurrió, los Estados bálticos estarían a la vez celosos y resentidos al ver cómo Grecia trata de salvar su economía, comparado con la situación que ellos vivieron de completa incapacidad para plantar cara a las arrogantes demandas de los países acreedores. “Visto desde el extremo más oriental de la Unión Europea, la senda de austeridad a la que se dirige Grecia nos suena a algo familiar”, escribe Nina Kolyako. “Durante al menos dos años los Estados bálticos de Lituania, Letonia y Estonia han recurrido reiteradamente a la aplicación de medidas draconianas, recortando severamente el gasto público y aumentando los impuestos para tratar de salir del agujero por sí mismos. El primer ministro lituano Andrius Kubilius ha declarado en una reciente entrevista a la agencia AFP: ‘Hemos aprendido de dolor, dificultad y eficacia la lección de que hay que prestar mucha atención a la situación fiscal de un país. Comprendimos muy bien que la vía de la consolidación fiscal era la única posible si queríamos sobrevivir’”.

Al caer en un clásico síndrome de Estocolmo (literalmente, en este caso, en relación con los bancos suecos), el gobierno lituano se apretó el cinturón de un modo tan brutal que provocó que su Producto Interior Bruto disminuyera un 17 por ciento. Letonia sufrió una caída parecida. Los bálticos han recortado salvajemente el empleo y los salarios del sector público para acabar hundiéndose en la pobreza en vez de conseguir acercarse a los niveles de prosperidad de la Europa occidental (y a una fiscalidad progresiva que promoviera una clase media) que les prometieron cuando se independizaron de Rusia en 1991.

Cuando el Parlamento letón impuso medidas de ajuste en diciembre de 2008, las protestas populares de enero hicieron caer al gobierno (al igual que ocurriera en Islandia). Pero el resultado fue simplemente el de un nuevo “régimen de ocupación” neoliberal que actuó al dictado de intereses bancarios extranjeros. De modo que lo que se va extendiendo es una “guerra social” a escala global; no es la guerra de clases imaginada en el siglo XIX, sino una guerra del sector financiero contra economías enteras, contra la industria, contra los bienes raíces y los Estados, y sobre todo contra los trabajadores. Está ocurriendo al ritmo lento en el que suelen producirse las grandes transiciones históricas. Pero, al igual que ocurre en los conflictos bélicos, cada batalla se nos aparece como algo que se desarrolla a un ritmo frenético y en la que las embestidas salvajes provocan fluctuaciones rápidas y desconcertantes en las bolsas de todo el mundo y en los tipos de cambio monetarios.

Todas éstas son noticias realmente buenas para los que negocian valores por vía telemática. En estos días en los que los mercados financieros han sido zarandeados en todas direcciones por las enormes oleadas de crédito generadas por las tormentas generalizadas en un planeta financieramente sobrecalentado, en promedio los valores y las obligaciones sólo se han mantenido unos pocos segundos en las mismas manos.

Lo que sigue: la distopía económica

La crisis griega muestra cuánto ha cambiado la “idea de Europa” desde que en 1957 seis de sus miembros crearan la Comunidad Económica Europea (CEE). A instancias de Estados Unidos, Gran Bretaña y Escandinavia se creó la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), supuestamente rival de la CEE. Recuérdese que la principal promesa del proyecto europeo –al menos antes de Maastricht y Lisboa– era la de conseguir que los trabajadores alcanzaran la prosperidad de la clase media; nada que ver con la imposición actual de programas de ajuste propios del FMI que han devastado a los países del Tercer Mundo. El mensaje lanzado a los países endeudados está claro: “Moríos”. Y, con el fin de apuntalar el Consenso de Washington –la guerra de clases del sector financiero contra los trabajadores y la industria–, estos países obedientemente se suicidan económicamente.

Se está transfiriendo el poder político, social, fiscal y económico al aparato burocrático de la Unión Europea y a sus controladores financieros del Banco Central Europeo (BCE), así como al FMI, cuyos planes de ajuste estructural contra los trabajadores abocan a los gobiernos a liquidar el dominio público, la riqueza del suelo y del subsuelo y las empresas públicas, y a comprometerse a aplicar futuros gravámenes que permitan saldar las deudas contraídas con los países acreedores. Desde el otoño de 2008, ya se ha impuesto esta política en la “nueva Europa” (las economías postsoviéticas e Islandia). Ahora se va a exigir su aplicación en Portugal, Irlanda, Italia, Gracia y España. ¡Que a nadie le extrañe si surgen protestas por doquier!

Para aquellos observadores que no prestaron suficiente atención a lo ocurrido en Islandia y Letonia el pasado año, es bueno que sepan que Grecia es el nuevo y más importante campo de batalla de nuestros días. Islandia y los países bálticos al menos tienen la opción de redenominar los créditos en su propia moneda, realizar los apuntes de sus deudas exteriores según su criterio y gravar fiscalmente la propiedad para recuperar para el Estado los beneficios que se les habían prometido a los banqueros extranjeros. Pero Grecia está encerrada en la unión monetaria europea, la cual está gobernada por cargos financieros no elegidos mediante voto popular y que han invertido el significado histórico de la democracia. En lugar de que el sector económico más importante –el financiero– esté sujeto a la política electoralmente legitimada, los bancos centrales (los "lobistas" nombrados por los banqueros comerciales y de inversión) se han independizado de los controles políticos.

Los más derechistas de Europa y Estados Unidos (como el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke) llaman a esto un “hito de la democracia”. Más bien se trata de un jalón de la oligarquía, que ha conseguido eliminar el control sobre la asignación del crédito en la economía –y, en el mismo viaje, la capacidad de planificación pública futura–, a la vez que ha otorgado a las grandes finanzas un poder determinante sobre los programas de gasto público.

Islandia, Letonia y Grecia constituyen las primeras salvas de aviso en el proyecto de involución del gran programa de reforma democrática del siglo XIX y de la Era Progresista: fiscalidad sobre la tierra y sobre la “revalorización sin esfuerzo alguno por parte del propietario” de los beneficios procedentes de los bienes raíces, los bonos y la renta variable, así como la subordinación del sector financiero a las necesidades de un crecimiento económico gobernado democráticamente. Esta doctrina tuvo su continuación en la etapa posterior a 1945, con una la fiscalidad progresiva que permitió ver los mayores incrementos del nivel de vida y de la actividad económica en todo el siglo XX. Pero desde 1980 la mayoría de países han modificado radicalmente su senda fiscal. Los recaudadores fiscales “liberaron” los ingresos de sus obligaciones públicas a partir de la idea de que así se facilitaría que los bancos concedieran más créditos, lo que a su vez permitiría aumentar la liquidez para facilitar la adquisición de propiedades.

Las casas, los edificios de oficinas y las empresas tienen un valor ligado a la disposición de los bancos a prestar dinero. De modo que las gentes en general (y los salteadores empresariales en particular) han reaccionado a la política de revisión fiscal pro financiera solicitando créditos para comprar casas (y empresas), a menudo yendo más allá de sus posibilidades. Y para pagar la deuda pública resultante del incremento de la inflación y de la ruina financiera que han causado los recortes en los impuestos sobre el patrimonio, la solución ha consistido en aumentar la presión fiscal sobre los trabajadores. Ésta es la causa de la deuda pública de los países. Los Estados se han endeudado como resultado de disminuir las cargar impositivas sobre los más ricos, no sólo sobre los bienes inmuebles.

Al haber seguido la misma línea de los países occidentales de rebajar la fiscalidad sobre el patrimonio y de aumentar la carga sobre los trabajadores durante los últimos decenios, el gobierno griego no puede o no quiere aumentar los impuestos a los ricos, ni siquiera a los profesionales liberales acomodados. Pero los neoliberales acusan al Estado griego y a los demás países deudores de no haber vendido suficientes empresas y suelo públicos para cubrir las deudas. La deducción de impuestos sobre los intereses ha hecho que las privatizaciones realizadas a crédito estén exentas de tributación, de modo que los Estados perderán el derecho a las compensaciones que recibían por el uso de sus bienes (a la vez que los ciudadanos pagarán “peajes” más caros para acceder a los servicios públicos).

Al igual que ha hecho el gobierno de Estados Unidos, los griegos han emitido bonos para financiar el déficit resultante de estas rebajas fiscales. Los compradores de los bonos (principalmente bancos alemanes) exigen que los trabajadores griegos (y ahora también los contribuyentes alemanes) paguen de sus bolsillos los déficits originados por los recortes impositivos. El resultado es que los bancos, y demás tenedores de bonos, alemanes y de otros países europeos cobrarán lo que se les debe a costa de la aplicación de drásticos recortes en las pensiones y en los gastos sociales (e incluso mediante una mayor privatización de bienes públicos, malvendidos éstos a unos precios subordinados a una necesidad acuciante).

Las protestas callejeras ocurridas en Grecia han estallado porque los trabajadores han entendido algo que va más allá de la percepción de cierto periodismo que trata el asunto como una confrontación episódica. Los salarios reales hace tiempo que han disminuido (en Estados Unidos se frenaron en seco alrededor de 1979). El acceso de muchos ciudadanos a la propiedad inmobiliaria sólo ha sido posible mediante la aceptación de créditos hipotecarios vitalicios. Y las economías postsoviéticas conquistaron su libertad política de Rusia al precio de ser hoy insolventes, dependiendo por completo de los dictados del FMI y la Unión Europea en punto a obtener créditos que les permitan hacer frente a las deudas contraídas con banqueros extranjeros, que a su vez han impuesto fuertes cargas crediticias sobre sus viviendas, empresas públicas, industria y familias.

Los tenedores de bonos y los especuladores financieros se han confabulado para exigir el apoyo de la Unión Europea, el FMI y Estados Unidos para la rápida obtención de los beneficios que consideran que les corresponden antes de que se colapse la competición financiera. La apropiación rapaz puede realizarse con más rapidez mediante la política de adelgazamiento de las economías a través de la fórmula de los planes de ajuste del FMI. El desempleo aumenta a la misma velocidad con la que las economías se endeudan (y el asunto importante no es sólo que todo ello lleve a una disminución de los ingresos fiscales de cada país, sino que la deuda extranjera provoca un aumento de la dependencia de las importaciones).

Los acreedores reciben lo que se les debe permitiendo que se apropien del excedente económico; esta apropiación puede tomar la forma de endeudamiento por nuevas inversiones de capital, inversión en infraestructuras, gasto público social y aumento de los niveles de vida. Económicamente, la asonada griega es una revuelta contra esta política de sacrificar la prosperidad para pagar a los acreedores extranjeros.

En lo político, la lucha consiste en salvar a Grecia de convertirse en un anti-Estado. La definición clásica de “Estado” se fundamenta en la capacidad del mismo para fijar impuestos y emitir moneda. Pero Grecia ha traspasado su autoridad fiscal a la Unión Europea y al FMI, los cuales han acusado al país de violar aquéllo que los teóricos políticos establecen como el primer mandato de cualquier Estado: actuar a favor del interés nacional a largo plazo. El Gobierno griego se conduce a las órdenes del capital bancario y, de hecho, actúa siguiendo la pauta de terceros Estados que le obligan a liquidar activos, lo cual no redunda precisamente en una promoción del crecimiento a largo plazo.

Lo que realmente está en cuestión aquí es si en el momento de recoger los beneficios del crecimiento económico los países estarán gobernados por los acreedores o lo estarán por la voluntad popular. El embate oligárquico de los créditos del FMI y la Unión Europea destinados a rescatar a los bancos extranjeros y a los especuladores tenedores de bonos a costa de los trabajadores griegos (los supuestos futuros contribuyentes) tienen como objetivo que sean precisamente los trabajadores, y no el capital financiero, quienes tengan que hacer frente a las pérdidas por las atrasos del Gobierno en el pago de la deuda a causa de la reducción de los impuestos que gravaban la riqueza. Se trata de permitir que los bancos extranjeros eviten tener que pagar el precio de aparecer como protagonistas en la operación de vaciado del mercado interior. Se pretende apartar la política gubernamental de las manos de los votantes y subordinarla al FMI y la Unión Europea, que a su vez actúan como instrumentos del sistema financiero internacional.

Esto lleva a una situación en la que ni Grecia ni la Comisión Europea son propiamente “estados” o “gobiernos” en el sentido político tradicional. Las burocracias de la Unión Europea y del FMI no pasan la prueba de una elección popular. Cuando sus planes financieros al dictado de terceros alcancen el éxito que ellos pretenden, el capital económico habrá sido irremisiblemente saqueado y la democracia social se desmoronará.

El pasado domingo 9 de mayo los votantes alemanes expresaron su irritación por el papel jugado por su Gobierno en el rescate de los bancos alemanes (calificado con el eufemismo de rescate de “Grecia”) a costa de los contribuyentes alemanes; el Banco Central Europeo (BCE) no se ocupa de velar para que haya una moneda europea independiente, sino de pasar factura a los gobiernos estatales. Los socialdemócratas (SPD) superaron al partido de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel en el land de Renania del Norte-Westfalia. Al obtener sólo un tercio de los votos –algo menos que los socialdemócratas (y diez puntos porcentuales por debajo de la anterior elección, cuatro de los cuales correspondieron a la semana en la que la señora Merkel propuso el paquete de rescate)–, la CDU perdió su mayoría en la Cámara Alta alemana.

Puede que muchos votantes alemanes se preguntaran si penalizar a los pobres para pagar a unos ricos que practican la usura era algo tan “cristiano” como pregonan las siglas del partido de la canciller. O puede que estuvieran seriamente preocupados por el hecho de que la hacienda pública alemana deba aportar cerca de 30.000 millones de dólares de su parte del rescate a los banqueros (se calla por sabido que no todo el mundo en Alemania siente aprecio por ellos, aunque sean alemanes). Y no cabe duda de que algunos ciudadanos cayeron en la cuenta de que se trataba de una jugada consistente en un engaño financiero perpetrado por obedientes políticos a las órdenes del sector bancario.

El engaño

Los "lobistas" financieros europeos sacaron provecho de la crisis al tomarla como una oportunidad para promover una extensa serie de rescates. La Unión Europea aprobó una ampliación de 60.000 millones de euros de las facilidades de crédito para bancos suecos y austriacos, unas disposiciones que ya estaban habilitadas para ayudar a que Hungría, Rumanía y Letonia pudieran seguir al corriente de los pagos de las deudas contraídas con bancos, precisamente, austriacos y suecos. Para sortear la norma que prohíbe los rescates en la eurozona, este rescate especial se basa en el artículo 122.2 del Tratado de la Unión Europea, el cual permite el otorgamiento de préstamos a los Estados en “circunstancias especiales” [1].

Si consideramos que la señora Merkel conoce bien la situación de las economías de las que hemos hablado, entonces no tenemos más remedio que acusarla de haber mentido descaradamente. El problema de la deuda báltica es crónico y estructural, no “excepcional”. La señora Merkel también debe saber que está actuando de forma engañosa al pretender ayudar a Letonia mediante la extensión de los créditos que la Unión Europea limita explícitamente al apoyo del tipo cambio del lats, y en cambio los prohíbe para fomentar el desarrollo económico interno de los países. Las divisas van destinadas a cubrir el coste que los letones deben soportar por pagar en euros las hipotecas contratadas con los bancos suecos, así como para ayudar a los consumidores letones a comprar comida y productos manufacturados que los Estados de la Unión Europea subsidian, a la vez que someten a los letones a un estado de dependencia económica y financiera.

De esta manera, lo que se consigue es victimizar a Letonia, no ayudarla. Se trata de permitir que los bancos suecos ganen algo más de tiempo para seguir cobrando las liquidaciones de créditos que es obvio que en condiciones normales acabarían impagados. Las divisas dedicadas a facilitar el pago de deudas privadas a bancos extranjeros se convierten así en deuda nacional que recaerá sobre los contribuyentes letones. Esta forma de crédito de la Unión Europea es una expresión descarnada de neocolonialismo.

¿Permitirá hacer algo el tardío trasvase de votos de los ciudadanos alemanes hacia la coalición rojiverde del SPD con los partidos Verde y de la Izquierda? Probablemente no. El presidente griego Papandreu ha sido un colaborador necesario con lo sucedido a pesar de liderar la Internacional Socialista. De modo que ahora la cuestión es saber si Grecia es víctima de un jaque mate y está irremisiblemente destinada a detenerse a ver cómo el gasto público, las pensiones, la sanidad, la educación y el nivel de vida sufren un deterioro parecido al que han vivido los bálticos. Éstos se han convertido en un experimento de la planificación centralizada neoliberal. Si son un ejemplo de lo que nos deparará el futuro, entonces el mundo pronto verá una oleada de emigración griega parecida a la ocurrida en los países bálticos.

Evidentemente, esto es lo que anticiparon los mercados bursátiles de todo el mundo cuando en la mañana del lunes dispararon sus cotizaciones ante el anuncio europeo de un fondo para rescates de 750.000 millones de euros. Lo que verdaderamente se garantizó con esa acción fue el principio de que para que pueda gobernar el capital financiero primero deben saquearse a fondo las economías. Pero no cabe duda de que la batalla no ha terminado. Esta situación persistirá durante toda la presente década, puesto que el actual proceso consiste básicamente en una involución de las luchas de los siglos XIX y XX por substituir el poder omnímodo de la propiedad privada oligopólica y los intereses financieros por principios de fiscalidad progresiva y empresa pública.

¿Es en esto en lo que supuestamente la civilización occidental ejercía su liderazgo? Enfrentados a los Parlamentos controlados por la aristocracia, los reformistas del siglo XIX trataron de tomar el poder para implantar principios democráticos. La economía política clásica consistió básicamente en un programa de reforma destinado a gravar fiscalmente los beneficios privados de las rentas de la tierra, las rentas monopolistas y los intereses financieros derivados de las mismas. John Maynard Keynes celebró este programa reformista calificándolo sobriamente como la “eutanasia del rentista”.

Pero los intereses creados regresaron con fuerza. Al rotular a la democracia social y la regulación pública como un “camino a la servidumbre”, trataron de situar a las economías europeas en el camino de la deuda por peonaje. Al dictaminar la limitación del poder de los gobiernos estatales democráticamente elegidos en beneficio del Consenso de Washington, tanto el FMI como las instituciones de la Unión Europea han ganado capacidad de control fiscal y económico sobre esos gobiernos y sobre sus políticas fiscales, logrando así recortar drásticamente los impuestos sobre los más ricos (a quienes les piden prestado para financiar los déficits fiscales resultantes).

Los partidarios del Tea Party estadounidense y los contrarios al pago de impuestos han abandonado la lucha por reformar el Estado. Asfixiados por una deuda de la que no ven salida, lo que piden son impuestos menos gravosos y esperan ver que los que más ganan sean los que más provecho saquen de una fiscalidad aún más regresiva. Enfrentados a un Congreso corrompido por los "lobistas" que actúan de parte de los intereses creados, rechazan la idea misma de Estado y buscan refugio en comunidades locales bunquerizadas. Ven cómo los congresos y parlamentos de los países de todo el mundo van perdiendo autonomía a favor del FMI, la Unión Europea y otras organizaciones surgidas del Consenso de Washington, que buscan imponer medidas de ajuste y trasladar las cargas fiscales a los trabajadores y la industria, liberando de las mismas al patrimonio privado y al sistema financiero depredador.

La única forma de impedir una reforma fiscal regresiva y una asfixia por deudas es mediante la consecución de mayores niveles de control sobre los Estados sobre la base de los principios de la economía clásica y de las reformas de la Era Progresista. Para esto es para lo que se han declarado en rebeldía los trabajadores griegos. Alguien debe controlar al Estado, y no cabe duda de que si las fuerzas democráticas se retiran de la lucha, entonces el sector financiero estrechará aún más su cerco.

Lo ocurrido la semana pasado es sólo el principio de por dónde discurrirá este drama. Su peculiar desarrollo en las economías postsoviéticas, que han seguido manteniendo sus propias monedas, se verá en los próximos verano y otoño.


Notas

[1] Ben Hall, “Governments to control loan guarantee scheme”, Financial Times, 10 de mayo de 2010.

Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009).


Traducido para Sin Permiso por Jordi Mundó. http://www.sinpermiso.info/

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viernes, 21 de mayo de 2010

La verdadera crisis


Atilio A. Boron

La verdadera crisis, la que no depende sólo de listillos financieros, viene de lejos y se escribe con cifras que conocemos, pero que nunca parecen suficiente. Somos ya 6.800 millones de personas en este mundo, de las cuales:

* 1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)

* 2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)

* 884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)

* 924 millones "sin techo" o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)

* 1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, "Urban Energy")

* 2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)

* 774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)

* 18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)

* 218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)

* Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al 0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.

* Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Datos extraídos de "Sepa lo que es el capitalismo", Atilio A. Boron en Rebelión.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

El gobierno socialista ante la crisis


La crisis beneficia al capital y trabaja a favor de la derecha, Zapatero también

Agustín Velloso
Rebelión
19-05-2010

Hace unos meses el gobierno decía que la crisis económica no afectaría a España. Más tarde admitió que sí y la semana pasada hizo público un drástico plan para reducir el déficit público, al cual le ha puesto cifras: unos 15.000 millones de euros en los próximos dos años, 5.000 en 2010 y 10.000 en 2011. Días después ha anunciado también la reforma del mercado laboral para finales de este mismo mes de mayo.

(http://www.elpais.com/articulo/economia/Espana/reducira/deficit/15000/millones/euros/anos/elpepueco/20100509elpepueco_2/Tes)

De momento persisten dudas que aún han de ser aclaradas por parte del gobierno, con algunos ministros que en ocasiones se contradicen entre sí y con el presidente Zapatero que ha dado marcha atrás velozmente -el lunes 17 de mayo- en lo concerniente a la congelación de las pensiones.

Mientras aumenta la incertidumbre y el enfado entre la gente corriente, los medios de comunicación se encargan de repetir una y otra vez que el plan es necesario y que cuenta con el apoyo de los mercados, de las instituciones políticas y económicas de la Unión Europea y del gran empresariado en el ámbito nacional.

Parece que nadie piensa en anteponer el fuerte rechazo del pueblo a los recortes económicos, especialmente en el gasto social, a los intereses del capital y las expectativas de los líderes políticos de otros países y el Fondo Monetario Internacional.

El gobierno, secundado por los empresarios y los medios de comunicación, insiste sin descanso en que es preciso arrimar el hombro entre todos y hacer sacrificios. Al mismo tiempo se da a conocer que los beneficios de la banca y las grandes empresas, así como la fortuna de los más ricos, siguen aumentando. Se sabe además que crece la desigualdad entre éstos y el resto de la población, la cual alcanza una magnitud nunca antes vista.

Lo que cabe esperar con el plan de Zapatero

Es claro que las medidas supuestamente orientadas a resolver la crisis van a perjudicar aún más a la mayoría de la población, en gran parte ya castigada en los últimos tiempos, lo que ha expuesto de forma meridiana el economista Vicenç Navarro (http://www.vnavarro.org).

A los problemas y la angustia de los más de cuatro millones de desempleados, se va a añadir el descenso de los ingresos y del nivel de vida de los que tienen trabajo, la pérdida de prestaciones sociales, el empobrecimiento y la incertidumbre vital para todos los demás.

Aunque es lo menos importante, resulta cada vez más probable que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) saldrá del gobierno en las próximas elecciones generales. Por otro lado, es desde luego lamentable que el Partido Popular (PP) reciba en forma de votos el castigo que los votantes infligirán al PSOE, especialmente porque su política es aún peor que la del PSOE, porque se taparán sus casos de corrupción ahora más o menos visibles y porque la clase trabajadora recibirá más de lo mismo.

Puede que Zapatero pase a la historia como el líder socialista que traicionó al socialismo y a los intereses de la clase trabajadora, a la vez que como el defensor del capital y el aliado de los grandes empresarios en tiempos de crisis. Esto apenas tiene remedio, pero sí lo tiene que Rajoy se aproveche del desastre y encima siga por el mismo camino, el del afianzamiento del neoliberalismo, con lo que España se convertiría además en un pésimo ejemplo para otros países.

Gastos primordiales para la población

Es preciso en primer lugar desenmascarar el plan del gobierno y a continuación presentar a la sociedad una propuesta política radicalmente diferente a la de PSOE y el PP. Lo primero es mucho más fácil, aunque está el problema de alcanzar a muchos. No por ello hay que dejar de intentarlo.

Los presupuestos para el Estado español en el año 2010, aprobados por el Congreso de los Diputados, incluyen 7.694,86 millones de euros que corresponden al Ministerio de Defensa.

Esta cifra no es ni mucho menos el total de los gastos militares en los que incurre el Estado, ya que “el gasto militar real incluye no solamente el presupuesto del Ministerio de Defensa, sino también todas aquellas partidas militares que se encuentran repartidas por otros ministerios y que son inequívocamente militares.”

Conviene saber que esta ampliación a otros ministerios se ajusta a los criterios aceptados en la investigación sobre este asunto en todo el mundo, por lo que hay que incluir: “gasto de las fuerzas armadas, gasto del personal civil o militar con cargo al Ministerio de Defensa, gasto de funcionamiento de los programas militares, gasto en I+D e inversiones en armas, infraestructuras e instalaciones militares, pensiones y seguridad social del personal del Ministerio de Defensa, la ayuda militar y la participación en organismos o misiones militares al exterior”. (http://www.centredelas.org/attachments/579_informe-5-cast.pdf)

El total de los gastos militares españoles, por tanto, asciende a 18.160,89 millones de euros, a pesar de que el PSOE declara, entre otros, los principios de “solidaridad, justicia social, paz y alianza de civilizaciones”. (http://www.psoe.es)

Su política militar es secundada por el PP, que el pasado domingo 16 se rebautizaba ante la sociedad española, por boca de su líder Cospedal:

"Que no nos vengan hablando de gobiernos sociales y progresistas porque aquí el gobierno social y progresista se llama Partido Popular, porque somos el partido de los trabajadores, de los autónomos, de los pequeños y medianos empresarios, y el partido que protege a los pensionistas" (http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=384738&titulo=Cospedal%3A+el+partido+social%2C+progresista%2C+de+trabajadores+y+jubilados+es+PP)

Déficit y reparto del sacrificio

El recorte del gasto público incluye una reducción de los gastos sociales. Los entendidos que no se sitúan en el campo neoliberal abrazado por PSOE y PP, ponen en duda el carácter progresista y solidario de esta medida, al tiempo que indican otro camino a seguir.

Alberto Montero, Alfredo Serrano, Arcadi Oliveres y otros apuntan como es lógico al gasto militar citado más arriba, la política fiscal regresiva, las exenciones en los juegos de azar, los abultados sueldos de los cargos de libre designación y otros gastos menores.

A los legos nos basta con escuchar las opiniones de los poderosos sobre las políticas económicas del gobierno del PSOE, para entender el meollo del asunto y sospechar de la justicia del reparto del sacrificio:

“El presidente del Santander, Emilio Botín, afirmó este jueves que la propuesta de reforma del sistema de pensiones y la reducción del gasto del Estado de 50.000 millones de euros hasta el año 2013 anunciadas por el Gobierno español son "necesarias y oportunas.” (http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/analisis/politica-economica/emilio-botin-da-apoyo-las-reformas-del-gobierno)

“El presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, ha expresado su apoyo a los recortes anunciados ayer por el gobierno para reducir el déficit.” (http://www.elpais.com/articulo/economia/empresarios/apoyan/ajustes/Gobierno/dicen/pais/huelgas/elpepueco/20100513elpepueco_14/Tes)

Los miembros de esta clase social que no hacen declaraciones, las corroboran con sus éxitos económicos. Destaca el empresario más rico de España y entre los primeros del mundo:

“Amancio Ortega ya es el noveno hombre más rico del mundo, su fortuna aumenta en 6.700 millones respecto al año pasado”, se anunciaba en marzo pasado (http://www.finanzas.com/noticias/economia/2010-03-11/256749_amancio-ortega-escala-puesto-lista.html).

Sin embargo, no hace falta estar entre los diez más ricos del mundo para observar desde muy lejos los problemas de los millones de mileuristas y parados. Según El País, “los 584 consejeros ejecutivos y altos directivos de las empresas del Ibex 35 cobraron en 2009 una media de 989.000 euros, según los cálculos realizados por EL PAÍS con los informes de las propias compañías. Ese nivel es el más alto alcanzado nunca por ese colectivo.”

Según este diario, esto “supone 113 veces el salario mínimo, frente a las 97 veces de 2005. El salto es más espectacular entre los consejeros ejecutivos, la elite dentro de la elite. Su coste para las empresas ha pasado de 208 a 313 veces el salario mínimo en sólo cuatro años.”

(http://www.elpais.com/articulo/economia/Sueldos/record/plena/crisis/elpepueco/20100516elpepieco_1/Tes)

“Un sistema tributario justo, inspirado en la igualdad y progresividad” (Constitución española, art. 31)

El gobierno ha anunciado una subida de los impuestos y también el Plan integral de prevención y corrección del fraude fiscal, laboral y a la Seguridad Social, de forma que se revive el ajado eslogan “Hacienda somos todos”.

Por lo sucedido con el anterior plan de 2005, sobre el cual los inspectores advirtieron que no era suficiente para combatir dicho fraude, sino que incluso dificultaba esta labor, cabe colegir lo que pasará con éste: mucho ruido y pocas nueces, es decir, lo que conviene a las fortunas y perjudica a los trabajadores.

La Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado ha denunciado que los planes del gobierno dejan fuera “la fiscalidad de las Sociedades de Inversión de Capital Variable, Sicav”.

Esta palabra cabalística se refiere a las sociedades "que sólo tributan un punto porcentual en el Impuesto de Sociedades, gozan de un trato fiscal privilegiado y son el instrumento preferido por las grandes fortunas, motivo por el que pueden defraudar cantidades mucho mayores que los pequeños contribuyentes.”

Por si alguien duda de la importancia de estas sociedades, hay que saber que “el patrimonio total gestionado por las Sicav al cierre del tercer trimestre de 2009 aumentó un 4,3 por ciento con respecto al volumen total contabilizado en el segundo trimestre, hasta alcanzar los 25.661 millones de euros.”

(http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/analisis/empresas/gestha-pide-mayor-fiscalidad-las-sicav-y-gobierno-hara-caso-omis)

Políticas de austeridad

El presupuesto de la Casa Real para 2010, también aprobado por el Congreso y en el que de nuevo PP y PSOE unen sus políticas progresistas a favor de los más poderosos, es de casi nueve millones de euros (8.9), según informa la propia institución (http://www.casareal.es/laCasa/laCasa-ides-idweb.html).

Habida cuenta de los añadidos (mantenimiento de inmuebles, parque móvil, gastos extraordinarios, etc.) y los trucos que habitualmente emplean los líderes de ambos partidos para camuflar los gastos totales, hay que escoger de momento la cifra de 25 millones de euros que ha estimado, por ejemplo, El Economista, hasta que la transparencia pase a ser otro de los principios progresistas aplicados y no sólo enunciados por los políticos españoles. (http://www.eleconomista.es/economia/noticias/113839/12/06/Chirac-se-salta-la-egalite-la-Republica-cuesta-4-veces-mas-que-el-Rey-de-Espana.html)

Conclusión: no hay crisis, hay traición de la izquierda gobernante

En resumen: no se puede creer al gobierno del PSOE –ni al PP, ni al Banco de España, ni a sus pares en la Unión Europea- cuando se refieren a la crisis. No hay tal,

sino que hay un gasto tan absurdo, improductivo e inmoral como es el militar: en 2010 de más de 18.000 millones de euros;

un reparto tan injusta y exageradamente desigual de la riqueza, que se manifiesta en algunos ingresos que son 113 veces superiores a los más bajos;

una enorme y anticonstitucional diferencia en las aportaciones a la hacienda pública, de forma que se puede decir que cuanto más rico es el contribuyente menos aportaciones realiza según su capacidad;

y un gasto –aunque de mucha menor magnitud que los mencionados- pero también inmoderado, insultante y más que criticable, como el de la Casa Real, los profesores de religión, los cargos de asesores y asimilados, etc.

No tiene sentido y además repugna, aunque pase casi desapercibido, que las políticas del gobierno de un partido socialista, obrero y español sean apoyadas e incluso alabadas por los poderes económicos y políticos nacionales y extranjeros, mientras que la gente corriente las resiente y protesta, aunque muchos incluso temen hacerlo o simplemente se evaden de la realidad con los instrumentos que les proveen aquellos.

A la vista de lo que obtienen los poderosos gracias a la política del gobierno del PSOE, no hace falta ser Robespierre para declarar que éste y el del PP son del todo perjudiciales para los intereses de la mayoría de la población y aquél en particular un traidor para la clase trabajadora.

Se ha cuantificado grosso modo el coste de la crisis, el cual se puede afinar y completar de varias maneras sin que esto altere el resultado en lo sustancial. Sin embargo esto no es lo importante.

Lo que urge es deshacerse cuanto antes de la política actual y la que presumiblemente viene, con el fin de instaurar una que acuda al rescate de la clase trabajadora y no en apoyo de los más ricos.

Esta política ha de tomar las medidas necesarias para poner la economía al servicio de los intereses de la mayoría, humanizar las relaciones sociales dentro del Estado y fuera de él, abandonar la senda del neoliberalismo, el imperialismo y la Europa antidemocrática.

Con otras palabras, es necesaria una economía basada en el control público de la banca, de los recursos productivos y los servicios fundamentales del Estado para garantizar los derechos humanos, económicos, sociales y culturales de toda la población.

Es preciso cambiar la legislación vigente por otra que elimine los privilegios extemporáneos mencionados.

Se ha de promover una política que renuncie al imperialismo y al militarismo.

Se trata, lisa y llanamente, de establecer un gobierno socialista sin más, o sea, sin “obrero”, sin “español” y sin el apoyo real aunque disimulado del PP.

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lunes, 17 de mayo de 2010

El «zapatazo» del Gobierno no toca el gasto militar


AA-MOC / Diagonal Aragón
Domingo 16 de mayo de 2010
Mambrú/Alternativa Antimilitarista.MOC

Las medidas anunciadas por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, incluidas en el plan de iniciativas para situar el déficit en el 3% en 2013 mantienen intocable el gasto militar español, mientras rebajan de forma drástica el gasto público. El necesario debate público sobre cuáles deben ser las necesidades sociales a proteger ante la crisis está servido.

A pesar del reducido gasto público español en comparación con otros países de la Unión Europea, el plan de recorte anunciado por el Gobierno de Zapatero reducirá la inversión pública, disminuirá el sueldo de los funcionarios una media del 5%, congelará las pensiones el próximo ejercicio, recortará el gasto de las administraciones públicas y locales, la ayuda al desarrollo, el gasto farmacéutico y las prestaciones por nacimiento. Medidas que conllevan un grave coste social y sin embargo han sido aplaudidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

Sin embargo, el Gobierno no plantea recortar el déficit público de otros sectores cuya reducción no implica un perjuicio directo para la población ni conlleva desatender necesidades sociales como es el caso del gasto militar.

Frente a los 15.000 millones de euros que se obtendrán de los planes de ahorro, el gasto militar presupuestado para 2010 es de 18.000 millones, según el informe del Centre Delàs de Justicia y Pau, un 9% de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Otros métodos de contabilizar el gasto militar, como el de AA-MOC, incluyen los gastos de control social a esta cantidad, ascendiendo a un total de 23.000 millones y un 12% de los PGE. Además hay que tener en cuenta que cada año el gasto militar real es entre un 15 y un 20% mayor de lo presupuestado, por lo que presumiblemente el gasto a final de año podría ascender a cantidades alrededor de 21.000 y 27.000 millones de euros.

Otro gasto público importante que no ha sido objeto de debate es el despliegue español en Afganistán, que desde 2002 ha costado más de 1.500 millones de euros, la misma cantidad que se ahorrará congelando las pensiones.

España y Grecia: crisis, recortes y gasto militar encubierto

Además de las dificultades a la hora de pagar la deuda pública y las medidas de recorte para paliar la crisis, existe otra similitud entre las situaciones de Grecia y España: el encubrimiento del gasto militar. Grecia, uno de los países más militarizados de la Unión Europea, desde la entrada en funcionamiento del euro no ha contabilizado en sus presupuestos anuales gastos de carácter militar. Dentro de una estrategia de maquillar sus cuentas públicas para no encender las alarmas de Bruselas, Grecia no ha contabilizado durante años gastos en equipamiento militar (además de sobreestimar ingresos procedentes de impuestos, ocultar gastos sanitarios y contabilizar subvenciones europeas e empresas privadas como ingresos públicos).

Por su parte el gobierno español, según denuncia Justicia i Pau, ha estado llevando a cabo algo similar de una forma menos evidente. Desde 1997, el Ministerio de Industria ha concedido créditos para Investigación y Desarrollo a empresas militares. El valor de los préstamos otorgados hasta la actualidad suma 14.000 millones de euros, de los cuales no se ha devuelto ni un 1%. De este modo, el Gobierno ha ido concediendo ayudas encubiertas a la industria armamentística que, debido a la baja rentabilidad del sector, no es capaz de devolver. Y, en vez de contabilizar estos créditos como pérdidas, se ha preferido mantenerlos como activos en las cuentas públicas, falseando el déficit real que suponen estas inversiones en investigación militar.

Curiosamente, la dinámica de “hay que apretarse el cinturón” parece justificar cualquier medida de recorte pero no fomenta un debate de cuáles son las prioridades a la hora de gastar el dinero público. Debate especialmente interesante teniendo en cuenta que las cifras de gasto militar son de magnitudes similares, aunque superiores, al objetivo de las medidas de ahorro del Gobierno.

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viernes, 14 de mayo de 2010

Servir al capital aprovechando el gasto social Miles de millones de euros a los que Zapatero nunca recurrirá


14-05-2010
José Daniel Fierro
Rebelión


En su discurso del pasado miércoles ante el Parlamento el presidente Jose Luis Rodríguez Zapatero reclamó un "esfuerzo nacional y colectivo, especial, singular y extraordinario" ante la crisis y aseguró que las medidas anunciadas para reducir el déficit son muy duras pero imprescindibles.

Zapatero anticipó de ese modo un plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE) que significará un severo revés para la clase trabajadora, que es la que está llevando la peor parte desde que se iniciara la crisis capitalista. Y aunque durante la campaña electoral de 2004 el presidente afirmó: “gobernaré para los más débiles”, la realidad es que su gobierno no ha hecho más que trabajar para los bancos y las grandes empresas.

Con todo ello, el gobierno espera cumplir con creces el recorte extra del 0,5% del PIB para este ejercicio y del 1% para el que viene, lo que supone reducir el gasto en 15.000 millones y situar el déficit del 11,2% actual al 6% el año que viene.

Podría parecer que una cantidad como 15 mil millones de euros es tan descomunal que sólo se puede reunir recurriendo a un durísimo ajuste económico sobre los más débiles. Veamos sin embargo qué medidas gubernamentales se han llevado a cabo en los últimos meses:

- En 2009 se creó el FROB (Fondo para la Reestructuración Ordenada Bancaria), dotado con un presupuesto de 9.000 millones de euros, ampliables hasta 90.000 millones, con el que se garantizó a la burguesía financiera los fondos públicos necesarios por si hiciese falta acudir al rescate de bancos y cajas con problemas.

- Se puso en marcha también un plan para la inversión en obras públicas, tratando de frenar la sangría de la pérdida de empleos en la construcción (Plan E de obras públicas, ayudas a la vivienda de diferente tipo …). Ahora el gobierno proyecta recortar en 6.045 millones de euros esa inversión estatal en infraestructuras, lo que conllevara un aumento del desempleo entre los trabajadores que se podían haber beneficiado del citado programa.

- En el mes de diciembre el presidente anunció la subida del IVA hasta el 18%; y un Plan de Austeridad y Ahorro a desarrollar con los ayuntamientos y las Comunidades autónomas. Ahora no se descarta para julio una nueva subida del IVA (que la sufren mayoritariamente las rentas más bajas) mientras el fraude fiscal (del que se benefician fundamentalmente las rentas más altas) alcanza los 280.000 millones de euros según una estimación llevada a acabo por los Inspectores de Hacienda. Es decir un monto 20 veces mayor del que se pretende obtener con el plan de ajuste. Cuando el pasado miércoles en el Congreso Joan Herrera, de ICV, exigió al presidente explicaciones por no subir los impuestos a los que más ganan, éste contestó que se haría más adelante y con calma.

Además de lo anterior, todavía planea la sombra de incrementar la edad de jubilación y los años de cotización necesarios para el cálculo del importe de las pensiones.

En una reciente entrevista (El País 12-04-2010) al presidente permanente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, afirmó que “el mayor peligro es el populismo reinante y en consecuencia la falta de compromiso europeo, el populismo hace difícil tomar las medidas que habrá que adoptar para el futuro de Europa. […] Estamos obligados a tomar medidas impopulares, no se podrá escapar a “reformas impopulares” en los próximos años, pero hay que ser valientes”. Con las medidas adoptadas Zapatero ha demostrado, sin duda, su valentía frente a los débiles y su servilismo ante los poderosos.

Sirva como ejemplo su docilidad ante otra serie de gastos públicos, otras partidas presupuestarias también millonarias, a las que nunca se le ocurrirá acudir ni inquietar. Recordemos que con la reducción y congelación de los sueldos de los empleados públicos se espera recolectar 4.500 millones de euros. El listado es únicamente un breve apunte no exhaustivo.

18.160 millones de euros destinados al gasto militar para 2010

2.510 millones de euros previstos para este año en gasto armamentístico. http://www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/Informe_gasto_2010.pdf

Más de 800 millones de euros previstos para 2010 en las misiones de guerra que el gobierno mantiene en el exterior pese a su pretendido carácter pacifista (la mitad se lo llevará la ocupación de Afganistán). El presupuesto destinado a estas operaciones no está incluido en el presupuesto de Defensa y se financia a través de un crédito extraordinario aprobado por el ministerio de Economía y Hacienda. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=101304&titular=el-env%EDo-de-511-militares-m%E1s-a-afganist%E1n-incrementar%E1-el-coste-de-la-misi%F3n-en-

Más de 7.000 millones de euros es el importe de la financiación pública a la Iglesia católica, según un informe realizado por Europa Laica de entre las distintas Administraciones del Estado. A esta cifra hay que sumar el enorme costo para las arcas públicas (administración central, autonómica y local) que suponen las cantidades que no se ingresan en concepto de IBI, licencias de obras, etc., y que la UE ha pedido en reiteradas ocasiones que se ponga fin a ese trato de favor. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=104585&titular=europa-laica-reclama-la-eliminaci%F3n-de-las-casillas-de-asignaci%F3n-tributaria-a-la-iglesia-cat%F3lica-

Cerca de 9 millones de euros es el presupuesto para 2010 de la Casa Real. Exactamente 8.896.920 euros, que el ciudadano Juan Carlos de Borbón podrá disponer sin ningún control público, puesto que según el artículo 65.1 el monarca "recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y Casa, y distribuye libremente la misma".

30.000 millones de euros establecidos en los Presupuestos Generales a subvencionar actividades empresariales, entre los que se encuentran los 2.800 millones de euros dedicados a políticas activas de empleo y que tanto empresarios como sindicatos reconocen su nula utilidad.

155 millones de euros (en 2008) que la Administración central del Estado destina a la compra de software propietario (cuyo principal beneficiario es el gigante Microsoft) en lugar de apostar por el software libre cuya adquisición es gratuita. http://www.csi.map.es/csi/reina2009/capitulo3/c3t04.htm

Bastan estos datos para hacernos una idea de cuales son las intenciones de un gobierno que se desvive por mantener a flote un sistema capitalista que hace aguas y amenaza con llevarse por delante décadas de luchas sindicales, políticas y sociales.

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martes, 11 de mayo de 2010

Comunicado de ATTAC España sobre Grecia y los ataques especulativos al euro


10-05-2010
ATTAC España

La ciudadanía y los mercados financieros especulativos libramos una pugna que definirá quién mandará en el sistema económico, social y político que emergerá tras la crisis. Si en esta pugna los gobiernos democráticos no se ponen del lado de su ciudadanía supeditando y regulando el mercado financiero los ciudadanos les daremos la espalda, como ya ha ocurrido en Islandia, Letonia y Grecia. La desafección de la ciudadanía con sus gobernantes y sus políticos en la oposición se manifiesta en todos los sondeos de opinión en la totalidad de los países de la zona euro.

La actual situación de Grecia pone de manifiesto la inutilidad de la Europa neoliberal para defender a su ciudadanía de los efectos letales de la crisis del capitalismo financiero agudizado ahora con los ataques especulativos contra el euro.

La visión que se está transmitiendo en relación con los ataques al euro es que esta crisis está causada por el comportamiento irresponsable del gobierno griego, que ha gastado en exceso en su estado de bienestar, creando un déficit y una deuda pública que no son sostenibles y que han generado dudas sobre si el gobierno podrá pagar sus deudas. Esta misma lección se aplica a otros Estados como Portugal y España a los que se acusa de excesivo gasto público. De esta lectura se deriva que la solución es que los griegos, españoles, portugueses, italianos e irlandeses se aprieten el cinturón recortando su gasto público y reduciendo sus exuberantes beneficios sociales y laborales, tal como manda el Banco Central Europeo y sus acólitos Bancos Centrales nacionales, todos sujetos al Pacto de Estabilidad.

Se ataca al euro por el lado de los países periféricos, sus puntos débiles. No se ataca a Japón ni a Gran Bretaña que actualmente presentan un déficit fiscal mayor. El déficit de la economía griega se eleva al 13% del PIB, el de Gran Bretaña al 11,5% y el de España al 11,2%. Y la deuda de Grecia se eleva 113%, aunque no mucho más elevada que la deuda que se proyecta para el 2011 para el promedio de los países de la OCDE y mucho menor que la deuda de Japón del 192% del PIB. Lo que ha ocurrido en Grecia, y en la mayoría de países de la OCDE, es que la disminución de los ingresos del estado, consecuencia del descenso muy marcado de la actividad económica y la bajada o eliminación de la tributación directa a rentas y patrimonio, ha causado el crecimiento del déficit. Lo que no nos dicen es que el problema del déficit se basa más en la redistribución tributaria a favor de las clases altas, bajando los ingresos de los Estados, que en la subida del gasto. Lo que no se nos dice es que estamos ante una verdadera batalla por el Poder. La inestabilidad del sistema financiero internacional que actualmente vivimos anula todas las políticas de reequilibrio fiscal de los Estados. Los ataques “especulativos” contra el euro se repetirán periódicamente hasta la próxima cita del G 20 en Canadá.

Europa y el FMI no rescatan a la ciudadanía griega ni a Grecia. Rescatan a la banca alemana, francesa, austriaca y a otras en menor medida, que son poseedoras de la deuda en bonos del Estado griego sin querer modificar ninguna de las causas estructurales que nos han abocado a esta situación. De ahí las draconianas condiciones impuestas. El Gobierno de Ángela Merkel quiere rescatar a sus bancos y garantizar que el dinero llegue de vuelta a ellos aunque pase por Grecia. El gobierno conservador anterior de Grecia mintió a su ciudadanía y al resto de Europa y del mundo con la complicidad de grandes banqueros extranjeros como Goldman Sachs sin aumentar los impuestos de la gente más pudiente y así corregir el déficit del Estado y el excesivo fraude fiscal. El 95% del dinero que hoy son deudas griegas fue a bancos europeos, en especial los alemanes, franceses y austriacos que poseen más del 70%. Estos bancos compraron los bonos griegos en masa y a precios muy reducidos. Estos bonos los tienen asegurados en lo que se llama Credit Defaults Swaps (CDS) El aseguramiento de los bonos no se basa en su precio real, sino en un precio ficticio, resultado de la especulación. De ahí las campañas de los bancos y de los hedge funds (fondos de inversión de carácter especulativo) a fin de inflar el precio de los bonos que generan un interés exorbitante de un 7% por año.

Pero este crecimiento exuberante de los intereses de los bonos lo tiene que pagar la ciudadanía griega para cumplir con el Pacto de Estabilidad vigente en la Europa neoliberal. Lo que se le dice al ciudadano griego y europeo es que tenemos que ser más austeros, vivir con menos transferencias y servicios públicos y reducir los beneficios sociales y laborales. Todo ello para que se pueda pagar a los bancos privados sus escandalosamente altos beneficios basados en mera especulación. Los grandes bancos privados, además, son los mayores clientes de las agencias de calificación crediticia que catalogan los bonos de los estados, según la voluntad de los gobiernos de seguir las instrucciones de estos grandes bancos privados, que se llaman así mismos “mercados financieros”.

Esta política de descenso del gasto público es suicida, pues acentúa más la recesión y dificulta la recuperación en todos los países de la eurozona y no sólo en los países mediterráneos e Irlanda, sino también en los países centrales, incluida Alemania. La austeridad de gasto público, junto con la falta de crecimiento de los salarios, hace que la escasa demanda interna esté imposibilitando el estímulo económico necesario para salir de la crisis. De ahí que se intente basar la recuperación económica en el crecimiento de las exportaciones. Las políticas de austeridad, bajada de gasto público y de salarios esta paralizando la actividad económica y el comercio. En Irlanda y Letonia, donde más se han aplicado las recetas de austeridad, el PIB ha caído el 8% y casi el 20% en 2009, originando una profunda recesión en ambos países. Un tanto igual ocurrirá en Grecia, y en Portugal y España si las políticas de austeridad no cambian.

En este enfrentamiento entre la ciudadanía y los especuladores financieros estos han ganado la batalla en 1992 y 1993 en Europa; en 1997 y 1998 en la mayoría del sudeste asiático, pero no en China, que controla políticamente su política monetaria y a su Banco Central, ni a quién impuso controles al movimiento de capitales. Vencieron en Argentina, Rusia y Méjico; pero fueron vencido por Lula en Brasil que impuso una tasa del 1,5% a la especulación financiera con su deuda soberana, y por Correa en Ecuador, que se negó a reconocer la deuda sin una auditoría previa, y no se atreven con Bolivia. Como demuestran todos los países que han combatido con éxito la actual crisis, son los bancos públicos, la regulación y control político de su sistema financiero e, incluso, un impuesto a la especulación financiera como el vigente en Brasil del 2% lo que explica su escasa incidencia y rápida recuperación.

El Poder soberano de emisión de monedas corresponde en exclusiva a los Estados que en la eurozona se ha delegado, sin ningún tipo de control político, al Banco Central Europeo, a la vez que se le prohíbe dar préstamos a los Gobiernos directamente. La aberración de esta medida está en la raíz de los problemas actuales. Y la consecuencia más directa es la debilidad de los Estados y la fortaleza de los bancos privados.

ATTAC España manifiesta que hay otra forma de enfrentarse a los mercados financieros especulativos en defensa de la ciudadanía. Tan sólo hace falta que los Jefes de Estado se reúnan y acuerden modificar la norma que impide al Banco Central Europeo dar directamente prestamos a los Gobiernos al 0% o al 1% como se ha hecho y se sigue haciendo con los bancos privados.

ATTAC España solicita que no se reconozca y pague la deuda soberana de ningún país de la eurozona sin que previamente se haga una auditoría de esta depurándola del exceso de la especulación. Hay que salvar para la ciudadanía el necesario e imprescindible sistema financiero, pero no al sistema especulativo privado ni a los delincuentes financieros. Es la oportunidad de volver a crear un fuerte sistema financiero público.

ATTAC España advierte que los planes de austeridad no es el camino. Nos envolverán en una espiral de más miseria. Que la solución pasa por incrementar los ingresos y que esto puede hacerse ya, estableciendo urgentemente un impuesto a la especulación financiera con deuda soberana como ha hecho ya Brasil.

ATTAC España está a favor de crear un bono de deuda pública pan-europea que reúna la deuda de todos los Estados miembros de la Unión Europea en un solo instrumento financiero, símbolo de la integración de los pueblos de Europa y herramienta muy útil para conseguir el crédito necesario para la promoción de políticas sociales a lo largo y ancho del continente.

ATTAC España se solidariza con la ciudadanía griega que hoy somos todos y todas. Su lucha, igual que la de la ciudadanía islandesa negándose a pagar la deuda ilegal de los especuladores financieros privados, es la de todos y todas marcando el camino que nos llevará a reconquistar la soberanía de los pueblos y a desarmar a los criminales mercados financieros.

El establecimiento de un impuesto a las transacciones financieras especulativas verdaderamente disuasivo contra esta, siguiendo el ejemplo de Brasil, el control real de toda transacción con los Paraísos Fiscales, una política firme de lucha contra la economía sumergida y delictiva, unida con una política de más Europa política y social y fuerte política de renta que creen demanda en el mercado interior es el camino para atajar el déficit fiscal de los Estados, y encauzar la salida de la crisis para las personas, enfrentándose con un mínimo de posibilidades de éxito a los especuladores bancos privados internacionales.


http://www.attac.es/ciudadania-griega-somos-todos-y-todas/

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miércoles, 5 de mayo de 2010

Las lecciones del gobernador del Banco de España

Miguel Angel Fernández Ordoñez, Gobernador del banco de España

05-05-2010
Juan Torres López
Rebelión

El gobernador del Banco de España ha vuelto a intervenir en la vida pública, haciendo gala de que es una de las grandes figuras de la política española y no un simple técnico como dicen de sí mismos él y sus colegas. Y lo ha hecho también una vez más defendiendo las posiciones de la patronal y de los grandes bancos y grupos financieros a los que sirve. Mostrando igualmente que ni él ni la institución que gobierna son tan independientes como dice su estatuto.

Ahora afirma que hay que "extraer lecciones de Grecia". Una recomendación muy sensata que todos deberíamos seguir si no fuera porque las lecciones que extrae son del mismo tipo que las que extrae de cualquier circunstancia que sea, llueva o haga sol. El gobernador no dice que haya que sacar lecciones de la política de los gobiernos conservadores que llevaron a Grecia a la ruina. Una política que es la misma que su institución defiende.

El gobernador no recomienda que saquemos lecciones de la especulacióin que se ha cebado sobre la economía griega en los últimos meses de mano de fondos especulativos que no buscan sanearla ni darle más estabilidad sino ganar miles de millones aunque sea a costa de que todo salte por los aires.

El gobernador no tiene que aprender ni nos recomienda a los demás que aprendamos a controlar a los bancos para que no vuelvan a provocar la crisis que ha obligado a que los gobiernos de medio mundo, entre ellos el griego, tengan que endeudarse hasta las cejas enriqueciendo así a la banca privada que provocó la crisis.

El gobernador no recomienda que saquemos lecciones del mal funcionamiento de la zona euro, de la falta de coordinación política o de la ausencia de instituciones y mecanismos que permitan hacer frente a los desequilibrios que, como en el caso griego, se puedan producir.

El gobernador no saca conclusiones de la falta de control de los bancos que estafaron al pueblo griego, o de la complicidad del Banco Central Europeo con los banqueros que se enriquecieron ocultando las cifras del déficit griego.

El gobernador tampoco extrae lecciones de la ceguera de los supervisores que como él no apreciaron lo que se venía encima a pesar de ser tan listos, de autoproclamarse depositarios de la verdad y de tener a su disposición los medios más privilegiados para seguir la coyuntura económica.

El gobernador no saca lecciones de la burbuja inmobiliaria y financiera que los bancos centrales como el suyo dejaron expandirse.

El gobernador no nos dice que extraigamos lecciones de la deriva regresiva de las políticas fiscales de los últimos años.

El gobernador no extrae lecciones del incremento de la desigualdad de los últimos tiempos, ni le preocupa que el ahorro se haya estado dirigiendo hacia la especulación.

El gobernador no extrae lecciones de lo que están haciendo los bancos con el dinero público que en lugar de utilizar para financiar la economía lo usan simplemente para mejorar sus resultados y repartir dividendos multimillonarios a sus accionistas.

El gobernador no extrae lecciones de lo que ocurre cuando los mercados se debilitan pr la precariedad en el empleo y los bajos salarios.

El gobernador no saca conclusiones del hecho de que los bancos multipliquen artificialmente la deuda gracias al sistema de reservas fraccionarias que produce inestabilidad permanente y las crisis financieras recurrentes.

El gobernador no tiene nada que aprender del hecho evidente de que la plena libertad de movimientos de capital está generando la etapa de mayor y más dañina inestabilidad financiera de la historia.

El gobernador no extrae lecciones de la falta de opacidad en la que actúan los bancos y los grandes financieros y su propia institución oculta la situación real de los bancos españoles engañando a la ciudadanía.

El gobernador no extrae lecciones de los problemas que plantea la cada vez mayor concentración del poder financiero y de la banca y se dispone a entregar en bandeja a los banqueros españoles parte del mercado que hasta ahora controlaban las cajas de ahorro.

El gobernador mira a otro lado y no es capaz de extraer lección alguna de lo que ha supuesto no disponer de banca pública y dejar la financiación imprescindible de la vida económica en manos de los bancos privados.

No. De nada de esto extrae lección alguna el gobernador.

Las lecciones que según él hay que extraer del caso de Grecia es que en España se deben rebajar los derechos sociales reduciendo el gasto público y los derechos y los salarios de los trabajadores reformando las leyes que regulan el mercado de trabajo.

Esa es la única lección que según el gobernador del Banco de España, como según la patronal y los banqueros, debemos aprender los españoles.

Una lección falsa con la que consuman un vergonzoso engaño a los ciudadanos porque ocultan a la ciudadanía que lo que ha pasado o pase con las cuentas del Estado o en el mercado de trabajo no es causa sino efecto de lo ocurrido en el sector financiero y en el mercado de bienes y que por tanto es en estos espacios en donde se debe actuar. Concretamente, reduciendo los derechos, los privilegios y el poder de los financieros, de los banqueros y de la gran patronal y no de los trabajadores de a pie.

Conseguirán lo que se porponen si la ciudadanía no se moviliza y se enfrenta a ellos con decisión. Pero yo no pierdo la esperanza de que así sea y de que, en Grecia, aquí y en todos los sitios, se ponga algún día de relieve el latrocinio que están llevando a cabo los banqueros y la complicidad vergonzosa de estos funcionarios que en lugar de servir al Estado y a los ciudadanos trabajan a su servicio.



Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, colaborador habitual de Rebelión, editor de www.altereconomia.org y miembro del Consejo científico de ATTAC-España. Su web personal: www.juantorreslopez.com

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martes, 4 de mayo de 2010

Globalización mundial de ricos contra pobres


04-05-2010
Hedelberto López Blanch
Rebelión


La globalización de la economía mundial impuesta en las últimas décadas por los países desarrollados y que demanda en primer lugar la privatización indiscriminada en todos los sectores, ha hecho crecer el número de pobres y, a la par, el núcleo de millonarios en el mundo.

Durante 2009, el año más grave de la crisis financiera, el número de multimillonarios pasó de 793 a 1.011, al tiempo que su fortuna conjunta aumentó un 50 %, desde 2,4 hasta 3,6 billones de dólares.

Para justificar el crecimiento en más de 200 multimillonarios en el último año, la revista que publicita y vanagloria a los más ricos del orbe argumenta que se debió a la “recuperación económica” que al parecer sólo ha beneficiado a los grandes magnates. Encabezando la lista de los más ricos aparece el mexicano Carlos Slim, dueño de numerosos negocios y de las telecomunicaciones en la nación azteca, con una fortuna que alcanza 53.500 millones de dólares.

El estadounidense Bill Gates, dueño y fundador del imperio Microsoft pasó al segundo puesto con la nada menos despreciable cifra de 53.000 millones de dólares. El tercer escalafón lo ocupó en esta ocasión el también estadounidense y conocido especulador financiero Warren Buffett con 47.000 millones de dólares.

Gates y Buffett, que ocupaban en 2008 el un-dos bajaron de lugar, pero no así sus fortunas que en 2009 crecieron 13.000 millones y 10.000 millones, respectivamente. Como indica un adagio, “a río revuelto ganancia de pescadores”, y eso mismo ha ocurrido pues la medida anticrisis acordada por los países desarrollados fue en primer lugar invertir dinero en salvar a los bancos y compañías en riesgo de quiebra.

La producción industrial cayó, el desempleo aumentó y los recursos se dirigieron al mercado de valores y de materias primas con la consecuente especulación en los mercados de capital.

Mientras los ya tradicionales millonarios aumentaban en 2009 sus riquezas y otro reducido grupo ascendía a esa escala social, la crisis impulsó el desempleo, provocó bancarrota masiva de granjeros, de pequeñas y medianas empresas industriales, deterioró los salarios mínimos y disminuyó considerablemente los gastos públicos en servicios sociales con el consecuente detrimento para la mayoría de la población.

Las políticas de privatizaciones, y desregulación financiera esgrimidas por el Consenso de Washington e implementadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han llevado a estas situaciones.

Un reciente informe de las Naciones Unidas aseguró que la inseguridad económica que afecta al mundo podría sumir en la pobreza a otros cien millones de personas.

Con ocasión de celebrarse en octubre último el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, la Organización de Naciones Unidas (ONU) significó que actualmente 1.400 millones de personas viven en la extrema pobreza y con el encarecimiento imparable de la energía y los alimentos probablemente empeorarán las condiciones de vida de otros muchos millones.

Un anterior documento del Banco Mundial fijaba la cifra en 53 millones de personas, quienes quedarían atrapadas con ingresos por debajo de 1,25 dólares diarios y se sumarían a los 135 millones que en 2008 fueron empujadas a la pobreza por el desempleo, los aumentos de precios en alimentos y combustibles, entre otras calamidades.

El todopoderoso presidente del BM, el estadounidense Robert Zoellick, argumentaba que “la crisis económica amenaza con transformarse en una crisis humana en muchos países en desarrollo. Mientras que buena parte del mundo presta atención a los socorros bancarios y los estímulos económicos, no debemos olvidar que los pobres en los países en desarrollo están mucho más expuestos si colapsan sus economías”.

En esta ocasión Zoellick tenía razón… pero no ha hecho nada al respecto.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) denunció que la actual situación ha dificultado el acceso de las capas más vulnerables de la población latinoamericana a la alimentación y ha dejado 54 millones de personas con problemas de desnutrición en la región.

Según el representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, José Graziano da Silva, el escenario de la seguridad alimentaria de esta zona se caracteriza por una alta volatilidad de los precios de productos básicos, especialmente los alimenticios, lo que dificulta su adquisición por los más pobres, en especial los niños, las mujeres y los indígenas.

La FAO prevé que la salida de la crisis será lenta y vaticina que dejará secuelas perdurables, sobre todo en los países donde caigan la producción, el comercio, la recaudación fiscal, sean dependientes de importaciones de alimentos y energía y tengan poca demanda de sus exportaciones.

El organismo regional de la ONU plantea que la desnutrición aguda y crónica generará efectos irreversibles en millones de niños y niñas.

Desde ahora hasta 2015, cuando la ONU hipotéticamente pensaba cumplir las llamadas metas del Milenio (disminución de la pobreza, mortalidad infantil, alfabetización, etc.), se estima que morirán 1.200.000 menores de cinco años por causas relacionadas con la crisis.

El hambre, la pobreza y la desnutrición se expanden por el orbe mientras unos cuantos millonarios acaparan enormes riquezas. No cabe duda, cada vez se hace más necesario un nuevo orden económico mundial.



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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viernes, 5 de marzo de 2010

Contrapublicidades a Estosololoarreglamosentretodos



La que se ha montao

Contrapublicidad enviada por Luis:

En estos días se están moviendo muchas respuestas a la campaña de la Fundación Confianza. ConsumeHastaMorir hemos aportado un artículo, pero en internet se están multiplicando las contrapublicidades, textos de análisis y sitios web. Para hacerse una idea, es bastante explicativa la noticia que hoy publicaba el diario ABC:

" Una ojeada rápida a la blogosfera y las redes sociales también prueba que la campaña publicitaria, que ya está insertada en todos los medios informativos y de cartelería, no ha sido del agrado de muchos.

Entre los numerosos blogs que han criticado abiertamente la iniciativa, algunos, como «El chiste de mel», reprochan la nula originalidad de la campaña, puesto que -alega- «ya está todo inventado». «Sin necesidad de gastarse los cuatro millones de euros que han invertido estas empresas para el proyecto, existe una web creada desde hace tiempo donde dar mensajes positivos al mundo: www.millionthanksbook.com». Blogueros como éste desvirtúan la «novedosa» campaña bajo el subtitulo «Se creen que somos idiotas». Entre los artículos más leídos en la web, se encuentra el de Ecologistas en Acción que sintetiza lo que muchos internautas están plasmando en sus comentarios: «Buscan que se consuma».

El mensaje también se reproduce en uno de los portales surgidos para contraprogramar la campaña: «Esto lo arreglamos sin ellos.org». En esta web «no se andan con chiquitas» y arremeten: «Se ríen de nosotros. Dicen que de ésta salimos todos juntos, mientras se revuelcan en sus beneficios. El alto empresariado ha iniciado una ridícula campaña como un recurso más con el que seguir jugando con el trabajador de a pie, con el parado, con el estudiante. Con ese que, al contrario que ellos, sí ha sufrido esta crisis. Una crisis internacional creada por banqueros y especuladores. Por el alto empresariado. Por los devorados por la avaricia. ¿Y quién la está pagando? Los de siempre». Cabe recordar que detrás de la iniciativa original están algunos grandes bancos y cajas del país: La Caixa, BBVA, Banco Santander y Caja Madrid.

Parafrasean, desde este «site», a Bertolt Brecht cuando dijo aquello de que «es mucho más grave fundar un banco que robarlo» y contrarrestan el manifiesto de la campaña original con otra recogida de firmas para aquellos internautas y usuarios que «quieran arreglar esto de verdad».

Con peor gusto, otros dominios hablan de que lo arreglarían si invirtiesen más en educación y ciencia y acusan a los promotores de la medida de «cínicos».

En Facebook se reproducen los grupos críticosPero si hay alguien organizado por excelencia en estos momentos cuando surge un «polvorín» opinativo como éste ese alguien es la masa de usuarios de las redes sociales. En la red de microblogging Twitter, las afirmaciones se suceden en cascada. En esta red se publicitan los tentáculos de portales nacidos para desmontar el optimismo inicial y sumar apoyos de los que «día a día sufrimos que banqueros y empresas nos arrebaten derechos».

En Facebook, se han duplicado en unos días los grupos creados para despotricar contra los mensajes empresariales de que hay que «tirar para adelante», si bien hay que matizar que el grupo que despunta por número de seguidores es el de la campaña positiva, que ya cuenta con más de 34.000 fans. Estando en el paro difícilmente se ven las cosas desde el mismo prisma, señalan los detractores de la iniciativa más moderados. Otros, sin embargo, lo tienen claro: «Esto deberían arreglarlo los que lo jodieron».

Otro grupo con web propia -«Estosololoarreglamosentretodxs.org»- hace alarde de la misma confianza hacia el futuro, pero pasando por encima de quienes, a su juicio, abocaron al país a esta situación y creando un nuevo «orden» de las cosas. «Somos un grupo de gente que ve en esta crisis una oportunidad de recuperar el control de nuestras vidas y crear el mundo que queremos», se definen.

Proclaman también en el colectivo «No, esto no sólo lo arreglamos entre todos» la necesidad de no hacer caso al mensaje de la campaña -a la que ponen voz rostros conocidos como los deportistas Pau y Marc Gasol, Carlos Sáinz o Fernando Romay- porque, se preguntan, «¿se trata de una estratagema más para inicitar a los ciudadanos al consumismo? ¿Pretenden que ahora la crisis sea una fantasía motivada por mentes deprimidas?». Y remachan: «Por si nos encontramos ante la primera sospecha, decimos que no necesitamos que nos apedreen con más publicidad, gracias». El bombardeo sigue en la Red."

Extraído de "Lo arreglamos... mejor sin ellos", ÉRIKA MONTAÑÉS, ABC, MADRID 03-03-10.

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