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sábado, 29 de mayo de 2010

La grave situación de los iraquíes sin hogar aumenta el temor de una mayor crisis social




Medio millón de iraquíes desplazados se enfrentan un lúgubre futuro en miserables campamentos ilegales

Según informes de las agencias internacionales de ayuda humanitaria, todo el territorio de Iraq está sembrado de campamentos como éste, situado en las afueras de la ciudad de Suleimaniya (Fotos: Tracey Shelton)
30-05-2010

La alarmante expansión de asentamientos ilegales hace que los grupos que se dedican a la ayuda humanitaria estén alarmados ante el inminente estallido de una crisis social, consecuencia de una situación que un alto funcionario de las Naciones Unidas ha definido como “el más grave problema humanitario a que se enfrenta Iraq”.

Informes recientes de dos agencias internacionales hallaron que del millón y medio de iraquíes internamente desplazados (IID), al menos 500.000 se ven obligados a vivir en miserables campamentos ilegales sin poder acceder a la atención sanitaria ni a ningún servicio público.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, ha recogido un agudo incremento de asentamientos ilegales desde 2009, y los activistas están exigiendo que Estados Unidos y las Naciones Unidas aborden el problema antes de que se escape de todo control.

“Hace un año, registramos unos 160.000 ocupas ilegales en Bagdad, pero en marzo pasado la cifra llegaba a 260.000. Esto sólo en Bagdad, no hemos publicado aún cifras de todo el país, pero en estos momentos hay ya, por lo menos, entre 400.000 y 500.000”, dijo Daniel Endres, representante del ACNUR en Iraq.

Las entrevistas realizadas por el IWPR confirmaron las cifras crecientes de asentamientos ilegales y hallaron que las condiciones de los campos siguen deteriorándose al compás de las cifras. Aunque los IID que huyeron de sus hogares a causa de la guerra y el conflicto sectario constituyen un problema en Iraq desde hace bastante tiempo, muchos de los entrevistados por el IWPR dijeron que se habían refugiado en los campamentos debido al desempleo y a la situación de extrema pobreza.

“El problema parece estar creciendo por una serie de razones nuevas, entre ellas la sequía y que mucha gente ha perdido su medio de vida. Hemos averiguado también que muchos de los refugiados que han vuelto recientemente de otros países han acabado en esos campamentos”, dijo Endres. “Los principios rectores que definen una persona internamente desplazada son amplios: no sólo es la guerra la que hace que adquieras tal condición. Puede ser por cualquier acontecimiento que te haya arrancado de tu vida normal hundiéndote en una situación de insoportable destitución”.

El tipo de asentamiento que constituye un campamento ilegal no está tampoco muy bien definido. Según los grupos humanitarios, el término se refiere por lo general a cualquiera que resida en una tierra sobre la que no tiene título o permiso para habitar.

Los campamentos más grandes ocupan territorios públicos, edificios del gobierno y antiguos recintos militares de Bagdad; el mayor de ellos es el depauperado campamento de al-Rashid, una antigua base del ejército de Saddam Hussein, en la cual miles de familias viven sobre aproximadamente 1.200 hectáreas de tierra.

Otros grandes campamentos se extienden por las afueras del distrito de Kadhimiya, al norte de Bagdad, y por Karada, una zona marginal situada al sur de la ciudad. El área de Ciudad Sadr alberga varios asentamientos ilegales en continua expansión.

Pero siguen surgiendo nuevos campamentos, algunos son grandes mientras que otros consisten en pequeños grupos de familias apiñadas en improvisados refugios de lona, barro y chatarra sobre terrenos abandonados o vacíos. Para disgusto de las autoridades de la ciudad, algunos de los parques, aparcamientos e incluso glorietas de Bagdad se han convertido en empobrecidas comunidades de tiendas de campaña.

En la provincia de Diyala, que vivió una de las más grandes convulsiones de población, miles de familias han construidos refugios sobre lo que fueron sus hogares, o cerca de ellos, antes de que fueran destruidos por la guerra. Incluso en la relativamente estable región del Kurdistán, se pueden encontrar campamentos de IID y de emigrantes sin empleo cerca de las principales ciudades.

Un informe de Refugees International publicado el 17 de marzo afirmaba: “Los asentamientos carecen de cualquier servicio básico, incluyendo agua, saneamiento y electricidad, y están construidos en lugares precarios, bajo puentes, a lo largo de tramos de carreteras y entre vertederos de basura”.

Elizabeth Campbell, abogada de Refugees International, co-autora, junto al periodista Nir Rosen, del informe de marzo, dirigió una investigación de campo a primeros de año en más de veinte asentamientos diferentes en las provincias de Bagdad, Diyala y Salahadin.

“Disponíamos de un tiempo limitado, por eso nos centramos en los campamentos que eran más visibles para nosotros. Pero no son difíciles de hallar una vez que empiezas a buscar. Si hubiéramos permanecido en Iraq habríamos encontrado muchos más”, dijo Campbell, quien añadió que establecer una lista global de los campamentos debería ser el primer paso para abordar el problema de las duras condiciones en que subsisten a fin de, finalmente, reasentarlos en otros lugares.

Campbell cree que el gobierno necesitará un apoyo sustancial por parte de EEUU y de las Naciones Unidas para ayudar a los ocupas a que puedan enfrentarse a la discriminación y al desdén.

“Hay una especie de sentimiento en el gobierno y en las comunidades locales de que los ocupas han robado la tierra; que no están pagando impuestos y que están estafando al sistema. Eso no es comprender la situación y lleva a ignorar las circunstancias humanitarias”, dijo Campbell.

Radhi Ali, de 62 años, es una persona internamente desplazada que se vio obligado a dejar su hogar debido a problemas monetarios. Vive con su familia de quince miembros en una pequeña chabola con paredes de adobe y un tejado de lata en el campamento ilegal de Yekok, al norte de Bagdad. Como muchas otras familias, la única electricidad y agua de que disponen la traen de las barriadas cercanas mediante alargadores y cubos y barreños.

“Estábamos viviendo en una casa alquilada en la barriada de Shura (al norte de Bagdad), pero cuando nos subieron el alquiler ya no pude pagar y tuve que traer a mi familia aquí. Un pariente me prestó dinero para comprar barro y construí esta casa, incluso esta casa nos costó dinero”, dijo Ali señalando hacia su precario hogar.

“No ignorábamos que si vivíamos aquí el gobierno iba a considerarnos ilegales, pero ¿en qué otro lugar podríamos vivir?”.

Ayad Radhi, el hijo de Ali de 31 años de edad, dijo que la perspectiva de dejar el campamento es aún peor que su lúgubre realidad.

“No tengo suficiente dinero para la comida y la ropa de mis niños, ¿cómo voy a alquilar una casa? Nos hemos convertido en unos sin techo en nuestra propia ciudad. Vivimos con el continuo temor de que el gobierno nos saque a patadas de aquí en cualquier momento. De vez en cuando, oímos rumores de que las fuerzas de seguridad van a venir a desalojarnos. Mis niños van a tener que vivir en la calle”, dijo Radhi.

El gobierno emitió en 2009 una orden para todos los ocupas ilegales, descritos por las autoridades como “habitantes ilegales”, para que salieran de los terrenos públicos, pero la directiva se pospuso indefinidamente.

“Esa gente está violando la ley. Han cogido terreno y edificios públicos sin permiso del gobierno. El gobierno necesita esas propiedades para invertir y establecer proyectos y oportunidades de trabajo para todos los iraquíes, incluidos los habitantes ilegales”, dijo Abdul Samad Rahman Sultan, el ministro para los desplazados y emigrantes.

“Tenemos que apoyar a todas las familias pobres, pero hay otras prioridades en el presupuesto iraquí. El gobierno ha ofrecido apoyo a las familias de IID que volvieron a casa y necesitaban a poyo, eso es todo lo que el ministerio puede ofrecer”.

“El gobierno iraquí tiene muchas responsabilidades y los IID no son los únicos iraquíes y los campamentos ilegales no son el único problema de Iraq”.

Los activistas dicen que los estipendios asignados a las familias de IID van desde los 130 a los 260 dólares USA por mes, pero muchos afirman que de las cantidades prometidas no llegaron a ver nada.

El gobierno estadounidense, que sabe muy bien que medio millón de iraquíes sin hogar está viviendo en campamentos ilegales, aumentó recientemente el presupuesto del ministerio para los desplazados y emigrantes para que se pudieran proporcionar estipendios de 1.000 a 1.500 dólares, según un alto funcionario estadounidense.

Pero Campbell y Refugees International afirman que EEUU “tiene una responsabilidad muy especial” en el millón y medio de iraquíes internamente desplazados y en el cada vez mayor problema de los campamentos ilegales. En el citado informe del mes de marzo, y de forma muy clara, el grupo pedía a EEUU y a otros donantes internacionales que ampliaran sus programas y equipos para afrontar el problema.

“Millones de personas siguen aún desplazadas sin poder encontrar refugio, sin alimentos, cuidados sanitarios ni otros servicios básicos”, decía el informe.

En respuesta, un alto funcionario de EEUU dijo a IWPR que “EEUU tiene un interés estratégico y una responsabilidad moral en atender las necesidades de las personas desplazadas en Iraq”. El funcionario señaló que EEUU proporcionó 387 millones de dólares en 2009 con destino a los ciudadanos desplazados de Iraq, y apoyó los esfuerzos del ACNUR para construir unos 3.000 refugios en la provincia de Diyala.

“Cada vez concentramos más nuestros esfuerzos precisamente en proporcionar un apoyo mayor a los 500.000 desplazados que viven en asentamientos ilegales y a encontrar soluciones duraderas para ellos dentro de Iraq”, dijo el funcionario.

Para Endres y el ACNUR, esto implica que el gobierno esté dispuesto a donar tierra disponible y a construir en ella viviendas adecuadas. Después de eso, según Ednres, llegará la difícil tarea de proporcionar medios de vida y de integrar a las comunidades. Dice que todo este paquete de medidas va a necesitar de entre tres a cinco años, pero que el trabajo ha empezado ya en lugares como Diyala.

“No hay soluciones fáciles: el gobierno intenta echar a los ocupas, pero el país se enfrenta a una carencia inmensa de viviendas. No quieren que la gente tome ilegalmente la tierra o viva de limosna, pero mientras tanto las condiciones en las que están viviendo son un espanto”, dijo Endres.

“Para mí, los campamentos ilegales de ocupas son el mayor problema humanitario a que se enfrenta Iraq. Debido a la guerra y al conflicto, aquí hay todavía una sociedad destrozada, y son muchas de sus víctimas quienes se han visto abocadas a tener que vivir en esos campamentos”.

Ali Karim es un periodista formado por IWPR.

El editor para Iraq Charles McDermid ha colaborado en este informe. Fuente: http://www.iwpr.net/report-news/homeless-iraqis-prompt-fears-social-crisis

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jueves, 11 de marzo de 2010

Lo que queda de Iraq


BAGDAD. La autora, que cubrió la invasión desde Bagdad, señala que las tropas ocupantes hicieron todo lo posible por aumentar el odio étnico y religioso.

VIOLENCIA, DIVISIÓN, MUERTE E INJUSTICIA DESTRUYEN EL PAÍS

Siete años después del inicio de la ocupación liderada por EE UU, Iraq presenta un paisaje desolador, minado por la invasión y la guerra.

Olga Rodríguez, periodista especialista en Oriente Próximo y autora de los libros "Aquí Bagdad" y "El hombre mojado no teme la lluvia"
Miércoles 10 de marzo de 2010.

Apesar de que los mandamases del mundo aseguraran en 2003 que la guerra de Iraq –lo llamaban guerra, cuando en realidad fue una invasión ilegal– había sido limpia, eficaz y exitosa, los que estábamos en Bagdad sabíamos que aquello de exitoso había tenido poco y de limpio menos. Era evidente que las acciones de los ejércitos invasores estaban favoreciendo el caos, la corrupción y la violencia.

En abril de 2003 contemplé cómo la Biblioteca de Bagdad, víctima de los saqueos masivos, era devorada por las llamas. “Arde a 451 grados Fahrenheit”, pensé en referencia al libro de Bradbury. A tan sólo unos metros más allá, varios soldados estadounidenses contemplaban impasibles el incendio. Tenían orden de no intervenir. Aquellas lenguas de fuego devorando la historia de Iraq eran una metáfora inequívoca del futuro del país.

La división de Iraq

Los ejércitos de ocupación impulsaron el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas iraquíes, impusieron por ley la persecución de todas aquellas personas vinculadas al partido Baaz de Sadam Hussein, lo que incluía a los funcionarios –también los bajos rangos de la Administración, profesores, médicos y periodistas–, y fomentaron las divisiones sectarias a la hora de repartir el poder político y militar. De ese modo, Iraq fue dejando de ser un Estado para convertirse en un conjunto de grupos divididos en función de las sectas religiosas y de los intereses políticos, cada uno de ellos con su propio ministerio en el Gobierno y sus propias milicias armadas. El vecino Irán aprovechó esas profundas grietas para establecer su control en importantes sectores del país.

Han pasado siete años e Iraq ha perdido prácticamente su tejido social. La ocupación y la guerra han dejado un millón de muertos y cuatro millones de huérfanos, según cifras gubernamentales y de organizaciones internacionales independientes.

Cientos de profesionales liberales –médicos, artistas, profesores, abogados, periodistas, etc.– han sido asesinados y otros miles han tenido que huir del país. Apenas quedan intelectuales en Iraq.

Decenas de miles de personas han pasado por cárceles secretas. En la actualidad hay al menos 20.000 presos sin posibilidad real de conocer sus cargos o de ser juzgados; algunos llevan así años, sin haber cometido delito alguno y sin que sus familiares conozcan su paradero.

Otros han sido ahorcados en ejecuciones oficiales masivas denunciadas reiteradamente por los defensores de los derechos humanos. Tengo conocidos que han sido torturados o vejados sexualmente y obligados a firmar declaraciones juradas bajo coacción. Tras ello, han decidido formar parte de la resistencia armada iraquí. Otros se han exiliado, han escapado de la violencia y emprendido rumbo a Jordania o Siria, donde viven esperando la posibilidad de un regreso que siempre se pospone. Cinco millones de iraquíes han huido de sus hogares . Es uno de los mayores éxodos de las últimas décadas en el mundo, según datos de Acnur. Buena parte de las mujeres han tenido que abandonar sus empleos tras recibir amenazas de muerte por parte de grupos integristas. El país ha sufrido un proceso de islamización y un claro retroceso en materia de género.

Los escuadrones de la muerte han ejercido un papel fundamental en la violencia sectaria. Su época de auge coincidió con la llegada de John Negroponte a Bagdad como embajador estadounidense. Washington ha practicado el “divide y vencerás”: primero tejió alianzas con líderes chiíes claramente cuestionables para decantarse, después, por la colaboración temporal con grupos principalmente suníes que aceptaron la unión con el Ejército estadounidense a cambio de dinero y armas. Y así las empresas armamentísticas se frotan las manos porque la entrada de arsenales en Iraq es constante.

Y ¿qué ha sido de los artífices de esta catástrofe? Tony Blair afirma orgulloso que lo volvería a hacer, ejerce como enviado especial para Oriente Medio, tiene una fortuna millonaria y oculta al fisco parte de sus ingresos, tal y como desveló recientemente The Guardian; Aznar –y su dedo– se pasea por el mundo como portador de la verdad absoluta y, al igual que su colega Blair, se embolsa jugosas cantidades por ejercer de asesor o de conferenciante; del cowboy estadounidense mejor no hablemos, pues ya que estamos en Europa debemos preguntarnos qué Europa es ésta que tiene al cuarto de las Azores, Durão Barroso, como un hombre fuerte de la Unión Europea.

Esto es Iraq hoy: un tablero de ajedrez en el que Washington y Teherán echan un pulso por el control de la zona. Un lugar donde se conculcan a diario los derechos humanos, donde la corrupción campa a sus anchas y donde los daños psicológicos provocados por la violencia y la injusticia perdurarán durante generaciones. Un territorio que merece justicia y libertad para gestionar su futuro. Así lo establece la ley internacional. Ya es hora de que ésta se aplique.

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LA CUMBRE DE LAS AZORES. Días antes de iniciar la invasión de Iraq, Bush, Blair y Aznar se reunieron en las islas portuguesas con Durão Barroso como anfitrión.SÉPTIMO

ANIVERSARIO DE LA INVASIÓN

En marzo se cumplen siete años de la invasión de Iraq, una operación decidida en 2001 y sostenida por una gigantesca mentira. Ahora se empieza a conocer la historia completa de una guerra que ha provocado cientos de miles de muertos.

Roberto Montoya, Madrid
Miércoles 10 de marzo de 2010. Número 121




“La guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien”. No es una frase del frustrado aspirante a César del siglo XXI, George W. Bush, pero lo parece. Fue escrita hace cerca de 2.500 años, por el clásico chino Sun Tzu, en El arte de la guerra. Aquel gran autor militar hablaba también del engaño como elemento fundamental en un conflicto bélico.

Bush junior parece haber leído e inspirado especialmente en esa parte. Es verdad que de las políticas de varios de sus predecesores, empezando por Woodrow Wilson en 1916, tenía bastante para aprender en relación al engaño, a la propaganda de guerra, a cómo se prepara a una población, y más aún, a una opinión mundial, para llegar a ver la guerra contra un determinado país como “inevitable”. Él lo tenía más fácil que nadie, en su propio hogar le podían decir cómo hacerlo, ya que sólo 13 años antes, en 1990, lo había hecho su propio padre, George Bush senior, y en el mismo escenario, en Iraq. La llamada Guerra del Golfo, la primera contra Sadam Husein, fue precedida, al igual que la que la segunda, de una meticulosamente preparada ola de mentiras (ver recuadro).

Sadam Husein, el hombre al que visitaba en 1983 en Bagdad Donald Rumsfeld, entonces enviado especial de Ronald Reagan; el hombre al que se financió y armó para que declarara la guerra contra la naciente república islámica iraní, había demostrado su incapacidad para ocupar el rol que EE UU necesitaba en la zona y había que acabar con él y desmontar su poder. Toda mentira era válida para ello. Una gran operación mediática se puso en marcha.

Las agencias de noticias escupían decenas de teletipos por hora, repetidos por las grandes cadenas de TV estadounidenses y de todo el mundo, con alarmistas declaraciones de altos cargos del Pentágono que vaticinaban que si no se actuaba con rapidez, Sadam sería imparable. Con ese bombardeo mediático en el que no se escatimaron gastos ni falsos testigos ni fotografías obtenidas por satélites militares manipuladas, decenas de países secundaron a EE UU y Reino Unido para armar la más poderosa coalición militar vista desde la II Guerra Mundial.

Cientos de miles de muertos después, y tras dejar el hasta entonces desarrollado Iraq devastado, las tropas de EE UU y sus aliados se retiraron, al no encontrar una alternativa para sustituir a Sadam Husein, no sin dejar de someter a Iraq a un cruel embargo durante los 12 años siguientes… hasta enlazar con la nueva guerra, en 2003.

El 11-S daría una nueva oportunidad a los Bush para hacerse con el control de uno de los productores de petróleo más importantes del mundo. George W. Bush junior estaba tan obsesionado por terminar la faena que había dejado inconclusa su padre que en su primera rueda de prensa al asumir el poder en 2001 arremetió contra Iraq. Y tras el 11-S se sacaría de la manga “nuevas pruebas” que ligaban a Sadam con al- Qaeda y con mortíferas armas de destrucción masiva.

Desde dentro de la Casa Blanca En su libro Plan de Ataque, el periodista del Washington Post Bob Woodward relata un encuentro entre George Bush junior y Donald Rumsfeld el 21 de noviembre de 2001, sólo un mes y medio después de haberse iniciado la guerra contra Afganistán, en el que el presidente reclamó a su secretario de Estado que actualizara el plan de ataque contra Iraq. A partir de ese momento se ponía en marcha el complejo plan militar, compuesto por múltiples elementos militares, logísticos, económicos, políticos y diplomáticos, mientras se preparaba una gran maquinaria mediática para poder ablandar progresivamente el terreno, en espera del momento oportuno para iniciar la guerra.

En 2008, el ex portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan, publicaba a su vez el libro Lo que ocurrió en la Casa Blanca de Bush y la cultura de engaño de Washington, en el que aseguraba que “por el verano de 2002, los asesores de Bush lanzaron una campaña cuidadosamente orquestada para promover agresivamente la guerra”. “En una época de campaña permanente, todo se basó en un intento de manipulación de las fuentes de opinión pública para ventaja del presidente”, según McClellan.

La suerte de Sadam ya estaba echada, aunque la guerra no se iniciaría hasta un año y cuatro meses más tarde. Paralelamente a la comisión de la verdad que investiga actualmente en Londres el papel del Reino Unido en la guerra, en Holanda una comisión similar reconoció en enero pasado que la decisión de secundar a EEUU y Reino Unido “se tomó en los despachos del Ministerio de Asuntos Exteriores ya en 2002” y que a partir de entonces sólo se difundieron las informaciones de los servicios secretos que justifican esa operación contra Bagdad. En 2003 Holanda aportó 1.100 soldados a la guerra.

El sitio web de The Center for Public Integrity (www.publicintegrity. org) publicó en 2008 una minuciosa relación de las mentiras probadas en relación a Iraq dichas por George W. Bush y siete de los más altos cargos de su Administración, entre ellos, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleezza Rice o el falso ‘paloma’ Colin Powell, desde poco después del 11-S hasta bien entrada la guerra. Y recogieron nada menos que 935 mentiras. En este trabajo recopilatorio se detalla, por ejemplo, que Bush hizo a sabiendas 232 declaraciones falsas sobre las armas de destrucción masiva y otras 28 sobre las supuestas relaciones de Iraq con al-Qaeda. La construcción de una poderosa bomba nuclear por parte de Sadam era algo inminente, aseguraban diariamente portavoces del Pentágono, del Departamento de Estado y la Casa Blanca, aseveraciones que eran repetidas sin matiz alguno por Tony Blair, José María Aznar y el resto de cómplices.

En septiembre de 2002 el Congreso aprobaba por amplia mayoría el uso de la fuerza contra Iraq. De nada valían los informes sobre el terreno de los cientos de expertos de la ONU dirigidos por Hans Blix, en los que se aseguraba que Iraq no contaba con la capacidad armamentística que se le adjudicaba, que gran parte de su arsenal había sido destruido en la Guerra del Golfo y que los constantes controles a los que era sometido imposibilitaban el desarrollo de armas de destrucción masiva.

EE UU y Reino Unido, bendecidos por sus amigos de las Azores, iniciaron los demoledores bombardeos contra Iraq el 20 de marzo de 2003. Todas las mentiras posteriores que urdieron para asegurar que se habían encontrado restos de armas de destrucción masiva se cayeron rápidamente. El mundo entero tomaba conciencia del gran engaño, de cómo nuevamente Estados Unidos, junto a muchos cómplices, volvían a demoler un país justificándolo en una falsa terrible amenaza contra la humanidad.

En Estados Unidos son innumerables los datos aparecidos en los últimos años en los que se prueba de manera irrefutable cómo los servicios de inteligencia facilitaron pruebas y acusaciones falsas a la carta a la Administración Bush, para que esta pudiera dar fuerza a sus declaraciones alarmistas y con ellas justificar la inevitable guerra. Sin embargo, ninguna de esas informaciones han obtenido una cobertura mediática semejante a las que tuvieron las mentiras vertidas en su momento que conmovieron al mundo.

¿Qué interés tiene eso ahora?, se preguntan los directores de los medios, relegando esas informaciones a un secundarísimo plano, para regocijo de los responsables de esos crímenes, envueltos en su cálido manto de impunidad.
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21 DE NOV. 2001 Un mes y medio después de iniciarse la guerra contra Afganistán, la administración de Bush actualiza el plan de ataque contra el Iraq de Sadam Husein. Se pone en marcha la maquinaria de guerra.
23 DE JULIO DE 2002 Reunión del gabinete Blair. Se discute en términos confidenciales la estrategia para vender la invasión a la opinión pública sobre la base de las armas de destrucción masiva, sin mencionar directamente el cambio de régimen, que no estaba contemplada por las leyes internacionales.
VERANO DE 2002 Los asesores de Bush lanzan una campaña para convencer a la opinión pública. En septiembre de 2002, el Congreso aprueba por amplia mayoría el uso de la fuerza contra Iraq. Los informes dirigidos por Hans Blix son ignorados por completo.
22 DE FEBRERO 2003 Reunión entre Bush y Aznar en el rancho de Crawfod, Tejas. Durante una larga conversación privada, Bush dejó claro que había llegado el momento de deshacerse de Sadam: “En dos semanas estaremos militarmente listos. Estaremos en Bagdad a finales de marzo”.
16 DE MARZO DEL 2003. Reunión de las Azores entre los máximos mandatarios de EE UU, Reino Unido, España y Portugal, para lanzar el último aviso a Iraq (pese a que la invasión estaba decidida dos años antes) y fijar la fecha del inicio del ataque aéreo a Bagdad.
20 MARZO DE 2003 Inicio de la guerra de Iraq. Los efectos: según el Ministerio de Salud iraquí, 151.000 muertes violentas de 400.000 muertes debidas a la guerra. Según el periódico Lancet, 601.027 muertes violentas. Según Opinion Research Business, un millón de muertes violentas por el conflicto.

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miércoles, 13 de enero de 2010

Holanda apoyó la invasión a Iraq sin legitimidad


13-01-2010
Prensa Latina

Un informe independiente revelado hoy aquí critica al gobierno de Holanda por haberse sumado junto a Estados Unidos y Reino Unido a la invasión a Iraq en 2003 sin un mandato legal de Naciones Unidas.

La investigación determinó que la guerra comandada por el entonces presidente estadounidense, George W. Bush, careció de legitimidad, pues la resolución 1441 del Consejo de Seguridad de la ONU no contenía mandato alguno para un ataque militar al país árabe con el propósito de ocuparlo y derrocar al presidente iraquí, Saddam Hussein.

El jefe del grupo de expertos, Willibrord Davids, dijo que existió falta de sinceridad en la posición neerlandesa y que el gobierno no informó toda la verdad al parlamento sobre el pedido de apoyo de Estados Unidos a esa invasión, presentada en noviembre de 2002.

Agregó que esa solicitud fue interpretada de distintas maneras dentro del gabinete y que los ministros no recibieron información sobre su contenido.

Más aún, el texto de la resolución 1441 no dio licencia a los países implicados para intervenir en Iraq por la fuerza, enfatizó Davids luego de entregar el informe al primer ministro, Jan Peter-Balkenende, en el Parlamento de la Haya.

La comisión criticó también a los servicios de inteligencia de los Países Bajos por no haber recabado información directa sobre los arsenales de armas iraquíes, datos que fueron incompletos y proporcionados por homólogos extranjeros, afirman los expertos.

Estas observaciones tampoco se tomaron en cuenta por los ministros e instancias gubernamentales correspondientes, dijo Davids, al aclarar que los servicios de seguridad holandeses fueron más prudentes acerca de la supuesta amenaza de armas de destrucción en masa, a diferencia de los políticos cuando informaron al Parlamento.

El informe concluye que Balkenende encargó al entonces ministro holandés de Asuntos Exteriores, Jaap de Hoop Scheffer,(hasta hace poco secretario general de la OTAN) el estudio de un dossier secreto, en el cual los expertos advertían de que un ataque a Iraq vulneraría el derecho internacional.

La comisión independiente inició a comienzos de 2009 una investigación sobre el apoyo político de Holanda a la guerra liderada por Estados Unidos, después de varios años de oposición dentro del gobierno y de Balkenende, en particular.

El gobierno del primer ministro conservador justificó su respaldo político al esgrimir que Iraq violaba las resoluciones internacionales de desarme; sin embargo, Estados Unidos ni Reino Unido consiguieron las supuestas pruebas sobre la existencia de arsenales químicos y biológicos en territorio iraquí.

De hecho, el ex primer ministro británico Tony Blair es acusado de mentir a la opinión pública de su país para lograr el apoyo a la invasión. También una comisión especial investiga la participación de Londres en esa guerra, y en particular la decisión de Blair de respaldar a Bush.

Al comparecer este martes en la audiencia pública que encabeza John Chilcot, el otrora vocero del primer ministro Alastair Campbell negó que hubiese intentado "forzar" el expediente del gobierno sobre las supuestas armas de destrucción en masa, en poder de Saddam Hussein.

Dijo que asesoró la elaboración del documento publicado en septiembre de 2002, pero que nunca trató de suprimir ninguna de las conclusiones del Comité de Inteligencia Conjunta.

http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=153194&Itemid=1

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