Mostrando entradas con la etiqueta Fondo de rescate europeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fondo de rescate europeo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de mayo de 2010

Los lobos y los cerditos


El rescate financiero de Europa: un cuento mal contado

12-05-2010
Gorka Larrabeiti
Rebelión

Cuentan que una vez una manada de hambrientos lobos atacaba a Europa. Un día, en el mercado de derivados de Chicago se contaron 103.400 dentelladas de contratos a la baja contra el euro por valor de 17.000 millones de dólares. El euro era presa de los canis lupus.

¿Quiénes eran estos desalmados? ¿Por qué aullaban? Se sospechó de una manada de varios ejemplares del mismo pelaje: George Soros (Soros Fund), John Paulson (Paulson & Co.), Steven Cohen (Sac), David Einhorn (Greenlight), Donald Morgan (Brigade) y Andy Monness (Monness Crespi Hardt & Co.), pero también de Harold 'Terry' McGraw III, el cual a través de las garras de la McGraw-Hill - la agencia Standard & Poor's- habría rebajado la calificación de los títulos de Estado griegos, portugueses y españoles. Los cerditos -Portu, Ire, Ita, Grek, y Spa, conocidos como los PIIGS- habían sido abandonados a su suerte y las terribles fauces de los lobos ya se abatían sobre ellos mientras la señora Merkel, preocupada por las elecciones en Renania, no intervenía. Hasta que un día las calles de Atenas amanecieron manchadas de sangre.

Hubo que salvar a Europa de las fauces de los lobos antes que la mataran. Para ello, se reunieron los líderes europeos, que, de prisa aprobaron una serie de medidas para acabar con esos ataques. Era domingo y faltaba poco para que los mercados asiáticos abrieran sus puertas y el euro fuera pasto de las alimañas. Fue entonces cuando sonaron dos escopetazos para ahuyentar a los depredadores: un petardo de 750.000 millones € (440.000 millones provenían de la Eurozona, 60.000 millones de la Unión Europea, más 250.000 millones del FMI) y el grito de un valiente cazador, el Banco Central Europeo, dispuesto a comprar deuda pública a través de los bancos centrales de cada país y cerrar las heridas de los cerditos. Se construyó de prisa un cercado para proteger la Bolsa de los cerditos. Al verlo, los lobos se retiraron.

Durante un día hubo euforia en los mercados. Decían: "un plan ambicioso", "la madre de todos los planes de rescate", "un cambio revolucionario impensable hacía tres meses", "una operación de salvamento muy parecida al plan Paulson de los estadounidenses"...

Sin embargo, los cerditos ni fueron felices ni comieron perdices. Dos de ellos -España y Portugal- se quedaron sorprendidos al saber que les obligaban a recortarse en público, durante la reunión del ECOFIN del 18 de mayo, alguna parte de su cuerpo. Y quien se lo ordenaba no eran ya unos lobos, sino horrendos ogros transnacionales.

Moraleja:

Cuando se cuentan historias de lobos, acechan ogros.

Leer más...

Más carnaza para los tiburones


Sobre el fondo de rescate europeo

Alberto Montero Soler
Público
12-05-2010

En la madrugada del lunes, los principales líderes europeos alcanzaban finalmente un acuerdo para tratar de frenar la orgía especulativa desencadenada contra la deuda soberana de los países periféricos de la Unión Monetaria.

Aparentemente, la respuesta gozaba de la contundencia necesaria como para que los mercados no sólo se aplacasen sino para que revirtieran su tendencia y en donde antes veían riesgos de impago ahora percibieran salud financiera a borbotones. Y es que, de repente, las reticencias europeas al rescate de Grecia se habían transformado en un ambicioso plan de rescate global en el que la Unión Europea comprometía 500.000 millones de euros, el 5,5% de su PIB, y el Fondo Monetario Internacional añadía 250.000 millones de euros más.

Todo ello se acompañaba, además, de un sorprendente anuncio por parte del Banco Central Europeo. El guardián de la ortodoxia monetarista europea y fiel escudero de Alemania en su lucha obsesiva contra la inflación hacía saltar por los aires su tan cacareada independencia y anunciaba que a través del eurosistema se intervendría en los mercados de bonos soberanos para aliviar las tensiones de liquidez presentes en los mismos, es decir, que pasaba a financiar directamente a los Estados miembros.

De esta forma, los líderes europeos rechazaban cualquier aproximación gradual al problema especulativo y ponían sobre la mesa toda la carnaza de la que eran capaces y que desde los mercados se les demandaba. El banquete estaba servido.

Evidentemente, los mercados financieros reaccionaron como se esperaba de ellos: los índices bursátiles se dispararon, el euro frenó su tendencia a la depreciación frente al dólar y los agentes comenzaron a vender los bonos soberanos de Alemania, Francia u Holanda para pasar a comprar los de los cuatro “cerditos” (Grecia, España, Irlanda, Portugal) contra los que, hasta el viernes anterior, se dedicaban a especular.

Y es ahora, cuando la euforia de los mercados se ha aplacado e, incluso, comienza a revertirse cuando conviene hacerse algunas preguntas para saber hasta qué punto realmente este fondo viene a resolver la crisis del euro o si, por el contrario, no es más que un carísimo parche dorado que deja de lado la esencia de los problemas. Problemas que volverán a resurgir en cuanto los tiburones perciban que la propuesta tiene más de farol que de red de seguridad operativa para un euro que lleva semanas en la cuerda floja.

De entrada, lo que debe quedar bien claro es que los ataques especulativos contra la deuda soberana de las economías periféricas de la eurozona no hacen sino replicar los que en tiempos de las monedas nacionales hubieran tenido lugar sobre las mismas forzándolas a su devaluación. Es decir, si el euro se creó para generar un entorno de estabilidad monetaria y financiera está visto que su diseño era manifiestamente ineficiente: no bastaba con crear una moneda única, había que replicar a nivel supranacional el mismo tipo de instituciones económicas que han otorgado durante decenios viabilidad a los Estados nacionales, esto es, también era necesaria una hacienda pública europea potente.

Ante esta situación, lo que han hecho los gobiernos europeos ha sido, en un contexto en el que el ajuste externo por la vía de la devaluación es inviable, convertirse ellos mismos en el brazo ejecutor de los mercados financieros y reclamar ajustes adicionales sobre las economías que se encontraban en su punto de mira. Y, así, al plan de ajuste griego viene a sumarse la obligación impuesta sobre España y Portugal para que aumenten sus esfuerzos de consolidación fiscal; eso sí, eufemísticamente reflejada en el documento oficial en términos de una decisión unilateral de estos países a la que se le da la bienvenida y apoya.

Con ello los gobiernos europeos ratifican la percepción de los mercados de que los desajustes de estas economías son realmente preocupantes y, por tanto, que su comportamiento especulativo contra las mismas es acertado. De hecho, baste recordar que, por ejemplo, la deuda exterior neta de España supera ya el 92% de su PIB, es decir, más de un billón de euros.

Pero, además, al incluir al Fondo Monetario Internacional en el acuerdo se ha permutado su ayuda financiera por una cesión de soberanía difícilmente asumible en el seno del área económica que trataba de convertir al euro en alternativa al dólar como divisa clave a nivel internacional. Y es que los Estados miembros que aspiren a estas vías de financiación deberán someter sus economías a severos planes de ajuste que estarán diseñados y supervisados por el FMI a través de sus programas de condicionalidad.

De esta forma, los líderes europeos han abierto la puerta a que en el mismo núcleo del euro sea una institución dominada por Estados Unidos la que supervise las finanzas públicas de algunos Estados miembros. ¡Qué gran altura de miras!

La resultante es, por tanto, un acuerdo que en lugar de reforzar la relevancia política de la Unión Monetaria, la socava; que en lugar de solventar los problemas que subyacen en la crisis del euro, los perpetúa; y que en lugar de aliviar el coste social de la crisis para las economías más debilitadas, la profundiza entregándolas en bandeja al Fondo Monetario Internacional. Ya se encargará éste de hacer el trabajo sucio que, en la Europa de los mercaderes, aún les da cierto pudor acometer.



Alberto Montero es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y vicepresidente de la Fundación CEPS. http://www.albertomontero.com/

Leer más...