martes, 8 de junio de 2010

Palestina e Israel: Preguntas y respuestas sobre un conflicto basado en el imperialismo


En lucha
6 de Junio de 2010

Tras los ataques de Israel contra Gaza las preguntas sobre el conflicto entre Israel y Palestina vuelven a surgir. En lucha trata de contestar algunas de las preguntas claves para entender el rol jugado por el imperialismo en la creación de las guerras entre árabes e israelíes y comprender mejor la situación actual.
¿Cuáles son las raíces del conflicto entre Israel y los palestinos y palestinas?

Los orígenes del conflicto se remontan a la fundación de Israel en 1948. Este estado se construyó sobre la expulsión de palestinos y palestinas después de una campaña de limpieza étnica llevada a cabo por escuadrones sionistas. A esto le han seguido 60 años de opresión continuada del pueblo palestino por parte de Israel. El sionismo —la demanda de un “hogar” judío en Palestina— apareció como un movimiento en Europa a finales del siglo XIX como respuesta al creciente antisemitismo. Al principio sólo una pequeña minoría de judíos y judías apoyó este movimiento. Los sionistas afirmaban que Palestina era “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”. Pero en esa tierra sí que vivía un pueblo. El movimiento sionista empezó lentamente. Al final de la I Guerra Mundial sólo había 56.000 colonos judíos viviendo en Palestina, en contraste con el millón de árabes.

Los líderes sionistas buscaron el apoyo de los poderes imperiales para que les ayudaran a tomar más tierras. Al principio eso significó colaborar con Gran Bretaña, ya que Palestina se convirtió en una de sus colonias después de la I Guerra Mundial. Tras la II Guerra Mundial buscaron el apoyo de EEUU. En 1947, la ONU diseñó un plan para partir Palestina que entregó a los colonos sionistas el 55% del país —a pesar de representar sólo un tercio de la población y poseer el 6% de la tierra. Pero ni tan sólo eso fue suficiente. En marzo de 1948 milicias sionistas lanzaron una campaña de terror para apropiarse del máximo de tierras posible. Asesinaron a centenares de árabes y llevaron a cabo una limpieza étnica de unas 750.000 personas.

Las palestinas y palestinos se desplazaron hacia Gaza, Cisjordania y otros países sumidos en la pobreza y la opresión. Mientras, Israel se quedaba con casi el 80% de la Palestina histórica. Hoy la “ley de retorno” de Israel permite a cualquier descendiente de judío inmigrar hacia Israel, pero niega a los y las palestinas el derecho de volver a su tierra. Israel conquistó el resto de la Palestina histórica en 1967. Desde entonces ha saqueado Gaza y Cisjordania brutalmente y ha reprimido cualquier tipo de resistencia u organización palestina.
¿Por qué Israel está implicado en tantas guerras?

Israel ha estado en guerra desde su fundación. Es un estado altamente militarizado, con el armamento más sofisticado proporcionado por occidente, incluyendo armas nucleares. Tiene uno de los ejércitos más modernos del mundo a pesar de tener una escasa población de 7’3 millones de personas. Este estado se ha construido sobre el poder militar por dos razones: mantener a los y las palestinas oprimidas y actuar como el “perro guardián” de los intereses occidentales en la región. Ha usado su poder para humillar a los movimientos árabes que han amenazado al dominio imperial en Oriente Próximo.

Israel se unió a Gran Bretaña y Francia en la guerra contra Egipto en 1956. Israel también entró en guerra contra Egipto, Siria y Jordania en 1967. En 1973 volvió a hacerlo de nuevo contra Siria y Egipto. Ha invadido Líbano tres veces: en 1978, 1982 y 2006. A su vez, también ha llevado a cabo numerosas incursiones en Egipto, Siria y Líbano. Bombardeó la planta nuclear de Irak en 1981. Su ejército ocupó parte del sur del Líbano desde 1978 hasta el año 2000, cuando la resistencia de Hezbolá le obligó a retirarse. El actual ataque sobre Gaza no será la última guerra de Israel. La naturaleza imperial y colonial de este estado conducirá inevitablemente a más conflictos, más bombas y más muertes.
¿Por qué Occidente apoya a Israel?

A finales del siglo XIX Gran Bretaña ocupó Egipto y pasó a controlar el Canal de Suez. Este enclave entre el Mar Rojo y el Mar Mediterráneo era clave para el poder militar y económico del Imperio Británico. Gran Bretaña temía que los crecientes movimientos nacionalistas de resistencia en el mundo árabe pudieran amenazar su control sobre el canal. Pero la I Guerra Mundial le proporcionó una oportunidad para asegurarse la frontera norte de Egipto y del Canal de Suez.

Mientras que las tropas británicas marchaban sobre Jerusalén en 1917, el Ministro de Exteriores británico, Arthur Balfour, hizo un trato con el movimiento sionista para convertir a Palestina en una colonia del imperio. Como declaró el gobernador británico de Jerusalén, el nuevo estado sionista sería como “un pequeño Ulster judío leal en un mar de potencial hostilidad árabe”. Esta relación entre Israel y el imperialismo occidental quedó resumida en un famoso artículo publicado por el periódico israelí Haaretz en 1951: “Israel se convertirá en el perro guardián. No hay ningún peligro de que Israel asuma ningún tipo de política hacia los estados árabes si ésta contradice explícitamente los deseos de EEUU y Gran Bretaña. Pero quizá, si los poderes occidentales alguna vez prefieren cerrar sus ojos, Israel puede confiar en que puede atacar uno o más estados vecinos, los cuales han mostrado su descortesía con Occidente más allá de los límites permitidos”. Cuando EEUU reemplazó a Gran Bretaña como poder dominante en Oriente Próximo, Israel cambió debidamente su lealtad.

Israel se puso a prueba otra vez cuando acabó con los ejércitos de Egipto, Siria y Jordania en la Guerra de los Seis Días. Esta victoria convenció a EEUU de que Israel era capaz de solucionar sus problemas en Oriente Próximo mientras estaba luchando para mantener el control sobre Vietnam. Los intereses de EEUU e Israel se han mantenido interrelacionados desde entonces. Cada acción de Israel ha tenido en cuenta los intereses estadounidenses. Y esta relación ha sido cada vez más importante desde la revolución en Irán de 1979 y el actual desastre de EEUU en Irak. Mientras la rabia aumenta en las calles de las capitales árabes, EEUU necesita a Israel más que nunca para que sea su “perro guardián” en Oriente Próximo.
¿No existe una historia de odio entre árabes y judíos?

Mucha gente afirma que árabes y judíos no pueden vivir juntos ya que hay una larga tradición de enemistad entre los dos pueblos. Pero esta idea no se sostiene si observamos la historia.

Las raíces de las hostilidades actuales son muy modernas y emergen del movimiento colonial sionista que ocupó Palestina. Pero antes de todo esto, cada capital árabe tenía una comunidad judía viviendo junto a sus vecinas y vecinos musulmanes y cristianos. Las y los judíos han formado parte importante de la vida de Jerusalén, el Cairo, Damasco, Beirut, Rabat, Bagdad u otras ciudades árabes desde el principio de la historia documentada. Existen cientos de nombres judíos en el monumento conmemorativo en memoria de los y las iraquíes que murieron luchando contra el colonialismo británico en los años 20 del siglo XX. Fueron una parte importante de los movimientos árabes nacionalistas y de izquierdas que crecieron en los años 20 y 30 en la lucha contra el imperialismo.

Todo esto cambió tras el establecimiento de Israel. Las y los árabes-judíos fueron forzados a irse de sus casas por los dictadores y reyes árabes impuestos por las potencias occidentales. Este proceso fue fomentado por Israel. Estas y estos árabes-judíos fueron considerados como ciudadanos de segunda clase dentro de Israel. Nunca han sido bienvenidos por las altas instancias de la sociedad israelí. Muchos se han aferrado a su cultura árabe y al sueño de volver a casa algún día. Como en muchas otras regiones del mundo, las divisiones, discordias y odios entre los pueblos de Oriente Próximo son el legado amargo del imperialismo occidental.
¿No es la “solución de los dos estados” lo mejor que podemos esperar?

Mucha gente defiende la “solución de los dos estados” al conflicto —partir la Palestina histórica en dos estados, uno para los israelíes y otro para los palestinos. Y aparentemente ésta parecería ser la solución más realista. ¿Pero cómo serían estos dos estados?

Muchos planes apuntan hacia dos pequeños estados palestinos en Gaza y partes de Cisjordania, separados el uno del otro por Israel. Las palestinas y palestinos quedarían apelotonados en estas dos minúsculas porciones de tierra, mientras que la mayor parte de la Palestina histórica se mantendría bajo control israelí. En ningún momento los millones de refugiados y refugiadas palestinas tendrían la posibilidad de retornar a sus pueblos. La cuestión del “derecho al retorno” es central para cualquier solución justa y duradera al conflicto.

Quienes defienden la solución en base a dos estados no pueden cerrar la cuestión de cómo reconciliar tierra y pueblo. En contraste, la solución en base a un solo estado —un estado multiétnico que abarcara toda la Palestina histórica— puede hacer frente a este problema aparentemente intratable. La mayoría de pueblos palestinos están vacíos —muchos son simples montañas de ruinas. Éstos podían ser reconstruidos fácilmente y devueltos a sus habitantes originarios. Quienes quisieran volver a las ciudades podrían ser fácilmente alojados. Israel ha abierto sus fronteras a millones de inmigrantes sin ningún problema. ¿No se podría hacer lo mismo con los y las palestinas?

La principal barrera a la solución de un solo estado no es por cuestiones prácticas sino a causa de la naturaleza del sionismo. Éste es un movimiento que busca crear un estado sólo para judíos y judías —y la solución de un sólo estado es totalmente incompatible con esta ideología racista.
¿No se les ha ofrecido a los y las palestinas la posibilidad de tener su propio estado en el “proceso de paz”?

A los políticos y los medios de comunicación occidentales les gusta proclamar que el proceso de paz respaldado por EEUU es la única forma de conseguir justicia para los y las palestinas y la paz en Oriente Próximo.

Los acuerdo de Oslo, firmados en 1993, se suponía que darían a las y los palestinos autonomía en el 17% de Cisjordania y en el 60% de Gaza. Esto debía significar finalmente la creación de un verdadero Estado palestino.

El levantamiento palestino de 1987, conocido como la Primera Intimada, presionó a Israel para llegar a un acuerdo. Pero Israel aún veía a Palestina como algo exclusivamente suyo y quería mantener el control sobre el máximo territorio posible. Israel permitió que Yasser Arafat, líder de la Organización por la Liberación de Palestina, se convirtiera en el líder de una nueva Autoridad Palestina. Arafat hizo grandes concesiones a Israel, lo que le permitió más tarde vigilar a su propia gente en su nombre. Israel mantuvo el control de las carreteras, recursos naturales y grandes áreas de tierra que había tomado en 1967. El total de colonos israelíes en los territorios ocupados se dobló entre la firma del proceso de paz y el año 2000. Las áreas palestinas se parecían a los “bantustanes” —los supuestamente estados negros autónomos dentro de la Sudáfrica del apartheid, que en realidad estaban controlados por el régimen racista.

El “proceso de paz” no hizo nada para mejorar las vidas de los y las palestinas. La rabia ante esta situación explotó con la Segunda Intifada en septiembre del año 2000. Israel retiró sus colonos y soldados de la franja de Gaza en 2005, pero retuvo su dominio sobre el espacio aéreo, el mar y las fronteras. Además intenta acabar con la resistencia atacando a Hamás, que ganó las elecciones a la Autoridad Palestina en 2006.
¿Cuál es el papel de las masas árabes?

En toda cuestión en Oriente Próximo se debe tener en cuenta el imperialismo. Es el imperialismo el que creó el Estado de Israel y es el imperialismo el que lo sostiene hoy en día. Las prioridades del imperialismo quizá han pasado del Canal de Suez a los campos de petróleo, pero los grandes poderes globales aún consideran a Oriente Próximo “el gran premio material de la historia de la humanidad”, como declaró en 1945 el Departamento de Estado estadounidense.

El imperialismo necesita a Israel y su “portaviones imbatible”, ya que los regímenes árabes están bajo el peligro constante de caer derrocados por revueltas populares. Esta rabia entre la gente normal y corriente en el mundo árabe se entiende también por cómo los ingresos del petróleo han sido malgastados por una pequeña élite apoyado por Occidente. Todo esto va de no tener tierras, trabajos y vivir en la pobreza pasando hambre.

En las recientes manifestaciones que se han organizado en Egipto, las y los manifestantes han gritado consignas tanto contra Israel como contra el régimen egipcio de Hosni Mubarak. Eslóganes similares se pueden escuchar en cada capital árabe. La mayor parte de los regímenes árabes también dependen del imperialismo para sobrevivir. Temen que la rabia popular por la situación en Palestina pueda provocar una ola de rebeliones como las que recorrieron muchos de los regímenes corruptos en los años 50 y 60.

Las protestas de masas de hoy en Egipto son un resultado de la rabia contra el imperialismo y el régimen egipcio. Las huelgas contra las privatizaciones y por un salario mínimo alimentan la rabia por la situación en Palestina. Esta rabia a su vez está alimentando las posibilidades de más huelgas y manifestaciones. Es por todo esto que los dirigentes árabes temen y rechazan a organizaciones de la resistencia como Hamás en Palestina o Hezbolá en Líbano. Cualquier resistencia es un desafío a Israel, a las potencias occidentales y a los regimenes árabes.

En lucha

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