lunes, 31 de mayo de 2010

MARCHA en BRUSELAS


La juventud vasca consigue llegar y se hace oir en el corazón de Europa
Los controles policiales y el sinfín de contratiempos ocurridos en el trayecto no pudieron frenar la marea roja que sacudió ayer Bruselas. Centenares de jóvenes vascos se desplazaron hasta el centro político de Europa para reclamar el respeto a sus derechos civiles y políticos tras las últimas razzias contra la juventud. Bruselas fue testigo de las ansias de independencia de la juventud vasca, que estuvo arropada por jóvenes europeos de distintos orígenes.

Oihana LLORENTE
Gara

La larga distancia que separa Euskal Herria de Bruselas no parece hacer mella en la juventud. Cientos de jóvenes vascos recorrieron miles de kilómetros para que las céntricas calles de la capital belga se hicieran eco de las ansias de libertad de Euskal Herria y de su juventud, acogiendo una gran marea roja. Pasadas las tres y media de la tarde la pancarta en la que se podía leer «Freedom for the Basque Country» era desplegada en el centro de Bruselas, tras ella cientos y cientos de jóvenes exigían con ganas el respeto de sus derechos y la independencia de su pueblo.

Tras la pancarta en inglés que abría la marcha se encontraban los portavoces de GaztEHerria, Itxaso Cuevas y Andoni Rojo, así como representantes de algunas de las dinámicas que lo componen como EA, Alternatiba o Ikasle Abertzaleak. Tras ellos desfilaban alrededor de un millar de jóvenes, que en su mayoría portaban la emblemática camiseta roja en pro de la independencia.

El rojo, verde y blanco de las ikurriñas y las banderolas en favor de la repatriación de los preso vascos llamaban la atención de los abundantes viandantes que en esos momentos recorrían las calles, muchos de ellos retrataron a aquellos jóvenes que gritaban con ganas en un idioma extraño y desconocido para la mayoría.

«Gazteak gara ez terroristak!», «Jarrai, Haika eta Segi aurrera» o «Segi borrokan, Segi antolakuntzan» eran algunos de lemas que se escuchaban por la tarde de ayer en Bruselas y los rostros de algunos de los 34 jóvenes detenidos en la última macro operación contra la juventud vasca estaban presentes en las distintas pancartas transportadas desde Euskal Herria.

La movilización en favor del respeto de los derechos civiles y políticos de la juventud vasca llegó a Bruselas con el Estado español ocupando la presidencia de la Unión Europea, hecho que los jóvenes no dejaron pasar demostrando el carácter antidemocrático de este estado. Ejemplo de ello, situaron entre gritos la desaparición y muerte del militante de ETA, Jon Anza, o la situación que viven los presos políticos vascos en las prisiones españolas y francesas.

Tras recorrer buena parte del centro de Bruselas, la cabeza de la manifestación penetró hasta Place del Arbetine donde le esperaba un improvisado escenario. El tiempo sin embargo, no aguantó y los portavoces de GaztEHerria instaron bajo la lluvia a seguir trabajando en favor de la independencia de Euskal Herria. A juicio de ambos, los estados español y francés «temen» la materialización de este proyecto y entienden que es eso lo que les lleva a poner impedimentos a la juventud vasca.

Presencia internacional

Además de vascos también se podían encontrar jóvenes de otros orígenes europeos en apoyo a la juventud vasca. Un centenar de ellos esperaban ansiosos la llegada de los vascos, que se dilató bastante más de lo esperado y los saludaron con entusiasmo a su bajada del autobús, haciendo vivir algunos instantes de emoción.

Las delegaciones de organizaciones juveniles que el pasado 1 de abril convocaron esta marcha en Gernika se personaron en la manifestación. Entre ellos se encontraban diputados del partido flamenco N-VA, representantes de Sinn Fein y Ogra Sinn Fein así como jóvenes kurdos, italianos, alemanes, suizos o catalanes.

Fue un representante de Ogra Sinn Fein el que tomó la palabra en el acto para dirigirse a la juventud vasca y hacerles saber que su lucha y compromiso «es envidiado y respetado en Europa». Denunció la represión que sufren los jóvenes vascos por parte de los estados español y francés y exigió su paralización inmediata.

En este sentido, dio lectura al manifiesto acordado por más de cincuenta agentes del ámbito internacional y en el que reclaman que todos los proyectos políticos tengan las mismas oportunidades y se exige el fin de la tortura y la impunidad de los torturadores. El último punto del manifiesto base de esta marcha llama a los estados español y francés a comprometerse con una solución política y democrática.

No sólo jóvenes

Pese a que la gran mayoría de los manifestantes eran jóvenes, también se podía encontrar gente de todas las edades. Ese era el caso de dos mujeres guipuzcoanas que viajaron hasta Bruselas para defender los derechos de los más jóvenes, en especial los de sus hijos. Estos no pudieron participar en la marcha ya que se encuentran imputados en uno de los muchos procesos abiertos contra la juventud vasca. Estas madres cogieron el testigo y junto a decenas de jóvenes exigieron el respeto a los derechos civiles y políticos de la juventud vasca.

Un balance hecho público recientemente avala que la juventud es el colectivo más golpeado de la sociedad vasca y es que desde 2006 un joven es arrestado cada semana por su actividad política. La mayoría de ellos ingresan en prisión pero ayer, aunque simbólicamente estuvieron en Bruselas.

La aventura de llegar a Bruselas comenzó bastante antes, alrededor de las 19.30 de la tarde del viernes, la hora fijada en todos los herrialdes para el arranque del viaje. Decenas de jóvenes se agolpaban entonces en las paradas acordadas, saludando tímidamente a sus compañeros de viaje, con los que compartirían después cerca de 36 intensas horas.

Sólo dos autobuses se libraron de las garras policiales, pero estos viajeros tuvieron que soportar alrededor de cuatro horas de espera. Pocos minutos después de ascender al autobús tuvieron que hacer un alto en el camino, en Bidé. Allí conocieron que el resto de viajeros no podían seguir su trayecto debido a los controles instalados en Irun y Hendaia tanto por la Policía española como por la Guardia Civil.

Pese a que la misma marcha a Bruselas estaba en juego, los jóvenes se armaron de paciencia y pusieron al mal tiempo buena cara durante la prolongada espera al resto de compañeros de viaje. Después de cenar y pasar el rato como pudieron, sobre las 23.15 llegó el tercer autobús al que acogieron con aplausos y alborozo. Los jóvenes relataron entonces lo vivido en los controles policiales.

Minutos después llegó el cuarto autobús. Ya no había tiempo que perder, más de trece horas los separaban del destino, y tras una pequeña asamblea se decidió poner rumbo a Bruselas. De camino, en los alrededores de París, se encontrarían con el resto para llegar unidos a la capital belga.

La mayoría de los jóvenes que acudió a Bruselas eran estudiantes por lo que tuvieron que abandonar sus libros durante el fin de semana para acudir a esta cita en favor del respeto a sus derechos. Algunos sin embargo, ni siquiera los abandonaron y emplearon el viaje de ida y vuelta para preparar los exámenes universitarios e incluso hubo quien repasó los contenidos de la selectividad. Aunque fueron los menos, ya que les fue difícil no sucumbir al buen ambiente del resto.

La imaginación siempre ha sido un arma bien empleada por la juventud. Durante este viaje no fue menos y en el mismo se pudieron ver decenas de trucos para combatir el aburrimiento y la incomodidad del autobús.

Juegos de cartas como el asesino o la escoba, maratones de chistes, en su mayoría penosos, canciones populares o películas de todo tipo amenizaron el largo viaje. Los organizadores incluso habían organizado olimpiadas para el trayecto.

Las paradas obligadas cada tres horas irritaban a aquellos que intentaban dormir para lo que coger postura era algo complicado. El pasillo del autobús, por ejemplo, estaba repleto por lo que hubo quien intentó acomodarse bajo los asientos.

Tras una larga noche, por la mañana el atasco encontrado en las cercanías de París enervó a los viajeros. Los controles policiales hicieron que la manifestación se retrasara, su arranque estaba previsto para las 12.00, pero corría el rumor que el permiso caducaba a las 15.00.

El atasco concluyó y los carteles de carreteras indicaban una distancia cada vez más corta a Bruselas, pero a los chóferes pareció costarles encontrar el camino. Los nervios estaban ya a flor de piel y los jóvenes comenzaron a acicalarse vistiendo su simbólica camiseta en favor de la independencia, entre bromas de «todos con la roja».

Bruselas estaba ya a la vuelta de la esquina pero los autobuses no consiguieron dar con el camino, tuvieron que llegar escoltados por la Policía. Un fin se semana completo.

Oihana LLORENTE

La Policía los graba e identifica
Visto que poco podrían hacer para condicionar jurídica o policialmente un llamamiento en la capital belga, la Policía española y la Guardia Civil intentaron obstaculizar su trayecto. Controles ubicados en todos los accesos a Lapurdi pararon a diez de los doce autobuses que realizaban el trayecto entre Euskal Herria y Bruselas.

La mayoría de los jóvenes fueron objeto de controles por parte de ambos cuerpos policiales. En el peaje de Irun fueron identificados por agentes del instituto armado, mientras que en el de Hendaia, los esperaba la Policía española. Además de identificarlos, los agentes obligaron a los jóvenes a descender del autobús donde fueron filmados uno a uno de arriba abajo mientras señalaban su nombre y apellidos. Los jóvenes que viajaban en uno de los autobuses procedentes de Bizkaia además, estuvieron más de hora y media retenidos por la Guardia Civil, que tal y como denunciaron después actuaron de forma prepotente y amenazante. Obligaron a más de uno a bajar del autobús. Los controles se prolongaron hasta bien entrada la madrugada, sobre la 01.00 un autobús vizcaino aún no había entrado en Lapurdi.

Este acoso policial trastocó los planes de los jóvenes que esperaban llegar a Bruselas sobre el mediodía, para cuando llegaron a la capital belga ya habían permanecido en el autobús veinte horas.

O. L