lunes, 31 de mayo de 2010

El gasto militar no está en crisis


Especial atención a los programas de armamento: 30.000 millones de euros regalados a los fabricantes de armas


Viernes 28 de mayo de 2010
José Toribio

Desde un punto de vista estrictamente económico, el gasto militar es un dispendio que lacera hondamente los recursos que el Estado genera por la vía de los impuestos.
En estos días en los que todo el mundo habla de economía no podía faltar el análisis del gasto militar; en este caso, los datos de la liquidación del ejercicio de 2009. También he querido centrarme en otro aspecto sangrante: los programas especiales de armamento.

Si es verdad que el Gobierno no tiene ideas y que está pensando reducir la deuda en 15.000 millones de euros en los dos próximos años, congelando pensiones y reduciendo la ayuda a las personas dependientes y al desarrollo (entre otras medidas), aquí vamos a ofrecer otra perspectiva: entre el gasto militar del ejercicio de 2009 (o el de 2010, que será similar) y la deuda y compromiso de gasto generado por los grandes programas de armamento, tendríamos para cubrir esos 15.000 millones y aún nos sobrarían 41.131 millones de euros. ¿Quién da más?
Según dicen, los inversores están perdiendo la confianza en la deuda española (¡qué de metáforas!), lo que ha propiciado que ésta esté siendo atacada. Si los inversores no tienen confianza en la deuda (que se recupera si el Gobierno recorta gastos sociales y favorece al gran capital) la venden; y si la venden el Estado, además de tener que renegociarla con otros especuladores (pagando intereses mayores, luego profundizando más en la deuda, que se recupera a medio plazo pero que aumenta a la larga) se queda sin liquidez. A buen seguro que en estos días no se ha contemplado la DEUDA a la que el GASTO MILITAR está coadyuvando desde que formamos parte de la UE.
El GM no sólo genera una enorme deuda en los ejercicios corrientes (este trabajo se dedica, en parte, a analizar esta dimensión, a ver la diferencia entre lo presupuestado y lo gastado, puesto que siempre se gasta más, con lo que se genera un déficit que se tiene que financiar con Deuda Pública) sino que, además, la genera hacia el futuro. Un ejemplo son los grandes programas de armamento.
No es sólo que el compromiso de gasto se acerque a los 30.000 millones de euros; también lo es que ese dinero, prestado sin intereses a un selecto grupo de empresas, no ha reportado beneficio alguno al erario y sí una enorme Deuda Pública.
Debemos estar muy bien gobernados, porque si no, no se explica que con tanto atropello sigamos siendo tan buenos ciudadanos, tan pacientes, tan tolerantes. Debe ser que la voluntad general y la voluntad del Gobierno son coincidentes. Es posible que la distancia entre los gobernantes y los gobernados haya quedado abolida. Un país con 6 millones de pensionistas que pueden ver sus pagas congeladas, con casi 5 millones de personas en el paro, y con 8 millones en el umbral de la pobreza (según el Instituto Nacional de Estadística —Encuesta de Condiciones de Vida—, la crisis económica provocó que el 19,5 por ciento de la población se situara el pasado año por debajo del umbral de la pobreza, y según Cáritas, 1,5 millones de habitantes sufren pobreza extrema y alta exclusión social, y además, más de ocho millones de personas —repartidas en, aproximadamente, dos millones ciento cincuenta mil hogares—, padecen penurias) no necesita que unos sindicatos convoquen a un simulacro de Huelga (con un calendario de movilizaciones que no nos impida ver los partidos de la selección española de fútbol): este país debería estar patas arriba y deberíamos echar a la gentuza que nos gobierna, y con ella, a todos los reznos que no paran de enriquecerse a costa de la degradación de la vida y del planeta.
A diferencia de la televisión, la información que puede leerse en estas páginas no lleva anestesia, por mucho que la repetición la haya convertido en un lugar común.
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