viernes, 11 de junio de 2010

Tanto el ataque a la flotilla como el sitio de Gaza son ilegales


La impunidad de Israel ante el derecho internacional

George Bisharat
Counterpunch
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
11-06-2010

El mortífero ataque de Israel a la Flotilla de la Libertad de Gaza fue descaradamente ilegal. La flotilla, revisada cuidadosamente en busca de armas antes del desembarque, gozaba del derecho a la libre navegación en aguas internacionales, e Israel no tenía una justificación legal para interrumpir su misión pacífica.

Los pasajeros de la flotilla tenían derecho a defenderse del abordaje de Israel, por la fuerza, del Mavi Mármara, disparasen o no los comandos israelíes al llegar a la cubierta del barco, como sostienen los pasajeros. El abordaje de un barco desde el aire por parte de 100 soldados armados no es una maniobra pacífica. Los comandos armados israelíes tampoco pueden pretender que actuaron en defensa propia, no más que un ladrón que se enfrenta a una víctima que decide reaccionar. Por lo tanto, Israel es culpable de las muertes que sobrevinieron.

Israel ha afirmado que se encuentra en un “conflicto armado” con el gobierno de Hamás en la Franja de Gaza y que por lo tanto sus acciones en alta mar para imponer el bloqueo de la Franja son permisibles. Esa afirmación es errónea.

De hecho, según el derecho internacional consuetudinario que Israel acepta como vinculante, Israel sigue ocupando la Franja de Gaza, a pesar de la retirada de sus tropas terrestres y de sus colonos de esa región en el año 2005. Un territorio está “ocupado” cuando fuerzas extranjeras ejercen un “control efectivo” sobre él, sea o no impuesto mediante la presencia continua de tropas terrestres.

Israel patrulla las aguas territoriales y el espacio aéreo de la Franja de Gaza, regula las fronteras terrestres de Gaza, restringe los movimientos internos al excluir a los gazatíes de una “zona de separación” que incluye un 46% de la tierra arable de la Franja, y controla los suministros de electricidad, combustible para la calefacción y gasolina. En conjunto, esos factores equivalen a un “control efectivo” remoto. Por lo tanto la Franja de Gaza sigue ocupada, como lo han reconocido todos: las Naciones Unidas, el gobierno de EE.UU. y el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Israel tiene autoridad para detener las importaciones de armas a la Franja de Gaza. Pero también tiene un deber general de protección de los civiles bajo su control, y tiene deberes específicos para permitirles el acceso a suministros adecuados de alimentos y medicinas, y de mantener estándares sanitarios públicos –deberes que ha violado deliberadamente al imponer el sitio de Gaza- Actualmente un 77,2% de los palestinos de Gaza se enfrentan o son vulnerables al hambre; de éstos, un 65% son niños menores de 18 años. Según UNICEF, un 10% de los niños de Gaza muestra señales de bajo crecimiento, mientras la Organización Mundial de la Salud sostiene que otro 10% se enfrenta a una desnutrición crónica.

Además el castigo colectivo está específicamente prohibido por el Artículo 33 de la Cuarta Convención de Ginebra. Responsables israelíes han declarado repetidamente que el objetivo del bloqueo es debilitar la economía de Gaza y disminuir el apoyo a Hamás. Es un objetivo político, no militar, y no está permitido según el derecho internacional afectar a civiles inocentes para lograr objetivos no militares.

Las acciones emprendidas para imponer un sitio ilegal no pueden, por lo tanto, ser legales. El bloqueo israelí viola los derechos humanos de los palestinos de Gaza y debe terminar.

El ataque de Israel a la Flotilla de la Libertad es la consecuencia lógica de años de impunidad israelí ante el derecho internacional –favorecida por la cobertura diplomática suministrada por el gobierno de EE.UU. En algún momento, verdaderos amigos de los judíos israelíes y de los árabes palestinos deben recalcar a Israel que su ilegalidad en serie no es buena para nadie, al multiplicar el resentimiento y el dolor, y al postergar las perspectivas de paz regional hacia un futuro más distante.

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George Bisharat es profesor en el Hastings College de Derecho y escribe frecuentemente sobre temas de derecho y política en Oriente Próximo.

Fuente: http://www.counterpunch.org/bisharat06092010.html