jueves, 19 de noviembre de 2009

Controversia chileno-peruana. Alan García en el sendero de la derecha


19 de noviembre de 2009
Juan Francisco Coloane
(especial para ARGENPRESS.info)

La controversia chileno-peruana en el caso del supuesto espionaje chileno en Perú, revela un cuadro de situaciones en donde lo subyacente es cada vez más relevante que lo que se ve o expresa públicamente.
El actor principal de la controversia es claramente Alan García, el mandatario peruano, insólitamente intentado elevar la temperatura al tema a pocos días de celebrase en Chile una elección presidencial trascendental.
Sin embargo, la pregunta más obvia no ha trascendido: ¿Por qué todo ocurre a pocos días de una elección presidencial en Chile? La elección es el próximo 13 de diciembre.


Por los antecedentes dispersos e inconclusos, el acto publicitario de divulgarlo a pocos días de una elección en un país vecino, con el cual se mantienen controversias históricas como Chile, conduce a pensar que se trataría de un montaje político.


En el rubro del espionaje, la infiltración y la inteligencia, los códigos tienen múltiples lecturas y los acontecimientos están siempre ocurriendo sin que se descifren a la opinión pública.


Para los intereses del estado, mientras menos se sepa públicamente qué sucede en ese mundo hermético de la inteligencia y el espionaje, políticamente es mejor y más útil.


Cuando un hecho de esta naturaleza se hace público, se debe principalmente a la búsqueda de un objetivo, que no es precisamente el que aparenta ser.


El espionaje por definición no es un hecho público y en esa medida no es un hecho político por definición también.
Cuando se hace público, es porque se quiere enviar un mensaje específico en ese momento.


Es el ejemplo paradigmático de la red de espionaje soviético en el Reino Unido en la cual estaban Burgess, Mac Lean, Blunt y Philby. El hecho se hace público después de una década, en los años 60, a pesar de las defecciones de los dos primeros nombrados a comienzos de los años 50.


El Estado decide hacerlo público cuando el Reino Unido reestructura su foco de contención a la expansión soviética, y decide mandar un mensaje de radicalización de su política de protección. Es un mensaje también a los gobiernos laboristas izquierdizantes, de que se avecinan tiempos más duros. Está muy bien expuesto en My Silent War de Kim Philby.


La red de espionaje soviética se conocía en el Reino Unido desde los años 40 y se mantuvo como secreto de estado por dos décadas en cuanto a su magnitud.


Es el mundo invisible y paralelo de este segmento del poder que cuando estalla en noticia es muy probable que se busque un objetivo que no tiene nada que ver con el espionaje en sí mismo, en este caso.


Si se analiza el momento en que se da a conocer el problema, en el caso de comprobarse que las piezas del puzzle sean ciertas, no se descarta que pueda ser una estrategia política.
El gobierno que encabeza Alan García está incontenible por usar un término, en cuanto a su dependencia política de lo que suceda o haga Chile.


En este caso específico es grave porque a todas luces intenta trascender en el proceso eleccionario chileno y desestabilizar la popularidad del actual gobierno, y afectar por cierto a la Concertación y sus posibilidades en la elección presidencial.


La denuncia no tiene nada que ver con el espionaje en su naturaleza intrínseca.


Perfectamente el estado peruano podría haber postergado la noticia para después de la segunda vuelta en la elección presidencial chilena el 13 de enero de 2010.


La elección presidencial en Chile encuentra al candidato de la derecha Sebastián Piñera liderando en la última encuesta del Centro de Estudios Públicos, por un porcentaje de 10 puntos (36%) por sobre el candidato de la Concertación Eduardo Frei (26%), representado a la coalición de centro izquierda que ha gobernado en Chile por 20 años.


Una tercera fuerza ha emergido en el candidato Marco Enríquez Ominami – con 19% de adhesión- un independiente ex socialista en alianza con una poderosa corriente neoconservadora chilena e internacional, y que exhibe una decidida orientación de “desalojar” a la Concertación del gobierno y quebrarla en el proceso. Otra característica en este candidato es haber sabido atraer el histórico anticomunismo de la izquierda y de sectores moderados o de centro.


El candidato de una coalición de izquierda allendista liderada por el Partido Comunista, Jorge Arrate, obtuvo el 5% en la misma encuesta.


En Chile se ha producido una situación paradójica porque la presidenta Michelle Bachelet que encabeza a la Concertación muestra un nivel de adhesión superior al 70%, y que debería traducirse en el último recurso del candidato de esta coalición – Eduardo Frei- para que obtenga un porcentaje superior al 35 % en la primera vuelta, y así tener posibilidades en la segunda vuelta el 13 de enero.


De ser consistentes y ajustados a la realidad los resultados de las últimas encuestas, en Chile podría repetirse el fenómeno de adhesión política que fermentó la crisis y derribó a Allende con un golpe de estado en 1973.


El golpe esta vez es por la vía electoral. Como lo dijo uno de los tantos profesores primarios que manejan taxi porque no le alcanza: Chile está ad portas para elegir el fascismo. Es duro pero algunos lo sienten así.


La derecha y la tercera fuerza estarían obteniendo casi un 56 % de la votación. La Concertación no vencería ni siquiera con el apoyo de los eventuales votos del candidato de la izquierda allendista y comunista.


Esta no es una elección presidencial más, sino que es una que puede inclusive provocar un desajuste significativo en el armazón político chileno que ha sido tan elogiado universalmente.


Por lo tanto, dar a luz pública un caso de supuesto espionaje chileno en el Perú en un momento crítico de la política chilena, excede la gravedad intrínseca del hecho, que en todo caso está siendo investigado y se trata todavía de una hipótesis.


Claramente, el estado peruano, al hacer pública una materia que puede mantenerse reservada hasta después que finalice el proceso de elecciones en Chile, de una manera no muy sutil está perturbando a un gobierno y a la coalición que lo encabeza, que necesita de una máxima concentración en la aspiración de mantenerse en el poder.
Ese es el tema central de esta controversia y es lo que llama a sospecha. ¿Por qué estalla ahora el tema del espía peruano al servicio de Chile, y no esperan las autoridades peruanas para hacerlo público simplemente después de la segunda vuelta.


Para muy pocos es misterio de que Perú necesita de la inestabilidad política interna en Chile. También para muy pocos es misterio que la derecha peruana especialmente, y las derechas en América Latina, necesitan urgentemente de una reafirmación de su rol a través de un vuelco político en Chile, convertido precisamente por su estabilidad política de centro izquierda en un país pivote en la región.


Un Chile con gobierno de derecha es que lo esperan las fuerzas neoconservadoras en la región lideradas por el partido republicano en EEUU.


Alan García voluntariamente o no, está contribuyendo, al agitar la controversia del espionaje, a que el actual gobierno en Chile se vea afectado por una suerte de crisis internacional con el “enemigo tradicional”.


La tesis más socorrida de la derecha peruana ha sido que un gobierno de derecha en Chile le hace bien al Perú. Fuentes periodísticas consultadas en Lima indican que esa idea es “pan para hoy y hambre para mañana”. Y la historia lo demuestra.


La tesis, a la cual el actual presidente Alan García se acopla para sustentarse con el apoyo de la derecha, navega contra los vientos regionales de estabilidad e integración que han promovido los gobiernos de la Concertación.


A juzgar por la conducta del estado peruano, Alan García sería el primer social demócrata peruano, si alguna vez lo fue, que en calidad de jefe de estado estaría beneficiando las posibilidades de triunfo de un candidato presidencial de la derecha en Chile.

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