miércoles, 27 de enero de 2010

La Resistencia despide como se debe al presidente Mel


Al menos 300 mil personas marchan de la universidad hacia el aeropuerto en Honduras

28-01-2010
Francisco Romero
Rebelión

Para que no les quede duda y como muestra de la capacidad de convocatoria de la Resistencia y con un cálculo conservador, trescientas mil personas, marcharon ayer para despedir al único presidente que ha logrado unir a todas las fuerzas progresistas del país. El presidente Zelaya salió del país aproximadamente a las 3:45 p.m. en el avión presidencial dominicano, acompañado de su familia y del presidente Leonel Fernández quien logró lo que muchos esfuerzos diplomáticos no pudieron.

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Es importante analizar los hechos que se han dado hasta ahora y, en perspectiva, lo que sigue. Primero, el presidente Zelaya hizo una ruptura con el modelo político tradicional hondureño, que privilegia a unos pocos y excluye a la mayoría. Mel definió políticas que restringieron los privilegios de las elites que han secuestrado a Honduras y la han convertido en una finca personal, en un estado patrimonial y favorecieron a grandes masas de la población. La suma de estas políticas tuvo como consecuencia la acumulación del odio de las elites y su confabulación con militares y políticos para consumar el golpe de estado que con la venia y participación de los gringos, ha supuesto la implementación de una nueva política de amenazas, en el marco de la nueva guerra fría que Estados Unidos lanza contra China y America Latina, dos espacios geoestratégicos globales en los que ve desafiado su decadente poder.

Segundo, Mel plantó cara al poder que la inteligencia militar hondureña, israelí y norteamericana han establecido en Honduras y en la región. El regreso del presidente Zelaya dejó con un pasmo de narices a todos ellos. Mel se apareció a medianoche, hace más de cuatro meses, en la embajada de Brasil pidiendo ser recibido como huésped. El gesto más que simbólico tuvo un peso brutal en la geopolítica internacional. Dejó en claro que la voluntad de un presidente que tiene el apoyo de su pueblo resuelve cualquier dificultad. También mando al carajo a quienes quisieron expatriarlo el 28 de junio, que no hay fuerza que pueda detener a un líder verdadero acompañado de su pueblo. Cumplió dentro del territorio nacional –auque preso los últimos cuatro meses en la embajada de brasil- el mandato que su pueblo le dio, pese a la voluntad de las elites golpistas y sus títeres vestidos de militar y de civil. La marioneta con apellido italiano tuvo que salir por la puerta de atrás, en silencio. Cargando a oscuras hasta con la vajilla de la casa de gobierno el fantoche se esconde, con la cola entre sus patas, temeroso, hundido en el oprobio y a la espera de que cualquier patriota, le cobre la afrenta de haber hecho del país el hazmerreír mundial.

Tercero, queda más que claro a la luz de los hechos, que el pueblo hondureño es un pueblo valiente y noble. Un pueblo que está apegado a la justicia y la verdad y que aborrece la traición y la mentira. Es la nobleza de este pueblo la que hoy marchó para despedir al más querido presidente que ha tenido después de sus próceres, Morazán y Cabañas, quienes cimentaron nuestra identidad de nación libre. En el lado opuesto, los golpistas, con toda su logística, propaganda y medios no lograron llenar el pequeño y obsoleto estadio nacional. Como haciendo mofa del triste nombre que ostenta, la población les dio la espalda. Su convocatoria es equivalente a la medida de su fraude.

Vale resaltar el valor de una mujer valiente y digna que, desde Honduras cuando fue expatriado Mel, y desde la embajada de Brasil, cuando este burló a los más sofisticados cuerpos de inteligencia occidental, acompaño al presidente en su lucha por la dignidad de nuestro pueblo. Doña Xiomara representa a lo más digno de la mujer hondureña. Esa mujer que desde los espacios más pequeños hasta los más altos, plantó su coraje y grita fuerte que somos un pueblo digno que merece respeto.

Pese a que a su salida del país no dejaron al presidente Zelaya dar declaraciones a los medios, Doña Xiomara dijo con un nudo en la garganta y con la convicción que la verdad y la razón le otorga “Volveremos para continuar la lucha por la paz y la justicia”.

Si algo deben tener claro los golpistas -perpetradores y promotores- es que esto no se termina aquí, como claramente lo dijo doña Xiomara. Como dicho en un articulo anterior, Mel se convertirá en su peor pesadilla, con la venia de su pueblo, volverá –mas temprano que tarde- para liderarlo en la lucha por convertir a Honduras en un país de verdad, no en el remedo que ahora tenemos por el secuestro que las Maras de cuello blanco, criminales con títulos de banqueros, militares, médicos, periodistas y seudo intelectuales han hecho de Honduras.

En Honduras ni en ningún país, es posible ya seguir con la sarta de privilegios para los poderosos y con la brutal exclusión para los pobres. Mel demostró que es necesario trabajar para eliminar la miseria, la pobreza y la pérdida de dignidad solo con un poco de voluntad. Por fin Honduras logro estar en los titulares para devolvernos la autoestima de nación. Le debemos a nuestro presidente la posibilidad de escuchar hablar de nuestro pueblo en el exterior como un pueblo digno, luchador, que comparte la gloria de la lucha por la dignidad en el mundo de los hombres y las mujeres libres. Por eso y por mucho más, Manuel Zelaya, nuestro querido presidente Mel, estará siempre en nuestros corazones. Mel será nuestro Presidente para siempre.

Esto ténganlo claro, la amnistía a los promotores del golpe y el sobreseimiento a los militares es una payasada que sólo se la creen ellos mismos. Ni la CIDH ni la CPI se tragarán esa farsa. Los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles. Si creen que la comedia que instalaron aquí les servirá para librarse de sus responsabilidades penales, están estúpidamente equivocados, como siempre. Si quieren, pueden probar, poniendo un pie fuera del país, para ver como reacciona la justicia internacional.

La lucha sigue y ahora es cuando empieza. De eso no les quepa la menor duda. Y ahora se pone buena.

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