miércoles, 9 de junio de 2010

Estados Unidos no quiere acuerdos con Irán


Ernesto Tamara
BARÓMETRO INTERNACIONAL
especial para ARGENPRESS.info

La tozudes norteamericana en aplicar sanciones a Irán y proteger de cualquier manera a Israel cuando la comunidad internacional reclama la conformación de una zona libre de armas nucleares en Medio Oriente, lo está llevando a un aislamiento inédito y una pérdida de liderazgo que preocupa a sus aliados.

Después del golpe recibido por el éxito de la mediación del presidente de Brasil, Lula Da Silva, con la colaboración de Turquía, en su visita a Teherán, Estados Unidos debió observar como 189 países lograban acordar un documento en la conferencia de Naciones Unidas para la revisión del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) reclamando la inspección del arsenal nuclear israelí.

El pasado 17 de mayo, Irán, Brasil y Turquía llegaron a un acuerdo para resolver el conflicto relativo al combustible nuclear iraní. La iniciativa fue presentada por el presidente de Brasil, Lula Da Silva, en medio del excepticismo de toda la comunidad internacional, que no creía que el mandatario sudamericano pudiera concretar un acuerdo cuando las grandes potencias occidentales habían fracasado en el intento.

La diferencia estaba en que el presidente brasileño sí quería alcanzar un acuerdo, mientras que las potencias occidentales sólo buscaban llevar a Irán a una situación sin salida para justificar las sanciones económicas y militares que proponía Estados Unidos. El pacto entre Brasil, Turquía e Irán establece que este último país enviará a territorio turco mil 200 kilogramos de uranio y a cambio recibirá, en el lapso de un año, 120 kilos de combustible enriquecido (de parte de Rusia o Francia) para un reactor nuclear que será empleado en investigaciones médicas. El acuerdo es similar a otro presentado por las potencias europeas hace más de un año, aunque con montos diferentes.

El acuerdo, que muchos países del mundo recibieron con satisfacción, además de confirmar el nuevo papel internacional de Brasil, y la pérdida de influencia norteamericana, provocó una inmediata aceleración de los intentos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia para que el Consejo de Seguridad imponga una nueva ronda de sanciones contra el país islámico. Tras la firma del acuerdo, Lula consideró que la diplomacia salió vencedora y que "fue una respuesta de que es posible, con diálogo, construir la paz, construir el desarrollo". Al respecto, el canciller brasileño Celso Amorim, opinó que el documento debe ser suficiente para evitar la imposición de sanciones a Irán por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. No obstante, Amorim apuntó que ese acuerdo no va a resolver todas los temas que existen en la cuestión nuclear. A su juicio, ese documento "es el pasaporte para que puedan darse discusiones más amplias que creen la confianza en la comunidad internacional y al mismo tiempo permitan a Irán ejercer el derecho legítimo a la energía nuclear para fines pacíficos, incluso con enriquecimiento".

Estados Unidos no quiere ningún acuerdo

Durante mucho tiempo los países europeos, que secundan la política norteamericana de aislar a Irán, ya desde la administración de George Bush, habían sugerido un acuerdo por el cual las naciones europeas recibirían el uranio iraní y devolverían el mineral enriquecido y limitado para su uso en centrales nucleares. La discusión entonces era sobre la cantidad de mineral enriquecido que debería recibir Teherán. Ahora Brasil logró llegar a un acuerdo con Irán en una fórmula similar que incluso entonces fue respaldada por Estados Unidos. Pero al parecer, las fórmulas respaldadas por Washington sólo buscaban el rechazo de Teherán para seguir el camino de las sanciones.

Tras la asunción de Barack Obama en el gobierno norteamericano y la designación de Hillary Clinton como Secretaria de Estado, la política de presión sobre Irán para que abandone su programa de energía nuclear, acusando a ese gobierno de tener intenciones ocultas de diseñar armas nucleares, fue incentivada. Ya durante la campaña electoral presidencial interna del Partido Demócrata norteamericano, la entonces pre candidata Hillary Clinton, sostenía que su país debía reducir su participación en el conflicto iraquí y concentrar esfuerzos en terminar con el programa nuclear irani, sin descartar el uso de la fuerza, en clara sintonía con los planteos del gobierno de Israel.

Desde la asunción de Obama, la política exterior norteamericana en esa región se ha concentrado en aumentar la presión militar en Afganistán, incluso con el envío de más soldados, fortalecer al gobierno títere de Irak y cerrar la frontera de este país con Irán, y buscar consenso internacional para terminar con el programa nuclear iraní, o terminar con su gobierno de cualquier manera.

Así, pese a que el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, consideró que el acuerdo entre Irán, Brasil y Turquía es un paso para la construcción de confianza sobre el programa nuclear del país persa, Estados Unidos presentó en el Consejo de Seguridad una nueva propuesta para incrementar las sanciones a Irán. La iniciativa norteamericana fue respaldada por los otros cuatro miembros permanentes de ese órgano de la ONU (Francia, Gran Bretaña, Rusia y China), más Alemania, pero no será discutida aún ya que algunos países miembros no permanentes del Consejo, solicitaron estudiar el acuerdo tripartito. En el paquete de castigos sugeridos están la inspección de barcos de Irán en alta mar, limitar las inversiones de ese país en el extranjero y prohibir la venta de armas pesadas a Teherán. El punto dos apunta evidentemente a cortar las relaciones entre Irán y América Latina, después que en los últimos años Irán ha firmado convenios de inversión con Brasil, Venezuela, Bolivia y negocia con Argentina, Ecuador y Uruguay.

En el seno de la ONU se estima que el proceso de negociación de las sanciones puede demorar de tres a cuatro semanas y será sometido a votación en junio, mes en que México desempeñará la presidencia del órgano. Los acuerdos del Consejo requieren de los votos positivos de nueve de sus 15 miembros y ninguno en contra de cualquiera de los cinco países con asiento permanente y el privilegiado poder de veto, es decir Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China. Los 10 miembros no permanentes del Consejo de Seguridad son Brasil, México, Líbano, Nigeria, Gabón, Bosnia y Herzegovina, Austria, Japón, Turquía y Uganda.

¿Oportunidad perdida?

Apenas conocida la iniciativa de sanciones en la ONU, el gobierno de Teherán acusó a Estados Unidos y sus aliados occidentales de inventar excusas para ejercer presiones políticas sobre el país, y advirtió a Rusia de que no se pliegue a esas maniobras, recordando que los vecinos deben tener buenas relaciones.

El jefe de la Organización de la Energía Atómica de Irán (OEAI), Ali Akbar Salehi, deploró el borrador de resolución para aplicar un nuevo paquete de sanciones económicas a la República Islámica. Salehi señaló que la eventual aplicación de esas medidas punitivas, aún después del acuerdo para el canje de combustible nuclear firmado por Irán, Brasil y Turquía, "llevarán al descrédito a las mayores potencias mundiales que las apoyen". "Ellos están siempre buscando pretextos para ejercer presión política sobre Irán. Su mayor objetivo y propósito es desviarnos a la confrontación con Occidente, (aunque) hemos dicho que no estamos detrás de la confrontación, sino de la cooperación", dijo Salehi.

A su vez, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, dijo que el presidente norteamericano, Barack Obama, tiene una oortunidad histórica para demostrar que representa un cambio en la política exterior de su país y que respeta los derechos de las naciones. ”Si pierde esta oportunidad, creo será improbable que Irán le de otra en el futuro", apuntó. Al mismo tiempo, el presidente iraní advirtió a Rusia que su apoyo en la ONU a las sanciones promovidas por Washington contra su país, sería un gesto inamistoso. "Las autoridades rusas no deben tomar una medida que provoque que la nación iraní las vean como su enemigo histórico", señaló Ahmadinejad.

El presidente iraní recordó que "Irán y Rusia son vecinos, y dos vecinos no pueden evitar mantener relaciones amistosas, pero los lazos amistosos necesitan que las dos partes respeten recíprocamente sus derechos". Insistió en que las autoridades de la nación persa "no quisieran ver que nuestros vecinos se alinean con países que han sido enemigos de Irán durante 30 años", y subrayó que "no hay excusas para Rusia" si alega que Occidente está presionando.