martes, 19 de enero de 2010

Vic: Contra el racismo y la extrema derecha


En lucha,
Domingo, 17 de Enero de 2010
[També en català].

El ayuntamiento de Vic ha saltado a las noticias por haber decidido negar el empadronamiento a personas inmigradas sin papeles. La decisión, además de ser ilegal, es claramente racista. Con esta medida, entre otras cosas, dificultan tanto la asistencia médica como el acceso a la educación de estas personas. Más grave aún, dado que el empadronamiento es una condición para poder solicitar la residencia, el consistorio está condenando a un grupo de sus vecinos a una situación permanente de indocumentación.

Tanto la Vicepresidenta española como representantes del tripartito catalán han criticado la decisión aunque, escandalosamente, la Generalitat sigue sin tomar las medidas necesarias para bloquear la propuesta racista. El episodio debe servir de toque de atención para los movimientos sociales y la izquierda anticapitalista acerca de la necesidad de responder de forma urgente al auge del racismo y de la extrema derecha. No saber hacerlo nos podría salir muy caro.

La propuesta xenófoba la aprobó el gobierno municipal —CiU, PSC y ERC— apoyado por los cuatro concejales de Plataforma Per Catalunya, de extrema derecha. Los dos concejales de la CUP y el de ICV-EUiA votaron en contra.

Ante esta decisión racista apoyada por dos partidos de la izquierda institucional, algunos activistas concluirán que la respuesta tendrá que venir únicamente de la izquierda radical. Pero la realidad es que para parar el fascismo hace falta mucho más.
Unidad contra el fascismo

A nadie se le escapa el hecho de que el impulsor real de esta decisión racista fue la Plataforma Per Catalunya; su propio dirigente, Josep Anglada reivindicó su paternidad. El hecho de que grupos de la extrema derecha —es decir, grupos fascistas que se han hecho un lifting— puedan actuar libremente y difundir sus ideas tiende a empujar a todo el espectro político hacia la derecha.

Esto siempre es cierto, pero más aún en la situación actual. La crisis económica; los 4 millones de parados; las carencias de los servicios sociales; un gobierno social-liberal que no cumple sus promesas de sustanciales mejoras sociales… todo esto constituye la “tormenta perfecta” para el crecimiento de la extrema derecha.

No puede haber libertad de expresión y organización para los fascistas en nuestra sociedad. El lema “no pasarán” recupera toda su relevancia.

Y este lema no es patrimonio únicamente de la izquierda anticapitalista: la gran mayoría de la población del Estado español, y sobre todo, casi toda la clase trabajadora, se oponen al fascismo. Muchos de ellos y ellas estarían dispuestos a participar en movilizaciones antifascistas, si se les plantea en términos que puedan asumir.

Hace falta una lucha unitaria contra la extrema derecha, contra el fascismo, que incluya a la gran izquierda social que existe en el Estado español, incluyendo a las bases de los sindicatos mayoritarios y a los sectores más de izquierdas de la socialdemocracia. Es decir, hay que movilizar a una parte importante de la clase trabajadora, tal y como es, con todas sus contradicciones.

Frente a un pequeño grupo de cabezas rapadas nazis, puede parecer que es suficiente con un grupo de activistas antifascistas comprometidos, dispuestos a utilizar la fuerza. Es verdad que, a veces, acciones así son necesarias.

Pero en las condiciones de un auge de la extrema derecha, ningún grupo reducido es suficiente para hacerle frente.

Este hecho fue demostrado en Alemania en los años 30, cuando el Partido Comunista, siguiendo la política suicida dictada por Stalin, rechazó cualquier colaboración con los reformistas, tachándolos de “socialfascistas”, e intentó enfrentarse solo a los nazis. Pagaron un terrible coste por su error. No debemos repetirlo.

El modelo de movimiento contra el fascismo es algo que hemos visto en otros ámbitos en los últimos años: la unidad de acción entorno a unos pocos principios básicos, sin excluir que haya diferencias y debates sobre otras muchas cuestiones.

Frente al fascismo, supone buscar unir a todas las fuerzas y personas dispuestas a movilizarse bajo el sencillo lema “Contra el fascismo, no pasarán”; que los fascistas no se manifiesten en nuestras ciudades, que no puedan hacer campañas electorales, etc. Limitar una protesta de este tipo únicamente a los declarados anticapitalistas, a las personas que comparten todo nuestro ideario político, no es una manera efectiva de combatir al fascismo.
Por una alternativa al sistema

Pero a la vez debemos ir mucho más allá. Ya sabemos que los partidos reformistas son los responsables de muchos de los problemas que abren el camino al fascismo. Sabemos que, aunque sigue habiendo gente combativa dentro de los sindicatos mayoritarios, las direcciones de CCOO y UGT no destacan por ofrecer salidas radicales ante los ataques que sufrimos.

Todos los Estados europeos fomentan las ideas racistas, dando así respetabilidad a los fascistas: pensemos en los ataques contra la población musulmana en Suiza —con la excusa de los 4 minaretes en ese país— o en el intento del Estado francés de controlar la vestimenta de las mujeres musulmanas. El Gobierno de Zapatero no es ninguna excepción: tras una verborrea de multiculturalismo y “alianza de las civilizaciones”, no deja de advertirnos de los peligros de “terroristas islamistas” y hace detener a gente musulmana inocente.

El Estado español gasta un millón de euros al día en la guerra de Afganistán y da miles de millones de euros a la banca, pero cuando faltan plazas en las guarderías y se alargan las colas en los hospitales se señalan a las personas inmigradas como a los responsables.

Por todo esto, a la vez que necesitamos un movimiento muy amplio y unitario para hacer frente hoy a los fascistas, también tenemos que construir una izquierda anticapitalista capaz de ofrecer una alternativa política global al sistema.

Actualmente, la izquierda anticapitalista está muy fragmentada, y muchas de las personas que podrían formar parte de ella ni siquiera están organizadas políticamente y sólo participan en los movimientos de forma individual.

Para poder ofrecer una alternativa real, frente a la desesperación producida por este sistema de la que se aprovechan los fascistas, la construcción de una izquierda política fuerte y cohesionada es una necesidad urgente.

Evidentemente, no es una tarea fácil. Pero lo ocurrido en Vic, y el crecimiento tanto de los grupos fascistas como de las ideas racistas en general, nos demuestra que tenemos que ponernos manos a la obra.

A menudo se compara la actual crisis económica con la depresión de los años 30 del siglo XX. En esa época, se formaron gobiernos de extrema derecha en casi toda Europa y se vivieron los horrores del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.

Pero también fue una década de luchas insurreccionales en un sinfín de lugares: desde las ocupaciones de fábricas en EEUU, pasando por una huelga general en Palestina y huelgas de masas en Francia hasta la revolución española de 1936.

En una grave crisis las apuestas están muy altas; la izquierda perdió la apuesta la última vez, con terribles consecuencias. No podemos permitirnos perder de nuevo, y tampoco hay motivo para que lo hagamos.

Como En lucha/En lluita y como izquierda anticapitalista en general tenemos dos tareas urgentes y distintas. Una: construir un movimiento amplio para combatir a la extrema derecha. La otra: construir una izquierda anticapitalista capaz de ofrecer una alternativa no a decenas o centenares de personas, sino a miles de ellas.

Si no lo hacemos, lo que vemos hoy en Vic, lo podremos ver —y cosas aún peores— en todo el Estado.

Más acerca de la lucha antirracista y antifascista:
» Racismo en tiempo de crisis: la Ley de Extranjería
» Entrevista: “Si das espacio a los fascistas, estás negando el derecho de la gente a vivir”
» Golpear juntos: el frente único ayer y hoy

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Vic: Contra el racisme i l’extrema dreta

L’ajuntament de Vic ha saltat a les notícies per haver decidit negar l’empadronament a persones immigrades sense papers. La decisió, a més de ser il•legal, és clarament racista. Amb aquesta mesura, entre altres coses, dificulten tant l’assistència mèdica com l’accés a l’educació d’aquestes persones. Més greu encara, atès que l’empadronament és una condició per a poder demanar la residència, el consistori està condemnant un grup dels seus veïns a una situació permanent d’indocumentació. Tant la vicepresidenta espanyola com representants del tripartit han criticat la decisió encara que, escandalosament, la Generalitat segueix sense prendre les mesures necessàries per bloquejar la proposta racista. L’episodi ha de servir de toc d’atenció per als moviments socials i l’esquerra anticapitalista sobre la necessitat de respondre de forma urgent a l’auge del racisme i de l’extrema dreta. No saber fer-ho ens podria sortir molt car.

La proposta xenòfoba la va aprovar el govern municipal —CiU, PSC i ERC— amb el suport dels quatre regidors de la Plataforma Per Catalunya, d’extrema dreta. Els dos regidors de la CUP i el d’ICV-EUiA van votar en contra.

Davant el suport de dos partits de l’esquerra institucional a aquesta decisió racista, alguns activistes conclouran que la resposta haurà de venir només de l’esquerra radical. Però la realitat és que per aturar el feixisme fa falta molt més.
Unitat contra el feixisme

A ningú se li escapa el fet que l’impulsor real d’aquesta decisió racista va ser la Plataforma Per Catalunya; el seu propi dirigent, Josep Anglada, en va reivindicar la paternitat. El fet que grups de l’extrema dreta —és a dir, grups feixistes que s’han fet un lifting— puguin actuar lliurement i difondre les seves idees tendeix a empènyer tot l’espectre polític cap a la dreta.

Això sempre és cert, però ho és encara més a la situació actual. La crisi econòmica; els 4 milions d’aturats; les mancances dels serveis socials; un govern social-liberal que no compleix les seves promeses de substancials millores socials... tot això constitueix la “tempesta perfecta” per al creixement de l’extrema dreta.

No hi pot haver llibertat d’expressió i organització per als feixistes a la nostra societat. El lema “no passaran” recupera tota la seva rellevància.

I aquest lema no és patrimoni únicament de l’esquerra anticapitalista: la gran majoria de la població de l’Estat espanyol, i sobretot, gairebé tota la classe treballadora, s’oposen al feixisme. Molts d’ells i elles estarien disposats a participar a mobilitzacions antifeixistes, si se’ls planteja en termes que puguin assumir.

Cal una lluita unitària contra l’extrema dreta, contra el feixisme, que involucri la gran esquerra social que hi ha a l’Estat espanyol, incloent-hi les bases dels sindicats majoritaris i els sectors més d’esquerres de la socialdemocràcia. És a dir, cal mobilitzar una part important de la classe treballadora, tal com és, amb totes les seves contradiccions.

Davant d’un petit grup de caps rapats nazis, pot semblar que n’hi ha prou amb un grup d’activistes antifeixistes compromesos, disposats a utilitzar la força. És veritat que, de vegades, accions així són necessàries.

Però a les condicions d’un auge de l’extrema dreta, cap grup reduït és suficient per fer-hi front.

Aquest fet es va demostrar a Alemanya als anys 30, quan el Partit Comunista, seguint la política suïcida dictada per Stalin, va rebutjar qualsevol col·laboració amb els reformistes, qualificant-los de “socialfeixistes”, i va intentar enfrontar-se als nazis en solitari. Van pagar un terrible cost per la seva errada. No l’hem de repetir.

El model de moviment contra el feixisme l’hem vist en altres àmbits als darrers anys: la unitat d’acció entorn a uns pocs principis bàsics, sense excloure que hi hagi diferències i debats sobre moltes altres qüestions.

Davant del feixisme, suposa cercar la unitat de totes les forces i persones disposades a mobilitzar-se sota el senzill lema “Contra el feixisme, no passaran”; perquè els feixistes no es manifestin a les nostres ciutats, perquè no puguin fer campanyes electorals, etc. Limitar una protesta d’aquest tipus únicament als declarats anticapitalistes, a les persones que comparteixen tot el nostre ideari polític, no és una manera efectiva de combatre el feixisme.
Per una alternativa al sistema

Però alhora hem d’anar molt més enllà. Ja sabem que els partits reformistes són els responsables de molts dels problemes que obren el camí al feixisme. Sabem que, encara que segueix havent-hi gent combativa dins dels sindicats majoritaris, les direccions de CCOO i UGT no destaquen per oferir sortides radicals davant els atacs que patim.

Tots els Estats europeus fomenten les idees racistes, donant així respectabilitat als feixistes: pensem en els atacs contra la població musulmana a Suïssa —amb l’excusa dels 4 minarets en aquest país— o en l’intent de l’Estat francès de controlar la vestimenta de les dones musulmanes. El Govern de Zapatero no és cap excepció: darrera d’una verborrea de multiculturalisme i “aliança de les civilitzacions”, no deixa d’advertir dels perills de “terroristes islamistes” i fa detenir gent musulmana innocent.

L’Estat espanyol es gasta un milió d’euros al dia a la guerra d’Afganistan i dóna milers de milions d’euros a la banca, però quan manquen places a les guarderies i s’allarguen les cues als hospitals s’assenyalen a les persones immigrades com els responsables.

Per tot això, al mateix temps que necessitem un moviment molt ampli i unitari per fer front avui als feixistes, també hem de construir una esquerra anticapitalista capaç d’oferir una alternativa política global al sistema.

Actualment, l’esquerra anticapitalista està molt fragmentada, i moltes de les persones que en podrien formar part ni tan sols estan organitzades políticament i només participen als moviments de forma individual.

Per poder oferir una alternativa real, davant la desesperació produïda per aquest sistema de la qual s’aprofiten els feixistes, la construcció d’una esquerra política forta i cohesionada és una necessitat urgent.

Evidentment, no és una tasca fàcil. Però allò que ha passat a Vic, i el creixement tant de grups feixistes com de les idees racistes en general, ens demostra que hem de posar fil a l’agulla.

Sovint es compara l’actual crisi econòmica amb la depressió dels anys 30 del segle XX. En aquella època, es van formar governs d’extrema dreta a gairebé tot Europa i es van viure els horrors de l’Holocaust i la Segona Guerra Mundial.

Però també va ser una dècada de lluites insurreccionals a molts llocs: des de les ocupacions de fàbriques a EUA, passant per una vaga general a Palestina i vagues de masses a França, fins a la revolució espanyola de 1936.

En una greu crisi les apostes estan molt altes; l’esquerra va perdre l’aposta l’última vegada, amb terribles conseqüències. No ens podem permetre perdre de nou, i tampoc hi ha motiu perquè ho fem.

Com En lluita, i com a esquerra anticapitalista en general, tenim dues tasques urgents i diferents. Una: construir un moviment ampli per combatre l’extrema dreta. L’altra: construir una esquerra anticapitalista capaç d’oferir una alternativa, no a desenes o centenars de persones, sinó a milers d’elles.

Si no ho fem, allò que veiem avui a Vic, el podrem veure —i coses encara pitjors— a tot l’Estat.

Més sobre de la lluita antiracista i antifeixista:
» Racisme en temps de crisi: la Llei d’Estrangeria
» Entrevista: “Si fas espai als feixistes, estàs negant el dret de la gent a viure”
» Colpejar plegats: el front únic ahir i avui

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